Mil bandas en una: Billy Bond y La Pesada del Rock And Roll

Ideado por Billy Bond y Jorge Álvarez, este fue el proyecto más excéntrico del rock argentino en los 70s

En el ciclo de rock argentino que hubo entre el 1971 y 1975 hubo un proyecto tan emblemático como único llamado La Pesada del Rock And Roll. Quienes fueron en gran parte un nexo entre el pasado de todos los desbandados que habían quedado en la etapa anterior y los nuevos exponentes. Llegaron a integrar el grupo todos los músicos que están viendo en pantalla, si, entre ellos Spinetta y Charly García, y eso sin contar los invitados que tenían.

La Pesada simbolizó la inestabilidad de la etapa, el rango de sonidos entre el folk y la música pesada y hasta el primer gran cortocircuito entre el rock y los hippies. En la época había varios discos de hard rock influenciados por Led Zeppelin y Deep Purple, pero ninguno tuvo tanta polenta como los que hicieron Billy Bond y sus muchachos.

En sus comienzos el grupo era una especie de banda abierta, casi aleatoria, con un liderazgo de Billy Bond que fue disminuyendo gradualmente. Un conjunto completamente anómalo y, parecido a La Cofradía de la Flor Solar, un conjunto de hippies platenses que funcionaban como comunidad y como banda. Eran colectivos más que grupos musicales. Precediendo a MIA (Músicos Independientes Asociados) tuvieron algo parecido a una conciencia cooperativa, con decisiones como poner entre los créditos a músicos que no habían participado porque eran amigos que estaban en quiebra. Además tuvieron una carrera discográfica muy ramificada, haciendo cuatro discos como Billy Bond y La Pesada del Rock And Roll y después de otros miembros individuales, como “Claudio Gabis y La Pesada”, “Kubero Díaz y La Pesada” y “Alejandro Medina y La Pesada”; además de funcionar como banda soporte para discos ajenos de gente como Sui Generis y Raúl Porchetto. Incluso se llegó a rumorear que el mismísimo Astor Piazzolla iba a hacer un LP junto a ellos.

Revista Pelo N° 27 (1972).

Por esta anti-estructura, por la música pesada que hacían y por el consumo de psicoactivos habitual en sus miembros, tenían mala fama. Se los trataba de sectoriales, de drogadictos y de quilomberos. Su respuesta siempre fue a través del trabajo ¿Cómo un grupo de reventados podría grabar tanto material y de manera profesional? Aunque podríamos preguntar lo mismo sacando lo de reventados ¿Cómo es posible que en una época en la que era tan difícil y tan caro grabar y lanzar un disco ellos sacaban varios al año? 

La clave, además de en la excelencia de Jorge Álvarez y Billy Bond como productores, estaba en las horas de grabación. Ellos poseían algo que nadie, tenían su propio estudio. Bueno, esto no es del todo correcto, Estudios Phonalex no era suyo, pero como Billy trabajaba ahí lo tenían disponible para grabar todo lo que quisieran sin ninguna supervisión. Incluso tomaron horas sobrantes de grabación suyas que tenían y se las regalaron a La Cofradía de la Flor Solar para que haga su disco debut, que de otra forma no hubiese sido posible. En el mismo estudio se daba el proceso creativo, alguien llevaba una letra y lo demás se hacía en el momento, los arreglos eran más que nada improvisados y aprovechaban lo que tenían a mano para hacer experimentos artesanales y cambiarle cuestiones del sonido que era bien limitado. Los temas salían en una o dos tomas, no más, y los discos estaban hechos en cuestión de días.

Las intenciones eran claras: Moverse todo lo posible antes de que el sistema los tragara.

