Reseñas

Un desierto me separa, un desierto me une

Ni música urbana ni rural: del desierto. Así les sale a los Tinariwen, curtidos por el azote de la arena y el sol, puestos para amplificar sus vivencias al resto del mundo

Tassili n’Ajjer, La Meseta del Toro, es un parque nacional del sudeste argelino, país africano que comparte con sus vecinos el poderoso desierto del Sahara. Allí, en lo que alguna vez fue una ruta de escape para el pueblo del desierto, la legendaria banda Tinariwen grabó en un estudio portátil el proyecto que les otorgaría el Grammy a mejor álbum de música del mundo en el 2011: “Tassili. Ibrahim Ag Alhabib, fundador de la banda, tomó allí una decisión que le otorgó un descanso de su famoso sonido, que combina el blues americano con la música tradicional Tuareg. Se reinventó y avivó la llama para emprender una nueva huida de la tradición al galope de la libertad.

Montados en camellos, los Tuareg recorren cientos de kilómetros de tierra inhóspita para intercambiar sal por metales y otros bienes. Ellos ignoran las fronteras creadas por la colonización. Ningún Tuareg es de Argelia, de Malí, de Níger o Nigeria. Los Tuareg son del desierto, y su hogar termina cuando este se acaba y el verde florece. “Tassili” nace allí, en un desierto que ha sido testigo del desplazamiento forzado y el quiebre de una comunidad cuyas diferencias han generado conflictos civiles y externos. ‘Imidiwan Ma Tennant’, canción que abre el álbum y que traduce a Qué Tienen por Decir, Amigos Míos, invita ya, de chapuzón, a preguntarse porqué se ha abandonado el desierto y sus ideales de comunidad. Desde allí, y dejando atrás las guitarras eléctricas que tanto caracterizan a la agrupación, Tinariwen nos embarca en un viaje de retrospección a tiempos donde el Tuareg era uno con la arena y nada más importaba. Las guitarras acústicas llevan la dirección de este sonido, otorgándole una guía al resto de instrumentos que pueden bailar encima de la base acústica. Las trompetas se convierten en aire caluroso y el conjunto de voces se mezclan para convertirse en la única voz del desierto. Es un sonido árido lleno de mucha emoción.

A sus 4 años, Ibrahim tuvo que presenciar el asesinato de su padre, un rebelde que luchaba en contra del gobierno de Malí. ‘Asuf D Alwa, la segunda canción del disco, con un título que significa Anhelo y Soledad, hace reminiscencia sobre una época que Ibrahim vivió el resto de su infancia y que conecta con su estado actual a la hora de grabar la canción: la violencia que arrebata el hogar, volviéndolo distante y ajeno. Siendo un refugiado, Ibrahim debió vivir en muchos otros países africanos. Para el 2011 el asunto no sería distinto, pues los conflictos entre Irán y Estados Unidos le hacían imposible volver a su desierto para continuar aquella vida nómada. Desde aquí un gran fragmento del álbum rebota en la memoria y el dolor, adaptando el blues a las guitarras acústicas, dándole así un sentimiento mucho más crudo al recuerdo de la arena recorriendo sus pies.

Cuando se habla de fuerza siempre destaca más la resistencia que el propio moméntum. Eso es “Tassili”, la resistencia a la lejanía, a la imagen de un hogar que se desvanece casi tan lento como agua en la espalda de un camello. Una criatura, el camello, que solo quiere encontrar la sombra para allí sentarse y cantar, al lado de sus compañeros de viaje, sobre las ocurrencias del día a día. Pero el camino es largo y paso tras paso la lluvia de la memoria es cada vez más difusa y aturdidora. Canciones como ‘Taweyat (Habitante de la aldea Timyawin) o ‘Tenidagh Hegh Djeredjere (En el Fondo), convierten todo lo ya mencionado en música. Es el momento más oscuro de Ibrahim, y por ende, de la cultura Tuareg, y se puede y tiene que cantar. Así, ‘Imidiwan Win Sahara’, que significa Mis Amigos del Desierto, convierte aquella desesperación en una afirmación de una sola estrofa cantada durante 4 minutos: Mis amigos del Sahara, nuestra libertad se ha perdido, unámonos, sino nos iremos con ella y ningún alma quedará viva en el desierto, escuchamos proclamar. Era un grito igual de vívido en 2011 con mil años antes y mil años después.

La música continúa. De repente, y contra todo pronóstico emocional que sugiere el álbum, un rayo de esperanza revive el tono y se canta sobre haber conocido el mundo gracias a la música, para concluir que no hay mejor lugar que el desierto. Que casa. Tinariwen, siendo nómadas y exiliados, hablan mucho del hogar en “Tassili. Es que esa es la última reserva, que hará que todos vuelvan a defender su tierra, o al menos así es como lo canta Tinariwen. ‘Takkest Tamidaret’ es la última canción del álbum y traduce Tarde Abrasadora. A través de una anécdota escuchamos cómo un niño le roba un camello a un hombre, el cuál, en su desespero, pregunta por toda la aldea si han visto al pequeño. Nadie conoce al niño, nadie recuerda al camello, solo queda el hombre y las huellas que se ha topado en el piso: las de un niño y un camello. “Tassili es como una canción de prisión, esas que recuerdan la libertad con melancolía y templanza, solo que en este caso la prisión es del alma y es hora de que los Tuareg rompan esas cadenas, sigan las huellas de su pasado y vuelvan a su hogar.