Sonidos de un mapa fragmentado: Los discos venezolanos del 2025

Como cualquier tema relacionado a Venezuela en la actualidad, hablar del estado actual de la música del país es difícil de enmarcar en una sola imagen. Lejos de responder a una escena homogénea o a un relato común, el año 2025 ha dejado ver una multitud de artistas que avanzan en direcciones distintas, muchas veces sin un centro claro ni un sentimiento compartido.

Como cualquier tema relacionado a Venezuela en la actualidad, hablar del estado actual de la música del país es difícil de enmarcar en una sola imagen. Lejos de responder a una escena homogénea o a un relato común, el año 2025 ha dejado ver una multitud de artistas que avanzan en direcciones distintas, muchas veces sin un centro claro ni un sentimiento compartido. Más que un movimiento reconocible, lo que aparece es un conjunto de búsquedas que conviven en paralelo y que responden a las distintas realidades que atraviesan el país, formando un ecosistema en constante movimiento.

Dentro de todo este ecosistema, el circuito más visible de la música venezolana parece haberse estancado en una serie de fórmulas tibias. Referentes a nivel mainstream, como Rawayana o Danny Ocean, reducen lo político e identitario a un repertorio de gestos predecibles: la alusión al país aparece como consigna, eslogan o guiño fácilmente reconocible, desligado de conflicto o profundidad alguna. Estas formas de apelación superficial no plantean problemáticas acordes a lo que sufre el venezolano, solo las vuelven digeribles y funcionales, hasta el punto de rozar lo paródico.

Este trasfondo trivializado es consecuencia de la crisis que afecta a Venezuela –escasez, migración masiva, represión–, en un contexto donde la democracia y las libertades han estado sistemáticamente vulneradas desde hace un cuarto de siglo. La reciente captura de Nicolás Maduro y su esposa por fuerzas estadounidenses tras un bombardeo en Caracas, su posterior enjuiciamiento en los tribunales de Nueva York, aunado a las crisis institucionales en consecuencia de este suceso, han sacudido al país completo. En los venezolanos, tanto dentro como fuera de sus fronteras, este hecho nos generó sentimientos de alivio y júbilo instantáneos, seguidos de una cautela agobiante. Lejos de cualquier celebración desbordada, muchos sentimos una mezcla de ilusión contenida por el cansancio acumulado tras años de crisis. En las calles de la diáspora hubo abrazos y lágrimas con una preocupación por los familiares en el país, mientras que dentro de Venezuela la reacción ha sido más prudente y silenciosa, marcada por el temor a las represalias del régimen o a cualquier imprevisto ordenado por Trump.

La música venezolana de los últimos tiempos ya dialogaba intensamente con esta condición de precariedad e incertidumbre: artistas consagrados como Lil Supa’ reflejan directamente la violencia y el pesimismo; otros tantos, desde distintas partes del mundo como El Café Atómico en Uruguay, weed420 a lo largo de América o Rebecca Roger Cruz en Francia, lo hacen mediante metáforas, experimentación sonora o la deconstrucción de lo conocido.

Buena parte de la producción musical venezolana más llamativa de los últimos años surge desde espacios menos visibles, tanto estéticos como geográficos. Estas propuestas rechazan conscientemente el canon popular, marcado por fórmulas repetitivas e identidades estereotipadas. Operan desde la diáspora o desde situaciones diversas en el país —como Nhil Ov Curse o García Gómez—, atraviesan diversas paletas musicales, rescatan tradiciones marginadas por la escena dominante y reivindican sonidos experimentales olvidados. Es un espacio creativo donde la música se entrama con la historia y la contingencia, recuperando sensibilidades perdidas y encontrando modos de existir y resistir más allá de lo visible.

Los discos reunidos aquí no buscan establecer jerarquías ni construir un canon. Son un recorte de ese panorama amplio y cambiante: trabajos que permiten pensar la música venezolana contemporánea más allá de sus representaciones más reconocidas. Más que ofrecer conclusiones, registran un presente abierto, marcado por la distancia, la pluralidad de miradas y las tensiones de un país en crisis, donde la creación musical sigue resistiendo y dialogando con la realidad.

La coordinación de Sonidos de un mapa fragmentado, así como la introducción, corre a cuenta de Manuel Márquez. Acompañaron en la escritura Ian Isersky, Agustín Wicki y Santiago Miranda Pérez y en el diseño Migue Yassir. Como extra, acompañamos el artículo con una playlist disponible en Tidal, YouTube, YouTube Music y Spotify.

