Hasta que un desierto me haya enterrado

Con una intersección de cloud rap y corrido tumbado, el mixtape del mexicano Lila Ragun ahonda tanto en los rincones oscuros de la memoria como en la imaginería post guerra contra el narcotráfico.

Cuando era chico, a inicios de los noventa, en la desértica y norteña ciudad de Torreón, México, las opciones de entretenimiento eran limitadas, por decir algo. A la hora de alistarse para el colegio, en la televisión local aparecía el payaso Vita Uva, quien solía tomar llamadas telefónicas al aire. Una de esas mañanas un chico llamó sólo para decirle “Vita Uva, ¡chingas a tu madre!”, la tradicional puteada mexicana, a lo qué el cómico sólo atinó a responder con su usual muletilla: “Ay, caray, caray”.

Lo anterior podría ser una leyenda urbana, de no ser porque quedó grabado en el imaginario de mi generación, con toda clase de chistes y rumores al respecto. Y si bien la transmisión original pertenece ya al mundo de la lost media, en aquella época todo mundo decía conocer a un amigo, primo o conocido “que le rayó la madre a Vita Uva”. De seguro hay mucha gente en Torreón que tiene un amigo que sigue jurando ser el autor de aquella provinciana broma. Y de seguro ahora pueden juntarse a fumar un porro escuchando los discos del torreonense Lila Ragun, donde el cloud rap convive con el corrido tumbado, mientras sigue indagando en los rincones oscuros de la Comarca Lagunera con una música que se alimenta de la sonoridad y la imaginería siniestra que dejó la guerra entre carteles del narcotráfico.

Hay algo en ese rostro difuso del payaso Vita Uva en la tapa de su más reciente lanzamiento, justo titulado "VITAUVA MIXTAPE", que apela a las numerosas capas de pasados que operan sobre la memoria, abriéndose paso a los backrooms de una conciencia generacional precarizada y violenta. No está de más recordar que entre los años más intensos de la disputa entre el cartel de Los Z con el Cártel de Sinaloa, en 2011 y 2012, Torreón estuvo entre las diez ciudades más violentas del mundo, con una tasa de 88 homicidios cada cien mil habitantes. Y más allá de las discusiones políticas y de seguridad, es inevitable constatar que aquella época dejó una huella, no sólo desde las heridas abiertas de la sociedad, sino también desde lo cultural y el imaginario. Y quizá no sea casualidad que la música de banda sinaloense y otros géneros del llamado “regional mexicano” hayan copado espacios tradicionalmente reservados a la cumbia en el consumo local.

El rap de Lila Ragún indaga en temáticas desolación, desamor, violencia y desierto, usando como vehículo la estética del corrido reciente, atravesado por el discurso del narcotráfico. La sorpresa es acaso esa textura más intimista, fumona, que nos arrastra con un sonido distorsionado, como si flotara fuera del tiempo en una norteñidad subvertida. Pienso que eso lo conecta de una manera u otra con los paisajes de collage hauntológico que construyen pares generacionales como weed420 o Los Thuthanaka, atendiendo a las desterritorialidades venezolana y boliviana, pero en Lila Ragun la memoria sigue enraizada a un aquí y ahora del que es imposible escapar. O como diría uno de sus versos: “Hasta que un desierto me haya enterrado”.

Axel Cuevas Uribe es el nombre detrás de este proyecto musical. Sus primeros tracks de R&B datan del 2020 en plena pandemia, pero apenas un par de años después aparece en Bandcamp "Idilios Norteños: Una Historia de Amor Suburbana" (2022) donde ya plantea un estilo en construcción: un rap melancólico que igual referencia a Frank Ocean como a Boards of Canada, pero que también comenzaba a nutrirse de la estética regional y la omnipresencia del desierto norteño como materia para sus metáforas.

Si el corrido tumbado, esa derivación de un sub-género regional conocido como sierreño, reivindicó el sonido folclórico de Ariel Camacho y lo vistió de ropa urbana al acercarlo a la estética del trap, Lila Ragun vuelve sobre los pasos de este sonido para deconstruirlo y distorsionarlo para sus bases. "VITAUVA MIXTAPE" es la segunda parte de una serie que él mismo titula “corridos narcológicos” que comenzó con "ÁNGEL CARRILLO MIXTAPE" (2024), que plantea otra referencia local: es el nombre de un conocido conductor de televisión de la región. Ahí ya desplegaba las texturas ensoñadoras de un cloud rap atravesado por las guitarras acústicas características del sierreño, pero ahora desbordadas de reverb, construyendo una ambientación oscura y opresiva a la vez.

"VITAUVA MIXTAPE" no hace más que ahondar en esta senda de perdedores y perdidos en un Torreón insolado y violento. “Nada duele más que la nostalgia, / Y lo digo mientras el machete recae en mi garganta”, anuncia desde el abridor ‘TERMAL‘, que en conjunto con ‘TEMPRA‘ no sólo forman una paronomasia, sino que sus guitarras acústicas proponen un paisaje más cercano al drone que al corrido. En cambio, ‘NIEBLA EN LA SIERRA‘ y ‘ÁNGEL AZULADO‘ la canción norteña domina la dinámica mientras Ragun rapea cual buchón nihilista: “¿Y a qué Dios escucho cuando hay claves en el viento? / Trabajando en mi muerte hasta que la pechera pese nada”.

LITEMPO‘ es un corrido tumbado en toda regla, donde los fantasmas de pasado y el futuro se confunden y se invocan en el sample inicial del último discurso de Salvador Allende, como si los militares del golpe de Chile fueran sicarios al servicio del Señor Tío Sam, recién egresados de la Escuela de las Américas.

Estése al tiro mijo
Que del boludo va a caer al mar
LITEMPO

Tanto ‘20‘ como ‘TORREON-LERDO‘ exploran el drumless con rimas impresionistas, mientras que ‘CERRO MUDO‘ reafirma el dejarse perder en el paisaje árido que afilan las cuerdas de la guitarra acústica y la voz: “Las tolvaneras me inundaron, / La arena borraba tu cara, / Y en el polvo / Buscaba, buscaba, buscaba, / Y tú ya no estabas”. Así Lila Ragun suena como si estuvieras en tu habitación en un malviaje, atrapado en tus pensamientos, mientras a lo lejos, en el patio, tus primos siguen escabiando con la música de Ariel Camacho y Junior H.

"VITAUVA MIXTAPE" se evapora entre humo y estática de televisión, como si tras esa peda hubiera quedado en repeat el mismo disco de corridos tumbados. Así, en volumen bajito, mientras en un rincón se proyecta un VHS con la imagen congelada de Vita Uva, para remarcar esa estética de infancia rota que se resiste a apartarse de nuestra memoria. Lila Ragun es un artista para seguir de cerca. Muy lejos de los nombres del mainstream mexicano tanto del rap como del corrido, que es al fin y al cabo donde residen (¿resisten?) los posibles futuros de ambos géneros. 


Escucha "Vitauva Mixtape" (2026) en Tidal, Apple Music, YouTube Music y Spotify:

Publicado el 27/08/2026