Un Disco Inalcanzable: Machine Head de Deep Purple

En 1972 una de las tres bandas más grandes del hard rock lanzó su mejor trabajo: Machine Head. Hasta día de hoy siguen lanzando discos, pero nunca volvieron a siquiera acercarse al nivel que habían tenido durante aquella grabación en los Alpes suizos, ¿Dejaron de ser músicos excelentes después de su lanzamiento, hubo desencuentros o pasó algo más?

Machine Head” es un clásico absolutamente indiscutible de la historia del rock y especialmente del hard rock. Un disco sin concepto ni capacidad de conmover,  pero con un sonido tan tremendo que quedó en la historia como un hito. La fórmula del disco no parecería ser demasiado compleja: Cinco grandes instrumentistas con mucha química y mucha diversión en el proceso compositivo. Pero, por alguna razón que intentaremos encontrar, esta misma banda nunca pudo volver a siquiera acercarse al nivel creativo e interpretativo que tuvieron mientras lo hacían. 

Deep Purle siempre fue una banda inestable, completamente incapaces de mantener una misma formación durante más de cuatro discos y con las inquietudes suficientes para haber hecho rock psicodélico, rock sinfónico, hard rock, funk rock y heavy metal. A pesar de eso la banda ha existido desde 1968 hasta el día de hoy con solo una separación definitiva entre 1976 y 1984. Incluso este 20 de junio van a publicar su álbum de estudio número veinte. La irregularidad le ha costado a la banda un sonido propio y también su vigencia, mientras que las primeras tres formaciones tenían un estilo más o menos autóctono, desde su reunión en el ‘84 se han dedicado a imitar a las bandas del momento que habían sido influenciadas por ellos mismos varios años atrás.

 Pero antes de buscar la respuesta a porqué Deep Purple nunca volvió a estar tan inspirado como en “Machine Head”, primero repasemos bien el álbum:

El disco es un ejemplo a seguir de la sinergia que tiene que tener un conjunto musical de cualquier género, los siete tracks fueron compuestos por la totalidad de miembros de la banda y no hay un frontman estrella o un instrumento que sea más importante que el resto. El sonido se logra a partir de una construcción grupal. 

Ritchie Blackmore y Jon Lord, guitarrista y tecladista, son los dos más inquietos creativamente y su forma de complementarse logra solos y duetos en los que se van respondiendo y develan gran parte de la técnica para lograr las combinaciones. Del lado de Lord había un soporte teórico en el que se respaldaban, estructuraban y arreglaban los momentos instrumentales, mientras que Ritche aportaba espontaneidad improvisada con su soltura, los cinco respetaban esta forma de fluir y soltaban arreglos como una cadena de reacciones en base a los detalles que cada uno tocaba. En sus auges la banda suena atómica, bajo y batería funcionan como un núcleo, mientras que Gillan, Blackmore y Lord revolotean a su alrededor como electrones. Un movimiento constante, irrefrenable e impredecible que consigue en cada compás mantener al oyente expectante.

En general, de los discos clásicos se espera que tengan una trascendencia cultural importante. Puede ser con un mensaje político, logrando un cambio muy radical en la música del momento o hasta vendiendo muchísimas copias. Pero “Machine Head” no tiene esas propiedades, ni siquiera se expresa de una manera icónica respecto a la guerra, la liberación sexual o el uso de drogas psicoactivas, como era tan común en aquellos años. Musicalmente es aventurero, pero no llega a ser experimental, es algo genérico muy por encima de la media. El arte surge de las emociones y, por alguna razón, siempre esperamos que sean emociones profundas y, en lo posible, negativas. Pero la materia prima de la mayoría de los tracks del álbum es la diversión, y siempre que pasa esto el público snob quiere catalogar las obras como superficiales y hasta estupidizantes. La diversión es una emoción tan genuina como cualquier otra y, dicho sea de paso, una de las más sanas para ser contagiada; además, en este caso hace que los músicos vayan por un camino contrario al de los mayores problemas que suelen tener instrumentistas tan virtuosos como ellos, la pretenciosidad o la masturbación. La música va a un lugar que los hacía felices a ellos, adonde no buscaban demostrarle nada a nadie.

El disco tiene cuatro grandes dilemas creo yo. Primero, lo peor de todo: La tapa. Las portadas de los discos de Deep Purple son casi todas un guiso de mal gusto, pero esta brilla por la increíble falta de inspiración. En segunda instancia están las letras, que son casi todas bastante tontas. Ian Gillan estaba orgulloso de que eran cómicas y no había que tomarlas demasiado en serio, y ese poco interés en la trascendencia es parte de la identidad del álbum, así que tampoco tiene sentido juzgar demasiado este aspecto. Pero queda claro que no tiene sentido buscar algo interesante en las letras de canciones como ‘Highway Star’ o ‘Space Trukin’. De cualquier manera vale la pena rescatar la lírica de ‘Pictures of Home’, que lo lleva a uno a la situación de abandono en Los Alpes que estaban viviendo durante la grabación del álbum, algo de lo que vamos a hablar dentro de un ratito. 