El Café Atómico – Panamericana Babylon

Por Manuel Márquez.

El sepia suele teñir las fotos de antaño, modificando la información que recibimos sobre un momento específico en un revelado. Pero ¿cómo se tiñe el sonido de un país que ya no cabe en sus fronteras, si no es por un filtro emocional? “Panamericana Babylon” responde a esta interrogante con un viaje de más de tres horas dirigido por El Café Atómico, donde la carretera Panamericana de Venezuela nos lleva desde el sentimiento de pertenencia a la confusión y el desarraigo, y la nostalgia es el zumbido de baja frecuencia que distorsiona nuestra travesía. Este no es un disco para escuchar, es una corriente en la que sumergirse, donde la autopista se vuelve un caudal de memorias que arrastra joropos desfigurados, estática de radio y conversaciones de fantasmas que no existen (¿o sí?).

El Café Atómico no compone música: reconstruye lugares. Actúa como un cartógrafo de ecos, recogiendo los residuos sonoros de una patria que se desvanece —el jingle tétrico de un restaurante abandonado, el verso de un poeta en un libro olvidado— para ensamblar con ellos un western criollo y psicodélico. Inspirado por el tono mítico y oscuro de “Hollywood Babylon”, rescata la forma narrativa de la inventadera de cuentos: distorsionar eventos reales hasta que el límite entre el mito y lo material no exista. Desde Uruguay excava en sus recuerdos, alterados por sentimientos de odio, culpa o cariño, y le da forma a las memorias de una Venezuela que, como el viajero del western, se quedó estancada en un futuro que nunca llegó.

3m5 – Fentanylo [YoYo Dojo]

Por Ian Isersky.

3m5 vio el ascenso y caída de su tierra. También las sub-caídas y esos sub-ascensos que en el fondo solo fueron la antesala de una caída posterior. Así que sabe más por viejo que por diablo. En realidad ¿no es la segunda una consecuencia directa de la primera? La crudeza impregnada en sus formas hizo al rapero un cronista de la crisis. No por oficio, sino porque a esta altura no se puede hablar de otra cosa.

FENTANYLO”, su segundo proyecto como único frontman, es un rompecabezas de experiencias en avenidas, callejones, barrios y casas de una nación cuyo magma siempre parece estar a punto de erupcionar. Con el valioso aporte de Lil Supa’ y Nichess One (con quienes colaboró previamente en ambas ediciones de “METAL”), la fina curaduría de Castellanos en la producción y la aparición de voces claves como N-Wise Allah y Lokesea Mariano, el guayanés llevó su propuesta a un punto tan ácido como difícil de digerir.

El disco se constituye de beats inrapeables, arrítmicos, a los que solo se puede entrar en un estado de puro agitamiento, como escapando de un peligro acechante. Leen el clima nacional un grimmey más grimmey que el grimmey y un drumless orgullosamente vinotinto, aunque en este caso el vino se oxidó por quedar mucho tiempo en la intemperie. Lo mismo podemos decir de 3m5. Su rapeo se añeja positivamente, pero su hartazgo es cada vez mayor. “FENTANYLO” es el resultado de cortar el aire con tijera en uno de los países más tensos de la geopolítica contemporánea. 

Traidora – Una mujer trans sin país [La Vida Es Un Mus]

Por Manuel Márquez.

Un cuerpo es un país en guerra. Una lengua que sangra, un pecho abultado que se desea rajar, un rostro ajeno en el espejo: el estudio de un territorio que nadie reconoce pero todos se sienten con derecho a invadir. En trece ráfagas de punk crudo, Traidora —proyecto liderado por Eva Leblanc, quien actualmente reside en Londres y vivió en Chile durante años— documenta la violencia de existir en los márgenes. Escuchamos diagnósticos crudos del cuerpo como una trampa de autosabotaje, de la rabia como combustible vital y de un desarraigo que es tanto geográfico como corporal. No hay metáforas que suavicen el impacto; sólo la urgencia de una voz que grita para no desaparecer.

Traidora crea un muro de distorsión y baterías explosivas, heredero del anarco-punk latinoamericano más visceral. Esta crudeza sonora es el vehículo perfecto para un mensaje que conecta la lucha trans-feminista con la solidaridad antiimperialista, como en ‘Cenizas en el rostro’, donde el dolor personal se funde con el del genocidio en Palestina. Es el sonido de una identidad que, al no tener patria y haber estado deambulando toda su vida, se construye a sí misma desde los escombros, con la potencia de quien ha decidido devolver cada golpe.

