El nuevo nuevo Kanye West:
Jesus Is King

Kanye West a esta altura es un fenómeno solo definible por su talento y porque va en contra de todo lo que cree que le quieren imponer, por mas básico que sea. Dificilmente sepamos si su conversión al cristianismo más conservador sea real o una mímica, pero analizamos todo lo que nos deja «Jesus Is King«, desde su mediocridad lírica, su producción divina y la muestra de la vigente relación entre la iglesia y la comunidad afroamericana.

Kanye West es el hombre esquizoide del S.XXI que predijo King Crimson hace 50 años. Un personaje que desde octubre del 2002, cuando casi pierde su vida en un accidente automovilístico después del cual le tuvieron que reconstruir la garganta, no para de aparecerse en las noticias de todos los medios. 

En este tiempo hizo algunas cosas como: Producir los mejores del momento en cada momento del siglo, empezó a rapear cuando todos le decían que se dedique solo a los beats, demostró tempranamente las problemáticas del universitario promedio de estas décadas, mezcló el rap con el gospel en un tema que fue número uno de ventas, enterró al gangsta rap y con él la carrera de 50 Cent. Pasó de samplear soul para pistas clásicas y empezó a meter influencias de house y electrónica, hizo un disco que determinaría el sonido pop-trap y cómo se usaría el autotune hasta hoy en día, hizo famosa a Taylor Swift, se convirtió en el personaje más odiado de Estados Unidos, se exilió a Italia, después a Hawaii e hizo uno de los mejores discos de la historia. Se casó con Kim Kardashian, fundó la marca de ropa más googleada del mundo, se comparó con Dios, deconstruyó la forma de lanzar discos, fue diagnosticado de bipolaridad y adicción a la pornografía. Quiso postularse para presidente, pero decidió posponerlo para apoyar a Donald Trump, volvió a ser el más odiado, sacó cinco discos en cinco semanas, uno de ellos a pedido de Barack Obama y finalmente la presión del público y las enfermedades psicológicas lo llevaron al punto de querer dedicar su vida a expandir la palabra del señor. Y bueno, en el medio de todo eso se convirtió en el músico más influyente del mundo. 

Al 2019 llegó hypeando la salida de “Yandhi”, el noveno álbum que anuncia y al final no sale. Paralelamente lleva desarrollando ya unos diez meses el coro góspel Sunday Service con el que se presenta en vivo. Y, para este octubre anunció “Jesus Is King” su noveno disco solista en ser anunciado y realmente ser publicado, con la particularidad de ser un álbum de rap cristiano y de salir junto a una película del mismo nombre, basada en los shows que da con el coro. 

Si bien la religión siempre estuvo presente en sus letras, ‘Jesus Walks’ y ‘Ultralight Beam’, dos de sus mejores temas, sirven como ejemplo de esto mismo, ahora lo que hay es una devoción lírica y conceptual total a punto testigo de Jehová. Se pidió a los colaboradores que no tengan sexo pre-marital, se quitaron versos violentos de XXXTentación, DMX y Young Thug y además, no hay ninguna blasfemia. Pasando de reflexiones personales de un creyente con las que uno puede empatizar a un conjunto de consignas repetidas por siglos, incapaces de convencer a nadie. Las mejores letras del disco son de otros como ‘Selah‘, donde se nota la impronta de Pusha-T o los versos del mismo Pusha y su hermano Malice en ‘Use This Gospel ‘, donde siguen la temática pero con barras ingeniosas al respecto, no una reproducción vacía de fragmentos de La Biblia. El problema no es la religión en el rap, es llegar al punto de rap cristiano. 

Además del viejo Kanye hay otros raperos que saben transmitir su fe sin que sea un sermón. Big K.R.I.T es un creyente tradicional, pero consigue dar razones con las que uno se puede identificar: Para él la iglesia ha sido siempre un sinónimo de paz y positividad dentro del gueto, y de adulto volvió a ese lugar para enfrentar su depresión. Siguiendo la misma creencia que K.R.I.T, Kendrick Lamar también tiene a Dios presente en sus canciones, un Dios amoroso y piadoso, pero aún más un Dios exigente, que insta a la humildad, a agachar la cabeza y a poner la otra mejilla. También hay montones de raperos como Rakim, Nas, Chuck D o los miembros de Wu-Tang Clan, que profesan dentro del Islam, especialmente en el mundo del 5%, religión que cree que el hombre negro es Dios y que, por ende, cada uno tiene el potencial de manejar su propio destino. Todas estas son representaciones que, por fuera de las creencias del oyente, se presentan interesantes y con una profundidad teológica que invita a explorar las cosmovisiones.

