Ensayos

Iorio y la pampa: Imágenes para una nueva fundación I

Primera mitad de un ensayo sobre Ricardo Iorio, pilar del metal que trascendió como ícono de la cultura argentina, y su extensa relación con los paisajes de la profundidad territorial de Argentina: la pampa, el cuyo y la patagonia. Ricardo se encontraba más acompañado en los pagos de unos pocos que en la multitudinaria metrópolis, su vínculo con estos pueblos le ha dado inspiración e identidad y él le ha devuelto su obra completa

Fotos de portada: Fernando Dvoskin

¿Qué impresiones ha de dejar en el habitante de la República Argentina, el simple acto de clavar los ojos en el horizonte, y ver… no ver nada […]? 

Facundo por Domingo Faustino Sarmiento  

Si hay una filosofía de la poesía, esta filosofía debe nacer y renacer con el motivo de un verso dominante, en la adhesión total a una imagen aislada, y precisamente en el  éxtasis mismo de la novedad de la imagen

La poética del espacio por Gastón Bachelard 

El miedo a la desorientación, de abandonarse a la indiferencia; sumado a un  angustiante desencanto de una realidad donde todo parece desvanecerse, es lo que  motiva esta búsqueda, entre teorías y autores, con el objetivo (o el deseo) de imaginar  territorios, reconstruir experiencias y sentimientos que aparecen grabados como  dispersos senderos de huellas y recuerdos en los textos de la cultura argentina. Estos son, a la vez, el deseo del artista de cambiar, de transformarse y transformar su mundo. 

¿Cómo pensar el territorio argentino? ¿Cómo contarlo de otra manera? 

El paisaje de la pampa tuvo una importancia fundamental en las primeras décadas del siglo XX. Constituye una región que se desarrolla en la zona central del país a lo largo de varias provincias. Sus límites y saberes comprenden un territorio de mezcla social y cultural que fueron variando a lo largo de los años. En esas llanuras homogéneas diversos autores buscaron interpretar su extensión con el fin de hallar en su naturaleza rastros de la identidad nacional. Se ha construido la imagen de una ruralidad utópica exenta de dificultades que sólo contempla el paisaje natural como el antagonista de la caótica ciudad, borrando la complejidad y el matiz que podría arrojar la relación del hombre con la naturaleza y de la naturaleza con la sociedad.

Ricardo Iorio a lo largo de su vida recorrió pueblos del territorio argentino totalmente indómitos que le significaron una constante reconstrucción personal. El incansable obrero que construye su nido una y otra vez sin dejar de ofrecer su cuerpo, su intimidad. Iorio forjó su propia casa, construyó su nido en cada una de sus bandas, en cada una de sus letras: los valores de la pureza, de los sueños, del esfuerzo, del trabajo honesto, de la verdad y de la lucha.    

Cuando Iorio narra el paisaje rural y a los sujetos que forman parte de su realidad, encuentra nuevos matices que no responden a los extremos de la representación clásica que contrapone campo y ciudad. Aún con sus contradicciones, aciertos y errores, es interesante cómo el artista ha imaginado y pensado el territorio argentino en sus letras. Su vasta obra recorre disímiles géneros musicales: desde la fundación del metal argentino hasta la exploración de tangos y milongas, brindando en todo momento, como un fin trascendental, sus reflexiones sobre el ser argentino y su territorio. 

Día domingo lejos de la ciudad 
Bajo el sol compartiendo entre amigos 
Carne asada pan 
Agua y vino 
Toro y pampa es

Toro y Pampa (2006)

En esta letra de 2006 el campo, escenario de disfrute, se presenta como el escape de la asfixiante ciudad. El campo aparece en su imagen clásica y utópica y lo define como un telón de fondo sin movimiento. Señala el modo de habitar el territorio de la pampa con cierto tono nostálgico, pero vaciado de conflictos. Entonces, ¿cómo salir de la visión de la pampa como espacio abstracto, en reposo?  

Una amistad hicieron mis abuelos 
con esta lejanía 
y conquistaron la intimidad de los campos

 Dulcia Linquimus arva por Jorge Luis Borges

No suele describirse la vida en la pampa desde la intimidad; pareciera ser más acertado, luego de observar la inmensidad que se prolonga delante nuestro, definirla desde la lejanía. Borges en 1943 (en el poema citado) utiliza dos palabras opuestas que crecen conjuntamente y construyen el espacio en la imaginación: lo lejano como desconocido y, por eso, observado sin apego –al hablar de la inmigración de sus abuelos se potencia aún más esta imagen–, y lo íntimo que se recorta sobre este mismo territorio. Así traza un límite entre lo propio y lo desconocido. Se establece la relación naturaleza-sociedad donde comienza a distinguirse una doble interpretación: la pampa como representación de la distancia entre el habitante y su tierra y, por otro lado, la pampa como paisaje fundado simbólicamente por quien logra conquistar la intimidad. De manera similar se puede ver este vínculo en las letras de Almafuerte. Iorio deja atrás la inmensidad rural y enfoca el objeto arquitectónico con su comunidad: 

Después con los vecinos 
Haremos una escuela merendero 
Ya no habrá más niños callejeros 
Que correrán la suerte de sus padres y sus abuelos

Sirva otra vuelta pulpero (2001) 

Acá produce una alteración de la imagen desde el desplazamiento de una mirada estancada donde la pampa espera eternamente ser habitada, a un presente dinámico donde se introduce la figura de los vecinos que inciden y transforman la realidad.

