El mundo de Joe Bataan: Padrino del boogaloo

Uno de nuestros exponentes favoritos de la música nuyorican: el pandillero afrofilipino Joe Bataan. Emblema del boogaloo a.k.a latin soul, una de las primeras personas en grabar una rapeada y, sin buscar etiquetas, un músico que dio a luz a piezas preciosas

Padrino del Latin Soul, uno de los primeros miembros del baluarte de la música latina en Estados Unidos Fania All-Stars e incluso creador de una de las primeras canciones de rap que se editaron en la historia. Joe Bataan es todo eso y mucho más. Su voz y su piano son parte imborrable de la identidad multicultural de Nueva York.

Su forma de cantar romántica puede parecerle genérica o hasta empalagosa a algunos, pero sinceramente para mi tiene una textura maravillosa y me transmite una pasión que realmente me da unas ganas muy puras de cantar. Por eso si tienen un prejuicio con las baladas y ese mood yo igual los animo a que se dejen enamorar por la voz de Joe, porque a mi, que siempre fui repelente a las canciones de amor y nunca me interesó cantar, realmente logró hacerme entrar en ese mundo. Además, lo brillante es que su música podría quedarse tranquilamente en su voz, pero la complementa con instrumentaciones increíbles que pueden hipnotizar al público más exigente.

Bataan Nitollano es hijo de padre filipino y de madre afroamericana, su latinidad es un regalo de su entorno, nacido y criado en el Spanish Harlem, rodeado de puertorriqueños. Como él ha contado en varias entrevistas, en su barrio solo sobrevivían los más fuertes y ese mismo contexto lo acercó a las pandillas. Con 15 ya era líder de The Dragons, su novia de 13 estaba embarazada y fue condenado a 5 años de prisión por robar un auto. Su historia, a principios de los 60s, es muy similar a la de muchísimos raperos norteamericanos y al igual que su experiencia de vida, su música tiene mucho que ver con el Hip Hop. 

Cuando sale de su segunda vez en la cárcel corta con el delito y se pone en la cabeza la idea de ganarse la vida con la música, aprendiendo autodidacta con el piano de su iglesia más cercana. Paso a paso fue limpiando su imagen de gangster y se convirtió en el líder de una banda de adolescentes y púberes del ghetto que se presentaron en las puertas de varias discográficas hasta llegar a Fania All-Stars, sello icónico de la música latina y probablemente uno de los más grandes de la historia. El primer día y como si fuese un álbum en vivo grabaron todos juntos “Gypsy Woman” en 1967, año que Joe terminaría con 3 hits en el bolsillo, ‘Ordinary Guy’, ‘Gypsy Woman’ y ‘Subway Joe’.

Bataan entró al mundo de la música afrolatina durante la explosión del boogaloo y no tardó mucho en convertirse en un emblema del género. Este movimiento incluía tanto música como baile y alegró las vidas afrolatinas en la segunda mitad de la década de los 60s. Fue una fusión bilingüe de chachachá, descarga, mambo, guaguancó, son cubano, rythm and blues, rock and roll, doo wop y soul, entre otras latencias más o menos enfatizadas dependiendo cada artista. El sonido era uptempo con un claro enfoque en la bailabilidad que hasta el día de hoy lo convierte en una maravilla para djs y coleccionistas. Aunque más allá de lo estético, creo yo que el boogaloo fue esa generación muy joven de afrolatinos cuyo legado espectacular muchas veces dejado de lado por una serie de inoportunos que no vamos a repasar acá, y a su vez, opacado por la siguiente representación de su comunidad, que también sería la definitiva de esa era: La salsa.

Joe Bataan era uno de los artistas más exitosos del boogaloo y en su discografía hay varios clásicos de la movida, sin embargo algo que destaca su figura es que siempre supo entender muy bien qué era lo que se venía y al mismo tiempo adaptarse a ese nuevo estilo y sacar lo mejor de sí. Con su oído natural y su instinto de supervivencia Joe pudo seguir siendo exitoso a pesar del final forzado del boogaloo en 1970. Él siempre fue un trabajador incansable de la música y eso lo mantuvo a flote cuando cambió el juego, incluso en esos años terminó saliendo de Fania como otra víctima de la explotación laboral abusiva del sello. Pero se fue con la cabeza en alto, primero editando con Mericana Records su disco más experimental y luego fundando Salsoul su propio sello en un ejemplo muy temprano de autogestión. Con ese sello iba a acuñar el nombre definitivo de su sonido por esos años, un estilo particular suyo entre el soul y la salsa que siempre logró alegrar y unir a las comunidades afroamericana y latina. 

En su propia discográfica fue menospreciado al igual que en Fania y eso, entre otras cosas, lo empujó a abandonar la música durante la segunda mitad de los 70s. La historia de Joe Bataan es una de las tantas en el siglo pasado que demuestran la importancia de que los músicos sean dueños de sus obras y estén super al tanto de qué pasa con las ganancias que generan. Bataan tuvo que aprender la dura lección de que la independencia es un camino difícil, pero es el único viable. Sin embargo, su carrera no terminó ahí.

