Reseñas

Four Tops –
Yesterday’s Dreams

Detroit es una ciudad central en la historia musical e industrial norteamericana. En los 60s y 70s los artistas de la maquinaria Motown se convirtieron en la norma en términos de influencia y popularidad, facilitado por cómo representaban una visión automatizada y digestible de la música bailable, pero al mismo tiempo irresistible. Una ventana al Detroit en auge, la “ciudad motor” de suburbios y nuevas familias de clase media cumpliendo sueños y festejando en un swing más liberado y novedoso, de personas jóvenes construyéndose una normalidad pero sin perder el filo.

Motown fue Disney. Un mundo de fantasía con solo escenarios de melodramatismo y de felicidad. Empresas que representan perfectamente el modelo capitalista aplicado a lo artístico y que, incluso con todo lo nefasto que se les conoce, no dejan de ser sinónimo de familia e historias apasionantes. El sueño americano de Berry Gordy duró menos que el de Walt, pero nunca dejó de ser un símbolo para la cultura afroamericana y el pop. De ahí vienen las influencias principales de los Beatles y el modelo para hustlers de la industria musical, desde Philadelphia International y su Phily Soul hasta G-Unit y el club rap dosmilero, a la hora de gestionar un sello que se imponga en el mercado con un sonido reconocible y una maquinaria dominante.

Sus placas más recordadas hoy son las que trascendieron en la nebulosa de los 70s a regañadientes del mismo Gordy (oigasé Stevie Wonder y Marvin Gaye). Pero la Motown ejemplar es la de Smokey Robinson, The Supremes, The Temptations, The Jackson 5 y otra docena de proyectos, productores y compositores, tuvo la juventud afro de los 60s bailando y cantando en loop como Carlton en The Fresh Prince.

En máxima fidelidad de representación y standard de calidad de Tamla-Motown estaban los Four Tops. Levi Stubbs, Renaldo “Obie” Benson, Lawrence Payton y Abdul “Duke” Fakir. Cuatro voces de ensueño para cualquier letrista, capaces de hacer renacer cada canción que interpretan en armonías iluminadas por la pasión de cada uno. En cada paso del sello estuvieron ahí, desde su sonido más esencial con “Second Album” (1965), la innovación desde su mismo estilo para “Reach Out” (1967) y la conversión al soul setentero de “Changing Times” (1970); incluso siguieron su camino fuera de las oficinas de Motown con soul acorde a la manifestación política de época, dirigida a la “Main Street People” (1973).

Forjaron diez años de mérito discográfico irreprochable y entre los grandes éxitos está “Yesterday’s Dreams”, lanzado en 1968 y atado para siempre a nuestros corazones. Baladas como la homónima, ‘Remember When’ o ‘By the Time I Get to Phoenix se inmolan en su propia catársis sentimental de una forma inolvidable. Como se debe hacer en el soul, los cuatro le ponen voz al alma. Su lado A va en transición hacia la década venidera y el B habita la efectividad del soul de Detroit que hace rato manejaban. The Funk Brothers, sesionistas practicamente desacreditados, amparan cada emoción con virtuosismo subliminal, bien setentero (¡hasta congas!) en la primera mitad y más influenciado por un third stream de soundtracks esa segunda.

El disco casi siempre le canta a un amor para el que es demasiado tarde o demaisado temprano, del que solo hay una llamita que da todo para seguir viva: “Yesterday’s dreams are a small pile of ashes With one burning hope that hangs on”. Esa chispa que según la esperanza se convertirá en compañía, es la única forma de enfrentar el mundo triste y desolado que habitan las canciones. Enamorarse es primera necesidad porque todo está mal, pero en alguien todavía existe el amor.