L-Gante: El Rey de las Clandestinas

La cumbia de vuelta al mando: Argentina, la casa está en orden

El RKT es una de las movidas musicales más frescas de Argentina y L-Gante es el personaje que lo confirma para todos los públicos. Elian, un pibe nacido en el 2000, inconfundiblemente de barrio, proselitista de nuestro lunfardo y el rey de las fiestas clandestinas. Denominó su estilo como Cumbia 420 (sale con reggaetón y marihuana) y justamente con esa reivindicación trae la cumbia villera a la primera plana nacional por tercera vez. El género que sonorizó la crisis inaugural del milenio en el país a través de Pablo Lescano, Mala Fama, Pibes Chorros y muchos más. El mismo que diez años más tarde se supo reinventar para el mercado en un formato simil boyband con Los Wachiturros, Los Nota Loko, Las Culisueltas, entre otros. Pasó otra década y ahora L-Gante devolvió la atención del gran público a la voz del pueblo. Aun si se queda en un one hit wonder de cuarentena (lo cuál dudo mucho), ya merece una mención en la historia popular argentina.

Contexto pop: El Post-Wachiturros y Ai Se Eu Te Pego

Escribir poesía después de la cumbia cheta es un acto de barbarie.

Por suerte ya la mayoría de nosotros ni se acuerda, pero hubo un tiempo en que Agapornis, Marama y Rombai dominaron el mercado discográfico rioplatense, tanto en la radio como en fiestas y algoritmos varios. Fue el auge de la cumbia cheta, un oxímoron que en lo compositivo presentó nulas innovaciones: probablemente haya sido la versión más insulsa de un estilo musical extendido por todo Latinoamérica de muchísimas formas durante al menos dos siglos. Socialmente no fue tan olvidable, había una capacidad increíble para no representar nada al argentino o uruguayo promedio. Sí representaba una apropiación cultural muy fuerte de parte de pequeño-burgueses a las clases populares, que tanto en el interior como en Buenos Aires, siempre fueron protagonistas de la cumbia local.

Después de la cumbia cheta el primer alivio fue la masificación del trap que, aun con todos los matices que supuso, aportó algunos valores estéticos e ideales novedosos desde distintos estratos. Hay traperos villeros y también chetos, pero los que más abundan son clasemedieros. Aunque sus exponentes más reconocidos, al igual que en otros tantos países de habla hispana, están probando otros sonidos, por lo que la esencia del género, si es que alguna vez estuvo en el mainstream, ahora se relegó al underground y excepciones. Drill, hyphy, emo-rap o R&B son estilos que ahora tienen entrada libre en el mercado, pero el más predilecto es el reggaetón, que hace mucho es tendencia nacional (al igual que en todo Latinoamérica) y, ahora que Bad Bunny lo puso en boca y oídos de todo el planeta, es un momento muy fértil para hacerlo, ya sea en clave de neoperreo, como centroamericanos o, como dicta L-Gante, en argentino.

La mutación inevitable

Hace muchos años que en boliches suenan hits de lo que sea remixados por distintos DJs suburbanos capaces de tomar cualquier cosa y hacerla perreable. De alguna forma la cumbiancha seguía dominando y se fusionó con el nuevo auge mundial del reggaetón liderado por el Conejo Malo y los nostálgicos.

Cazzu fue la primer artista argentina trendy en hacer reggaetón consistentemente y hasta la actualidad sigue manteniéndose como la exponente con mayor proyección internacional, habiendo colaborado con referentes del pasado, presente y futuro. Otros también le han metido, pero muchas veces con el problema de despersonalizar elementos argentinos que puedan ser chocantes o directamente a imitar colombianos y puertorriqueños para que no se escape ni un poco del estándar.

Con esta situación y cuarentena de por medio aparece L-Gante, el siguiente paso lógico en la historia de nuestra música popular, combinando reggaetón con cumbia villera en un código rapeado que se lleva bien con las mutaciones del trap local. Verano de 2021 y todo lo que gestaron los DJs en enganchados bolicheros consiguió el rostro que necesitaba para consolidarse como el estilo que podríamos llamar “reggaetón nacional”.

Elian es un pibe de General Rodríguez, Zona Oeste del Conurbano Bonaerense, criado por su madre sin estímulos musicales. Acompañado por una laptop entregada por el gobierno nacional en el programa Conectar Igualdad fue probando desde chico hacer canciones. Pasó el tiempo, llegó DT.Bilardo, su productor de cabecera, y para el infame 2020–2021 se convirtió en el rey de las fiestas clandestinas en el país. Un título jodido en términos pandémicos que tarde o temprano alguien iba a conseguir, aunque no le guste al Ministerio de Salud. El círculo de reconocimiento se completó con su colaboración con el Dj Khaled argentino, Bizarrap, y una gran conversación en Caja Negra, el ciclo de entrevistas más relevante del país. Actualmente es un personaje cultural imposible de esquivar en fiestas o algoritmos y, a diferencia de otros que se viralizaron así, Elegante Keloké tiene una credibilidad impecable.

