Entre el Punk y la Trampa:
Olimac Rizas

Rizas, con la tekné como medio, deja registros vibrantes de sus experiencias de vida. Como músico ha plasmado emociones llevadas al extremo, pudiendo impresionar hasta el oyente más escéptico.

Olimac Rizas una de las personalidades artísticas con más impronta y carisma de Argentina, y lo es con poco más de dos décadas vivo. En ese tiempo probó más drogas de las que debería, más represión estatal de la que es legal y estuvo cerca de la muerte más ocasiones de las recomendadas. Todas estas experiencias las hace fluir por la canilla de descarga emocional que es, según él, el arte. Hace poco volvió de un parón de casi un año en su carrera musical y ya lanzó dos mixtapes, por lo cual es un gran momento para retratar su figura.

En los medios estuvo muy presente esta idea de que el trap es el punk de esta generación y hay que partir de la base de que es un planteo vago. Mucho de la esencia del punk tuvo y tiene que ver con el asco. Sentir asco por la sociedad y devolvérselo a través de la música. Una noción que musicalmente aparece en los 70s, pero tiene un claro precedente en el movimiento artístico dadaísta de principios de S.XX. El trap contemporáneo y toda su genealogía, desde las trap houses de Atlanta hasta SoundCloud, refleja la descomposición social, pero tienen una diferencia importantísima que es el factor aspiracional. Hasta en los Lils más rancios de Estados Unidos está presente el individualismo, el estar bendecido, él “lo logré” y, al fin y al cabo, él “soy un crack”. Es importante no caer en el reduccionismo de decir que el rap es el nuevo rock, el trap es el nuevo punk y otras anacronías. Y esto no es porque un movimiento tenga un valor histórico más o menos relevante que el otro, es porque cada uno merece un análisis en profundidad de que lo hace único.

Ahora ¿Por qué si consideramos a Rizas como un punky?

Yo no estoy flex, negro estoy re duro
Cocaína en el salón, a la mierda el futuro

Freestyle de Olimac en la radio de Quinto Escalón

En un vivo de Instagram una vez Rizas dijo que la mayoría de los raperos que estaban pegados eran unos boludos porque no sabían hacer plata por su cuenta y entonces tenían que ganar guita con la música. No solo que no le interesa ser popular sino que muchas veces ni siquiera le gusta la idea de publicar su música en YouTube o Soundcloud. Sube temas y los baja al poco tiempo, tiene una cantidad importante de material que ya aseguró que no iba a salir y no se preocupa por estar en plataformas como Spotify. También tiene en común la naturaleza autodestructiva que tuvo el punk original, con violencia y drogas. Por todos estos factores Rizas es un músico especialmente difícil de seguir, no tiene un manejo formal de su única red que es Instagram y es lo opuesto al profesionalismo y el ser complaciente con su público. No se preocupa por los equipos con los que graba ni en cómo promociona su música, e incluso muchas veces pifia una letra en el estudio y queda ahí o las canciones salen improvisadas. Hay una relación inconciliable entre su arte y los cánones comerciales más básicos, es muy difícil que su música sea accesible sin perder su espíritu. Pero vale mucho la pena salir de la zona de confort como oyente para acceder a su obra.

El problema del punk siempre fue el límite de sus herramientas y en el t/rap la abundancia de clichés y Rizas mata ambos pájaros al unísono. Conversamos con los dos productores con los que más está trabajando en este momento. Valen ayudó a ajustar el guión y editó tanto este video como el que hicimos sobre Deep Purple; y Gino contó un poco del detrás de escenas en el proceso creativo actual:

Para grabar “La Torre 16” nos juntamos con Camilo en mi casa donde tengo mi home studio. A veces él quería llegar y grabar de una y para eso propone usar un type beat de internet, para no tener esperar que yo armara uno propio (ansiedad y, según él, para no «perder la esencia del momento» ). Entonces yo le decía que me lo pase y en lo que duraba el trayecto desde su casa a la mía (poco porque vivimos cerca) yo armaba un beat en base a la referencia que me había pasado.
Mucho de lo que graba Camilo es de free, pero también tiene muchas letras anotadas en su celular y PC. Así que dependiendo del track se ven distintos métodos de laburo. A veces componemos canciones yo con la guitarra y el cantando una melodía y después las volvemos trap (ejemplo ‘Polvo de Hadas’) Tratamos de trabajar sobrios, pero no siempre lo logramos así que a veces laburamos tomando mate a la mañana y a veces tomando birra a la noche. En el proceso de laburo hay momentos de seriedad y emotividad tanto como de diversión dependiendo los temas. A veces una idea como «sampliemos a Flema» termina en un experimento como lo es el tema ‘Crowley‘ del mixtape. También a veces se suma la guitarra eléctrica como en ‘Respeto’. Para mi Camilo es un tipo muy comprometido con su arte y muy obsesivo con su laburo (mas desde lo conceptual que desde lo técnico). Cabe mencionar que Camilo es un gran amigo mío desde hace años y pasamos varias historias juntos de diferentes naturalezas (de joda, de laburo, de calle, tristes y alegres), lo cual hace que nos entendamos a la hora de producir.