Pero para entender en específico la importancia del Gospel en todo esto, hay que volver un poco más atrás. Primero, hay que aclarar una cuestión de cosmovisiones: el gospel viene de una tradición religiosa distinta a la religiosidad que vemos en nuestros países de habla hispana. Por cuestiones principalmente políticas, el cristianismo se separó en varios grupos desde el siglo XV en adelante, por lo que no todos los países con una cultura cristiana son católicos apostólicos romanos, que es el sigma que predomina en Italia, España y Portugal y, por ende, en los países que fuimos colonizados por ellos. Las iglesias estadounidenses, en cambio, suelen ser protestantes, es decir, cristianismos, y ojo, varios tipos de cristianismos, que funcionan de manera diferente al catolicismo: no les interesa el Papa, no creen en los Santos, detestan el uso de imágenes como la cruz para los ritos y algunos incluso no creen que María fuese Virgen. Por eso, por ejemplo, en Los Simpsons hay un reverendo Alegría, con esposa e hija, y no un “cura Alegría” o “sacerdote Alegría”. Esto no significa que no exista el catolicismo en Estados Unidos ni que en Latinoamérica no hayan cristianos, se trata de qué predomina.

Incluso si eres ateo, la piedad y la caridad son cuestiones que probablemente son parte de tus valores subconscientemente, porque parte del proceso evangelizador fue grabar con fuego y sangre los valores del catolicismo en nuestros genes, y esas marcas no se borran ni 600 años después. Pero esos valores no son iguales a los que se dan en la cultura cristiana anglicana. Más aún, son muchas las tradiciones religiosas que con viven. Desde el más alto ascetismo y privación de los placeres, cual Ned Flanders, hasta las expresiones más vívidas y animadas de la religión, como el Gospel. Este último es un género musical antes que una expresión religiosa, pero su raíz se engarza directamente con el aspecto espiritual. El ánimo que mueve este género es el de darle a la comunidad cristiana de raíces africanas esperanzas en la libertad. De hecho, uno de sus antecedentes más directos y del que el gospel toma sus formas expresivas es el “American black theatre”, género dramático que representaba historias de esclavitud y abolicionismo. Es de ahí que en el siglo XIX, en las iglesias baptistas, toman su inspiración las comunidades afroamericanas cristianas para resignificar a su propia cultura y forma de espiritualidad los ritos que el opresor les había enseñado.

El gospel es una expresión artística sufriente, claro que sí, pero porque surge de una comunidad sufriente, que incluso después de sobrevivir a una historia marcada por la esclavitud tuvo y tiene que enfrentar la discriminación y violencia de un país racista. Producto de todo ese sufrimiento, la experiencia estética a vivir no podría ser una tradicional, su belleza que surge del Gospel nace de su capacidad catártica. No es solamente la música, es la purificación del alma que produce el ritual en sí el que vuelve al góspel tan especial. En ese contexto hace todo el sentido del mundo que un artista atormentado como Kanye recurra a este género para hacer las paces con sus demonios. Incluso aunque para Ye’ resolver sus conflictos implique una salida comercial que se mezcla con su desarrollo espiritual, por eso no sorprende que realice encuentros privados y pagados para dar sermones mezclados con su música. El góspel ya ha aparecido musicalmente y en espíritu a lo largo de la carrera de otros raperos, los discos “Bible of Love” o “Coloring Book”, de Snoop Dogg y Chance the Rapper, respectivamente son ejemplos bien fuertes de esta fusión. Sólo cabe esperar para saber si esta es una más de las “etapas” de Kanye West, quien como aprendió a hacer música siendo un productor inquieto, toma y deja de lado colores sonoros constantemente. Ya veremos si es el caso del gospel, aunque su anunciado disco navideño “Jesus is Born” parece indicar lo contrario.

Hay mucha gente hablando de que esta es una movida de Kanye para redimirse de apoyar a Trump o decir que los negros no se rebelaron contra la esclavitud, pero creo que esto es más una prueba de la incapacidad para ir más allá del propio sentido común que podemos encontrar entre las filas de la izquierda. Nos guste o no, West además de músico es un empresario multimillonario que está casado con Kim Kardashian al que los discursos meritocráticos y los gobiernos neoliberales le vienen bien. El que sea negro no significa que haya sido pobre alguna vez, fue a la universidad y lleva casi la mitad de su vida viviendo de la música. Entonces ¿Por qué asumimos que se arrepiente de algo de lo que dijo? Pero, en todo caso, si Ye le pide perdón a Dios es porque los humanos no se lo quieren dar. ¿Traicionó a su clase?¿Es reprochable el mensaje que viene dando? Quizás, y por cierto que artista y obra no deben separarse. Pero cuidemos que nuestra posición progresista y privilegiada no nos impida ver que exigirle a todo artista afrodescendiente que trate los mismos temas y de la misma forma, es también una forma de racismo.

