Condenados al éxito: Tyler, the Creator

Como rapero, cantante y productor: un ícono de esta era

Tyler Okonma es una de las figuras más influyentes de la música y la cultura pop actualmente. No solo es un artista polifacético con un desempeño alto en todo lo que se propone, logró llevar su creatividad exitosamente al mercado, entregando calidad en masa sin repetirse. Fundó y lideró el disuelto grupo Odd Future, que dio origen a figuras musicales claves de los últimos años, como Frank Ocean, Earl Sweatshirt y el mismo Tyler. Además de marcar la escena rap e indie con su manera de expresarse, puso de moda su estética a través de videos y su marca de ropa Golf Wang e instaló la forma ideal para acercarse al gran público de internet apenas apareció, a principios de la década pasada. Tyler es un clásico de nuestra era y, siendo que acaba de lanzar su séptimo disco “Call Me If You Get Lost”, queremos celebrarlo.

El comienzo de todo: Odd future wolf gang kill them all

Como tanto chico de barrio que recorre las calles de California, Tyler quería hacer ver su creatividad por medio de la música, teniendo como base su conocimiento en el piano que logró adaptar desde niño y el rap con el que había crecido. Desde esa base, a sus quince cortos años, empezó a esbozar sus primeras ideas de esa dona que sería la insignia del conjunto Odd Future, al que se irían uniendo un montón de artistas hoy del todoconocidos, tanto a nivel global, como sólo para los entendidos en nuestro género. Pero este plan, que en ese momento no tenía ningún ambición clara más allá de hacer música, iría tomando de forma inconsciente un modelo parecido al que había aplicado Wu-Tang Clan un par de décadas atrás: presentar a sus artistas y su propio material, donde el álbum del conjunto era un llamado a también disfrutar el material solista de cada integrante. Así, entre 2008 y 2010, podemos ir viendo el lanzamiento de mixtapes y álbumes del mismo colectivo, como lo es «The Odd Future Tape«, junto a la salida también de los primeros proyectos de Tyler y Earl Sweatshirt, llamados «Bastard» y «Earl«, respectivamente.

Ya luego de esos primeros años, lleno de proyectos e ideas, la fama del grupo se empezó a alzar de manera descontrolada por las razones indicadas y las desafortunadas. Por un extremo, la extravagante sobreactuación del grupo era un llamado perfecto para un montón de niños y jóvenes que necesitaban un espacio seguro en el cual identificarse. Por otro lado, todos los medios buscaban destacar la imagen del conjunto como la de jóvenes inadaptados que usaban la música de forma incorrecta y violenta y, aunque esto haya sido en parte cierto (la inmadurez de estos adolescentes los llevaba a niveles de violencia verbal reprochables), sirvió más como publicidad que como censura. Luego de ese proceso turbulento, el grupo fue afirmando lo que serían sus primeros pasos serios dentro de la industria, con la creación de «Goblin» (Tyler), «Nostalgia Ultra» (Frank Ocean), «No Idols» (Domo Genesis) y el esfuerzo no menor de poder generar su primer y último álbum como colectivo, el «The OF Tape Vol.2«.

Quienes conocen estos proyectos en concreto, tienen muy claro que no son el máximo potencial de cada uno de estos nombres, y eso probablemente se debió a la inmadurez que aún presentaban la mayoría de los integrantes. Resultaban trabajos un tanto incómodos en términos de temática y estaban poco elaborados musicalmente, pero, obviamente, esto no es un llamado al rechazo de esta etapa, sino más bien a mirarla con nostalgia para el que logró vivir ese proceso de crecimiento junto a ellos y entender que fue la transición necesaria para generar artistas/grupos como Domo Genesis, The Internet y la santa trinidad ya mencionada, Frank, Earl y Tyler, que cada día se vuelven más los referentes en sus propios mundos y nombres inevitables al momento de recordar todo lo vivido en esta década. Nunca hay que olvidar que, sin el emerger de algunos miembros de OF, hoy en día Brockhampton, Injury Reserve, Jaden Smith, JPEGMafia, Tierra Whack o hasta el “nuevo Kanye”, no existirían como tal.

Desde Wolfgang a Flower Boy, la magia de la honestidad:

En sus dos primeras placas solistas, “Bastard” y “Goblin”, hay momentos potentes, aunque la lírica de Tyler sufre una emanemia por la que priorizaba ser provocador a ser creativo. Luego vino una segunda etapa, de tipo transicional: “Wolf“ y “Cherry Bomb”, de 2013 y 2015 respectivamente. Proyectos desprolijos, pero que ya mostraban una faceta como productor mucho más desarrollada y algunas letras sinceras iban apareciendo. Ambas obras tienen el costado hardcore adolescente y un novedoso lado soulero y jazzero en las instrumentales e invitados.

