Reseñas

Coghlan –
Bossa Buenos Aires

Buenos Aires siempre fue reseñada por los músicos como un centro de nostalgia o de opresión. Un hogar para la melancolía en el resoplido de los bandoneones clásicos, un puerto de Bronca para jazzistas como Jorge López Ruiz y un aguantadero de reaccionarios para varias generaciones de rockeros. Sin dudas ha generado cariño, pero rara vez hay optimismo alrededor de su figura. Ysy A en ‘Buenos Aires es Amor’ mostró un orgullo porteño poco visto en centennials, pero otra ídola joven, Nathy Peluso, la cantó como una metrópolis solitaria. Chano Carpentier la condecoró como mágica y hasta ahora fue la gran excepción. Hasta ahora.

 Coghlan borra de un plumazo el esfuerzo sobrenatural que le cuesta al hombre argentino bailar con todo el cuerpo y hace un atentado contra la vergüenza en “Bossa Buenos Aires”. En su propuesta manifiesta una confianza en sí mismo que le permite disfrutar plenamente el contexto. Esta seguridad no es unipersonal, busca compartirla activamente en líneas como “Por favor/No tengan vergüenza/Acérquense al fuego/Acá no hay nadie mejor que vos”. Su cosmovisión es contagiosa y sus formas convincentes.

Crónica de la presentación de Bossa Buenos Aires en la ciudad que lo inspiró.

Curiosamente la geografía de estas composiciones es digital, pero logra representar mejor que nadie cómo brilla el sol reflejado en el Río de la Plata. Una nueva tónica para una nueva forma de vivir la metrópolis. Su energía liberadora estalla en electropops que están entre lo más novedoso de la música argentina, incluso en el underground: Contrasta con la oscuridad deconstructed club de AGVA y con las capas de sintetizadores construidas sobre remembranzas que se estilan en Laptra. Coghlan reflecta luces del hyperpop, refuerza con neopsicodelia y las coreografía para que bailen inspirado en el beat baleárico.

 Cuando parece que en Argentina no hay futuro, “Bossa Buenos Aires” y la nueva generación de pop inauguran un faro.