Rebecca Roger Cruz – Río Abajo [Airfono]

Por Santiago Miranda Perez.

Clavada en las tradiciones de la música venezolana, Rebecca Roger Cruz encontró un balance entre el exterior, como emigrante en Francia desde 2014, y en el interior de su corazón, que se sostiene en su país de origen. Entre instrumentación de cámara, las cuerdas ondean con ímpetu teatral y la percusión baila en armonía con el ADN de la patria caribeña. La cantautora inhala en su cántico y busca, a modo de ritual, darle vida a los fantasmas de su tierra. “Río Abajo” es una meditación que alcanza reinos espirituales donde el agua calma las heridas del amor y los antepasados abrazan al mundo contemporáneo.

Hoy me vine a despedir con el alma en el camino
Y siempre llevo mi voz confiando en el destino
Llamarme Mar

Mientras Rebecca rema hacia un terreno desconocido, su obra planta una semilla que solo puede deslumbrarnos por su grandeza artística. Entre un humo rojizo que envuelve al oyente, se encuentra el deseo de una mujer por la superación y el encuentro del amor con sus raíces.

Dj Babatr – Root Echoes [Hakuna Kulala]

Por Manuel Márquez.

Root Echoes llega en 2025 como una orden de movimiento: un golpe de adrenalina reptiliana de los 2000 que explota en el presente con la fuerza del primer día. El disco se presenta con una portada que es su propio manifiesto: un collage donde las casas de los barrios populares de Caracas se funden con el ojo escamoso de un reptil. Esta imagen es la tesis visual del “raptor house”, género que tuvo al propio Baba entre sus fundadores a finales de los 90 en esos mismos barrios marginados. En este proyecto, la música se mueve con la frecuencia de ese ojo: es la resurrección del ritmo que alimentó legendarias matinés y minitecas, donde el éxtasis colectivo y la amenaza de violencia convivían en el mismo golpe de house.

DJ Baba, ya consagrado internacionalmente y dando cátedra del raptor house en clubes del norte global, no excava un fósil de dinosaurio, sino que reactiva su nervio: el que conecta la memoria con el cuerpo y el barrio con la pista de baile; el nervio que no deja parpadear al lagarto. Este disco afirma que el raptor house no es un simple género; fue, y sigue siendo, el sistema circulatorio de una resistencia. Sólo queda bailar con la piel escamosa bajo la vigilia del reptil.

Nina Fre$h – Fiera [YoYoDojo]

Por Agustín Wicki.

Freyerlin, más conocida como Nina Fre$h, nació en Curiepé, una parroquia principalmente conocida por las jornadas maratónicas de tambores que se celebran el día de San Juan Bautista. UK drill, pop rap y trap la impulsaron en una carrera de singles con la que consiguió hacer ruido como parte de la nueva generación del rap venezolano. Aun fuera del país (vivió en Perú y Colombia y cruzó varias fronteras más), supo honrar su tierra con ‘San Juan’ su fusión de rap con el golpe de los tambores de Barlovento. De momento es su corte más viral, y no es raro que sea así, es una fórmula novedosa y de lo más compatible con su labia feroz.

Sin embargo su EP debut no remite a la tradición de Curiepé ni nuevos sonidos traperos, sino al grimmey sound neoyorquino que tantos fieles tiene en Venezuela. Esa mecha la encendió con la provocadora ‘Nina No Rapea’, que volvió inevitable el co-sign del Dojo, la mayor institución del rap patrio. Willie DeVille y Lil Supa’ en su ambición expansiva de curaduría la convocaron para este EP en un proceso similar a los que realizaron con figuras como Rino, Apache y Lokesea Mariano. El resultado es “Fiera”.

Un loop melancólico de Macario Corleone la contiene en su momento más vulnerable, ‘Esta No Es Una Canción’, y todo se pone bélico para ‘Llórenlo’. La Jefe tiene dificultades como todos, incluso más, pero la diferencia es cómo responde. Con estos testimonios uno comprende de dónde viene ese estilo hardcore. Acelera rabiosa en ‘Escuadrón’ y en ‘Genocida’ recibe la bendición directa de los referentes. Solo cuatro tracks, pero la energía que contiene “Fiera” es brutal. 

