Tenemos Primavera en Buenos Aires

Crónica del Road to Primavera Buenos Aires con Las Ligas Menores, Cat Power, Pixies y Jack White

Primavera hizo una apuesta inesperada para presentar el festival en Buenos Aires: En vez de apuntar a un público zoomer se fueron por una experiencia noventera. Músicos internacionales con un promedio de edad de 50 años con clásicos que están mucho más cerca de ser retro que trendies. El resultado de la jugada fue genial. Más allá de los problemas organizativos en la memoria va a quedar el ambiente amigable, un sonido a la altura y la selección de músicos impecable.


Son las 18hs, hay sol y está abriendo el evento una banda de chicas emocionadas por compartir una fecha internacional con sus influencias. No hay que caer en pensar que para ellas es cuestión de suerte estar ahí, simplemente se muestran sin soberbia y, a contramano de muchos músicos, expresan admiración por sus colegas. Las Ligas Menores es una banda ideal para cualquier festival del mundo y no es un invento mío, ya lo comprobaron Coachella, Lollapalooza y el mismo Primavera Sound de Barcelona.

Paso a paso se han consolidado como banda en un lugar al que no le afectó el declive del indie rock argentino en los últimos años y la transformación de todo el circuito nacional. El repertorio que construyeron es a prueba de todo. Su performance es firme, con una base de bajo y batería super sólida, a la vez que contiene la ternura de sus canciones. La audiencia nunca se cansa de verlas y le tiene cada vez más cariño.

Elipsis: En el escenario hay una señora de vestido largo negro y una campera de jogging muy dominguera que hace lo que puede para combatir el frío. Se llama Poder Gatuno y la acompañan tres canosos. La formación y la música son más para un antro que para un megafestival. Sin embargo en todo eso hay algo mágico que se esconde en las muchas pequeñas cosas que hacen a Cat Power única.

Es una artista de nicho pero no deja de encantar al instante a cualquier veinteañero fan de King Krule o Lana del Rey. Sus canciones van a gatas y con unos pocos pasos, siempre correctos e inesperados, generan ambientes para que su voz levite. El minimalismo es casi de beatmaking y en vivo se aprovecha la tremenda baterista que la escolta y los dos micrófonos (uno con efectos y otro sin) con los que canta a la vez.

Su banda es algo especial y consigue trasladar la intimidad de su repertorio, con covers incluidos, a un gran escenario. Es conocida por unos pocos, pero suma a todos en la experiencia del festival que buscan.

Jack White y Pixies si, pero ¿Había otra forma de que venga Cat Power a Sudamérica? Esa es la magia del Primavera.

Elipsis: Un grupo de viejos que parece el elenco de El Precio de la Historia se prepara para empezar. Sus instrumentos están tan demacrados como ellos. No dicen hola ni chau, parecen apurados. Empiezan y ahí se confirma que sí, que son los Pixies.

Retornando después de 8 años los Pixies se pasearon por los pagos de su bajista Paz con un frenetismo de hora y media en el que unieron a base de nostalgia noventera a la generación que sobrepaso su adolescencia durante la era dorada del cuarteto, con la juventud actual que en gran parte llego a ellos por ser los ídolos de nuestro ídolo Cobain.

Durante mas de 25 canciones los vejetes se codearon con los adolescentes en un pogo que te dejaba sin aliento (muy literal de a momentos debido a las condiciones del campo) que mechaba entre su nuevo material que no lleva ni 3 semanas en cancha, desconocido por gran cantidad funcionando de descanso para volver a reventarse con los clásicos.

Elipsis: Un tipo grande che. 47 pirulos y andar con el pelo azul, vestido como un pésimo cantante moderno de country y obsesionado con aplicarle desfibrilador a una figura tan senil como lo es el riff. En el show todo es negro, azul y blanco como si fuese un homenaje al Inter de 2010. El director de la batuta es una leyenda viva del rock, un estatus suele darle cringe a la juventud cool, que en este caso hace una excepción porque es imposible no caer en las garras de Jack White.

La fiera está bien adentro de su tercer década de relevancia y consistencia discográfica, con un sonido inconfundible que sigue en expansión. La guitarra es un catalizador de su personalidad puntiaguda, excéntrica y obsesiva. En vivo tiene todo totalmente bajo su control, suena seguro en su discurso y hasta en los grititos característicos que le salen. Con él Daru Jones, baterista de mañas irregulares y un sonido bestial, el señor Dominic Davis con bajo y contrabajo y Quincy McCrary con teclados y un mellotron feroz que retrucaba y reemplazaba guitarras de Jack. Un combo que durante la hora y media de show dieron todo sin que se les escape un pulso o una gota de sudor.

Repasó hits de White Stripes, otras bandas y como solista, pero el gran protagonista del repertorio fue “Fear of the Dawn”, primero de los dos discos que dio en 2022. Un álbum que demuestra su vigencia con más ejes e ideas en torno a su propuesta, aparentemente inagotable. Los temas son intensos y se revuelcan en sí mismos para los pasajes más estrambóticos. Mantienen la fascinación típica de Jack entre el salvajismo primal y una precisión que no perdona desliz. Una energía que sobre un escenario se enormifica e incendia todo lo que está detrás de la valla.