Kanye es imperfecto, lo sabemos todos, comete errores, y muchos, pero su capacidad creativa es tan grande que suele salvarlo casi siempre. En casi todos sus discos se pueden encontrar elementos flojos o sobrantes, pero tienen cosas tan conmovedoras e influyentes que se convierten en clásicos. Por esta misma razón muchas veces la crítica musical que evalúa en escala numérica sus obras termina poniéndole una nota que deja inconforme a sus fans, porque en una función matemática en la que la producción, la interpretación y las letras tienen el mismo peso, va a dar un resultado que no refleja el impacto real de la obra. Para ir a la parte práctica de la polémica: Si la parte negativa de Kanye, tanto musical como ideológica, te parece lo suficientemente insoportable como para no escuchar su música, está bien, no lo hagas, pero si esos obstáculos no te significan mucho: Disfruta la obra de uno de los músicos más importantes de la historia. 

Ya habiendo terminado con el apartado lírico del disco, pasemos al musical. El tema de apertura, ‘Every Hour’, es una introducción movida que condensa todo lo positivo de la música gospel: El sentido de comunidad para disfrutarlo, cantarlo y bailarlo todos juntos; hace que uno entre en un trance que se rompe rápidamente para dar comienzo a la participación de Ye. ‘Selah’ continúa con la estética de santuario, con un órgano hammond y aleluyas espectaculares del coro, pero en ‘Follow God’ hay un cambio brusco que termina con la expectativa de que este sea un disco del Sunday Service. Este es un track clásico de Kanye con su manera de loopear un beat bien marcada, que suena excelente pero se siente fuera de lugar. Después vuelve a la atmósfera cristiana con un sample de folklore argentino en ‘Closed On Sunday’, pero se repite el problema de ‘Follow God’ con ‘On God’ que tiene un beat tremendo co-producido con Pi’erre Bourne, pero que no conecta con el disco y que, además, es muy complejo para un rapero como Kanye que no destaca por su virtuosismo. Los siguientes temas destacan positivamente por la forma increíble en que se emplean las voces de Ant Clemons, Fred Hammond y Ty Dolla $ign y negativamente por la de Kanye en ‘God Is’, donde canta con la voz rasposa en un intento de transmitir sinceridad, pero con una ejecución tan pobre que llega a molestar. El álbum finaliza con ‘Use This Gospel’ que viene con reunión del legendario dúo Clipse incluida y una aparición del rey de los ridículos Kenny G. Los hermanos Pusha y NoMalice predican con un flow agresivo y Kenny hace todo lo posible para arruinar el cierre del disco con un solo de fábrica. De cualquier manera estos momentos desprolijos y algunos problemas de mezcla que tiene “Jesus Is King” no quitan que el grueso de la producción es lo que se dice magnífico, Kanye se alió con gente como Timbaland, Boogz y Federico Vindver para hacer beats increíbles que merecen muchísima atención. Concretando ideas que en teoría suenan mal, pero él las hace funcionar, como juntar gospel y trap en ‘Everything We Need’ o dejar sonando casi todo ‘Use This Gospel’ la alarma que tienen los autos cuando una puerta no está bien cerrada en una referencia a aquel accidente automovilístico que tuvo en 2002. Si bien se puede extrañar un poco la presencia de Kid Cudi, quien desde “808s & Heartbreaks” participa en la composición de las canciones de Kanye, esta es otra prueba de que Kanye puede producir al rapero más wack del planeta y lo va a hacer sonar bien.

Pero si el disco no cierra del todo y deja ganas de seguir escuchando el Sunday Service, lo que viene a saciar esa necesidad y darle un valor memorable a esta etapa de Ye es la presentación en vivo del álbum, con el coro gospel completo. Si bien no podemos esperar que haga una gira internacional con los cientos de personas que conforman el equipo, en la película homónima que hizo captura cómo es la experiencia y, además, en internet se puede encontrar, con un buen sonido, la hora y cincuenta de espectáculo que dieron en Los Ángeles este 27 de octubre. La presentación es increíble espiritual y musicalmente, hay una energía fuertísima y una participación unánime en la que la fe es la única protagonista. Jason White dirige el coro al que se suman percusionistas, bajistas y tecladistas de altísimo nivel y un Kanye dispuesto a rapear, cantar, tocar y también a callarse. La experiencia de ver un recital un domingo a la mañana, siendo lo primero que uno hace en el día, ya genera un ambiente muy distinto a cualquier otra forma de recital. Las canciones del disco parecen compuestas para ser interpretadas en este formato, y a ellas se suman re-versiones cristianizadas de temas viejos, desde los obvios, como ‘Father Stretch My Hands’ hasta otras más inesperadas como ‘Fade’ que renació como ‘Faith’. Lo que suena tiene mucho que ver con la música negra, además de rap y gospel hay momentos de rock & roll, reggae y electrónica y muchísima improvisación. Se está poniendo en discusión si Kanye West está salvando al gospel y eso es algo demasiado abstracto como para poder hablar a futuro, pero sabemos que solo él es capaz de abrir esta discusión, de tener un disco de rap cristiano número uno en ventas, de llevar este formato al Coachella y conseguir que abran las puertas tempranito para hacer una misa.

Salvo contadas excepciones la imperfección en Kanye es una constante, depende de cada uno cuánto peso le da a las inconsistencias y cuánto peso le da a los momentos brillantes