Decir que es de calle es hasta redundante, cualquiera más o menos pillo lo va a notar en cada gesto. Además, es especialmente entrañable porque no lo toma como algo para vanagloriarse y mucho menos intenta esa pose gángster que nunca termina de encajar en el rap argentino. Tiene el aval directo de los dos rappers que más metieron cumbia en sus temas durante la última década: La Joaqui y Malandro, un indiscutible que, a la vez, tiene el reconocimiento de Mala Fama. El abrazo de los barrios resuena con las clandestinas y autos que no faltan en ninguna vecindad, andando constantemente con sus hits al palo.

A la hora de cubrir este tipo de movimientos de música fiestera al periodismo le llega el eco de Frank Zappa diciendo que “escribir sobre música es como bailar sobre arquitectura”. Hay una cuestión de elitismo y del paradigma rockero que pesa en esta especialización periodística, que le cuesta mucho ver más allá del formato álbum. Una grata excepción es esta nota de Dante Conti para Filo News en la que introduce el RKT, el turreo, el malianteo y el cumbiatón, cuatro vertientes de reggaetón nacional. A su vez, es difícil reseñar los enganchados para giras que arman DJs en YouTube (similares en su forma a los DJ mixes de electrónica), empezando por la falta de información para dar unos primeros pasos y el hecho de que llegaron a ser tendencia sin la prensa, así que tampoco hay una búsqueda de esa aprobación. L-Gante entra como la llave para habilitar luz sobre estos sonidos y lo hace con un carisma nato. Además, se suman letras que pueden parecer rudimentarias, pero capturan secuencias transparentes de su vida, además de que rapea con flows de fiera y aliteraciones por todos lados.

¿‘Argentina is white’ ?

Muchísimos países del tercer mundo tienen un complejo de inferioridad respecto a otras culturas. En Argentina es muy común la necesidad de que un europeo valide lo que hacemos. Pasó de generación en generación, con ejemplos como el tango siendo reprobado socialmente hasta que encantó a los franceses o, en la actualidad, con miles expectantes a youtubers europeos como Lewis Shacross o ShaunTrack para ver cómo reaccionan a nuestra música.

Existe la ilusión de que Argentina forma parte de Europa, basándose en la idea de que la construcción nacional fue producto de inmigrantes del viejo continente (ignorando quienes llegaron desde otras latitudes). Por supuesto que esta visión pertenece principalmente a sectores conservadores de Buenos Aires, donde esa falsa premisa de que “Argentina es un país blanco” es más creíble (aunque cada día es más insostenible). Con esta poderosa imaginación se alimenta el estereotípico ego de los porteños que muchas veces conduce a que gringos que nunca pisaron el país crean que es una sucursal alemana llena de nazis. Estos planteos, tanto los locales como los extranjeros, se caen a pedazos cuando uno camina cinco metros fuera de las zonas ricas de la capital y fácilmente confirma que Argentina no es un “país blanco”. El problema es que alimentan la ridícula idea de que los argentinos no formamos parte de Latinoamérica.

Por supuesto que esta concepción genera inconvenientes mucho más allá de la música, pero concentrémonos ahí. El concepto de “lo latino” está en disputa constante, irónicamente en la actualidad el canon lo determinan los estadounidenses. Selena Gómez, yankee de padre mexicano que no habla español, a ojos del gran público es una imagen de la latinidad. Un estereotipo en el que no terminan de encajar la mayoría de los países al sur de Colombia y mucho menos Argentina. Un claro ejemplo de esto es Nathy Peluso (con todas las tensiones internas que tiene el caso) que es considerada como una blanca que vivió toda su vida en Europa y no una latina inmigrante en el primer mundo, distintivo casi siempre presente en otros sudacas que migraron a USA. Desde un principio va a salir mal el querer concebir una unidad cultural de todo Latinoamérica bajo una única identidad. También seria básico creer que hay una sola “argentidad”, pero…

L-Gante es un baldazo de agua fría, tanto para los conservadores locales como para los prejuiciosos extranjeros, de cómo genuinamente es un ídolo popular en este país. Elian es tan argentino que unos años después de que se muera los uruguayos lo van a querer nacionalizar.

A su vez, la cumbia villera fue, pese a quien le pese, con el tango electrónico y el indie rock, de los movimientos más importantes de la música nacional a principios del milenio. Es representante de una clase baja suburbana cada vez más grande y es una de las corrientes de cumbia argentina (también están la norteña y la santafesina). Estamos hablando de uno de los géneros más latinos de todos; nacido en Colombia y extendido por toda la región de múltiples formas. Por ende, la versión villera, tan similar al tango reo y arrabalero por su geográfia, clase y vocablo, es música innegablemente de Latinoamérica.

Conclusión

Quedan varias conversaciones pendientes que ojalá de gente mucho más cercana y capacitada sobre estos fenómenos, como es la posibilidad de otro alza en el fetichismo que tienen los chetos con imitar modismos de barrio, apropiación que describe Damián Quilici de Las Tunas, al igual que Hernán Coronel y el Mala. Lo importante es que el control de la rocola volvió a quien corresponde, cortando con muchas interpretaciones mediocres y falsas ilusiones que no corresponden a un país en eterno derrumbe económico.