MF DOOM: Un escritor de escritores

Retrato de una máscara

Daniel Dumille fue un artista necesario para el rap y la música. Un personaje realmente único, una categoría en sí mismo. No fue el primer raro del Hip Hop ni el último, pero es el más exitoso de todos artísticamente hablando y a su vez el estandarte. Con un físico y estilo lejísimos de la de LL Cool J, 2Pac o 50 Cent; con una máscara icónica siempre puesta, entre parla de comida y ñoñerias, en vez de ser un portavoz del ghetto, era un villano. Con todo eso e incluso siendo que él ha llegado hasta a satirizar lugares comunes del género. Desde los más nerds a los más callejeros del rap saben que MF DOOM es palabra mayor y su muerte fue una bomba lacrimógena que ninguno pudo ni quiso esquivar.

Al igual que J Dilla con su MPC3000, el parche de Slick Rick o las Adidas Superstar con Run DMC, la máscara para MF DOOM fue su símbolo incondicional y probablemente una de los elementos más icónicos para la posteridad musical. A diferencia de lo que sucedía con el previamente mencionado Run DMC, no funcionaba únicamente como una marca identitaria estética, sino que dentro del mundo que MF DOOM estaba conformando, esta era una constante que funcionaba como una especie de regla, una delimitación entre ficción y realidad, la insignia que le hacía comprometerse a sí mismo y su público con la propuesta del villano.

Doctor Doom (el original de los cómics de Los 4 Fantásticos) tiene que recurrir al uso de la máscara debido a que tras un accidente pierde gran parte de su rostro, por lo que cegado por la ambición y el descenso a la locura, convierte su vida en la de un villano que busca negar su pasado y dominar todo lo que el futuro se le lance. Sorprendemente esta historia no es muy diferente a lo que MF DOOM tuvo que pasar para realmente consagrarse como la leyenda que hoy en día es. Comenzando como Zev Love X en el genial grupo KMD, con un disco debut en el ‘91 llamado “Mr. Hood” y un segundo llamado “Bl_ck B_st_rds” que a día de hoy es considerado un disco de culto a pesar de que se publicó recién en el 2000, siete años luego de ser terminado. La censura por todas las ideas polémicas que tenía este LP fue un duro golpe para el grupo, que tras la trágica muerte de Subroc, hermano de DOOM, en un accidente automovilístico en 1993, terminó de disolverse. Posteriormente nuestro protagonista estuvo años de su vida viviendo al límite de ser indigente, tiempos en prisión, sin un hogar al cual acudir y por sobre todo sin un rumbo el cual darle su vida y a su propósito artístico. Pero es de este mismo vacío que nace la necesidad de resurgir, de volver ya no como Zev Love X sino como el mismo villano que la vida le había empujado a convertirse, el marginado social tendría su venganza por las desgracias que tuvo que pasar y la máscara era el símbolo viviente de esa promesa, un compromiso con su pasado pero al mismo tiempo la máxima negación del mismo.

Eso es solo el origen del pilar principal en este árbol genealógico que se fue gestando desde la existencia de «Operation Doomsday«, el primer disco con su nuevo alter ego. Luego saldría a la luz Viktor Vaughn, un personaje que se describe a sí mismo como un admirador de MF DOOM con la ambición de superarlo, o también King Geedorah, que sería una especie de monstruo Kaiju como Godzilla con intenciones de dominar el mundo, y así una larga lista de pseudónimos que no tiene mucho sentido ir nombrando uno por uno, cuando realmente lo que importa es el propósito por el cual ejecuta este mundo creativo.   

Por muy pretencioso que puede llegar a sonar, MF DOOM, siempre ha dejado clara evidencia de que su nivel de escritura es directamente absurdo, tanto por calidad como por cantidad. Generalmente, este tipo de diferenciaciones se miden bajo el desarrollo del flow o las técnicas del mismo rapero (elementos que MF DOOM no tiene ningún problema en presumir con esa voz rugosa y su delivery tan sobrado para la complejidad de los combos multisilábicos que tira). Pero en este caso en particular pareciera que la balanza se desequilibra más por el cómo está enfocada la escritura, que por sacarle brillo a un par de trucos. No vamos a profundizar en esas capacidades técnicas porque ya hay muchos videos muy buenos por ese lado, que vamos a dejar en la descripción. Por otro lado, es sabida su tremenda capacidad para construir álbumes excelentes y con identidad propia, teniendo un catálogo de primerísima línea casi inigualable en el Hip Hop. DOOM enfoca su rapeo tal cual lo haría una narrador de comics, todo lo que se cuenta pareciera estar agregando nuevos matices al origen de cada personaje, y cada uno de estos tiene su propia forma concreta de rimar, de rematar el punchline o hasta sutiles diferencias en el tono de voz o en el procesado de esta durante las grabaciones. Esto resulta tan interesante como confuso, ya que muchas veces no sabemos de quien realmente se está comunicando con nosotros o quién nos está relatando tal historia, hay veces en la que Viktor hace presencia en Madvillainy o que King Geedorah hace un cameo en un disco  de MF DOOM, y hasta en la canción Doomsday pareciera que Daniel Dumile hace una pequeña aparición con uno de los pocos versos realmente personales que nos dejó en su carrera.