Yajaira la Beyaca y Genosidra – Caracter Anal [MUAKK]

Por Santiago Miranda Perez.

Y Dios dijo: ‘Hágase el hombre y la mujer. Tú tendrás güevo y tu tendrás cuca. Ninguno vivirá en pecado porque los dos son mi sangre’. Desde que nací me siento maluca, una mujer sin cuca.
Qk

Caracter Anal” es un disco en constante metamorfosis, de un actuar tan metódico entre el perreo y el desquite sexual que se alimenta de la necesidad de rebeldía. Una obra creativamente visceral, nutrida a partir de una sociedad condescendiente y sus prejuicios hacia la libertad sexual. La mirada impuesta hacia lo hegemónico en la rumba y la vida íntima, tanto de las mujeres como de la comunidad LGBT+, han hecho que explotar esa crueldad y ternura en su sexualidad sea más que necesario. Y, ¿qué mejor que hacerlo en la pista de baile e incendiar a todo al que no le guste?

La cantante Yajaira La Beyaca y el productor Genosidra crearon una vorágine que estalla desde el primer segundo: aquí se plasma un conjunto de vivencias que se transforman en el miedo, la belleza, la pureza y el placer. La mirada de la persona perseguida, dueña de su sexualidad y del otro como un parásito, se muestra durante todo el LP. Esta idea representa una oportunidad: que los dichosos que la afirman lo gocen y que quienes viven en negación se aterren.

Extraña. Una perra, una diabla, una mujer sin alma
No hablen de mi culo, saben q me pongo loka
No confio en nadie, veneno en mi boca
Solo kieren saber si tengo güebo o tota
Soy una maldita: una hijueputa loca
Diavla

Caracter Anal” está hecho para culear entre griterío y pelo suelto frente a una corporativa. El tono lascivo de la voz de Yajaira se contrasta brutalmente con el carácter de orgullo que se desprende en su performance. Un testamento carnal y emocional en contra de lo hegemónico, transmutado hacia una pista de baile prendida en fuego.

SAN – Anatomía detallada de una herida

Por Manuel Márquez.

10:45 A.M. Estudias en un colegio de Guatire y suena la campana para salir al recreo. Los fuegos internos de la adolescencia te consumen y la ansiedad brota: quieres (o necesitas) ver a esa persona. “Anatomía Detallada de una Herida” es la grabación casera de ese fuego. SAN, alias artístico del joven Santiago Zerpa, crea un disco que convierte el dolor y la obsesión en materia sonora: la voz se rompe y las melodías se corrompen con la agonía de un sentimiento que no cabe en una nota limpia.

La experimentación aquí es un método de autopsia emocional: la banda sonora definitiva del amor juvenil venezolano. El disco es una oda al romance adolescente en toda su contradicción: al fervor que construye mundos en un recreo y a la desilusión que los derrumba al sonar la campana siguiente. SAN toma la herencia digital del electropop dosmilero que evoca a Todosantos, y la somete a un proceso de deterioro controlado que replica el del primer corazón roto. Su voz es el instrumento principal para evidenciar la herida: se escupe el verso de amor enfermizo, se altera con el pitcheo del rechazo, se retuerce hasta encontrar la textura audible de la incomprensión. Y en esa documentación brutal, de lo tecnológico como extensión del sufrimiento, es donde “Anatomía detallada de una herida encuentra su poder: el de definir, con crudeza pero esperanza, el momento exacto donde dejas de ser un niño ilusionado.

h0tn1k – lo que puedo hacer para mejorar es hacer plata [weed420]

Por Ian Isersky.

En ‘For Sale?’ Kendrick Lamar planteó una dicotomía entre ser fiel a su lugar de origen y perseguir ambiciones materiales, aunque la primera pueda implicar hundirse en la miseria y la segunda sacrificar la moral por completo. Esta última opción asocia el éxito musical a la idea de vender el alma al diablo. La narrativa de Kendrick traza un sendero de billetes hacia las fauces del mismísimo Lucifer, quien busca sumar discípulos a sus filas para proveerles un estado de bienestar a cambio de llevarlos por el mal camino. Las dicotomías son pintorescas, por supuesto. Pero un mínimo giro en el contexto puede dar lugar a una lógica alternativa. Cuando la carencia acecha, enfocarse en el dinero no aparece como una decisión de autocorromperse, sino como la única opción disponible. “lo que puedo hacer para mejorar es hacer plata” capitaliza las experiencias de h0tn1k como buscavida fuera de Venezuela, con el enorme mérito de no romantizar el dinero en el proceso. Desde la vereda opuesta a ese trap que pone el vil metal en un pedestal, llega un joven joseador al que le sobra conocimiento de causa. 