No hay rostro que no englobe un paisaje desconocido, inexplorado; no hay paisaje que no se  pueble con un rostro amado o soñado, que no desarrolle un rostro futuro o ya pasado.

 Mil mesetas por Gilles Deleuze y Félix Guattari

En el cine, es el primer plano cinematográfico; en la arquitectura, es la casa, el pueblo,  la fábrica, la escuela merendero que se inscriben como rostros en el paisaje y lo  transforman. Es así que en los versos de Iorio la pampa se concibe paisaje no en la  mirada utilitaria de quien trabaja la tierra sino mediante la narración consciente que resalta los valores de quien la habita y de cómo lo  hace. El valor de lo comunitario está puesto en función de la necesidad inmediata del barrio que, entre vecinos, buscan transformar el territorio y apropiárselo.  

En la medida en que centra su narración en la escuela y el vecindario, La Pampa ya no es escenario sino que se autonomiza y se reterritorializa. Deviene paisaje.

Todos juntos bajarán 
Al pie de la cruz 
En la escuelita 
De techo bajo 
Pintadita de blanco 
Que guarda el barrio escondido 
Cruzando el barranco 

De la escuelita (2006)

Desde la distancia la escuela es un punto en el horizonte, busca perderse en la inmensidad pampeana; sin embargo, quien posa su mirada inmóvil en la miniatura hundiéndose en ella hasta poseerla, amplía la imagen y logra adentrarse percibiendo su color, su textura, su intimidad. De esta manera, la escuela escondida se hace real. 

Iorio imagina una escena en detalle y nos sumerge en ella para abrir el espacio ilimitado de lo íntimo. La diferencia entre quien transita el pueblo sin ser parte y esboza una mirada utilitaria y quien conoce su intimidad, genera una duplicación, duplica la mirada y, por tanto, el espacio.  

En este nuevo exterior ilimitado, las restricciones físicas que controlaban el escenario anterior quedan sin efecto. La fantasía gana lugar y se expande, nos envuelve. Pero lo íntimo también está en nosotros; son nuestras experiencias, nuestras imágenes de las que se nutre este segundo espacio o, en este caso, es el artista el que ofrece su imaginación.

El contacto con lo íntimo se establece desde las experiencias que quedaron impresas en la mente de Iorio, algunas de ellas, desde la niñez cuando vivía con su familia en un barrio de Caseros y frecuentaba el club Almafuerte para asistir a shows circenses. Allí veía grupos y bandas pioneras con la ilusión de algún día estar en su lugar, como fue el caso de Mente Alma Materia, integrada por un joven Ricardo Mollo a quien Iorio admiraba. 

Las experiencias e imágenes que definen la intimidad se conforman de nuestros actos, de nuestros valores y relaciones. La imagen del ave y el nido es la más apropiada para Iorio, según cuenta su biografía la relación con sus padres. Los recordaba con cariño, agradecido, aunque distanciado. 

Los pájaros hacen nidos para procrear y luego se van. La arquitectura de los pájaros es la arquitectura del obrero. En su creación no hay herramientas: ni dientes afilados de castor para cortar la madera ni garras del zorro para excavar su refugio; utiliza su propio cuerpo prensando y aplastando las ramas contra él. La casa toma la forma del propio cuerpo, es moldeada por éste desde el interior. Es un tipo de intimidad que se trabaja físicamente, es la persona misma, su forma y su esfuerzo inmediato.

Sé vos, nomás, y al mundo salvarás
¿Por qué engañarse y mentirse?
Yo sé, dirás: «muy duro es aguantar»
Mas, quien aguanta es el que existe

Se vos (1998)

La imagen del nido refleja, por un lado, un instinto de confianza en el otro y en el mundo. El nido del pájaro, tanto como la casa del hombre, no sería construido sin un sentimiento  de confianza y esperanzado del día próximo. La experiencia de la hostilidad del mundo y nuestros sentimientos de defensa son más tardíos. 

El ser argentino, en contradicción con el pensamiento del siglo XIX, no se encuentra en la inmensidad de la pampa sino que se hace grande en la conquista de la interioridad. Para Iorio, lo inmenso, lo lejano, es soledad y abandono, la muerte del ser; lo íntimo es  un valor compartido que da lugar al encuentro y a la fundación. Así se reemplaza la  representación de la pampa entendida como escenario donde se intercambian cielos y luces,  nubes y tormentas cuyos estruendos retienen momentáneamente a viajeros y espectadores, por la imagen de un paisaje que pone el foco en la vida de la gente. La incertidumbre de lo inmenso desaparece, es reemplazada por el valor de la historia urbana ligada a un patrimonio físico y a saberes populares. El paisaje se abre para incluir cultos, creencias y modos de vida; abarcar cantos, poemas y literatura, se hace vasto hacia una visión menos fragmentada. 

Parte dos ya disponible.