El Mundo de Yoko Ono: La Bruja

Discutimos los argumentos y satirizaciones en su contra, además de ofrecer una guía introductoria a su catálogo entre 1969 y 2018

Hoy en día se usa mucho esta frase de “no nos merecemos a” tal o cual persona y esto realmente se aplica con Yoko Ono. Una de las artistas más basureadas, discriminadas y minimizadas en la esfera pública de la historia. Su esposo John Lennon la definió muy bien a principios de los 70s, ella es “La artista desconocida más famosa”. Pasan las décadas y seguimos hablando mal de ella, parodiando su imagen, su música y sus performance entre la queja y el chiste. Pasan las décadas y ella sigue haciendo cosas disruptivas y/o pop, como hace desde antes de que existan los Beatles. 

Voy a intentar desarmar un poco el odio que se le tiene casi ya por sentido común, muy arraigado en falacias, machismo y racismo. No seré el fan número uno del arte conceptual, hasta diría que suele ser muy posmoderno para mi gusto, pero creo que merece respeto al igual que las otras formas de creación. Vale decir que hace unos meses el canal amigo Matías Parkman sacó un video desde una postura similar a la que tengo yo, justo dio la casualidad de que a ambos nos surgió la inquietud al mismo tiempo, pero mejor que seamos más reivindicandola.

Todo esto nace porque Yoko ya tiene 88 años y me gustaría que el público la acepte de una vez. Que no sea como tantos otros artistas de la historia que recién le va a llegar el reconocimiento cuando esté muerta.

El mito inicial que despertó el odio hacia ella es que fue la responsable de que se separaran Los Beatles. Esta creencia va por dos caminos, el primero es directamente la ignorancia. Cualquiera que conozca superficialmente la historia de la banda sabe que aunque no hubiese ni una sola japonesa en toda Inglaterra la banda se iba a romper en las mismas condiciones. El otro camino es el de los fanáticos extremistas que no pueden aceptar que sus amados dioses sean, en realidad, humanos con diferencias y tensiones que con el tiempo los alejan, como pasó y pasa constantemente con la mayoría de los proyectos colectivos, ya sean masivos o desconocidos. Para este último grupo de personas, Yoko aparece como el chivo expiatorio, la bruja malvada que nos robó a la mejor banda de todos los tiempos.

Yoko Ono ¿no hace arte?

Otra falacia de muy poco rigor histórico es el hecho de que ella solo tiene una carrera por haberse casado con John Lennon. Nuestra querida Yoko era varios años mayor que John y, por ende, su carrera había empezado desde mucho más temprano y ya estaba dedicada a varias ramas artísticas. Hizo varios años en universidades prestigiosas y luego rompió con la tradición académica como parte de Fluxus. Un movimiento vanguardista interdisciplinario que de alguna forma tomó la posta del dadaísmo y específicamente se dedicó a deconstruir el soporte de las obras, prescindiendo del formato físico y jugando con la imaginación para desaparecer la mercancía.

Yoko juega con literalizar cosas en la imaginación y muchos erran en tomar todo literal, sin sentido del humor ni capacidad de aceptar un juego sin reglas oficiales. En general el ruido que le hace esto a muchos consumidores es que malinterpretan qué es el arte, estiman que es una fuente de deleite lograda a través de la gran capacidad técnica del autor. Si una obra no los entretiene, entonces esta es mediocre, inválida y su creador o creadora alguien sin talento. Otra expectativa equivocada es la de que el arte es aquello que conmueve (esta además es insoportablemente pretenciosa). Lo único que podemos asegurar en una definición para este concepto, es la de ser una expresión sin fin práctico. Sucede esto por esa sacralización del arte donde pone una barrera entre lo que supuestamente es y no es, como si algo tuviera valor intrínseco por serlo cuando, como en todas las actividades humanas, hay un infinito de variables donde por supuesto hay errores y aciertos que no delimitan si se pertenece o no a esa actividad. Pero la discusión sobre qué es el arte y demás, es una paja intelectual totalmente engorrosa y aburrida., así que veamos ejemplos de cosas por las que se odia o con las que se satiriza a Yoko Ono y desarrollemos desde ahí.