La plata no se idealiza, se necesita. Esa premisa está impresa en este sonido, en la cinética de un cajero abriéndose y también los tejemanejes previos a ello, como si se tratara más de un forcejeo que de un honorario limpio y digno. Como si en el fondo hotn1k no mereciera esta situación. No la de ganar dinero; la de tener que dejar a un lado la mitad de lo que conoce para conseguirlo. El disco persigue la mímica de las contadoras de billetes, pero también expone el sacrificio alrededor de mantenerlas en uso. Porque lejos de lo familiar y del sentido de pertenencia hay una herida difícil de cerrar. Y una alcancía que no termina de sentirse del todo llena.

Pico Mifés – Lagar (demos)

Por Manuel Márquez.

Junto a la casa de la cumbre nublada, bajo el hielo, el paso del tiempo no da tregua a las personas derrotadas. Ni siquiera esconderse de su aplastante marcha podrá salvarlas. Este es el territorio que Pico Mifés, agrupando a varios jóvenes de la capital venezolana, reclama como propio junto a su nombre: una cumbre andina de más de 4.600 metros de altura, una clave geográfica y emocional. El grupo extrapola esta altitud extrema a su sonido, un folk íntimo y pastoral que no ocurre en un valle, sino en la soledad gélida de la cima, donde el aire es tan puro que quiebra los pulmones y la perspectiva es agobiante.

Desde ese panóptico helado, las canciones de Pico Mifés susurran paisajes de pérdida y memoria con la precisión de quien observa desde lejos. Inspirados por el lirismo laberíntico y fantástico de Joanna Newsom, el proyecto convierte el relieve venezolano —el mar, la ciudad, la montaña— en una fábula íntima. Las palabras de la vocalista, delicadas y fantasiosas, se diluyen en el viento paramero, mientras canta sobre una inquilina que se pierde en su habitación de paredes flotantes y marcha al ritmo de la infeliz Caracas.

Pico Mifés planta su semilla con “Lagar (demos)”, un EP de bocetos que no se presenta como un borrador o un proyecto a medias, sino como el zumo sin fermentar de la uva recién prensada en el lagar. Un fluido de recuerdos y sensaciones que aún burbujea.

Ser G Soul y facuthea – Negroni

Por Ian Isersky.

Cuando tenía diez años encontré a una cuadra de mi casa un pájaro con una pata quebrada, seguramente recién caído de un árbol. Con mi familia lo atendimos: lo llevamos a casa, lo vendamos, le dimos comida, le armamos una pequeña pajarera. Hasta le pusimos nombre. Al cabo de unas horas fuimos a revisar cómo estaba. La pajarera estaba vacía. Había salido volando. Al final solo necesitaba un nuevo hogar para volver a despegar. Eso es lo que Argentina representa para Ser G Soul. En “Negroni”, su segundo proyecto de larga duración, el rapero condensa sus años residiendo en Buenos Aires, rodeado de los colegas que lo acompañaron a recomponer su pata quebrada.

Anidado por su fiel facuthea, este ave inquieta revolotea entre drumless cálidos y se ayuda de las alas de nn.carvalho, alsina.carson, Santicuado.Q y Ralph Rolón -entre otros- para construir un nuevo nido. Si en “Latin Sunz” (2022) manifestaba la crudeza de la agenda venezolana en letras filosóficas, “Negroni” lo hace mediante relatos concretos. Sergio se expresa sobre las veces que bailó con la traición, la distancia y las malas miradas, pero también celebra haber encontrado una bandada que aletee hacia sus mismos valores. Si me lo permiten, creo que no hay mayor forma de redención. 

Raúl Monsalve y Los Forajidos – SOL [Olindo Records]

Por Agustín Wicki.

¿Qué tienen en común John Coltrane, el afrobeat y los tambores de Barlovento? Raúl Monsalve. Este caraqueño, residente en Francia hace más de diez años, es capaz de moldear ‘Like Sonny’ en ‘Como el Sol’, un trance que rejuvenece tobillos y espíritus por igual. Pero el fin de “SOL” no es baile, que es el medio, sino la liberación.