El derrotero de Camilo

Camilo empezó bien de pibito a rapear tirando freestyle en las plazas de Buenos Aires, aunque bastante rápido le surgió la inquietud de meterse en un estudio de grabación. Por esos años también despertó una pasión por el arte plástico a través del graffiti, que hasta día de hoy continúa hasta con una fuerza mayor que la música. Con una voz aún prematura pintó con un ángulo punzante su realidad y arrancó a llamar la atención en el under. Muphasa, a quien conoció en plazas compitiendo y que es una máquina de organizar y ejecutar proyectos fructíferos (véase la competencia El Quinto Escalón, la banda Zulú Hip Hop Jam o el programa radial Damn!), le propuso hacerle el beat a la canción ‘Full Escabio’ y, más tarde, producirle entero su primer EP: “Es Caviar”.

Chimi todavía era menor de edad, pero ya era capaz de ponerle voz a uno de los discos más adelantados y originales del rap local. Escribió y grabó en base a beats de uso libre dejando el a capela para los cuales Mupha construyó los definitivos, demostrando que no su valor en el rap no solo está en la palabra y la organización de eventos, también es un excelente productor. Esta manera de trabajar es la que tiene por ejemplo Kendrick Lamar, entre otros estadounidenses, aunque es una novedad en el panorama argentino. Del rap hardcore original de los tracks quedaron sonidos funky, trap y hasta un drumless sobre los que se escupe veneno del bueno. El estilo de Olimac era el de un rebelde que aún tenía pocas causas, no había tanto contenido fuera de egotrips, pero ya había un estilo propio y una personalidad explosiva que anunciaba una tendencia autodestructiva.

Pero soy un borrancho y en el piso me gusta rodar
Como loco afligido mis penas vine a acordar
Tus venas nena no las vayas a pinchar
Porque si abro la puerta y te encuentro muerta juntos nos tendrían que enterrar

Rey Blue

Además de “Es Caviar”, que hizo que Rizas tenga reconocimiento público como rapero, por esos años estaba subiendo cosas más alternativas a Soundcloud. Entre ellas estaba la canción ‘Oro Blanco’ que creo que funciona muy bien para ilustrar lo que sería su relación nociva con las drogas pesadas. Otro dato interesante es que por aquellos años ya estaba haciendo trap cuando gran parte del país ni siquiera conocía el término.

En 2017 Olimac tuvo una semana literalmente electrizante: Trabajando con su padre casi muere por una descarga que le dió un enchufe de tres fases. Las suelas de goma de sus borcegos lo salvaron cortando con una sensación que sería su musa durante los siete días que siguieron, en los que escribió los siete tracks que conforman su mixtape “Trifásica”. Bajó la íntegra producción de Crimewave de la Future Gang, el Chimi plasma en nuestros oídos la patada eléctrica que recibió en el disco más frenético del hip hop hispano, que mejora con cada escucha. Suenan pistas sintéticas con una estética distópica y acompañadas por un caos planificado que presenta un escenario completamente cyberpunk. La primera faceta de este proyecto dual trata los amoríos de doble filo atravesados por adicciones e inmadurez (“Todo esto fue mi error ¿Será el drama o el amor?/Solo voy a enloquecer, nadie murió por amor”). Después de llevar al límite una temática conocida como la del romance frustrado, viene la segunda parte que, sin partituras, parte la cabeza de cualquiera que agarre desprevenido.