Además, fue un beatmaker del tier más alto de todos, con una forma única de rediseñar pilas de samples en su sonido personal. No se suele rescatar su influencia al sonido más grimy de la actualidad, pero basta con chequear alguna de las instrumentales que hizo para Ghostface Killah y su álbum «Fishcale» de 2006. Son contados con los dedos de una mano los exponentes que alcanzaron un nivel tan alto como MCs y beatmakers a la vez. Daniel Dumille aprovechaba esos talentos haciendo dialogar la composición musical y la escritura, ya que para generar realmente la sensación de que nos estaba invitando a conocer nuevos personajes y con ellos sus propios mundos, el sampleo dentro de sus producciones tomaban sutilmente un rol determinante, con cada personaje asociado a un sonido específico y una tonalidad. Por ejemplo, con MF DOOM se recurre constantemente al soul y al jazz, por sobre todo a samples de la maravillosa Sade, para generar un ambiente un tanto melancólico que acompaña a los relatos que se van dando durante las canciones. En cambio, dentro de King Geedorah se hace uso más del sample de sonidos cyberpunk o directamente efectos de sonido para generar una sensación más cinematográfica y por lo tanto darle más imponencia a este supuesto ser. 

Lo mismo pasa con el uso del sample directo de series de animación como “Los 4 Fantásticos”, “Spiderman”, algunas de Hanna-Barbera u otras de la época. Un productor convencional usaría este tipo de recurso como una especie de intro/outro o, como mencionamos previamente, solo para generar cierto ambiente dentro de sus pistas, pero acá todas estos samples son descontextualizados de sus correspondientes historias para aportar a la narrativa que DOOM está intentando contarnos. Para DOOM si alguien ya dijo lo que él quería decir, no hace falta repetirlo. El diálogo de los samples es parte de la letra. Por ejemplo en la primera canción de Madvillany podemos escuchar unos diálogos que originalmente son de la película de «Frankenstein» de 1931. Pero que luego MF DOOM descontextualiza en varios pedazos para crear la idea que se están contando cómo se gestó la unión entre él y Madlib y como se creó al villano de Madvillan.

De hecho, «Madvillany» es el ejemplo perfecto de por qué la fórmula DOOM funciona tan bien. En este junte de 2004 con Madlib, verdadera eminencia del sampling, pareciera ser de las pocas veces en la historia del Hip Hop en donde se diera una relación tan recíproca al momento de componer, ya que Madlib es un productor magistral, pero que también tiene la capacidad de rapear -claro está con los proyectos de Quasimoto-, mientras que DOOM sería un liricista sin igual que también tenía el oído para poder componer beats a la altura de las producciones de Madlib. Esta condición de equilibrio le brindó a «Madvillainy» la capacidad de ser el clásico misterioso que hoy en día es, y que hasta ahora ningún contemporáneo ha logrado equiparar junto con la compañía de Madlib. Vale la pena mencionar que este disco, como tantos otros de la carrera de DOOM, fue editado por el sello ejemplar Stones Throw, una institución fundamental para esta historia.