Para “Wolf” desarrolló los personajes Sam, Salem y Wolf, quienes marcarían un precedente claro de lo que hoy es “IGOR» y “Call Me If You Get Lost” en el sentido teatral en que estos alter egos dialogan en la música. Además, mpezó a aparecer madurez lírica que elevaría algunos tracks como ‘Colossus’ con la historia de cuando conoció un fan suyo que lo idolatraba a un nivel nocivo, la narración de una relación tóxica que llega a la instancia de odiar y amar en simultáneo dentro de “IFHY”, y “Answer”, donde escribió una carta a su padre abandónico en la que enseña todo el dolor que le generó su ausencia, pero confesando que en el fondo espera que, si algún día lo llama, le gustaría que contestaste.

Por su lado, “Cherry Bomb” contiene sus propios sonidos extraños y tajantes que mezclan la experimentación con el jazz fusión de resultados inestables, pero que convencían en entregar el deseo de cambio. Aparecían la primera de una serie larga y fructífera de colaboraciones con la cantante Kali Uchis, un primer cruce con Kanye West y Lil Wayne, y, finalmente, un desapego más claro con sus ex-compañeros de Odd Future. Este cambio hacia el neosoul y el jazz rap tomaría dos años en concretarse con solidez, teniéndolo ya dominado para la salida de su siguiente trabajo, “Flower Boy”.

Fanart que muestra las variaciones de la estética de Tyler a través de sus portadas.

Del montón de movidas y proyectos que tiene Tyler en mente (la ropa, las colaboraciones en voz y en producción y hasta su propia serie por Adult Swim), el paso definitivo fue el que dio con este disco. Un clásico moderno que significa la transparencia de la utopía que Tyler tanto tiempo había estado buscando y que por fin logró materializar. Tras años hablando de violencia, un nihilismo como filosofía inconsciente y aparentando el nulo interés por lo que dijesen, acá se revela el lado B de toda esta historia, mostrando el amor incondicional hacia la creatividad, las emociones fuertes, los sonidos coloridos y suaves, y la confesión implícita de su pertenencia a la comunidad LGBTI+.

Lo problemático de esto, es que esta nueva sensibilidad y nuevos sonidos que Tyler estaba poniendo en la mesa, a primera instancia generaron una reacción sumamente negativa de sus fans, que no solo hostigaban este intento por innovar musicalmente, sino que también negaban su propio relato personal, dudando de su sexualidad, como si eso fuese algo que un fan supiera o tuviera el derecho de ponerla a criterio suyo. Por lo que la transición a la etapa Flower Boy y la entrada a esta nueva era, para Tyler no solo significó un desafío a niveles creativos, sino más bien enfrentarse al mismo culto inmaduro e infantil que él estuvo cultivando años atrás, y que ahora le estaba quitando la mano en su incursión por encontrar su identidad.

Toda esta discusión es parte de un proceso mucho más grande, ya que realmente forma parte de entender el cómo se empezaron a entender las nuevas masculinidades en el Hip Hop, fenómeno cultural que se dio a masificar gracias entre la comunidad afroamericana con películas como «Moonlight«, la visión estética de algunos personajes del trap como Young Thug o Playboy Carti, y evidentemente todo lo que se daría con Tyler de aquí en adelante. De hecho no es sorpresa, que dentro del disco este la inclusión de personajes como Frank Ocean o Steve Lacy, que son artistas que también cuestionan las masculinidades establecidas en el género y que pudieron concluir esta búsqueda identitaria mediante la influencia mutua, posible mediante la sinceridad de sus propias emociones. Una honestidad ya no expresada por la rabia, sino por sentimientos más meditados -y por sobre todo, más sanos-, como lo puede ser la tristeza y la melancolía, por lo que sí hace años atrás su relación con el “amor” estaba dada por canciones como ‘IFHY’, ahora podíamos verlo cantar y reflexionar sobre su soledad.