Breve historia de las aventuras de Bondo y sus pesadas

Giuliano Canterini a.k.a Billy Bond es un personaje único. Se lo reconoce principalmente por sus aportes en el ciclo II del rock argentino, entre las separaciones de Almendra y Manal y el golpe de estado de 1976. Por esos años comandó La Pesada y produjo desde grupo de culto como Fe y Contraluz hasta otros más masivos como Pappo’s Blues y Sui Generis. Después se mudó a Brasil, siguió su carrera como productor y cantante, llegando incluso a grabar un disco con Serú Girán como banda soporte. Pero poco se sabe de la larga trayectoria que tenía antes de ‘La Balsa’. A principios de los 60s cantaba en Los Bobby Cats y más tarde Los Guantes Negros, conjuntos de beat que tocaban en bailantas y cantaban en español. Hasta llegó a editar dos discos solistas bien comerciales en Music Hall, “Yo, Billy Bond” y “Las Dos Caras de Billy Bond”, los cuales, vale aclarar, envejecieron pésimo.

Esto le daba a Muñeco una ventaja enorme frente al resto de rockeros gracias a sus contactos y su experiencia tanto en vivo como en estudio. Otro dato del que no se suele hablar es su papel en la mítica Cueva donde se reunían bohemios, pensadores y artistas de todo tipo, entre los que estaban Moris, Pajarito Zaguri, Javier Martínez, Tanguito, Pipo Lernoud, Litto Nebbia y el resto de los protagonistas fundacionales del rock argentino como lo conocemos hasta día de hoy. Mientras se componían ahí mismo los primeros hitos, Billy era el encargado de la programación del lugar y, gracias a los favores de su amigo Sandro, el responsable de atraer gente y mantener vivo el local que era un refugio para los primeros hippies de Buenos Aires.

Varios años más tarde Billy había conseguido un trabajo que le permitía pasar largas horas en Phonalex familiarizándose con el oficio de productor y, entre grabación y grabación, quedaban libres horas de estudio. Bondo quiso aprovechar ese espacio liberado y llamó algunos amigos para que toquen en un tema que él ya tenía escrito: ‘Verdes Prados’. Ahí empezó todo. Jorge Álvarez, el genio creativo que logró que pase algo con el rock en Argentina y otro montón de sucesos trascendentales para la cultura hispana, se había asociado hace poco con Billy y le dio la idea: Relanzarlo como cantante, en base a temas de amigos y grabando con músicos de varias bandas. 

Con esa metodología de trabajo hicieron el “Volumen 1” de Billy Bond y La Pesada del Rock And Roll. Llegaron a grabar cuarenta y cinco músicos distintos, uno llegaba con una letra y en el mismo momento cocinaban todo lo demás. 

En el ‘72, La Pesada iba a concretar una formación un poco más oficial, que obviamente iba a variar, incluyendo a los ex-Cofradía de la Flor Solar Kubero Díaz, Isa Portugheis y Jorge Pinchevsky, los ex-manales Alejandro Medina y Claudio Gabis y Billy Bond. Para el ‘74 el grupo ya estaría desarmado por el autoexilio al que se vieron sometidos la mayoría de sus miembros, el mismo Billy se mudó a Brasil para siempre. En esos pocos años llegaron a grabar para 16 discos completos, teniendo un promedio aproximado de un disco cada 3 meses.

Un último hecho histórico que hay que revisitar es el del infame ‘Rompan todo’. En un festival de rock organizado en Luna Park en el cual la situación entre las fuerzas represivas y el público estaba más que tensa, los asistentes estaban extremadamente apretados mientras podían ver como estaban vacías las plateas. Ninguna de las bandas quería salir a tocar y los miembros de La Pesada se animaron, aunque no pasó mucho tiempo para que la situación se desborde, supuestamente desatados porque Billy dijo “Rompan todo”, algo a lo que hizo caso la muchachada. “Hordas de hippies arrasaron el Luna Park” decía la portada de un diario al día siguiente. Con el paso del tiempo la versión oficial se desmintió y queda claro que el responsable no fue ni pudo haber sido el Bondo, la culpa la tenía un sistema opresivo y siniestro que estaba tambaleando; sin embargo los platos rotos los pagó La Pesada, que ya casi no podía tocar en ningún lado y que se ganó el resentimiento de muchos colegas, que los acusaban de haber matado al rock.

