Habitar un arca

De la búsqueda identitaria al arte: Arca

Un arca es una caja pequeña; de madera, generalmente; fabricada con el fin de guardar en su interior bienes materiales de valor económico o sentimental. La misma suele incluir una cerradura para poner a resguardo los objetos que se desee. Se la puede reconocer fácilmente debido a la ornamentación que la decora, quizá para ostentar sus adentros. El arca, en definitiva, es por y para sus entrañas así como un terrario es hábitat, empapándose del sentido que le otorgan las criaturas a las que brinda contención.

Alejandra Ghersi contuvo a Xen desde una infancia repartida entre Venezuela y Connecticut. Esta entidad sin forma que amenazó desde temprano la normalidad impuesta, a pesar de haber sido reprimida contadas veces, se apoderó de la importancia que suele tener, rodeada de sus pares, una pieza de lo más valiosa. Lamentablemente aun en los tiempos que corren solemos tender a ocultar los artilugios que nos habitan para escapar de las miradas acusadoras y los dedos inquisidores. Alejandra, como mucha más gente, reprimió a xen en su vivencia temprana en Caracas, en un país que, al igual que gran parte de la sociedad latina, continúa estigmatizando a quienes adoptan como identidad a las banderas atesoradas en sus pequeñas cajas de madera para, así, no ocultarlas nunca más.

Nuuro fue el seudónimo que Ghersi eligió, previo a abrirse a Xen, para lanzar su música a la par que terminaba sus estudios secundarios. Bajo el manto de ese nombre comenzó a ganar algo de popularidad en esta etapa, con un disco bajo el sello discográfico Soundsister y canciones de amor dirigidas a mujeres, traicionando sus sentimientos hacia sujetos masculinos en pos de camuflarse mejor en el tejido social. Alejandra, perteneciendo a la clase media alta, tuvo la posibilidad de concurrir a un buen colegio y tener dinero suficiente para desarrollar talento en disciplinas como el piano en un país que en el transcurso de este siglo se vio envuelto en una creciente crisis socio-económica. A pesar de esta posición ventajosa, intentó negar su sexualidad latente hasta avanzada su adolescencia e incluso hasta su partida de su tierra natal para continuar sus estudios en el Clive Davis Institute of Recorded Music de la Universidad de New York.

Según datos del observatorio de personas trans asesinadas (TMM) en 2017 Venezuela se encontraba en el cuarto puesto de países con mayor número de miembros de la comunidad LGBTTIQ+ víctimas de crímenes de odio en Latam. Es a causa de esa parte importante de la población que se aferra a las características más nefastas y arbitrarias de nuestra herencia cultural que los lugares seguros para transitar un espectro no hegemónico del género en países en su mayoría tercermundistas son más escasos que en otros círculos o ciudades. En particular como en New York, donde las distintas tendencias mundiales occidentales se hacen presentes cada día y encontrarse la diversidad en todos sentidos no es poco común. Sin embargo, no debemos pensar que este espejismo es tierra inmaculada y gluten free. Inmigrantes, negros, maricas y freaks continúan siendo, incluso en los callejones mas lujosos del planeta, los insectos típicos.

Un ritmo constante, interminable, retumba el reino invertebrado desde bajo de las piedras. Las profundidades nocturnas pertenecen a escarabajos los cuales han hecho de sus habitáculos un agujero. Es en estos nidos donde se refugia la grasa que rebalsa del tarro y, cuando los edificios buscan el sueño, esta encuentra su sentido en el afuera, estando desparramada y consciente de su origen represor.