Tyler consigue plantearse como el arquitecto de su propia fantasía por medio de nuevos colores, estéticas y sonidos que resultan profundamente representativos de lo que le estaba ocurriendo identitariamente, ya que a pesar de que no se logra entrever del todo mediante palabras directas y concretas, sí es capaz de dirigirnos por sus secretos, por medio de este nuevo ambiente musical que roza entre lo dulce e infeccioso, así como lo juguetón entre confesar algo y narrar una posibilidad. Probablemente esto funciona al mismo estilo que la película «Inception«, y, en este sueño, Frank Ocean, Kali Uchis, Jaden Smith y A$AP Rocky ayudan a nuestro protagonista a construir una realidad creíble para el oyente; poder meter la idea de una nueva persona en la cabeza de miles de fans que estuvieron seguros por años de que conocían a su ídolo.

Pero esa misma revelación es la magia que esconde este proyecto, ya que dio el puente necesario para una relación entre el oyente y el mismo Tyler que permitiría el nacimiento de «IGOR» en 2019, y que, al mismo tiempo, nos deja una especie de lección como oyentes al momento de hablar de una persona y no de un artista. El arte, especialmente la música, es un medio de expresión muy honesto, pero eso nunca nos dará el derecho de decir que conocemos a ese artista que escuchamos (consumimos), ya que, detrás de cada buen disco, existe el esfuerzo de una persona, y aún más, existe una historia con un por qué de ese esfuerzo, que probablemente nunca sabremos, y no tenemos porqué saber.

¿Are we still friends?: Tyler Okonma y el amor por la belleza de lo que ocultamos

IGOR. ESTO NO ES BASTARD. ESTO NO ES GOBLIN. ESTO NO ES WOLF. ESTO NO ES CHERRY BOMB. ESTO NO ES FLOWER BOY. ESTO ES IGOR. PRONUNCIADO COMO IGOR. NO ESPERES UN DISCO DE RAP. NO ESPERES NINGÚN TIPO DE DISCO. SIMPLEMENTE ADÉNTRATE EN ÉL. CREO QUE LA PRIMER ESCUCHA ES MEJOR SIN INTERRUPCIONES, SIN SALTEAR CANCIONES. DE PRINCIPIO A FIN. SIN DISTRACCIONES. SIN CONVERSAR, SIN TV, SIN CELULAR, ESCÚCHALO CON ATENCIÓN PARA FORMAR TU PROPIA OPINIÓN AL RESPECTO. PUEDES SALIR A CAMINAR, A MANEJAR O ACOSTARTE EN LA CAMA UN RATO.

LO QUE SEA QUE ELIJAS, DÉJATE LLEVAR. A UN BUEN VOLUMEN. TANTO COMO ME GUSTARÍA PINTAR UNA IMAGEN Y DECIRTE MIS MOMENTOS FAVORITOS, ME GUSTARÍA QUE FORMES LA TUYA. SI ALGUNA VEZ CRUZAMOS CAMINOS, SIÉNTETE LIBRE DE CONTARME CÓMO ESOS MOMENTOS FUERON PARA TI, PERO SÉ BREVE, QUE ESTO NO ES UN ESPECIAL DE OPRAH.

STANK YOU SMELLY MUCHO.

Incluso con la advertencia que dejó Tyler a sus fans antes de lanzar «IGOR«, el disco no deja de ser sorprendente, tanto para los parámetros del rap como para los del mainstream. Él siempre estuvo interesado en cantar, pero tener la autoestima por el suelo y una voz particularmente grave no le ayudaron a concretar el sueño. Recién en éste, su sexto álbum, se sacó la espina que tenía clavada y lo hizo realmente. Con una serie de distorsiones, pudo lograr un registro vocal tan amplio como la gama de sensaciones que proporciona. Sin embargo, ni el canto, ni el rapeo, ni la producción son protagonistas del LP, pues conforman entre las tres un sonido equilibrado y lleno de matices que rara vez se han visto en la carrera de alguien venido del rap. La atmósfera es tranquila y generalmente bella, casi siempre con más trabajo melódico y armónico que rítmico, aunque también hay momentos más “raperos”, como ‘NEW MAGIC WAND’ y ‘WHAT’S GOOD’. Hay un trabajo de mezcla muy premeditado para generar este efecto en el que los sonidos funcionan colectivamente como un todo, no como un verso que se hizo para cierto beat o un coro que se pensó para tal estribillo. El proceso creativo es, hasta el momento, desconocido, y aunque algunas influencias como Kanye West, Pharrell Williams, Isaac Hayes, bandas de blue eyed soul y nombres de la escena indie japonesa aparecen en los pasajes de la obra de una forma sumamente personal.