Apenas empezados los 80s el olfato de Joe lo iba a llevar a lo más alto de los charts una vez más. A través de las idas y vueltas del barrio conoció el Hip Hop y se dio cuenta de que eso era lo próximo, por eso arregló con unos MCs del ghetto para grabarles su primera canción, aunque ellos, acostumbrados a que se los tomen a chiste, no asistieron al estudio ese día. Joe ya tenía todo armado, había pagado a los sesionistas y la misma situación forzó a que pasé de productor a vocalista, convirtiéndose en una de las primeras personas en grabar una rapeada. Las versiones varían de si salió antes o después, pero es seguro que ‘Rap-O Clap-O’ salió en un tiempo muy cercano al ‘Rapper’s Delight’ de Sugarhill Gang y fue un éxito inédito en ventas que lo impulsó para girar por todo el mundo y retomar su carrera con más masividad que nunca. En “Mestizo” y “Joe Bataan II”, los álbumes que lanzó en el 80 y 81 respectivamente, no solo introdujo Hip Hop, también comprendió la tendencia de la música disco y la nutrió con su propia receta.

Ese auge comercial es en gran parte una presión bestial y tanto esa marea como un problema de adicción a las apuestas que tenía Joe lograron retirarlo y terminó trabajando en el centro de detención en el cual estuvo encarcelado durante su adolescencia para motivar a los prisioneros a buscarse el pan de otra manera.

Aunque eso no fue todo para Bataan, este siglo volvió con varios singles y un disco más que digno llamado “Call My Name” de 2005, además de aparecer cada vez más como referencia en los rescates periodísticos y de diggin’ que tiene el boogaloo. Siendo casi protagonista en el documental sobre el género “We Like It Like That”.

Joe se mantiene compartiendo conocimientos y sus canciones clásicas no van a parar de sonar, e incluso generar homenajes como los de Toro y Moi o The Fugees.

Un recorrido por la discografía de Joe Bataan

Mestizo (1980)

Mestizo” fue la vuelta de Joe al mundo de la música después de 5 años y lo hizo de una forma hiper comercial con el éxito gigante de ‘Rap-O Clap-O’. El álbum está en esa misma línea comercial bailable, no tan pasional o representativa del barrio como en el resto de su discografía, pero igualmente es un trabajo divertido que entendió muy bien el sonido de la década que se venía encima. Algo llamativo es que el track que le da nombre al álbum tiene una forma particular de encarar la música disco con elementos de percusión caribeños que muestran una posibilidad estética interesante para explorar mezclando salsa y disco. También hay dos temas rapeados, baladas y disco realmente atractivos para la gente a la que le gusta la estética ochentera.

Salsoul (1973)

Tengo que confesar que amo este disco, no puedo ser muy “objetivo” al respecto. Se me hace su trabajo más volado y, aunque no se apoye en la voz siento que este es el mejor momento como cantante, además de que interpreta letras en español con su propio estilo soulero. La instrumentación no se escucha cargada, aunque está llena de arreglos preciosos y sesionistas que trabajan en función de las canciones y no en destacar individualmente. Hay muchos momentos de jams que son increíbles con una guitarra funky, una flauta, congas, batería y bronces, toda una fusión impecable del sonido nuyorican y el afroamericano de los 70s, la piedra angular de un estilo que fundó Joe. Es una obra muy amable con el oyente, que transmite pasión en una forma bellísima de música. 

Mr. New York and the East Side Kids (1970)
Saint Latin’s Day Massacre (1972)

No me pude decidir entre cual de estos dos discazos elegir y por eso mismo les quiero recomendar ambos. Desde mi punto de vista son las mejores obras que hizo con Fania Records, siendo muestras especiales de su transición del boogaloo a sonidos más de los 70s y a la vez las veces que logró dirigir sus bandas de forma más premeditada para hacer canciones excelentes. Además, Freddie Delgado en el primero y Eddie Torres en el segundo, ponen sus voces para cantar en español y su genialidad enriquece mucho los resultados finales y el espíritu multicultural del momento. Tanto “Mr. New York and the East Side Kids” como “Saint Latin’s Day Massacre” hablan directo sobre su comunidad y para su comunidad, son registros de la vida en todos los barrios marginales de Nueva York. 

Gypsy Woman (1967)

Su disco debut claramente no es el más completo ni maduro, pero es un trabajo en el que se siente el hambre de todos los músicos, el espíritu juvenil del boogaloo a pleno y la mentalidad de no desperdiciar la oportunidad de grabar que consiguieron. Joe todavía estaba desarrollando su voz y en general suena más a un disco del conjunto que suyo solista, esa falta de un gran protagonismo creo que le da más valor a ser música más colectiva representando el Spanish Harlem desde el sonido y lo bilingüe de las letras. La banda suena potente y al igual que “Riot!” es un muy buen disco para empezar a escucharlo en la etapa más boogaloo.