Todos los discos de La Pesada* de peor a mejor

*Quedaron afuera «Maximiliano» del B.B Muñoz (1971) y «La Biblia El Ensamble Musical de Buenos Aires» (1974)

Jorgelina Aranda – Erótica (1974)

Un disco bizarro al punto de fascinante, hoy en día ya no se hacen más porque hay otros medios mucho más prácticos y baratos para lograr un material de este tipo. Alguien tuvo la idea de lanzar a Jorgelina Aranda, una vedette de la época, como una especie de cantante/locutora hot y se firmó con Music Hall para que el disco sea producido. Los del sello le encargaron al Bondo que lo produzca y él llamó a La Pesada. Poniendo a muchos de los mejores músicos de rock del país a tocar un disco para que algún perejil se amasije el ganso. Esto obviamente envejeció como el orto y hasta diría que es difícil encontrar algo menos sensual que “Erótica”, pero esto mismo hace que sea una experiencia absurda y disfrutable, hasta es interesante como le buscaban la vuelta para acompañar los gemidos. No le fue muy bien en ventas y hoy en día, como muchos de La Pesada, es considerado un vinilo muy preciado para coleccionistas, casi inconseguible.

Billy Bond y La Pesada del Rock And Roll – Volumen 4 (1973)

Sin dudas el disco más aburrido de La Pesada, y esto no lo digo yo solo, hasta el mismo Billy lo sostuvo. Según el Bondo es un disco genérico, sin experimentación, con temas digeribles, hecho como una respuesta a los críticos del Vol. 3, en sus propias palabras “Para responderle a los medios, grabamos un LP con 10 temas de 3 minutos y una estructura muy convencional; ese fue elegido disco de rock del año. Obviamente nos cagamos de risa, porque para nosotros el mejor disco del año era Tontos…, pero lo hicimos a propósito, para demostrar que eran estúpidos y no entendían un carajo de música o de lo que estaba pasando en el país.

Aunque puedan haber demostrado algo, el disco no deja de ser mediocre y hasta pierde gran parte de la gracia que tenía la banda con sus típicos efectos sonoros improvisados de forma en el estudio. Lo único rescatable puede ser ‘Pinchesky Rock’, ‘Concientemente Todo, Todo lo Podrás Lograr’ y ‘Hacia Algún Lugar’.

Billy Bond y La Pesada del Rock And Roll – Tontos (Operita) (1972)

El Volumen 3 de La Pesada venía con una tapa toda roja que decía “Había una vez”, uno abría y veía un rojo en todo el interior de la caja y la contratapa decía “Y colorín colorado, este cuento ha terminado”. Este es indiscutiblemente el disco más insólito de la historia nacional. Después de la bronca del Luna Park los muchachos de La Pesada compusieron ‘Tontos’, un clásico total, que usaba hippie como insulto y arremetía contra todo el mundo con una furia aplanadora. Todo este volumen es un preludio a esa canción, la historia es muy sencilla. Se juntaron todos en el estudio, fumaron porro como si no hubiese mañana y grabaron el tema. Cuando revisaron las grabaciones todo era un delirio, tenían un disco entero de cagandose de risa y mas o menos zapando para llegar finalmente a la canción. En el medio se dieron cuenta de que grababan en cintas usadas de Jorge Porcel y La Barra de Chocolate, se estallaron de la risa y dejaron todo como estaba. El resultado es un fiel documento de cómo creaban un tema y bueno, una secuencia solo comparable a los sketchs más lisérgicos de Cha Cha Cha.

La crítica les dio con un caño, como era de esperar. Hoy en día es más común ver grabaciones en joda porque todo es más directo con el internet, pero hasta hace unos pocos años esta operita se mantenía solitaria en el terreno de lo anti-musical, siendo completamente vanguardista. ¿A quién se le iba a ocurrir dedicar tanta plata a hacer un chiste? Tanto el Volumen 3 como el 4 solamente eran posibles por una imputabilidad que les daba ya haber hecho todo y, al mismo tiempo, porque no le dedicaban mucho tiempo a las grabaciones, cualquiera que pasase tanto tiempo en una performance conceptual se terminaría hartando.
Artísticamente el disco es un collage alucinante, según sus mismos creadores fue ni más ni menos que un suicidio artístico. Pero musicalmente es solo una curiosidad dudo que alguien piense en escucharlo más de una vez. 