La escena nocturna y clandestina de NY crece cual colmena desde hace décadas, sin embargo, desde el año 2009 podemos identificar una línea que se separa de lo que comprendemos como la escena de club tradicional: la creación de la comunidad GHE20G0TH1K por parte de Venus X. Este evento, llevado a cabo durante varios años en almacenes y sótanos, funciona como punto seguro para quienes quedan por fuera del discurso de normalidad suspendido constantemente sobre nuestras cabezas. A la vez sirve como oda y elegía a la contracultura, al cooptar movimientos del Siglo XX como el gótico, punk, Hip Hop y por supuesto la electrónica, representando tanto al IDM como al EDM y mezclándolos en una paleta de colores terrosa y orgánica, sucia y turbulenta, con el fin de quebrar el cristal contenedor de la pecera para salpicar los escenarios con una forma líquida de entender el arte y la estética.

La pista de GHE20G0TH1K se compone de una masa heterogénea, incluyendo a cientos de personalidades errantes que la pueblan de sentido. Miembros del colectivo queer, latinos, afro descendientes, voguers, drags y por supuesto los Djs, objetos de culto y principales responsables de dotar con el ritmo a sus devotos.

El sentido musical que creció desde el principio del evento estuvo apoyado en los CDJ, instrumentos digitales que pueden considerarse la evolución de las tornamesas tradicionales pensados para vinilo. Estos, además de permitir las mezclas típicas del sampling, dan otras cuantas posibilidades a quien las sabe manipular. Con características como cambiar a voluntad el tempo o el pitch de un Mp3, indicar Hot Cues para reproducir una canción desde diferentes puntos o superponer distintas capas de loops, una pieza de pop de los 90s se puede tornar irreconocible, mutando a una aglomeración de sonidos caóticos. Esto sumado a la posibilidad de, además de poder usar discos en las mezclas, usar audios de entrevistas y discursos, le atribuyó al estilo de DJ que se estaba gestando en esta escena under un carácter a menudo político e introspectivo. Arca es una fiel representante de esta forma de trabajar el sonido, partiendo desde samples, el proceso que esas muestras atraviesan da como resultado un producto digitalizado único de nuestros tiempos.

Como siempre que se comienza una búsqueda desde una nueva técnica o tecnología en el arte, el resultado se suele rotular de experimental en comparación a lo que conocemos y es masivamente escuchado. Esta vertiente del djing con estructuras no convencionales, pasajes abstractos y elementos industriales desembocó en géneros musicales vástagos de la década del 2010 en su mayoría considerados internet music: Hyper pop, Bublegum Bass, Pop Avant-garde y Vaporwave posterior al “Floral Shoppe 2”. Ese sonido originado en la noche de NY fue bautizado como Post-club o Deconstructed club y creció como una forma de negar lo que ocurría en gran parte de los clubes, donde el arte no era más que un decorado vacío para fiestas blancas y heteronormadas. De aquí surgieron figuras como Total Freedom, partícipe fundador del movimiento, Physical Therapy, Venus X, la misma fundadora de GHE20GOTH1K y, por supuesto, Arca, quien reptó en este ecosistema una vez se asentó en la ciudad, y lo que en principio fue un viaje de estudios tomó una dimensión gigantesca.

Cuerpos deformados a contraluz, neblina de colores cambiantes y posiciones contorsionadas para danzas rituales. De este malebolge se bebe por debajo de los suelos, en contra de los carteles de autopista inmensos que animan a abandonar cualquier esperanza, el aliento final de las ánimas pregunta con sus últimas palabras ¿cuál es en realidad el Inframundo, si lo que es arriba es abajo?