Todos Son Números’ es la quinta canción de “Trifásica” y había servido como adelanto en YouTube con un vídeo que él mismo editó donde explota todos los recursos que le brinda una pantalla verde. En el tema pone a cualquiera en modo antiyuta le tira beef sangriento al ex presidente Mauricio Macri y al capitalismo en general. Sigue un remix de XXXTentación que anticipa el final del mixtape, otra catarata de bronca por el contexto de la Argentina. El final es cruza de trap con harsh noise, cuatro minutos veintidós escritos bajo el efecto psicoactivos, con una instrumental saturadísima que puede hacer saltar la térmica. La “Trifásica”, al igual que su álbum predecesor, salió un año después de haber sido finalizado y aún así sigue adelantadisimo a la música que se está haciendo en este país. Es una mixtape imbatible del trap latinoamericano, que deja mal parado a lo que sea que uno vaya a escuchar después.

El estado matando pibes de veinte
Y por los que no están, yo me hago presente
Acá el banquero sólo quiere suerte
Explotando cuerpos, no se como duermen

Otro Pibe Más

Por esa época Camilo estaba full, además de “Trifásica” estaba largando temazos como ‘Rockabilly’, ‘Remera Cortada’, ‘Martes 13’ y ‘Ricky Fronteo’. Incluso arrancaba a publicar “Crucifixxxión” su proyecto más ambicioso por el momento. Un larga duración que va saliendo en capítulos y está cargado de simbología cristiana, un universo del que Rizas suele tomar cosas, pero acá se personifica mucho más. Y, siendo que es hijo de un carpintero y una María, la relación era inevitable. Otra fuente de inspiración para tomar símbolos es la astrología, que por más que uno pueda o no creer en la influencia de los cuerpos celestes en nuestras vidas, no deja de agregarle valor a las letras, complejizando y resignificando relatos con referencias zodiacales. Relatos en los que cada vez había un peso mayor de las drogas, y no estamos hablando de un porrito. Por aquel tiempo Camilo aparentemente tocó fondo como consumidor y tuvo que hacer rehabilitación. Sucedieron muchas cosas en su vida, cosas jodidas que no vienen al caso porque este no es el lugar ni somos nosotros quién para hablar del tema.

Pero la cuestión es que estuvo internado y hubo un parate indefinido en su música en el que se canceló la salida de un disco suyo llamado “La Trampa Oculta”. Más o menos un año después esto terminó con la salida de ‘X’, una de esas bombas de trap manijoide que, igual que ‘Martes 13’, se compuso, se grabó y se filmó en el día. También temas mucho más lentos, descendientes directos de la improvisación frente al micrófono, que no siempre llegan a buen puerto. Para diciembre de 2019 salió “Amor & Otras Drogas” una nueva mixtape algo irregular que lo devuelve oficialmente a la escena y viene con algunas joyas incluidas. A veces falla en encontrar el punto entre lo emocional y las imágenes fuertes, ya sean terrenales como la represión policiaca, la pobreza, la droga o más abstractas como los astros, la religión y sus metáforas. Algo que sí logró en temas como ‘Plástico Pasional’, ‘Stay Rider’ y los dos capítulos publicados de “Crucifixxxión”.

Acaba de salir “La Torre 16” que es un la primera parte de un proyecto del que sabremos más en un futuro. Son tres temas unidos por una estética sucia y particularmente rockera. Un boom bap con atmósfera horrorcore, un sample a ‘Metamorfosis Adolescente’ de Flema y un par de traps que demuestran lo bien que se puede llevar el género con la histeria del rock y con la guitarra eléctrica. Rizas que fluye como una tormenta y además clavó 3 letrones, tanto por el lado más abstracto y religioso en el tema de apertura y el de cierre como en el aspecto literal, con ‘Respeto’ que es una canción extremadamente humana y sincera. Para mí Rizas como artista siempre condensa mejor sus emociones si se complementa con quien lo produce, no digo que dependa de eso, pero si que saca lo mejor de sí, y en “La Torre 16” siento que entre todos lograron un enfoque de alta calidad sin perder energía.

Es importantísimo recordarnos a todos que las situaciones que relata en sus canciones no son un cuento. El suicidio, las relaciones tóxicas y las adicciones son cuestiones muy fuertes y eso deriva en obras de arte muy emocionantes, pero detrás de eso hay una persona que necesita ayuda y contención. No son joda las drogas y menos que menos las que hace referencia Camilo en sus canciones. Las vidas humanas son infinitamente más importantes que un buen tema. Su paso por rehabilitación y otras experiencias que relata tienen que servir para que todos aprendamos a ayudar y no criminalizar o manijear a los adictos.