El culo de Yoko Ono

 Por ejemplo, el culo de Yoko Ono es un motivo usual de risas. Lo interesante es que de alguna forma, que sus nalgas sean parte de una conversación de alguna forma es un logro de sus cortos sobre el tema: ‘Bottoms’ y ‘Nº4’. Visuales que ella hizo mostrando justamente las colas de intelectuales y famosos de forma muy poco glamurosa. La idea era hacer un pensar al público en los culos de todos, de tus ídolos, tus familiares, el tuyo, lo que sea. A partir de ahí hay una libre interpretación en la cual cada uno puede pensar lo que sea, que es un mensaje de igualdad (todos tenemos un culo, por más o menos exitosos), puede ser una forma de desobsenizar los desnudos o simplemente que es lindo tenerlo al aire.

El grueso de la obra de Yoko Ono busca ese instante en el que te imaginas el culo de tu presidente, tu abuela o hasta el mío. Es llevarte a un momento, sensación o pensamiento que está ahí nomás, pero nunca fuiste o tuviste. Escapadas de la zona de confort que abren una ventanita en la cabeza. Esto maneja una esencia muy democrática del DIY, la idea no es ser espectador u oyente, sino cómplice. La meca de esto es “Grapefruit” (traducido como “Pomelo”), el libro de instrucciones que escribió para tener varias experiencias novedosas dentro de lo cotidiano.

Yo entiendo que la primera respuesta de muchos ante este tipo de experiencias sea el rechazo. Hay un libro que se llama “Rompe Este Diario” que era muy popular en Argentina hace unos años, la onda es que uno con cada página el lector haga algo, como escupirla, quemarla, escribir algo etcétera. Yo mismo muchas veces me indigné con su existencia porque me parecía una pelotudez, un desperdicio de papel, una forma baja de vender algo. Ahora no es que me parezca una obra maestra conceptual, pero entiendo la gracia. Algo parecido me pasaba con esos restaurantes donde podes pagar para romper un plato. Muchos tenemos como cierta necesidad de sentirnos adultos y nos perdemos de jugar, bailar, hacer el ridículo, entre otras cosas que de niños disfrutabamos muy tranquilamente. Si uno se pone a verlo “fríamente” es una pavada, pero hay que divertirse o en su defecto dejar que la gente se divierta, especialmente con lo inusual. Esto no significa que todo lo que nos invite a romper con algo establecido esté buenísimo, “Rompe Este Diario” es bastante básico y estamos hablando de que un precedente, “Pomelo” salió en el 64 y era mucho más jugado. Incluso dentro del libro de Yoko hay actividades completamente olvidables al lado de otras que pueden sentirse hasta liberadoras. 

Creo que el primer paso para ser maduro respecto a la obra de nuestra protagonista, al igual que la de cualquier artista, es tener criterio y entender que son personas con creatividad fluctuante. Yoko Ono ni de casualidad es la mediocre que pintan tantos críticos infumables, pero tampoco hay que creerla una diosa infalible de la performance. Incluso muchas de sus cosas siento que son trolleadas hechas y derechas, por ejemplo en “Fly” que es un disco realmente genial, el track que da nombre al disco son 22 minutos de escuchar una mosca con algún que otro sonido que se cruza.

 Con este ejemplo ustedes dirán “fua, que hincha pelotas”, pero ese mismo sentimiento tiene más que ver con un rechazo a ella que a la idea. Por ejemplo, el “Vol. 4” de Billy Bond y la Pesada es casi un disco completo de gente drogada haciendo ruidos y un público lo tiene como una obra re especial, o para decir algo más actual, rara vez veo gente quejándose de que clipping. cierra un disco genial como lo es “There Existed an Addiction to Blood” con un audio de 18 minutos de un piano quemándose. Sin embargo, el público omite. Paréntesis, ya que estamos hablando de clipping., escuchen esto. Pero volviendo a la mosca, el piano quemándose y los rockeros drogados; al final son experiencias auditivas raras que están dentro de una narrativa que vale la pena conocer completa al menos de una vez. Después pueden resolverlo tranquilamente saltando los tracks y todos contentos. Una actitud muy razonable siendo que ignorar algo que no nos guste es bastante fácil en este contexto.