Jesse Kanda, colaborador e íntimo amigo de Alejandra, a quien conoció a través de Deviant Art cuando ambos buscaban diamantes entre la, a menudo, opaca homogeneidad artística, intenta derrumbar la inventiva católico-romana. Diluyendo la delusión de la estética canónicamente clásica, continúa con la tradición vanguardista de abolir los conceptos de belleza hegemónicos y erigir unos nuevos en su lugar. A lo largo de este mismo páramo hinchado y retorcido se mueven los Club kids, criaturas que bordan las costuras de la estética under en la noche neoyorquina desde los años 90s. A través de senderos más escondidos a la vista de las masas, los Club kids adoptaron formas de llevar sus identidades y hacerlas más visibles, sin importar que estas fueran algo temporal o sostenido, con fachadas de lo más excéntricas y recordando al dadá de primera mitad del Siglo XX. Aunque la estética saturada, opulenta y orgullosamente freak que crearon fue en principio una burla a la alta costura y sus diseños a menudo al borde del absurdo, irónicamente adoptaron este rumbo como eje de un movimiento que con el paso del tiempo sería, justo como el dadá, un punto de referencia para diversas producciones que espectacularizarían este tipo de expresión. Un ejemplo de esto es RuPaul, quien fue en su momento un Club kid y cuya experimentación en el mundo del drag le llevaría a conducir el programa RuPaul Drag Race. O como el diseñador Jean Paul Gaultier quien, junto con otros nombres pesados en la moda, como Thierry Mugler, se paseaba por los antros de Peter Gatien absorbiendo los paisajes dantescos que se ofertan en la oscuridad.

La demanda de estas nuevas estéticas no hizo más que aumentar desde finales del pasado siglo. Varios mercados de disciplinas artísticas diversas han buscado de manera activa representar a sectores de la sociedad relegados históricamente en sus productos en pos de cooptar a todo tipo de público. Ya sea con vestimentas excéntricas, como las luce Arca en varios videoclips y presentaciones en vivo, o con el auge del streetwear, el omnipotente mainstream logró engullir la contracultura de las últimas décadas como de costumbre. Shayne Oliver, joven diseñador amigo de Alejandra y cofundador de GHE20GOTH1K logró moldear su marca Hood By Air alrededor de los relatos que se experimentan en el club, la calle y círculos del under en general, fusionado con ese tinte extravagante del Club kid y, por consiguiente, de los desfiles de moda más elitistas. HBA escaló hasta ganarse la atención de los estratos más elevados del haute couture con Arca produciendo música para sus pasarelas y sirviendo de modelo ocasionalmente.

Con la propuesta de un nuevo concepto de club y los focos sobre la marca fundada por Oliver, las pupilas atentas miraban hacia New York y sus mutantes. En 2012 Arca ya tenía en el juego los EPs “Stretch 1 & 2”, obras catalogadas como Hip Hop experimental que llegarían a oídos de un Kanye West con preparativos para un nuevo álbum. Este, mediante un contacto en común con Shayne Oliver, Mathew Williams del colectivo de Djs y diseñadores Been Trill, sumaria a Ghersi a la producción de “Yeezus”. Mientras Arca trabajaba para Kanye con otras tantas personas, produciría en simultáneo la mixtape “&&&&&” y colaboraría en un EP de la cantante FKA Twigs para luego aceptar la propuesta de Björk de participar como DJ en el resto del tour de su disco “Biophilia”. Pero aunque las cosas vayan muy bien por fuera, por dentro hay cosas que resolver.

Con nuevos proyectos y creando junto a Björk el álbum “Vulnicura”, Arca se muda a Londres junto con Kanda. En su estadía en UK Jesse y Alejandra comienzan a trabajar como uña y carne en las visuales y el concepto del primer Lp, “XEN”. El proceso de esta obra según su productora fue desestructurado, incluso automático y libre. En los años de labrar los timbres para este álbum Alejandra aun usaba pronombres masculinos, y describe a Xen como una energía femenina que la invade, literalmente, desde su infancia. Recuerda entradas del diario íntimo de su niñez firmadas bajo este seudónimo y aquellas veces en las que imitaba estrellas del espectáculo, soñando ser una Spice Girl. Años después, Luego de experimentar uno de los epicentros de la comunidad queer en el bajo fondo estadounidense Xen se daba el lujo de habitar el arca para expresarse a través de este, casi susurrando: La rasgadura del coral marino, aceite de perlas chirriando desde sus colchones de lenguas dulces, azules, asfixiadas, hinchadas y vueltas a la normalidad en segundos. El Bloop de sus intentos por no sofocarse marcan la cadencia rota. Todo es sensibilidad, todo se sostiene apenas, con las uñas deformadas apartando las esquirlas del mar congelado del miedo a no acostumbrarse al nuevo líquido amniótico, a este Rorschach palpitante que se funde en tu carne.

