Reseñas

Meta-Punk contra la humanidad: Devo!

Despellejamos «Q: Are We Not Men? A: We Are Devo!» de 1978, el debut de una de las bandas más absurdas de la historia del rock, solo para trogloditas del espacio, nerds del BDSM y sonámbulos

DEVO es la banda definitiva. La más banda de todas las bandas. Es irrelevante su formación de quintento porque ni siquiera son humanos: son DEVO. Una unidad; específicamente una unidad de DEVO.

Sus componentes son inseparables. No hay Bob I sin Bob II, ni tiene sentido elogiar los méritos de cada instrumento cuando la performance es en combo. El extremo es tal que apenas han habido carreras por fuera de la banda. Mark Mothersbaugh se ha dedicado a los soundtracks (tiene en su haber ni más ni menos que Los Sims 2), pero para encontrar más allá de eso y la banda spinoff surf The Wipeouters hace falta diggear intensamente en Discogs algún crédito.

Su disco debut “Q: Are We Not Men? A: We Are Devo!” como objeto ya era extraño. En la portada se alinean una tipografía infantil para el nombre de la banda y una suerte de pelota de golf sirve de marco para un hombre aparentemente normal. Inquietantemente normal. Un NPC de rasgos ligeramente descuadrados que te mira sin mirarte. El título también es insólito, en dinámica de pregunta y respuesta, con la primera mitad en la tapa y la segunda en la contratapa, ambas prácticamente iguales. Para un poco más de misterio hay un sellado leve que reza “Actual Size” (tamaño real). Es verdad que para fines de los 70s todo se estaba poniendo raro, pero lo de Devo parecía no tener contexto alguno.

A medida que uno se acerca al objeto de estudio la fenomenología no se aclara, más bien lo contrario. Para 1978, el año de su debut, la edad promedio de Devo rondaba los 30. Estaba lejos de ser un proyecto producto del exceso de testosterona punk. Además los muchachos de una ciudad poco creíble: Akron, territorio con nombre de Pokémon tipo siniestro, del estado de Ohio. Si nunca escucharon el nombre del pueblo no es necesariamente por ignorancia en materia de geografía, Akron era y es irrelevante en el gran mapa estadounidense. En su entramado urbano no había tanto más que los restos de una industria automotriz en decadencia. Un escenario parecido, en menor escala, al de Detroit en los 60s, cuando esa tierra industrial deteriorada inspiró los monstruos garageros de MC5 y The Stooges. Y aunque el trasfondo de Devo haya sido similar, el marco teórico y la praxis fueron bien distintas.

El génesis de la banda fue en los Kent State shootings, una represión estatal en la universidad de Kent (ciudad a media hora en auto de Akron) a las manifestaciones en contra de la invasión estadounidense a Camboya. Ver morir a sus amigos por una causa justa, con la sensación de que no sirvió de nada, fundió cualquier idealismo juvenil. Era mayo de 1970 y su punto de vista cambió para siempre. Habían asumido que la humanidad no evolucionaba, sino que devolucionaba, y dado que para la nueva década todos los intentos de rebelión contra la máquina capitalista parecían haber fallado, solo quedaba la parodia. Si Devo es una unidad plural sin distinción individual es por mimetizarse criticamente con la homogeneización de las masas, la colectivización de la identidad.

A diferencia de la combustión espontánea de Stooges y MC5, en el trasfondo de Devo había un nervio intelectual que los convocaba a hacer arte de vanguardia influenciado de forma grosera (la única posible) por el dadaísmo y sus performances anti-todo. Para Devo la música era un código de expresión más, así como el cine, la indumentaria y más tarde el diseño industrial. Antes que con la difusión de sus sencillos se dieron a conocer con material audiovisual: “In The Beginning Was The End: The Truth About De-Evolution”, un corto sobre el retroceso biológico de la especie empapado por ironía e iconografía que marcó el new wave para siempre.

Devo era demasiado desarrollado para ser punk rock y demasiado demencial como para ser lo mismo que Blondie y The Police. Hicieron su propia escuela de new wave, desde la disidencia humorística y un art punk hipermecanizado que abrió las puertas para el zolo, la sátira y otras variantes de la nueva ola sin involucrar a Jamaica ni al pop. Si los 60s habían sido una mentira y los 70s una tragedia, Devo quería ser los 80s, especificamente música industrial de los 80s.

Por supuesto que las infulas de adelantados no iban con el público ex-hippie y obrero de Akron. Para conseguir shows decían que eran una banda de covers y en general sus recitales se terminaban en la apertura, cuando proyectaban su cortometraje en el escenario (medalla por pioneros ahí), o como mucho cuando empezaba la escatología performática. Nada más alejado al preconcepto de “banda nerd” que quedó con el paso del tiempo (presunción malfundada en su amor por la ciencia ficción) que los vivos de estos excéntricos amantes del porno y el ruido. En Akron eran sinónimo de asco. Cuentan que “sobrevivieron” a la ciudad. Pero muy temprano el boca a boca los fue expandiendo en forma de rumor a todos los países interesados en el futuro del punk.