David Lebón – David Lebón (1973)

El debut de David Lebón también fue acompañado por La Pesada y yo creo que es el único en el que Bond falla como productor. Lebón todavía era un compositor inexperto y a pesar de que ya empezaba a mostrar su potencial, todavía no lograba hacer canciones completas. Las estructuras hacían agua y quedaban flotando solo elementos sueltos destacables como sus deslumbrantes interpretaciones vocales en ‘Hombre de Mala Sangre’ y ‘Casas de Arañas’. Por fuera de apreciar, “David Lebón” falla en sus canciones individuales y falla como conjunto.

Claudio Gabis – Claudio Gabis (1974)

El segundo de Claudio Gabis es uno de los últimos y también uno de los menos inspirados de La Pesada. Tiene un lado A que camina, especialmente por dos temas instrumentales y acústicos muy buenos, inspirados en el bluegrass; pero un lado B de blues generico bastante venido abajo. Lo interesante del disco es que comenzaba con esta transformación del rock argentino en un fenómeno disperso por el mundo, Gabis ya estaba viviendo en Brasil e incluso hizo un tema de lo poco que podía enterarse de Buenos Aires estando al norte.

Sui Generis – Vida (1972)

Cuando salió el debut de Sui Generis cambió mucho el panorama, ya existían precedentes de dúos de folk en el país y también de éxitos comerciales dentro del rock, pero Sui Generis fue más significativo que cualquiera. El disco era capaz de convencer no solo a los rockeros, también a sus familias completas. Se llegó a decir que las ventas de “Vida” salvaron al rock nacional y si bien es un poco exagerado, es seguro que financiaron muchos delirios de La Pesada que casi nunca pasaban las quinientas copias vendidas. Pero al final es un disco que vale más por lo que produjo culturalmente que por su originalidad, cambió más el mercado que la música como tal. Las narraciones de Charly ya destacaban, y el trabajo vocal junto a Nito Mestre era espectacular, pero todavía no iban mucho más allá de eso.

Billy Bond y La Pesada del Rock And Roll – Vol. 2 (1972)

El famoso disco de La Oreja y ya tenía una formación de La Pesada un poco más ordenada. Un disco no tan excéntrico como el resto del catálogo, pero ya previendo un poco lo que seguía con una canción/interludio medio en joda llamada ‘Que Descanses Mi Amor’ y el que todos los temas del disco terminen con la misma zapadita del piano de Pappo y el violín de Pinchevsky, que dicho sea de paso, si alguien sabe el porqué de esta decisión que lo comente por favor. Lo más destacable del disco es, por el lado negativo una canción pedorrísima como lo es ‘Blues para mis Amigos’ y por lo positivo, unas canciones furiosas, cargadas de bronca contra ‘La Pálida Ciudad’ y ‘La Maldita Máquina de Matar’ y un cover rockero de ‘La Marcha de San Lorenzo’, una canción patria sobre la lucha entre el ejército de San Martín y los colonizadores españoles, con un fuerte espíritu de rebeldía, lo que causó automáticamente que el gobierno censure la versión.