Hay artistas con sucesiones de obras de un desarrollo narrativo interesante, algunos casi teatrales. Es difícil interpretar las secuelas de una obra que está más cerca de ser un Pollock que un Caravaggio, sin embargo, cada salpicadura en el lienzo, por más abstracta que parezca, está cargada de un carácter que va más allá de lo figurativo. En este caso podemos agarrarnos al trabajo que complementa gran parte de la música de Arca; Kanda, quien puede presumir ser una de las personas que más comprende a Xen y quien compartió el mismo espacio físico durante el proceso artístico para el álbum, representó a este ser como una sombra sobre-expuesta en la oscuridad. Este contraste atenuado por luces azuladas sobre los típicos cuerpos contorsionados de Kanda aparece como algo que simplemente está, y existe en oposición a lo que ya existía. En cambio en “Mutant”, el álbum que le precede a “Xen”, la postal se invierte. Una masa antropomórfica se planta enfrente nuestra con media sonrisa monalística dibujada en sus facciones suaves. Su cuerpo rojo resalta con seguridad del fondo blanco y dos cuernos negros descienden en picado desde su cabeza. El ambiente que arca plasma en “Mutant” es más sólido, no en términos valorativos sino casi literalmente. Con más sonidos industriales y ritmos más duros esta obra nos mantiene en la misma atmósfera abstracta, pero sin claroscuros.

Roland Barthes, filósofo y semiólogo francés, propone emancipar los discursos de sus autores en busca de interpretar un texto a la deriva, sin rueditas, actividad que pretende dar con un significado arraigado a las herramientas del intérprete: su entendimiento del lenguaje empleado, patrimonio cultural y hasta la susceptibilidad que puedan desencadenarle sus experiencias en la vida. El resultado será que encontraremos formas individuales de comprender una obra, aunque a rasgos generales no serán abismalmente diferentes a las de nuestros pares. Sin embargo cuando nos vemos frente a un discurso que se escapa de lo habitual y reconocible la dificultad aumenta. en este punto nos damos cuenta de algo, y es que ya de por si no nos preparan para interpretar el arte, sino para comprender la interpretación de otras personas, mucha menos preparación tenemos para interpretar algo de índole abstracta. Luego de varios intentos de enfrentarse al lienzo resulta más fácil de lo que parecía. Como si de una metáfora en la que debemos asociar un elemento a otro se tratase, un trazo o un timbre equivalen a un concepto, sentimiento u instinto. Esto es también aplicable a obras figurativas.

La realidad contemporánea de la propuesta de Barthes es que, aunque tenemos excepciones, vivimos una era artística aún dominada por la figura de los ídolos. Nuestras interpretaciones de la discografía de Arca, aunque según entrevistas de Alejandra para The Fader o la Rolling Stones tienen el placer de corresponder parcialmente al significado atribuido por ella, son al fin y al cabo una aspiración a cuadrar vida y obra como algo no del todo separable, en tanto que la obra surge de la expresión de un sujeto en conflicto y el sujeto se retroalimenta de la obra, lo que termina influyendo en proyectos venideros. En definitiva, el game de la industria musical y la labor periodística nos insta a entender un objeto en función de su creador y viceversa. No es este un mero capricho de pelearme con Barthes sino más bien una disculpa y una invitación a interpretar una pieza que se abstraiga de nuestra cotidianeidad sin el temor de pensar erróneamente que nuestra interpretación no será lo suficientemente válida o buena.