Otro elemento interesante que ronda a «IGOR» es el que su propio nombre adelanta. Pese a ser una pieza sumamente bella en sí misma, siempre juega con elementos al borde de lo crudo, lo desagradable e, incluso, lo feo. Igor, en el imaginario del terror angloparlante, es un personaje recurrente y asociado a un ayudante de científico, al borde de la demencia y constantemente reducido a etiquetas infrahumanas. Pese a no provenir de las novelas originales, su inmensa joroba y deformes ojos saltones se volvieron icónicos en el campo popular del terror gótico, sobre todo en el cine, junto a nombres como Frankenstein y Drácula. Allí la representación de Igor suele remitir a lo horrible.

Esta imagen se condice con la obra de Tyler Okonma y este LP en particular, lo que se expresa en varias capas. En el ámbito sonoro, abundan las distorsiones de voz que se alejan en algunos casos de lo agraciado; cajas duras industriales y sintetizadores saturados que incluyen hasta sirenas de ambulancia. Del mismo modo, el ya mencionado problema que tiene Tyler con su propia voz, que, más allá de la solución que entrega, no deja de ser interesante cómo dicha parte de su biografía encamina uno de los conceptos predominantes en el disco. Incluso las propias líricas hacen eco de la autoestima ausente y las inseguridades que el artista siente. Pese a ello, por cierto que es muy consciente de su trabajo y capacidad, por ejemplo, resaltando desde la portada hasta Twitter el hecho de que produjo, compuso y escribió todas las canciones del disco.

Sin embargo, éste no es el único concepto que guía su trabajo. «IGOR» echa mano de alguna forma a lo gay, aportando a la estética del universo construido por Tyler. Si bien esta vez no es protagonista en recursos de la letra, como se apreciaba en «Flower Boy«, el arte hecho por grupos disidentes sexuales tiene influencias nuevas en su obra. Visualmente, puede apreciarse en el uso constante de coloridos trajes de dos piezas que impregnan de un aura vogue a la propuesta visual. Es difícil seguir el rastro más allá, pues la influencia del submundo LGBT+ de los noventas en la cultura pop es bastante profunda, pero las paletas de colores y las posturas andróginas que desarrolla Tyler en esta etapa de su carrera se mueven entre citas a la movida queer inglesa y la icónica película “Paris is Burning” sobre la marginalidad trans neoyorkina. En las letras también hay referencias, pero un poco más indirectas, como la mención a la nominada al Oscar “Call Me By Your Name” que se hace en ‘I THINK‘ (…I wish you would call me, by your name cause I’m sorry / deseo que puedas llamarme por tu nombre porque lo lamento). Contrario a lo que ya se vio en «Flower Boy«, dicha revisión no se hace desde la aceptación, sino del momento posterior a ella, su naturalización. Sus temores podrían ser los de cualquier ser humano, hombre o mujer, cis o trans, hetero o disidente.

El imaginario de Igor como personaje fantástico remite a un rol determinado a lo largo de las historias de las que este personaje es parte: el rol de sirviente. Igor aparece siempre como alguien que, más allá de sus virtudes y oscuridad interna, es constantemente enjuiciado y castigado por el resto, sobre todo por sus amos. No parece ser una coincidencia esto en relación con Tyler, artista que ha logrado sus trabajos más interesantes justamente explorando el mundo de aquel que no encaja, del raro, del incomprendido.

Sin embargo, esto toma más fuerza en el tercer cuarto, una de las partes más densas del disco, con tracks como “PUPPET”, donde the creator habla del manejo que ejerce su interés amoroso sobre él, cómo la relación implica un cierto grado de dominación y cómo Tyler/IGOR no opone férrea resistencia a ello a cambio de recibir amor. Esta es una relación amo(r)-esclavo, propia del juego de máscaras en el que se puede convertir una relación donde ninguno quiere mostrar su verdadero rostro, pero a la vez nadie puede dejar de mostrar algo de su ser oculto. Es por esto que la canción termina con la locución “but at some point, you come to your senses…” / ”pero en cierto punto, vuelves en tus sentidos”, como indicando el despertar de esa realidad al volver en sí mismo. De ahí en más, el disco se enfoca en plantear lo que pasa luego del declive.