Raul Porchetto – Cristo Rock (1972)

Una de las dos primeras óperas rock de la historia argentina y el debut grabando en estudio de dos monstruos como Charly García y Raúl Porchetto. Jorge Álvarez le había concebido a Raúl la oportunidad de hacer un LP y él dejó de lado todo el repertorio que ya tenía para encerrarse un fin de semana en su casa y escribir “Cristo Rock”. Cuenta la historia de la interpretación cristiana de Jesús de Nazaret pero en un presente; Jesucristo se encuentra con sociedades que además de no compartir sus valores, ha hecho atrocidades en nombre de Dios y la iglesia. Esta personificación de Porchetto es una gran manera de criticar el rol histórico de la iglesia y el canon ético sin caer en la prepotencia de que el otro es tonto porque cree o no en Dios, lo principal son las enseñanzas. Aunque adentrándonos en la obra, se nota que se escribió relativamente rápido, en las canciones 1, 3 y 8 se nuclean los conceptos vitales y en el resto de los temas solo vemos a Jesús repitiendo sus pensamientos. El otro gran problema de la obra es que no dentro de La Pesada, Charly era el único que estaba en la misma sintonía que Porchetto, ellos entendían que para esa historia había que tocar piezas sinfónicas o acústicas, mientras que los pesados no se adaptaban del todo y forzaban solos de guitarras y elementos bluseros. Pero más allá de esas nimiedades, la visión de Raúl Porchetto y su voz casi divina, lograron un disco importantísimo para la historia de nuestro rock.

Kubero Díaz – Kubero Díaz y La Pesada (1973)

Kubero Díaz había nació en la provincia Entre Ríos, lejos de la gran ciudad, y había llegado a fines de los 60s a La Plata, que si bien es una gran ciudad, se movilizaba principalmente por la juventud, y el se había metido en La Cofradía, una comunidad hippie. Esto es importante porque su disco tenía una identidad mucho menos metropolitana que los del resto de La Pesada. Las letras tienen un misticismo campestre, una fuerte conexión espiritual con la naturaleza y esto se transmitía muy bien en su guitarra, una de las más expresivas de la época y en el total de la instrumentación. A pesar de que hay una cuestión de la urbe como algo negativo, la perspectiva general del disco es muy esperanzadora comparándose con lo que se acostumbraba por aquellos años, por ejemplo podemos comparar ‘Creciendo en Espiral’ de Kubero con ‘Porque Hoy Nací’ de Manal, ambas son personificación de un recién nacido en el proceso de parto, pero el relato de Kubero se siente cálido, mientras que el bebé de Javier Martínez ya llega al mundo con una crisis existencialista. Un sonido muy concentrado en lo tierra y el sol que logra desconectar con el cemento y las luces artificiales.

Claudio Gabis – Claudio Gabis y La Pesada (1972)

El debut de Claudio Gabis se contrapone bastante al de Kubero en cuanto al temple del autor. Gabis literalmente canta “quiero abrirme los sesos, no aguanto más esta estúpida prisión”. Este es un álbum interesantísimo, Claudio escribió letras muy rebeldes para la época que se estaba viviendo, además de hablar del suicidio o del consumismo, hizo una canción como ‘Blues del Terror Azul’, que hablaba del encierro agotador al que se veía sometido por ese terror azul que representaban las fuerzas represivas. Por otro lado tenía unas letras un poco más aventureras inspiradas en la literatura fantástica que siento yo que eran un reflejo de esas ganas de escaparse. Exceptuando ‘El Boogie de Claudio’ y ‘Si Hubiera Sabido’ que a pesar de tener una gran conexión lírica no tenían nada que ver a nivel sonido, los temas del disco tienen una atmósfera en común medio mágica y oscura, como de un terreno ártico. Claudio por aquella época estaba atraído por instrumentos exóticos como el sitar y eso se ve reflejado en este disco tan distinto que hizo.

Donna Caroll – Donna Caroll (1973)

