Reseñas

El arte de iluminar contradicciones

Si la misión es incomodar Noname en «Sundial«, su tercer disco, blande la lapicera más que nunca. Con un sinfín de reflexiones complicadas para el oyente y ella misma vertidas en los tamices más suaves que el jazz-rap moderno pueda dar, pone el foco sobre lo que el resto prefiere omitir

No hay lugar para la comodidad en lo revolucionario, y Noname lo sabe. Esta artista de cuna en Chicago es posiblemente la pieza que menos encaja en el rompecabezas del rap estadounidense de alcance internacional. “Sundial”, su nuevo disco, muy esperado por sus oyentes, es otra ventana a su cosmovisión, y es otro capítulo en su recorrido musical (y por fuera de la música también), que siempre se propuso sacudir al status quo de la música Hip Hop y los pilares sobre los que se posa hace décadas.

Noname profundiza en las ideas que le conocíamos y abre nuevas heridas en el cuerpo de la hegemonía de los discursos del rap contemporáneo, una vez más desperdigando semillas de reflexión acerca de múltiples temas. Es un desafío a los fanáticos, los artistas y los críticos del género sin tapujos ni pelos en la lengua. Construye herramientas para cuestionarnos y renegar de ideas que nos llegan servidas y consumimos a pesar de aquel superficial rescate de “los valores del Hip Hop” que tanto tiñe a la comunidad que de forma inclaudicable se discute a sí misma y al mundo.

Como la mayor referente visible del discurso de la liberación negra y de la memoria sobre los discursos de organizaciones a favor de los derechos civiles de los afroamericanos, su identidad artística y política responde en forma casi directa a la carta abierta que los miembros originales de las Panteras Negras escribieron a la comunidad Hip Hop y a sus pedidos: crear plataformas políticas negras independientes, apoyar la organización de las masas por un cambio radical, sistemas económicos cooperativos, militar la desmilitarización y descentralización de la policía, justicia restaurativa comunitaria, y el apoyo entre sí de sujetos pertenecientes a estos colectivos y comunidades. A través de esto pueden vislumbrarse los motivos de los choques que ha tenido con artistas afrodescendientes en el pico más alto del #BlackLivesMatter por pasarle una interesante factura a personas como J.Cole, así como su retumbante repudio a, en sus palabras, el permiso que el Hip Hop le ha dado a “white America” de acceder sin filtros ni limitaciones no solo al consumo masivo y mercantil del Hip Hop sino a su producción y la definición de su agenda.

Otra área muy prominente en su discurso en “Sundial” es poner una vez más sobre la mesa la cuestión de la fama, de la construcción del status de “celebridad”. Qué se hace para obtenerlo y sus efectos negativos en la redistribución de recursos y de dinero, sin dejar por fuera de esto una autocrítica acerca de su paso por el festival Coachella y de por qué nadie está exento de sucumbir ante la tentación del éxito.

«Go, Noname, go / Coachella stage got sanitized / I said I wouldn’t perform for them /And somehow I still fell in line«

En ese sentido, también repudia, desde su perspectiva socialista, el avance de la cultura capitalista, neoliberal e individualista en la que el Hip Hop se ha sumergido. La construcción de la estética de la opulencia como herramienta para reclamar espacios y condiciones materiales que les han sido negadas durante cientos de años ha pasado por el prisma de la globalización, la mercantilización de ese discurso y el colador de la superficialidad, para llegar a ser hoy un elemento de base de la construcción de discursos pro-capitalistas que van en contra de las construcciones colectivas, solidarias y cooperativas que han enmarcado las raíces del género y de la cultura Hip Hop en la década de 1970. 

Por esto, el ímpetu de no huirle a la política que acciona Noname toma la forma en “Sundial” de una crítica explícita a la venta de la tragedia y el dolor, a la desestimación de la lucha contra la opresión moderna, a la abundancia obscena frente a la pobreza contundente, entre muchas otras cuestiones que minan la disputa de las narrativas actuales del rap, como los patrones de belleza que demarcan la vida de las mujeres (y de las mujeres negras en particular), y cómo pueden ser criticados desde una perspectiva feminista y anticolonialista. “Hallelujah, I idolize a white bitch / While I rock a toupee” ironiza en ‘Beauty Supply‘, en referencia al uso de pelucas por parte de las mujeres afrodescendientes para esconder su cabello natural, su “nappy hair”.