Dicho en-sí-misma-miento se expresa en la única canción que no toma lo romántico como aspecto principal, “WHAT’S GOOD”, cuya única mención a lo amoroso es de carácter sexual “Dracula, Dracula, Dracula, suck me first, I might get back at you”. Más allá de aparecer como un receso temático y estilístico (es la única en la que hay sólo rapeo y nada de entonación), es el espacio que Tyler se da para sí mismo, alimentar su ego que venía bastante lastimado de lo anterior, y cierra con una frase que hace todo el sentido del mundo: “I don’t know what’s harder, letting go or just being okay with it” / “no sé qué es más duro, dejarlo ir o estar bien con ello”. Con ello introduce el capítulo final del disco, donde “GONE, GONE / THANK YOU”, “I DON’T LOVE YOU ANYMORE” y “ARE WE STILL FRIENDS?” operan como distintos comentarios, etapas quizás, de ese quiebre. La primera, habla desde la melancolía del partir, pero del regocijo de los buenos momentos vividos. “I DON’T LOVE YOU ANYMORE”, a su vez, versa de cómo los sentimiento no acaban cuando lo hace la relación, pero llegan a su fin de todas formas. Lo más inteligente de esta canción es que, para retratar lo complejo que es ese momento para la seguridad que se tiene sobre sí mismo, Tyler juega constantemente en el rapeo con pausas y muletillas propias del nerviosismo de este momento. Así llega el cierre del disco, con el emcee dando un paso adelante en la madurez para decir que la cosa no puede terminar así y dejar abierta la opción a la amistad.

Al contrario de otras tantas figuras públicas, Tyler siempre mantuvo en privado sus relaciones de pareja, y también mantuvo oculto todo el proceso de gestación de este CD. Este desconocimiento suma al carácter íntimo de los cuarenta minutos de escucha. El tópico no es ninguna novedad en la historia del arte, pero en este caso el mérito es la representación fiel y completa de la realidad. Se explora en profundidad cada sensación de la inviabilidad amorosa con la gran virtud de nunca llegar al punto de volverse repetitivo o vacío.

Es el primer disco de un rapero que llega al número uno en el top de ventas de Billboard siendo enteramente arreglado y producido por la misma persona. Logrando esto incluso en un mes lleno de lanzamientos como lo es mayo y siendo un álbum que, dejando de lado ‘Earfquake’, no tiene hits como para cantar en la ducha o en el auto mientras uno escucha la radio. Es una obra en la que destacan pasajes musicales breves, la experimentación y los arreglos sutiles. Con una campaña publicitaria minimalista y con un grado considerable de exigencia a la hora de escucharlo, «IGOR» contradice todos los supuestos de la industria musical en la era de internet.

Pero resulta el doble de meritorio si se considera que es un disco que va contra el sentido común de las temáticas “raperas” e incluso de lo que parece agradable. Se interesa por el amor principalmente, pero no las mariposas y los corazones, sino lo complejas que pueden llegar a ser las relaciones humanas. Siempre viene bien un rap hardcore que vuelva a la calle y denuncie las condiciones de subsistencia del mundo afroamericano, pero, para el crecimiento del rap en lo artístico y como industria, valen la pena estas experimentaciones que son crudas, sí, pero de otra forma. Y el público también se atreve a premiar ese atrevimiento.

CALL ME IF YOU GET LOST

Luego de dos obras conceptuales que fueron de lo más trascendente de la década pasada, nuestro protagonista hubiese tenido que esmerarse todavía más para cumplir las expectativas del público que lo adora. Pero, por suerte, Tyler busca complacerse a sí mismo y no a los oyentes a los que ya tanto les dio. ¿Y qué podía llenar a Tyler más que cumplir un sueño de la adolescencia y redescubrir lo apasionante que es el rap?

 En 2020 el Creador apareció como invitado en dos de los discos más raperos del año: “Alfredo” de Freddie Gibbs con The Alchemist y “Pray For Paris” de Westside Gunn. Justamente Gunn, el visionario más grande del Hip Hop reciente a través de Griselda y centro de uno de nuestros próximos videos, fue el que lo ayudó a rememorar la belleza que tiene algo tan simple y complejo como escuchar un buen beat que inspire sacarse las mejores barras posibles. El agradecimiento lo explicitó en un vivo de Instagram, a la vez que está implícito en la intro, donde escupe sobre un beat de Conductor Williams que hizo ya había usado el mismo Westside Gunn.

Además, esta oportunidad sirve para reivindicar lo habilidoso que es Tyler como spitter. Al igual que pasa con Kanye West, muchas veces se pasa por alto su habilidad lirical por lo hipnótica que puede ser su proyección como productor, compositor, arreglista y creativo musical en general. Pero por algo Tyler es de los mejores raperos que dio la West Coast en los últimos tiempos. Esta destreza la demuestra en “Call Me If You Get Lost” con braggadocio del bueno, como cuando flexea el paraguas que viene con su Rolls Royce, o con líneas que solo a él se le podrían ocurrir.