Recuperar el Vuelo’ es una antinana, un llamado a la acción. Hay call & response de Raúl con los enormes Carlos Talez y Lya Bonilla. ‘Hamaca’ explora la veta sanadora de la percusión. Son encuentros entre la herencia afrovenezolana y la historia de Egypt 80. No desde la nostalgia, sino desde la vigencia. Un sonido moderno que convoca a grandes maestros de varias generaciones, conectados por la necesidad de recuperar voluntades. La certeza que transmiten es tan simple como real como el recordatorio: ‘Tiempo que se va no vuelve’.

Nhil Ov Curse – MERENGOTHICA VOL 1 [Tropical Sadness]

Por Santiago Miranda Perez.

Conocido por ser un camaleón de géneros en su pequeño repertorio musical, Nhil Ov Curse combina la sátira en su lírica con una experimentación divertida y malévola por momentos. Ha coqueteado con sonidos del dembow, el Hip Hop y, en “MERENGOTHICA VOL 1”, con el merenhouse. Estos nombres tan despavoridos no deben engañar, ya que el autor tiene una particularidad y es la de romper cualquier barrera posible con ella misma. Para Nhil todo eso es un baile que perfecciona con cada pieza nueva. 

Pasado por una mezcolanza, con una ejecución rítmica en su producción merengue-house y agresiva en su pluma, Nhil busca un enfoque más identitario para lo que representa su arte, y eso lo hace tan magnético. Todo retumba con fuerza en temas como ‘E-LÓGICO’, que balancea su humor sarcástico para abrir un poco su persona y prender fuego a todo aquel que no haga arte sin sentimiento.

No me importa y no lo siento 
Pa’ mis cojones el respeto 
Incluso mi propia ciudad me puede mamar este güebo
E-LÓGICO

Nhil Ov Curse no va a dar explicaciones de su música que no son necesarias. Las mañas de un joven venezolano con un talento demencial están ahí para cualquiera que quiera oírlas, mientras él se aleja de cualquier definición convencional. Su música pone en coma a cualquier sifrino y a todo desertor de su arte lo deja atrás. 

García Gómez – Colonia & Eutanasia 

Por Manuel Márquez.

La guitarra en “Colonia & Eutanasia” ralentiza el tiempo y lo envuelve con una distorsión bluesera que contamina cada palabra. La voz se mueve dentro de este campo magnético con una calma pesimista, depositando imágenes líricas —»pájaros de miel», «lo de la luz va pa’ largo»— como objetos en un terreno inestable, que contienen el eco de la venezolanidad marcada por la decepción y la adaptación forzada. Este enfoque, donde la cantautoría y la desnudez se ven deterioradas por la electricidad, refleja el método de García Gómez como artista oriundo de los andes venezolanos: toma formas reconocibles de la tradición tachirense pueblerina y las somete a una presión que altera su sustancia, creando un compuesto nuevo de grietas y sedimentos irreparables.

La portada del disco, un autorretrato en óleo de García Gómez, sigue el mismo camino. La figura del hombre-monstruo apaciguado, con su piel verdosa, su sombrero de campesino y su botella de miche casero, reúne elementos del imaginario regional en su cuerpo transformado. Su quietud refleja la paciencia erosionada de la música; ambos son el resultado de un proceso donde, después de una mutación lenta y deliberada, alcanzan una forma inquietante pero familiar.

weed420 – amor de encava

Por Ian Isersky.

El electromagnetismo es responsable de las grandes fuerzas que circulan en este mundo. Una de ellas es la luz. Se produce sin importar la distancia entre partículas y sin necesidad de una materialidad que acompañe. Y así, intangible, construye realidades profundas. Verdades que impactan en cada paso que damos. Separados por miles de kilómetros, los weed420 se proponen construir un campo lumínico en el momento más sombrío de su tierra natal. Desde puntos remotos del mapa, demuestran que el desarraigo puede ser la fuerza que forje el más poderoso de los imanes.
amor de encava” es producto de una comunicación que, aún herida por la incalculable lejanía, no da el brazo a torcer. Será por SMS, walkie-talkie o crackeando un DAW en una laptop de dudosa calidad, no van a dejar de mandarse señales. El disco es un mapa de Venezuela hecho a ciegas por corazones sintientes. Sus relieves, pines y epígrafes alumbran un clima político que se ve a leguas aunque no siempre se escuche. Se trata de una experiencia 4D capaz de conectar con el corazón del conflicto al mayor desconocedor.

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