La otra canción que tiee un gran trabajo poético es justamente el tercer dilema: ‘When a Blind Man Cries’. Este track era polémico incluso dentro de la banda, lo habían compuesto en el mismo periodo que a los siete temas oficiales de “Machine Head”, pero Blackmore lo dejó afuera porque no quería una balada dentro del disco. Es una canción que se sostiene a partir de las imágenes que crea Gillan sobre la vida de un hombre ciego y deprimido y que cautivó muchísimo público desde su aparición como Lado B de ‘Never Before”, único single adelanto del álbum. En la edición original de “Machine Head” no apareció, pero en varias reediciones y hasta en la edición que hay subida a las plataformas digitales, está como octavo track. Esto siempre genera debate, muchos dicen que el disco solo alcanza la perfección si se incluye ese track. Por mi parte creo que efectivamente es un tema a la altura del resto del disco, pero le tengo que dar la derecha a Ritchie en que no encaja, o al menos se siente colgado al final de la tracklist, demasiado ajeno al resto.

Por último, hay un dilema que es completamente personal y quiero preguntarles al respecto. Porque sinceramente a mi ‘Smoke on the Water’ me tiene harto, al ser el riff más repetido de la historia y escuchar una y otra vez como lo tocan todos y la historia del casino, Frank Zappa y el estúpido de la bengala. Me parece un claro ejemplo de cómo el estatus de clásico puede ser contraproducente para el disfrute de una canción. Es el track más simplón de “Machine Head” y tenía mucho sentido que se popularice, pero se fue de las manos.

Después de “Machine Head” y del mítico disco en vivo “Made In Japan” sacaron “Who Do We Think We Are?”. Un fracaso estrepitoso que, por suerte, ha sido muy olvidado. Sorprende que tan solo once meses después de su obra magna los mismos cinco miembros publicaron un intento mediocre de pop que solo conseguiría terminar con la formación de la banda. La misma formación volvería en los ochentas para hacer una tanda completa de discos de lo más olvidables. Antes de tratar de interpretar qué pasó hay que buscar en la discografía de la banda momentos que hayan logrado la misma energía y calidad que “Machine Head”. Con la formación que siguió hicieron dos discos decentes de hard rock y uno tercero funk-rockero especialmente bueno, y con la primer alineación tuvieron un tercer disco también excelente y, yendo a cosas más puntuales, en su disco debut tenían el tema ‘Mandrake Root’ que yo lo pondría como la primer grabación en la que Paice, Lord y Blackmore encontraron su camino conjunto. 

Además está “In Rock”, en el cual esa forma única de hard rock también carbura guitarra, batería y teclados, con el agregado de los aullidos más salvajes de Gillan. Su álbum más influyente y la definición completa de su sonido. Un disco que, obviando algunos pocos elementos menos originales o llamativos, no tiene nada que envidiarle a “Machine Head”.

Tristemente el resto de su discografía no tiene ningún aporte significativo y tan solo demuestra alguna de las cualidades creativas de los Deep Purple. Ellos son mucho mejores instrumentistas que compositores y hasta cierto punto hay una incapacidad para encontrar inspiración o simplemente un desinterés en las posibilidades novedosas que se presentan para sus propias obras. La falta de ideas e inquietudes en común agotó artísticamente al grupo. 

A principios de los 70s Roger Glover y Ian Paice de cierta forma eran neutrales y maleables respecto a qué estilos hacer. Pero al lado estaba Jon con su sueño frustrado de cruzar la música clásica con la contemporánea, Ritchie queriendo hacer hard rock basado en riffs como había conseguido en “In Rock” después de que la mezcla de Lord fracasase, y Gillan buscando innovar por el lado del funk rock como habían hecho en “Fireball”. En “Machine Head” lograron quedar todos satisfechos: Gillan tenía un temazo funky como ‘Maybe I’m a Leo’ y otros más bluseros para dedicarse a reinterpretar la música afro, Jon tenía vía libre para escribir solos en partituras con influencias clásicas como en ‘Highway Star’ y Blackmore podía hacer que su muñeca galope acompasada en forma de riffs icónicos.

 Además de tener todos los planetas alineados para hacer coincidir todas sus tendencias estilísticas, la grabación y composición del disco fue una particularmente anormal. Venían de grabar “Fireball” que les había dado muchos dolores de cabeza y para el nuevo disco querían algo más llevadero. En un contexto de gira terminaron varados en Suiza sin un estudio disponible ni un lugar para alojarse y única solución que encontraron fue quedarse en un hotel abandonado y, de paso, improvisar un estudio. Al final de un pasillo colocaron sus instrumentos, estacionaron el bus del tour frente a la entrada del hotel e hicieron un cableado para que se grabe desde el vehículo lo que tocaban. Las condiciones eran extrañisimas y de alguna forma refrescantes, no tenían distracciones, eran ellos y la música. A pesar de las dificultades se divirtieron componiendo y grabando los quince días que estuvieron ahí, logrando componer ocho canciones.