I don’t come from money, they deny it
Since I don’t mirror the stereotypical products of my environment
Eight figures in taxes, takin’ that shit is stupid
A flower gets its petal, they pluck it but never use it

MASSA

El amor al Hip Hop está desde la portada, referencia al disco debut del fenómeno Ol’ Dirty Bastard, uno de los discos más sucios de la historia. Pero no solo es un ejercicio raperístico, hay una celebración de hasta donde llegó a pesar o gracias a ser el rarito del movimiento y creo que donde mejor se expresa esa sensación de haberlo logrado es dándose el gusto de hacer tener su propio disco en clave de Gangsta Grillz. Estas son una serie de cintas hosteadas por Dj Drama, una cabecilla de la era de los mixtapes, con raperos como Lil Wayne, Ghostface Killah, Snoop Dogg, Gucci Mane, Dead Prez, Little Brother, Rapsody y un etcétera de más de ciento cincuenta tapes. En todas ellas Drama hace de hype man como en “Call Me If You Get Lost”. De momento esto viene generando algunas quejas poco respetuosas y, aunque puede ser un poco anticlimático por momentos, primero hay que entender lo míticas que son estas mixtapes para el rap del siglo XXI y segundo, al menos para nosotros es muy lindo ver artistas que nos encantan felices por cumplir sus fantasías.

Para entender el disco y su fantasía, primero hay que dar cuenta que la narrativa parece estar guiada bajo la premisa de la exploración y el viaje hacia nuevos horizontes, por eso en la portada se hace alusión a un pasaporte, en el video de ‘Wusyaname‘ a modo de introducción se explica que la vida en California funciona bajo el constante viaje y hasta donde tu auto te pueda llevar, el personaje de Baudelaire es presentado en un viaje en tren, y un largo etc. El punto es que pareciera ser que el punto de partida que nos está planteando Tyler, es el ideal de salir a explorar y conocer las posibilidades que el mundo depara para nosotros, una idea que en términos literales, resuena con fuerza al momento de pensar que este disco fue trabajado y presentado durante pandemia, pero que además pareciera tener una clara intención simbólica, como una mirada retrospectiva de un viaje del cual Tyler parece ya haber concluido, y  del cual aprendió un par de cosas.

Pareciera que este ideal fue un desafío que él mismo se planteó años atrás al momento de transicionar a Flower Boy, que como dijimos antes, es el punto de partida de este largo viaje de encontrarse con nuevos horizontes en forma de fronteras musicales, que concluyó en la oportunidad de crear dos hermosos discos. De hecho todo apuntaba a que Tyler iba seguir con esta misma intención, de cierta forma ya nos habíamos acostumbrado al Flower Boy y habíamos dejado atrás a Wolf Hayley, pero no necesariamente porque quisiéramos, sino también porque Tyler como persona ya adulta, se sentía muy lejano a ese personaje que conocimos. Pero aquí hay que entender que para lo que nosotros solo resulta una transición musical, para Tyler de cierta forma significa una desconexión con sus raíces, con sus inicios y su hogar.

Esto no quiere decir que Tyler en algún momento renegara de sus orígenes, pero sí pareciera ser que un cambio tan drástico como el que tuvo que llevar a cabo, necesito de cierta desconexión del mundo que lo vio crecer. Tal vez no eran las influencias correctas en el momento preciso, pero al final resulta imposible escapar de lo que alguna vez nos hizo, y es ahí donde la exploración deja de ser una oportunidad de libertad y se convierte en una dolorosa sensación de estar perdido en un mundo demasiado grande para uno, y pareciera ser que el único lugar que nos puede liberar de esa nostalgia, es el hogar y sus personas.

Es por eso que el disco presenta figuras tan reconocibles desde el historial de Tyler, Pharrel es la mirada de un niño que sueña con colaborar con su artista favorito, Domo Genesis es la viva encarnación de la juventud agitada y fugaz que vivieron en California, y la participación de su madre parece ser la más pura representación del disco y su nombre, es la llamada desesperada a casa para poder reencontrarse con sus recuerdos más simples y nobles, es la conexión más directa con lo que alguno, alguna vez llamo hogar. De ahí el espíritu de “Call Me If You Get Lost”: Llámame si te pierdes.

