Ustad Nusrat Fateh Ali Khan y el espiral de la improvisación religiosa

Entre Asia del Sur y el cosmos hubo un vocalista que viajaba al improvisar: Nusrat Fateh Ali Khan. En una música que no se trata del individuo, el qawwali, este pakistaní vibró en una frecuencia completamente propia.

READING, UK - JULY 17: Nusrat Fateh Ali Khan, (1948 - 1997) at the WOMAD festival in Reading, UK, on July 17, 1993. He was a Pakistani vocalist, musician and music director primarily a singer of qawwali, a form of Sufi devotional music. Widely regarded as the greatest sufi singer in the Urdu language, and South Asia's greatest qawwali singer; he is often referred to as "Shahenshah-e-Qawwali" (Photo by David Levenson/Getty Images)

Unos quince hombres están sentados en posición de flor de loto sobre un escenario. Catorce de ellos están uniformados con camisas blancas de cuello mandarín. Todos tienen bigote y pelo negro como el carbón, incluso hasta los más niños. El hombre número quince, en la fila de adelante, vestido con una camisa rosada, sentado tranquilo sobre sus ciento diez kilos, levanta la mano y comienza el acto. 

Hay una breve introducción, como si fuera un tiempo para concentrarse o entrar en calor, donde los hombres de camisa blanca tocan las tablas y el armonio (instrumentos hindúes) hasta que se detienen y abren paso de nuevo al número quince: el gran Nusrat Fateh Ali Khan canta y con las manos dirige el ensamble; transpira; se conecta con la poesía que repite como un mantra; se enoja; sonríe; juega; lleva al límite a su coro; grita; cierra los ojos; gesticula; sigue transpirando. Es una experiencia religiosa: está en trance.

Las búsquedas por internet a veces llegan más lejos de lo que uno espera. Este mes, por ejemplo, me fasciné con el descubrimiento de la música pakistaní. Más precisamente con un artista: Nusrat Fateh Ali Khan. Detrás de esos cuatro nombres se encuentra una tradición familiar de seiscientos (¡seiscientos!) años de cantar qawwali, una música devocional de los sufíes. Al escuchar su voz queda claro que, después de tantas generaciones, esa genética lleva codificada algún gen particular para el canto.

Khan vivió en la segunda mitad del siglo pasado. Su rol es claro dentro de este género musical: el qawwal es el cantante, líder del ensamble musical y director de estas ceremonias religiosas. Se dedica a interpretar canciones tradicionales en idioma persa, urdu y punjabi. Asimismo, con el paso de los años, Nusrat Khan llevó esta música a escenarios internacionales (con Peter Gabriel y World Music), apareció en varias bandas sonoras, como la de “La última tentación de Cristo” y hasta grabó una colaboración con Eddie Vedder de Pearl Jam.  

Las canciones duran entre quince y veinte minutos. El qawwal suele comenzar con una improvisación vocal, libre de tempo y de base rítmica, para luego llegar a una especie de mantra o poema corto que se va a repetir en una llamada y respuesta con el coro.

Se improvisa: aquí es donde Nusrat Khan destaca por sobre otros cantantes y las canciones se llevan al extremo. La repetición interminable de esa frase es conducida hacia rítmicas complejas, ragas, escalas y modos melódicos hindúes, cambios de velocidad, y acompañada por un coro que estalla cuando Khan levanta su mano.

El resto de la formación es muy rudimentaria: unas tablas o dholak (tambores sudasiáticos), un armonio (pequeño órgano transportable), las palmas del coro o el público y ocasionalmente algún instrumento de cuerda como una tambura.

La duración de las canciones no es accidental. Si bien Spotify tiene versiones recortadas de tres minutos, las piezas de qawwali son experiencias religiosas que buscan un estado de trance que solo se transmite escuchando la versión completa. Nusrat Fateh Ali Khan juega con su voz, con el público también (vale la pena ver sus videos) e improvisa hacia un clímax donde destacan la potencia de su voz, su versatilidad y su timing para atravesar las distintas partes de la canción.

La repetición es un espiral hacia arriba. Las variaciones de una misma frase hacen que esta vaya perdiendo su sentido (que para nosotros que desconocemos esos idiomas ya no lo tiene, pero incluso conociéndolos, es solamente un mantra…). ¿Hacia dónde y hasta dónde puede llevarnos una sola frase? Nusrat Khan se planta en esa pregunta y la investiga en vivo, a fondo, empujando al ensamble y al público a seguirlo en las posibles respuestas, como lo hacían los mejores improvisadores en el mundo del spiritual jazz.

En este caso, los sufíes tienen una palabra para definir adonde quieren llegar: el wajd. Un estado de éxtasis espiritual, de pasión intensa, un estado del corazón de gran alegría o tristeza provocado por la oración o la música sagrada. De nuevo, esta vez desde Pakistán, la música y la improvisación tocando el límite de la emoción humana con lo divino. Las búsquedas por internet, como decía, a veces llegan más lejos de lo que uno espera.

Publicado el 20/09/2026

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