Cosplay a new identity
Same enemy: me

beauty supply

Pero ¿cómo puede una artista de Hip Hop apuntar con el dedo dentro y fuera de la escena que la rodea? Bueno, sumergiéndose sin taparse la nariz en los mares de la contradicción. Tras haber declarado que, en su lanzamiento de 2021, ‘Rainforest‘, quienes ella imaginaba como público eran twitteros de izquierda (The Tribe, 2023), decidió en principio que los receptores para quienes estaba pensado este disco eran los miembros de su propia comunidad. “Hacer arte que complaciera a otra gente me estaba haciendo odiar mi arte a mí”. En eso, también brilla fulgurante la valentía de la artista. 

A pesar de sufrir el aislamiento dentro del ecosistema del rap por fuera de Chicago con motivo de sus posicionamientos y su estilo apegado a la tradición de la poesía oral, que muchos erróneamente caracterizan lejano al rap convencional, Noname nada le teme a pintar su música con el arte de la provocación (o, mejor dicho, más le teme a la apatía y indiferencia: “Same day the airstrikes strike down Iran / I ran into the house with a blunt in my hand, let’s smoke (…) That’s you, that’s me, the whole world is culpable / Why complacency float the boat the most?”). A ninguna discusión le huye si el resultado es soplar las brasas de los debates más necesarios para la salud del Hip Hop hoy. Sin ir más lejos, frente al repudio a la inclusión del verso de Jay Electrónica en la canción ‘Balloons‘ – que no viene a ser la primera vez que este rapero hace pie en el antisemitismo – ella responde con varios argumentos que son al menos válidos de considerar en estos tiempos donde los slogans bonitos no bastan ante la dolorosa necesidad de dar concretamente los debates y de no apelar a la generalización para sentirnos vencedores de las discusiones. Ecos a mucho de lo rapeado por Kendrick Lamar en 2022 rebotan por doquier: “That’s the culture, point the finger, promote ya (…) In the land where hurt people hurt more people / Fuck calling it culture.” Es evidente que para ciertos artistas es hora de dejar de lado la simplicidad y la efectividad para volver a tomar la antorcha de lo que realmente urge debatir dentro del Hip Hop, levantar la cabeza y mirar el contexto social, político y económico que nos rodea.

Lo más interesante de las respuestas y reacciones de Noname es que son atravesadas por algo que la motoriza sin excepción: el fuego ardiente de las contradicciones y la disputa por la reapropiación del Hip Hop norteamericano por las comunidades que lo forjaron. Dos ejemplos concretos son su crítica al permiso implícito que se le da a raperos que han cometido delitos violentos probados de seguir estando en el foco del éxito y la fama, así como también la frase que dijo al medio Vulture: “Quizás hice una canción con Jay a propósito para alienar a mis fans blancos”. Esta es una de las declaraciones que más nos dejan ver qué cosas la mueven a la hora de tomar estas decisiones, que no fueron tomadas ni de forma distraída ni con objetivos comerciales, si no más bien con ángulos militantes y de acción directa. Tomando prestadas palabras de la rapera española Gata Cattana: “Diez mil oyentes bien usados son un ejército”. 

Ooh, it hurt, don’t it?
How she rap good? She ain’t work on it

oblivion

Ese simple verso refleja uno de sus mayores orgullos. Me dicen poeta, yo soy rapera. Nadie puede negar, como ella misma ha explicitado muchas veces, que es una talentosa rapera, que además de una buena puntería a la hora de aterrizar reflexiones y problemáticas en los renglones posee una habilidad fantástica a la hora de ejercitar la dicción y de gambetear los complicados y a veces irregulares ritmos de sus canciones. Sus drums jazzeros se intercalan e interactúan, dando vida a una criatura sonora que atraviesa la modernidad tanto como el pasado; Noname parece tener atadas sus instrumentales a la lengua, desde un relajado fluir que nada fuerza y se derrama como caramelo, dejando entrever entre su suavidad algunas de las barras más filosas de este año.

Una de las más explosivas bellezas de la música de Noname es que, precisamente, todo este discurso punzante, esta fuerza inquebrantable, esta perspectiva feroz, se vierten sobre una rama de la música hip hop actual de lo más jazzera, en combinación con percusiones nutridas de delicadeza y bajos que encuadran el talentoso don de rapear de Noname en una cápsula impiadosa de dulzura y rabia. “Sundial” se ubica como una astilla difícil de desestimar en la escena que incita a las más enriquecedoras e imprescindibles discusiones que lo que podríamos llamar el establishment del rap se esfuerza por desconocer y ningunear. La potencia de la calidad y el talento hace que no sea fácil taparse los ojos y desconocer que todos, incluso Noname, estamos cargados de contradicciones, y estamos encargados de habitarlas, de desarmarlas, de amar, sufrir, y evitar andar sin pensamiento.