La musicalización del disco es tan variada que incluso cuesta acostumbrarse a su estructura revuelta a lo “Cherry Bomb”. Sin embargo, se nota en todo detalle el cuidado que aprendió en sus dos discos anteriores y que le falta a los de sus primeros años de carrera. En “Call Me If You Get Lost” conviven un rap duro y dosmilero del beat de ‘LEMONHEAD’, una vibra brasilero-jamaiquina en ‘I THOUGHT YOU WANTED TO DANCE’ y por supuesto la ya amplísima paleta pastel que ha presentado en el pasado. Como siempre los feats brillan en función de las canciones, siendo más llamativos que en “IGOR” pero igual de coherentes con la obra. Traperos jóvenes como 42 Dugg y Lil Uzi la descosen, igual cantantes como Brent Faiaz y Daisy World y estrellas como Lil Wayne y Ty Dolla Sign. Props especiales para Pharrell Williams que se conserva perfecto sacando estilazos como el que suelta en ‘JUGGERNAUT’, protagonizando otra colaboración soñada para Tyler.

En lo lírico es donde se hace patente de mejor forma la ruptura con los álbumes anteriores. Contrario a la lógica del álbum conceptual, este disco es uno donde el caos está muy presente en las letras, pues se van entremezclando una serie de narrativas que apuntan hacia distintas partes.

Partiendo por lo evidente, a lo largo del álbum se construye un relato de amor y desamor que, muy similar al caso de “Igor”, toca una perspectiva no tan obvia de las relaciones románticas, pero desde una perspectiva sana y muy madura. En este caso, Tyler Baudelaire, el protagonista de la historia, relata su enamoramiento con una mujer que resulta ser la novia de un amigo.

Dicha historia se desarrolla en tres tracks: ‘WUSYANAME’, ‘SWEET / I THOUGHT YOU WANTED TO DANCE’, y ‘WILSHIRE’. La primera de ellas es una encantadora y dosmilera canción de amor, donde Tyler trata de conquistar a su amada.

You pick a spot, I pick a tail number and we could be tourists (Ooh, yeah)
Let’s go to Cannes and watch a couple indie movies that you never heard of (Baby)

WUSYANAME

El cortejo de Tyler consiste en darle la posibilidad a su enamorada de vivir de viaje, como turistas amparadas por el lujo que se puede permitir Sir Tyler Baudelaire, pudiendo disfrutar ambos de la buena vida.

Esto también se refuerza con los adelantos que se escuchaban en el número telefónico promocional que, dentro de varios fragmentos, incluía una conversación de Tyler con Lil’ Yatchy hablando sobre cómo “ella” probablemente había huido del país. Este es un elemento sutil, pero que da un poco más de consistencia al disco porque cuando «CALL IF YOU GET LOST» no habla de amor y desamor, habla de lo bueno y lo malo de la fama y el dinero para tanto Tyler Baudelaire como Tyler Okonma.

Continuando con la narrativa del amor, el siguiente paso lo da la tradicional décima canción de Tyler con el respectivo switch de beat. En la primera parte, ‘SWEET‘, Tyler desarrolla su idealización y entrega completa a aquella que ama. Sin embargo, el cambio instrumental viene acompañado de un quiebre lírico, donde el encanto se convierte en decepción. El baile aparece como metáfora de lo mucho que encajan él y su interés amoroso, sincronizados, pero a destiempo, pues su amor desencaja ante el triángulo amoroso que conforma un tercero al que ella ama, con Tyler desesperado por ser el elegido.

Con esto se comienzan a dar señales de que nuestro querido Tyler Baudelaire no está resultando ser el elegido y dichas sospechas se confirman luego en WILSHIRE. Es un track que toma toda la sutileza de las canciones recién repasadas y la tira a la basura para explicar el conflicto explícitamente y mostrar el camino hacia el quiebre que toma la relación. Se extiende durante 8 minutos en una larga toma con tintes muy personales respecto a cómo la presencia de un amigo que había llegado previamente a la vida de ella era algo que no podía obviar.

If I fuck our friendship up for you, I think it’s worth it
But, nah, I can’t do that, that nigga don’t deserve it
And plus y’all got depth, I’m just the nigga on the surface, for real

WILSHIRE

Ahora, esta es sólo la más evidente de las narrativas del álbum. En el disco, sus adelantos y los vídeos que le fueron acompañando, hay una construcción del personaje de Tyler Baudelaire que es sumamente interesante. Aquí nos arriesgamos a sobreanalizar algo que quizás su autor trato de presentar de manera más simple y azarosa, pero ya es rol de ustedes como espectadores juzgar si tiene mérito o no el siguiente análisis.