La música de Yoko Ono es fea

La principal arma de batalla para desprestigiar a Yoko como música son sus famosos gritos en distintas actuaciones. El método es muy simple, uno toma las versiones más cacofónicas y las satiriza como prueba absoluta de que en toda su carrera no hay nada atractivo. Ahora vamos a hablar del tema gritos, pero primero quiero comentar todo un montón de música que hizo Yoko y es muy amable a la escucha. Para empezar ‘Imagine’ la canción más trascendente de Lennon fue escrita junto a Yoko, al igual que mucho de su trabajo solista y viceversa, en los discos de los 70s de ambos estaban los dos involucrados aparezcan o no en los créditos. Los mismos discos de Ono, “Feeling the Space” y “Approximately Infinite Universe” de 1973, son pop-rock precioso de la época que seguro le encantan a cualquier fan de los Beatles. Diez años más tarde también hizo los LPs “Season of Glass” e “It’s Alright” que son de un pop muy suave cercano al new wave. En estos trabajos hay canciones accesibles y disfrutables por todo el mundo, además de muy buenas.

Yo entiendo perfectamente que a alguien que no está acostumbrado le parezca un espanto, pero es la punta del iceberg de un montón de experimentación con lo no-musical en la música. Ella toca el piano desde los cuatro años, creer que no entiende de teoría musical es simplemente faltarle el respeto. El hecho de no limitarse por lo puramente melódico o rítmico es una de las cosas más emocionantes que tiene la música porque da lugar a estéticas, atmósferas, emociones y demás experiencias nuevas. Los mismos Beatles tienen piezas en este rubro como ‘Revolution 9’ o ‘A Day in the Life’. En general los gritos son super impactantes para quien los escucha y super catárticos para quien los ejecuta, su fuerza es innegable. Cuando uno escucha los gritos de Yoko en el contexto de sus propios discos primero que se acostumbra y segundo que empieza a transitar escenarios super interesantes. Un ejemplo es ‘Warzone’, en la versión de su último disco, del mismo nombre. Donde sus gritos y samples de ametralladoras crean un ambiente bélico de desesperación.

 Acá aplica lo que ya dije anteriormente, es clave poder sacarse el instinto de rechazo ante la novedad y examinarla con un criterio propio caso por caso. Hay muchos experimentos sonoros de Yoko que me parecen increíbles y otros que prefiero olvidar, incluso este disco que acabo de citar en líneas generales no es dueño de mi devoción, pero la gracia está en animarse a probar de verdad. Free jazz, rock experimental, noise u otras corrientes de música alternativa que llegan a empujar bastante los límites de lo que podemos percibir como cacofónico, anti-musical o asonante, y es curioso porque he visto adeptos a estos estilos a los que les dan miedo clímax desquiciados de Yoko como este donde rompe el modelo de blues rock típico.

Personalmente, a mi esto me encanta, aunque obvio que entiendo que al gran público no le guste y me parece bien. Pero si creo que es importante respaldar a quienes toman riesgos creativos como estos, gusten o no, en el fondo muchas veces son los que inspiran y moldean la música de masas. Por ejemplo, Lady Gaga es una gran admiradora de la obra de Yoko e incluso tocaron juntas. También Kim Gordon de Sonic Youth, Questlove de The Roots, Lenny Kravitz, Peaches las bandas The Flaming Lips, Ween, Pet Shop Boys, Porcupine Tree y otros grandes proyectos de los 90s y los 2000s han trabajado con ella.

 El último caso de crítica a Yoko que quiero abordar en este video es cuando la tildan de superficial por dar este mensaje de paz de forma muy directa en lemas. Entiendo que lo trilladas que puedan estar las frases hace que uno se desensibilice y, en vez de pensar en los horrores de las guerras que aún hoy siguen presentes, se aburra. Sin embargo, siendo que no es tan común encontrar estos mensajes de forma tan clara y simple a día de hoy, de alguna forma eso les da validez. El discurso será viejo, pero sigue estando porque la guerra no desapareció, algo que además agradezco que Yoko sea consciente, a diferencia de todos los hippies yankees que pensaron que cuando pasó Vietnam se olvidaron de que existan. Si bien es una postura tibia y todo lo que queramos decir, tampoco le está haciendo mal a nadie al recordar esto a la población primermundista que tan cómoda vive. Por otro lado, acusarla de no poder desarrollar sobre un debate político es, una vez más, ignorancia: Ono ha generado material de lectura dentro del feminismo como su propuesta en “La Feminización de la Sociedad” y muchas de sus letras y experiencias durísimas que la han atravesado en el ámbito público y el privado. Una vez más recomiendo que investiguen por su cuenta porque hay mucha información al respecto, además de lo que está a la luz que es toda la discriminación que vengo relatando.