Si hubiera que darle un lugar a cada disco en un orden cohesivo, diría que cada uno representa una relación armónica, y por lo tanto, cronológica. “Xen” estaría ubicado como sub-dominante, en la necesidad de concluir, pero sin resaltar lo suficiente como para hacerlo; “Mutant” sería un acorde de dominante, con todas sus tensiones expuestas de cara a resolverlas; y su disco homónimo de 2017, “Arca, sería el reposo. Este último, además de ser el que lleva por título su propio nombre artístico como si fuera un estandarte, es el que suena más como un hogar. Varios tracks de “Arca están planteados como canciones gracias a que Björk, quien se volvió una amiga cercana, animó a Alejandra a que utilizara su voz en las composiciones, dando lugar a estructuras más comunes y suaves vocales en español. Entre estas podemos encontrar, en la canción ‘Reverie’, una reinterpretación del clásico venezolano ‘Caballo Viejo así como la influencia de la tonada, género folclórico venezolano, a lo largo del álbum, además de algunos ritmos que recuerdan al sabor latino cercano a Centroamérica y el Caribe. Una influencia que aunque parezca leve por lo digital y abstracta que suena su música, está muy presente, incluso ella misma hace poco declaró que sus estudios en la infancia con el furruco y el cuatro, instrumentos típicos de la región, son referencias a la hora de programar su música.

Después de 3 años, en este complicado 2020 Ghersi vuelve a lanzar un LP que más que un nuevo acorde para la armonía suena como una nueva progresión. Y es que, además de continuar su carrera, colaborando con Björk o lanzando singles, hacer música para intervenir el espacio sonoro en el museo de arte moderno (MoMa) de NY o trabajar en diversos proyectos con su pareja, Carlos Sáez, en el periodo entre su álbum homónimo y el más reciente; Arca tomó la importante decisión de declararse públicamente como mujer trans y pasar a utilizar pronombres femeninos. En uno de sus esperados vivos de Instagram ella nos cuenta que vive su transición más desde el sentimiento de euforia que de la disforia relacionada siempre con estos procesos. Esta energía es notoria y se diferencia fácilmente de sus anteriores proyectos.

Si bien “KiCk i” mantiene esa línea disruptiva característica para con las expresiones artísticas preponderantes, la forma en que lo hizo en esta ocasión muta como de costumbre. Estas pistas de pop transgresor mantienen su discurso alrededor de la identidad, pero en vez de explorar activamente, como si de una lucha interna se tratase, se aborda como un paseo libre, fluido y con aquellas preguntas que en “Xen” se vociferaban con interferencias animales, ya resueltas. Arca sigue reivindicando su sabor latino, aunque sin la nostalgia existencial del cementerio Abney Park que eligió para su álbum anterior. En este caso el resultado tiene que ver más con los tiempos que corren en el mainstream, con bombos de síncopa alegres fundidos en un pop banger imposible de separar de las vertientes electrónicas que ya hemos tocado. Esta fusión recuerda en concepto al changa tuki/raptor house, estilo clásico en los círculos de DJ venezolanos donde el folklor y el club se encuentran. Su iniciativa de volcarse a las pistas de baile, integrando feats tan imponentes y un ritmo que, como el neo perreo, buscan romper el binarismo y el clima heteronormado impuesto en géneros danzables, busca interpelar a una masa de oyentes jóvenes los cuales por suerte, suelen tener una perspectiva de la sexualidad bastante más abierta que sus generaciones predecesoras.

Ya sea con trabajos en conjunto para otros artistas, esperando una mixtape o el próximo álbum, Arca tiene nuestra atención a sus pies. Y es que la cuenta atrás para escuchar la forma en que imprime su experiencia en los clubes y la música más amorfa o deleitarnos con una estética única, deforme y cyberpunk, de la mano de Carlos Sáez o Kanda, es a la vez un ansia por ver cómo la evolución artística se alimenta de discursos emergentes como lo hizo siempre. Esta nueva etapa que se abre ante la gracia de Alejandra Ghersi está marcada por una personalidad que, pese a saber de primera mano sobre la naturaleza cambiante de las cosas, finalmente denota seguridad sobre quién es, y esa claridad cotiza bastante.