Rastreando el apellido Baudelaire, hay dos posibles referencias que repasar. La primera es la de Charles Baudelaire, poeta icónico del arte moderno en el sentido más pleno de la palabra. Uno podría aventurarse a relacionarlo con el concepto del álbum, ya sea por el romanticismo en el sentido más pleno y menos cursi del término, del cual Baudelaire era referente, o relacionando la figura de «le flâneur» o «el paseante» con los viajes. Para el poeta romántico viajar era la única forma de aventura que quedaba en una sociedad sin grandes gestas, donde todo ya parece estar hecho. Ese espíritu coincide con la narrativa de “Call Me If You Get Lost”, donde Tyler busca vivir la vida llenando de sellos el pasaporte e incluso invitando a su presunta amante a escaparse de California junto a él.

Pero la lectura que hace más sentido es la de que este álbum bebe de «Una serie de eventos desafortunados«, saga de libros escrita por Daniel Handler bajo el seudónimo de Lemony Snicket, historia que es protagonizada, justamente, por los hermanos Baudelaire.

Cualquiera que haya leído parte de los 13 libros, visto la adaptación de Netflix o visto las películas, reconocerá enseguida el humor negro del tono de la serie en el corto promocional ‘BROWN SUGAR SALMON‘.  Todo recuerda a esta saga infantil, como si Tyler estuviera atrapado en ese mundo y, al igual que los hermanos Baudelaire, tuviera que enfrentarse a la incompetencia de quienes constantemente lo intentan engañar, tratándolo como un niño ignorante, con tal de endulzar estúpidamente sus constantes infortunios que, por lo demás, siempre son culpa de esa misma gente.

El nexo entre ambas obras es que ni los mayores talentos, ni el dinero, ni siquiera la astucia, pueden salvarnos del sufrimiento y los pesares. Y aunque la vida no sea más que una serie de eventos desafortunados, somos responsables de vivir en nuestro propio código moral.

Hablando de talento y dinero, en este disco se mezclan narrativas que podrían ser ficticias con otras que evidentemente son extraídas de la realidad de Tyler, the Creator, siendo Sir Baudelaire más Tyler de lo que lo eran Wolf o Igor. Esto se manifiesta en que el disco tenga mucho más presente que sus dos antecesores el lado más personal y rapero del californiano, con una serie de barras durísimas desde el ego trip y la opulencia.

La ostentación es una de las herramientas fallidas con las que Baudelaire trata de conquistar a aquella que ama, pero también le permite a Tyler jugar al juego del rap. No es precisamente heredero del rol que ocupa la exhibición en el Hip Hop, pero esta honestidad que se permite Tyler en el álbum también le lleva por orientaciones extrañas para su carrera. No es que lo evite, pero nunca ha sido un artista especialmente político, menos en los términos tan explícitos en términos de posicionamientos ideológicos que acostumbra el Hip Hop. Desde “Flower Boy” da señas de que es consciente de la desigualdad y el abuso frente a la comunidad afro (How many slaves can it be ‘til Nat Turner arise?/How many riots can it be until them Black lives matter?). Sin embargo, no es el personaje más icónico de, por ejemplo, la lucha Black Lives Matter. Es un hombre sin vulnerabilidad económica que pertenece al espectro de las disidencias sexuales. Es una posición aparentemente lateral e incómoda de la lucha, desde la cual él tiene la reacción de rechazar las etiquetas de distintas formas.

Lo particular en este nuevo disco es que en ‘MANIFESTO’ y en ‘MASSA’ se mete de lleno en la problemática racial. En ‘MASSA’ se refiere a las disqueras y la manera en que lo exprimen por ser el tipo de artista que es y como ahí se esconde un tipo de servidumbre que se vislumbra en la metáfora de los masters, señalando a los dueños de su música y los amos de esclavos. Para ‘MANIFESTO’ decidió ironizar sobre los cuestionamientos que se le hacen muchas veces en redes sociales a artistas de su fama, exigiendoles que estén constantemente luchando contra el racismo, como si él no lo viviese: Lil’ white bitch gon’ say «You need to say something about that» «You need to say somethin’ ‘bout black—» Bitch, suck my—. Además reconoce su pasado de letras ofensivas que lo llevó a ser cancelado antes de la masividad de Twitter. Es una perspectiva interesantísima porque admite no tener una respuesta a todos los problemas, pero si que decide dar un mensaje y es el de que los black babys tengan la libertad de ser quienes quieran en la vida, sin un modelo impuesto ni por el orgullo afro ni mucho menos por blancos moralistas.