Un viaje por la discografía de Yoko

Pero ya está, llegó el momento de dejar de lado todo el acoso y odio hacia su persona para concentrarnos en su discografía, la parte final del video. A diferencia de otros El Mundo De, quiero explicar un poco la discografía suya en general, además de pararme en algunos discos especiales y reseñarlos. El catálogo comienza con tres discos solo recomendables para gente realmente fanática de la exploración auditiva, los “Unfinished Music” y el “Wedding Album”, LPs con John Lennon en los que básicamente grabaron performances sonoras. Tienen sus pasajes interesantes y gamas de sensaciones peculiares, aunque para serles sinceros los escuché una vez y dudo que vuelva a hacerlo.

La discografía musical empieza con Plastic Ono Band y ese lanzamiento doble de la banda, un disco con John y otro de Yoko, que es probablemente el más conocido suyo. Sigue en la línea de experimentación agresiva y cuenta con más gritos que ningún otro seguramente, así que, aunque la banda suene muy bien y personalmente lo disfruto, no lo siento un buen punto de entrada para sacarse los prejuicios.

Yoko Ono – Fly (1971)

Fly es un disco sorprendente por sobre todas las cosas. La primera vez que uno le da play, no tiene la menor idea de qué va a suceder en ningún momento. Esto se valora, especialmente si se está acostumbrado a escuchar mucha música. Más que un álbum, “Fly” es una experiencia sonora donde Yoko con sus modos consigue hacer valioso lo errático. Por momentos es brillante y por otros no va a ningún lado, pero nunca pierde la novedad. En ‘Don’t Worry Kyoko’ se saca a grito pelado todo el dolor por no poder ver crecer a su hija, ‘Mindtrain’ es una zapada caótica, en ‘O’ Wind’ mete percusión de la India, para ‘Airmale’ juega con las posibilidades que brinda un estudio de grabación, en ‘Ms. Lennon’ se vuelve solemne. Las piezas parecen inconexas, pero la proyección artística alcanza para que tenga sentido escucharlas en conjunto. No será la más virtuosa cantante o compositora, pero con su creatividad consigue hacer piezas novedosas.

 A diferencia de la mayoría de música experimental que aparece, acá no hay un halo de intelectualidad elitista, Yoko se divirtió haciéndolo y eso se nota y se transmite. Evidentemente es un gusto adquirido y tiene momentos difíciles de digerir, especialmente en el disco 2. Sin embargo es una obra que genuinamente transmite y yo valoro mucho eso.

 A “Fly” le siguen “Some Time in New York” que es lo más flojo que hicieron con su marido.

Yoko Ono – Approximately Infinite Universe (1973)

Approximately Infinite Universe” es el disco de Yoko más cercano al estándar de belleza musical. Es un álbum doble que se gana el cariño del oyente progresivamente con cada escucha, especialmente por tener varias canciones con mucho potencial para generar un apego especial. A diferencia de sus trabajos más experimentales, donde prima lo sensitivo o emotivo, esta es una obra mucho más sentimental. Más que nunca Yoko se expresó de forma tradicional y eso le ayuda a transmitir un mensaje político de paz e igualdad de derechos de forma mucho más amena.

 Las canciones son simples, pero tienen una gran variedad dentro de los esquemas del pop rock y estilos vecinos, incluso hay un poco de funk y blues. Ono demuestra que es perfectamente capaz como cancionista, sin depender de la experimentación para ser creativa. El disco siguiente, “Feeling the Space”, comparte mucho con este y también es bonito. Ambos salieron en el 73 y hasta el ‘80 Yoko estaría retirada de la música.

