Reseñas

Armand Hammer & The Alchemist – Haram

The Alchemist fue el MVP del beatmaking en 2020 sin duda alguna. Produjo “LULU” para Conway The Machine, “The Price of Tea in China” para Boldy James y “Alfredo” para Freddie Gibbs. Tres trabajos de elite, cada uno con su identidad y beats inolvidables como ‘Calvin’, ‘Phone Bill’ o ‘Something to Rap About’. El duo Armand Hammer por su parte lanzó “Shrines”, otra placa implacable del pasado año, más aun si uno busca testimonios del pico de movilizaciones que hubo relacionadas al Black Lives Matter. billy woods hizo lo propio en un spinoff con Moor Mother llamdo “Brass”, potencial clásico de culto. Si vamos aun más para atrás no baja ni un poco el grado de los trabajos tanto del dúo de Elucid y woods como de Al. El conteo de discazos da para una tarde entera. Un cruce entre estas dos entidades monstruosas es tan inesperado como estimulante para las fantasías del oído.

Para fortuna de la historia, este crossover no ha sido dilatado en el tiempo como tantos otros que generaban ilusión en el pasado (¿cuánto llevamos esperando el disco de Blackstar con Madlib?). “Haram” llegó casi de sorpresa y, la verdad, decirle grata se queda corto. Basta con darle play, preferentemente de noche y solo, para vivir toda una experiencia.

Haram” es una unidad auditiva de 40 minutos que se siente como un viaje en ácido que no salió como debía. Psicodelia podrida, voces de paraderos desconocidos y una oscuridad que poco tiene que ver con la falta de luz. Las dos cabezas cercenadas de la portada no ayudan a rebajar la atmósfera espeluznante. Si billy y Elucid siempre se caracterizaron por una vibra densa, acá el asunto ya se vuelve tenebroso al punto de que, hasta en pasajes donde lo sampleado es luminoso, el escucha sigue con el sistema nervioso alerta.

Variantes doom, stoner, acid y similares del rock sirven para ambientar los raps más siniestros, esto lo saben muy bien Dj Muggs y Big Ghost Ltd., además del mismo Alchemist que tiene mucha fibra para esto y lo ha demostrado, por ejemplo, en su duo Gangrene. “Haram” viene con la libertad de desechar todas las estructuras predeterminadas de el progreso en un álbum de rap. La producción es mucho más que beats, su labor incluye texturas, filtros, capas, inserts, estímulos; roza la banda sonora, solo que la película sucede en la mente de cada oyente.

Este nivel de experimentación con los motivos sensitivos del álbum es apasionante y conseguirlo es solo para un alquimista experto, capaz de forjar sin moldes a temperaturas peligrosas y alcanzar la deformidad justa. Como si fuera poco, los rapeos (feats incluidos) son todo lo que uno puede querer en este antro.