Una gran curiosidad del rock argentino de los 70s. Donna Caroll era una reconocida actriz y cantante de jazz y la junta fue otra idea maravillosa de Jorge Álvarez. Una combinación de los más pesados del momento con músicos de jazz y de folklore interpretando clásicos folklóricos y tangueros además de algunas joyitas contemporáneas como ‘Plegaria para un Niño Dormido’ de Almendra y ni más ni menos que una cucharada de su propia medicina a Caetano Veloso, españolizando y revitalizando ‘María Betania’. Además hay dos canciones compuestas específicamente para este disco por Alejandro Medina y Raúl Porchetto.
Donna reposaba su mente en cada canción y cuando las sentía propias las endulzaba gentilmente, enterneciendo todo sin que se pierda la expresión original. En el álbum logran pasear el tango al mundo de la bossa nova y el jazz y casi que consiguen lo mismo con el folklore, mientras que al rock se lo ilumina de una forma inédita hasta el momento en el país. Uno de los primeros discos en mezclarse con músicos de rock, jazz y folklore (primereados solamente por Litto Nebbia); lo que enriquece muchísimo a la obra con detalles, descubrimientos y caminos novedosos para la época, que tristemente fueron descontinuados.

La Pesada – Buenos Aires Blus (1972)

Otro raro e inconseguible, el único que firmó la banda sin ningún protagonista en particular y de lo más experimental que hicieron. Explotando sus cualidades como banda abierta dispusieron para sí saxofones, trompetas, trombones, violines, acordeón y otros elementos que apenas estaban teniendo roces con el rock de la época. Músicos de jazz de la mano de Oscar López Ruiz se juntarían con La Pesada para esta obra firmemente urbana. Un disco que se esforzaba por esculpir la vida en la metrópolis alterando un lenguaje de música afroamericana. Buenos Aires con el papel principal, siendo musa y culpable de dolores de cabeza y frustraciones, ilustrados casi anti-musicalmente con los quejidos de Javier Martínez traspapelados con un tango. Canciones muy largas, canciones muy cortas, solos extendidos, mucha zapada y hasta una parodia de la música comercial de la época. Es una obra algo difícil de engancharle la vuelta, pero una vez que uno lo consigue puede darse cuenta de la genialidad que porta.

Billy Bond y La Pesada del Rock And Roll – Homónimo (1971)

Al ser el primer disco de música pesada en el país tiene un peso histórico invaluable, viene con ‘Salgan al Sol’ y ‘Verdes Prados’, dos clásicos totales del rock nacional. Es el que tiene más impreso el espíritu colectivo de La Pesada, con un total de cuarenta y cinco instrumentistas involucrados y una larga lista de compositores como Spinetta, Pajarito Zaguri, Pappo. Un disco muy variado, que hasta cierto punto parece un compilado de algunos de los mejores músicos de la época, solo unidos para escuchar la potentísima voz de Billy. Y no hay mucho más que decir, una genialidad.

Jorge Pinchevsky – Su Violín Mágico y La Pesada (1973)

Jorge Pinchevsky fue el violinista de rock argentino por excelencia. Tenía una formación de música clásica y se había volado la peluca con el estilo hippie, convirtiéndose un instrumentista valiosísimo en todas las piezas de La Pesada. Su disco es el más lisérgico de todos, casi que pura improvisación y riffs llenos de fuerza que terminan dando con las mejores piezas instrumentales de toda la banda. Se siente en el disco la energía que había en el estudio y el hecho de ser un disco de rock protagonizado por un violín le da un carácter especial. Si te gusta el rock progresivo este disco te va a encantar.

Alejandro Medina – Alejandro Medina y La Pesada (1974)

Cada uno tendrá su favorito pero este es el mío, el último en publicarse y a mi gusto el más evolucionado. Alejandro Medina era probablemente el escritor más prolífico de toda La Pesada y le correspondía tener su propio disco. En este cada canción es un mundo, una expresión profundamente arraigada a su ser y con unas estructuras muy cambiantes. En la instrumentación está lo mejor de las zapadas del grupo, pero sin llegar a ser una bola de ruido, complementandose de una manera más consciente de sí misma, se pierde en potencia pero se gana en todo lo demás. A primera escuchada los instrumentos pueden parecer invasivos y la voz de Alejandro no parece ayudar, pero al familiarizarse con la obra uno disfruta todas las matices y entiende que nadie más podría haber cantado esas letras. Una rara avis que demuestra que Medina fue uno de los artistas más geniales en los comienzos del rock argentino.

Extra: Una playlist en Spotify para los vagos.