Evidentemente esta capacidad de DOOM para producir beats no sería una condición única para un solo proyecto, sino más bien sería una ventaja que se iría mejorando con el paso de cada disco, no solo en la forma de producir sino también en cómo interpretar cada pista y afrontar el rapeo según lo que la instrumental esté exigiendo. Uno de los ejemplos más claro de esto, es lo sucedido en el disco «Born Like This«, específicamente en la canción ‘LIGHTWORKS‘ en donde el beat es del mismísimo J Dilla, específicamente una de las producciones utilizadas en su disco «Donuts«, que para los entendidos del valor musical de esa obra sabrán también que todas las producciones en ese disco están lejos de ser una instrumental convencional. De hecho, en este caso específico el patrón rítmico es irreconocible, la armonía no presta espacios para rematar barras y por supuesto no está construida en 4/4, por lo que para cualquier rapero convencional este tipo de instrumentales tienen un mejor uso en algún interludio que quedar en el ridículo intentando cabalgarlas. Pero es ahí donde MF DOOM aplicando lo que sabe de producción junto a lo que sabe de liricismo, es no solo capaz de adaptarse sino también de brindar uno de los mejores rapeos en todo el disco, y por supuesto estar a la altura de la obra de J Dilla en el apogeo de su producción. 

Igualmente es importante entender que las instrumentales hechas por MF DOOM tienen un valor por sí solo. Todo lo que corresponde a la serie de Special Herbs realizado a principios del 2000, bajo la única mano de DOOM y su MPC, a pesar de no haber sido realmente novedoso ya que es una reinterpretación de todo lo ocurrido en New York durante la primera mitad de los 90’s y el Jazz rap, sí fue una mirada desafiante a lo que estaba ocurriendo al rap en esa época: una contraposición a la Bling Bling era, una revalorización del sample que por lo menos en el mainstream se estaba perdiendo y enfatizar el valor del beatmaking por sí solo. De hecho es importantísimo considerar la influencia que esto tuvo no solo en los círculos underground de ese tiempo y de futuras generaciones cómo lo son Earl Sweatshirt, billy woods o Aesop Rock, sino también en procesos sumamente contemporáneos y mainstream como lo son los muy conocidos Lofi Hip-Hop Beats o Chill Hop, que es imposible negar las similitudes que contienen con la serie de «Special Herbs«.

Con todo ese genio musical y su personalidad pregnante, que parecía alejada de la realidad a la vez que era un compendio de la cultura popular estadounidense, DOOM se convirtió en un faro para otros weirdos que practican el rap apasionadamente. Ya sean previos o posteriores, Dr. Octagon, Del The Funky Homosapien, Company Flow, MC Paul Barman, Aesop Rock, Odd Future, Open Mike Eagle, Ka, clipping., JPEGMAFIA, BROCKHAMPTON y otros tantos extraterrestres son reconocidos en el Hip Hop actualmente por mérito propio, por supuesto, pero también por cómo DOOM le mostró al mundo que lo raros que podrían ser algunos raperos y aun así dignificar la esencia.

Realmente empezar a mencionar cada una de las influencias que ha generado MF DOOM en la escena musical daría para otro video entero. No es por nada que su nombre lleva el título de “el rapero favorito de tu rapero favorito”, y nosotros nos atreveríamos a decir que hasta puede ser el “beatmaker favorito de tu beatmaker favorito”. Ya que como hemos explicado previamente su presencia es gigantesca por ambos lados, y es muy probable que escape de ser únicamente una influencia en el Hip-Hop. No es por nada que ha colaborado con artistas como Thom Yorke o Damon Albarn, y estos mismos les han rendido respeto como una influencia dentro de su propio trabajo.

¿Pero son realmente estas cualidades las que han puesto a MF DOOM en un status de leyenda? Porque pareciera ser que todas estas notables características, no siempre son lo suficiente para salir de la terrible etiqueta de “joya oculta” como le ha ocurrido a tantos en la historia de la música. Pareciera ser que nuestro personaje estaría ocultando su último as bajo la manga, la narrativa y el misticismo que han posicionado a MF DOOM más allá de un rapero con máscara, sino el verdadero villano entre todos los raperos. 

Por allá en el año 2008 se empezaron a reportar entre diferentes conciertos de MF DOOM lo que parecieran ser impostores usando la máscara y actuando ser el rapero. Mientras, según cuenta la leyenda, el original estaba entre el público sin máscara. Estas apariciones de falsos DOOM´s se fueron repitiendo cada vez más con el paso de los años, y por lo tanto generando cada vez más indignación entre su público al sentirse estafados por pagar a quien realmente no sería su artista ni la experiencia que estaban esperando. Esto llegó al punto en que estas apariciones se denominaron como los Doombots (haciendo referencia a los robots falsos que enviaba el Doctor Doom en los cómics), y que sería una de las muestras del extremo en que DOOM se obsesionó por mezclar ficción con realidad, usándolo como un argumento a su favor de la consistencia de su narrativa y también como una crítica a lo que la escena del rap se estaba convirtiendo.