John Lennon & Yoko Ono – Double Fantasy (1980)

Poco antes del asesinato de Lennon, el matrimonio lanzó su gran obra conjunta. Los dos llevaban mucho sin hacer un disco y creo que realmente ese descanso les vino muy bien para volver renovados. Lennon en sus canciones hace lo que lo caracteriza de forma sobresaliente y Yoko se muestra totalmente al día con el estado de la música por aquello meses. Ella introduce el new wave de una forma muy divertida, entendiendo muy bien para donde apuntaba el movimiento en temas geniales como ‘Kiss, Kiss, Kiss’ y ‘I’m Moving On’, inclusive con una dosis de humor en ‘Yes I’m Your Angel’. A su vez, creo que la música de la pareja convive muy bien acá sin perder la personalidad de cada uno y a la vez apoyar al otro en sus interpretaciones. Es uno de los grandes álbumes maritales de la historia y, al igual que el anterior recomendado, uno le va tomando más aprecio en cada escucha.

De este disco se desprendió el póstumo “Milk & Honey” cuatro años más tarde que también posee varias joyitas y curiosidades como la influencia de Bob Marley. Al quedar viuda, ella empezó una etapa muy fuerte emocionalmente en clave medio pop y new wave melancólico con dos discos, “Season of Glass”, “It’s Alright”, del 81 y 82 respectivamente, y ya sin tanta tristeza impregnada “Starpeace” del ‘85, que es más alegre, synthpop y con cosas de reggae de lo más curiosas.  En el ‘96 y el 2001 lanzó “Rising” y “Blueprint for a Sunrise” respectivamente dos piezas que si hay que clasificar diría rock alternativo, con influencias las influencias previas más trip-hop y hasta el metal, pero ya entramos a un terreno con una identidad inimitable por parte de esta autora.

Yoko Ono – Yes I’m a Witch (2007)

Normalmente no incluiría un disco de remixes hechos por otros artistas como algo importante en una discografía, pero en la identidad de Yoko son una presencia considerable. En el ‘96 lanzó una re-versión de su disco “Rising”, en el 2007 lanzó dos en este mismo formato, pero con canciones de toda su carrera: “Open Your Boxes” para el que entregó su música a DJs que le explotarían la veta bailable en forma de techno y house; y “Yes I’m a Witch”, que para mi es su proyecto más logrado en esta categoría.

Las versiones de artistas como Peaches, Le Tigre, Hank Schocklee, The Flaming Lips, Blow Up y demás, potencian aspectos puntuales de Yoko y también muestran lo versátiles que son sus composiciones. Reflejan su lado más divertido de Yoko, lo funky, lo electrónico, lo experimental y en general la incontable cantidad de estilos que ha hibridado con el suyo. Yoko siempre es moderna y eso más claro no puede estar acá. Además, de este álbum a mi me verla a ella, que siempre parece tan sola, colaborando con personas talentosas de todas las edades.

En 2016 sacó “Yes, I’m a Witch Too” que sigue esta misma línea y su último disco reinterpretando viejos tracks es “Warzone”, de 2018, aunque son todas realizadas por ella misma. Ahí buscó más que nunca explotar motivos simples para entregar mensajes en pocas palabras. No quiero hacer responsable a la vejez, pero acá ya el enfoque se torna difuso y la producción muy inconsistente. Aunque es un disco en el que todavía encuentra cosas nuevas que explorar, lo que me parece admirable en alguien con más de medio siglo en el medio.

Yoko Ono Plastic Ono Band – Between My Head and the Sky (2009) + Take Me to the Land of Hell (2013)

En 2009 y 2013 salieron dos discos hermanados de la Plastic Ono Band moderna con su hijo Sean como mano derecha y productor, quien como solista o en Cibo Matto, Claypool Lennon Delirium y otros proyectos ha demostrado ser de lo más capaz.

Between My Head and the Sky” y “Take Me to the Land of Hell” son los discos más completos y consistentes que haya hecho Yoko, conjugan muy bien su filosofía de vida, la onda rockera y su buen gusto para la tecnología musical moderna. Conserva su chispa infantil a la vez que demuestra lo veterana qué es y el dominio que tiene de tantos recursos sonoros. Son dos discos que construyen una narrativa y, si bien algunas canciones como ‘BAD DANCER’ funcionan muy bien por si solas, es el total de la obra lo que más brilla. Realmente es un trabajo que suena muy bien.

No entiendo la obsesión que tienen con Yoko, es increíble. Seguro llega alguno esperando ver a otro pavo faltandole el respeto a una señora de 88 años por internet y la verdad que yo al menos me cuestionaría esa forma de usar mi tiempo. Pero bueno, cada uno a lo suyo.