Reseñas

Madonna –
Like a Prayer

Una de las mayores complejidades al acercarse a Madonna desde una perspectiva crítico-periodística es que su figura ha sido cristalizada por el adjetivo rimbombante de “Reina del pop”, un término que si bien le es rotulado con justicia, explica tan poco como el término “pop” en sí mismo.

Siendo su cuarto álbum de estudio, este disco probablemente sea el cierre de la primera etapa de la carrera de Madonna, una que tendría tanto cambios y adaptaciones como los ha tenido el propio pop. En este sentido, es un disco cuya sonoridad es muy propia de la época. Previo a los 90s, el pop que escapaba de la balada se caracterizaba por un sonido muy ecléctico. Tenía carta blanca (literal y figurativamente) para tomar riffs prestados del glamrock, armonías del R&B, sintetizadores del synthpop, percusiones del dance y bajos del funk. Y Madonna supo como pocos seguirle el ritmo a esa licuadora de sonidos.

Acompañada de su productor de cabecera de la época, Patrick Leonard, Madonna trabaja un disco muy personal, escribiendo mucho más de lo habitual en su carrera. Motivada por sus propias experiencias, la relación con su madre muerta a muy corta edad y su crianza católica represiva, nos entrega un disco con bastantes capas y unas letras bastante más inteligentes de lo que sugieren sus videos, altos en blasfemias y sexualidad pagana, pues la provocación en esos años ya era tremenda herramienta de marketing.

Si bien la lógica del pecado es el leitmotiv del disco, sería injusto entenderlo como un álbum que se limita a ser una respuesta al cristianismo, sino que es un disco personal, una búsqueda de jugar tanto en el sonido como en lo poético, entregando una experiencia sorprendente y fresca incluso pasados los años.