Primero hay que entender que lo hecho por los Doombots no es solamente una simple broma para fastidiar al público presente -por más que esa interpretación resulte ser la más lógica-, ya que dentro de la narrativa construida para este personaje todos los detalles parecen ser un agregado para complementar y entender a DOOM como personaje y a Daniel Dumile como autor. Por un lado hay que entender que MF DOOM es un supervillano, desde el primer segundo se ha presentado como tal, y en el desarrollo de cualquier ficción el antagonista nunca va estar a la disposición de la audiencia para complacerla. De hecho tenemos que tener razones para odiarlo o al menos generar cierta empatía con la contraparte, y pareciera ser que estos conciertos donde se “estafa” y “engaña” al fan de DOOM son razón suficiente para muchos para dejar de serlo, o al menos generar menos simpatía con este personaje. Pero teniendo en cuenta esto la pregunta sería, ¿está realmente mal todo esto? ¿no es supuestamente el compromiso con el personaje lo que amamos de DOOM?, ya que como dijimos previamente no hay villano que realmente tenga una intención de agradar a su audiencia, y esto es el compromiso con esta idea. Es desafiarte a ti como oyente que no respaldes lo que tu artista favorito está haciendo, el cuestionarte si realmente te agrada cuando los actos del villano dejan de ser ficción y se convierten en parte de tu realidad, es MF DOOM soltandote la mano como fan porque el villano jamás estaría de tu lado.

Pero como se mencionó antes, realmente la intención de esto no solo se oculta en mantener la veracidad de un personaje, sino que también deja entrever las visiones de un autor crítico con respecto a la escena en la que convive.

People need to think outside of the box, Hip Hop is not just what you expect it to be. This is a growing genre, it’s a creative field. So when you come to a DOOM show, I’m letting all the cats know now, come to hear the show and come to hear the music. To see me? Y’all don’t even know who I am!….Alright, it’s never me. I’m the writer. It’s a show. That’s where it’s getting twisted in Hip Hop. It’s all visual. People want to go see the guy with the big chain who’s bragging about all these cars that he has. That’s where it gets twisted

La gente necesita pensar fuera de la caja, el Hip Hop no es lo que vos esperás que sea. Esto es un género en crecimiento, es un campo creativo. Cuando venís a un recital de DOOM, les estoy haciendo saber a todos ahora que vengan a ver el show y que vengan a escuchar la música. ¿A verme? Ni siquiera saben quien soy. Bueno, nunca soy yo. Yo soy el escritor. Esto es un show. Ahí es donde todo se está retorciendo en el Hip Hop. Todo es visual. La gente quiere ir a ver al rapero con la cadena grande que está fanfarroneando sobre todos sus autos. Ahí es donde se retuerce.

Es ahí donde se dejan ver las intenciones de un autor que no solo se plantea crítico a su ambiente sino a lo que espera de este, tampoco con las intenciones puristas o dogmáticas de cómo es que supuestamente debe ser el hip hop, sino más bien de evidenciar lo esencial del asunto, la música y nada más que la música. De hecho es interesante entender esta mirada desde la perspectiva actual, en donde las redes sociales, los videoclips y las estrategias publicitarias se convierten en el principal atractivo para captar una audiencia, convirtiendo a la música en una atracción secundaria y a los músicos en un producto mediático. Este análisis no es necesariamente para hacer crítica de cómo ha evolucionado el Hip Hop, de hecho con el auge que está alcanzando en los últimos 10 años es lógico que las cosas se dieran como se dieron. Pero eso no le quita lo astuto que resulta la lectura a futuro que tuvo DOOM sobre lo que vendría a deparar del género, y que a su parecer su única forma de advertir esta posible amenaza era justamente incomodar y desafiar a los oyentes de ese tiempo. Tirar falsos DOOM’s al escenario hacía de alguna forma cuestionarte qué es lo que realmente venias a ver, qué es lo que esperas realmente de la experiencia que un artista puede brindarte. Como todo buen villano estaba dispuesto a justificar los medios con tal de proteger ciertos fines. En este caso su fin era no dejar perder lo que es realmente esencial de la música, alejar el arte de convertirse en producto de consumo y cultivar los valores que permitieron surjan los J Dilla’s, los Madlib’s y  los KMD’s de este mundo, y si para eso era necesario ganarse un par de detractores en el camino, el villano estaba dispuesto hacerlo.