Entre 1975 y 1977, la etapa ahora conocida como Hardcore Devo, eran salvajes uniformados. El sumun de la banda de culto. Su fama rara puso a su ciudad en el mapa, algo que hizo al mismo tiempo Pere Ubu con Cleveland, también de Ohio. En los medios especializados se hablaba del Akron Sound y el brutal genio de Devo. Stiff Records, sello británico que tenía firmados a Elvis Costello y The Damned, entre otros, editó una antología para difundir toda la camada de artistas emergentes: “The Akron Compilation”. Era la nueva meca y Devo los profetas, con creyentes a la altura de David Bowie, Brian Eno e Iggy Pop, que llegó a decir que quería hacer un disco entero de covers a Devo.

En “Punk: La Muerte Joven”, genial libro escrito por Juan Carlos Kreimer a fines de 1977, un año antes del disco debut de Devo, se los señala como parte de las mutaciones punk a futuro, luego de que el movimiento nazca y muera oficial y simultaneamente. Kreimer escribió: “Basta de ver a los cinco músicos de Devo con sus uniformes de médicos para entender el mensaje terrible de sus canciones. Sus shows incluyen escenas de ellos envueltos en plásticos, como si fueran placentas, juegos de niños que gatean entre cadáveres, operaciones de intestinos para extirpar objetos de la sociedad de consumo… (…) Sus imágenes son más agresivas que una revista de sadomasoquismo. Donde Sex Pistols convoca jaleo, ellos producen vómito”. 

[Paréntesis: Toda esta era de punk² mítica quedó registrada en un par de álbumes de archivo publicados en 1990 y 1991, los “Hardcore Devo Vol. 1 & 2”. Absolutamente dignos de toda la mística.]

Los primeros dos discos de Devo fueron un rescate de todo el material oscuro de la etapa Hardcore, las canciones originales llegaron para “Freedom of Choice” de 1980, lo mejor del periodo que comparten con “New Traditionalists” de 1981 y “Oh, No! It’s Devo” de 1982. Esos, sus últimos buenos discos, estaban destilados para mayor proyección comercial con influencias synthpoperas y menos momentos de tensión inspirados por aquellos monos canibales de cerebros de los que decían descender. “Q: Are We Not Men? A: We Are Devo!”, aún siendo el álbum debut, está en el medio de estos dos centros gravitacionales: El Devo mecano-cavernícola y el Devo sintetizado de masas.

Recién empieza el disco y como un trompo la electricidad de las guitarras gira y gira. Es ‘Uncontrolable Urge’, que abre, muta y marea las leyes de la termodinámica. Irradia nerviosismo y pide a los gritos saciar una necesidad indescriptible para la que no configura ninguna respuesta lógica, solo da la señal de crisis como una alarma. Es una histeria que no desborda nunca. Es metronómicamente perfecta en tiempos atípicos, lo que la hace más inquietante. Virtuosismo vía TOCs. Con ese sentimiento se propulsa ‘(I Can’t Get No) Satisfaction’ en uno de los covers más geniales de todos los tiempos, atornillado por la ansiedad al futuro de forma tan contundente que hace parecer a los Rolling Stones una reliquia de hace siglos. Para el minuto 20 de 34, ‘Gut Feeling’, Devo sigue insaciable, devorando por instinto todo, en la inconsciencia del consumismo.

El mongoloide, devolucionado modelo, traga sin saborear y es feliz sin cuestionamientos. Su main theme es la tesis central del disco. Devo le canta con voces en sintonía y boxeando bombos. Es el protagonista. Un jocko homo, devolución del homo sapiens, que vive en paranoia sin darse cuenta, obedece y le erra al agujero cuando coge.

And he wore a hat 
And he had a job
And he brought home the bacon
So that no one knew
He was a mongoloid — mongoloid!
His friends were unaware
Mongoloid — he was a mongoloid!
Nobody even cared

Mongoloid

Una fuerza presurizadora le da a los instrumentos la tenacidad new wave, encastrada con un espíritu punk corporativo. Brian Eno, productor de todo el disco con ayudas ocasionales de David Bowie, manufacturó sonidos sintetizados específicamente para la ocasión, lo que le dio a tracks como ‘Jocko Homo’ y ‘Shrivel-Up’ un sonido radioactivo, predecesor del King Crimson de “Three of a Perfect Pair”. La búsqueda de hacer “Outter space caveman music” (música del hombre de las cavernas del espacio) es lograda con la escalofriente eficiencia que los caracteriza.

Aun cuando toda la metalúrgica de Devo es hostil hay algo que excita. Representan una humanidad desalmada por sus propios tropos sociales y laborales, donde nada es un placer, todo es una necesidad, pero en su exageración aparece lo fascinante. Su música no es que sea pegadiza, es que es absorbente. Marcan patrones que podrían usarse en jingles y publicidades, bandas sonoras de cartoons y otros productos televisivos chillones.

En la parodia encontraron una rebeldía más inteligente que la de los viejos hippies y la de los jóvenes punks, ya todos cooptados por el sistema. Como una versión extrema del “Hoy en día si te querés rebelar, tenés que usar saco y corbata” de Santos en Los Simuladores, jugaron a ser una empresa. Al final tampoco pudieron escaparse del mercado, pero que bien que intentaron.

Recomendación Extra: “Contents Dislodged During Shipment” (1979)

Los Tin Huey, también nativos de Akron, tuvieron la oportunidad de exponer su trabajo gracias a la tracción de Devo a la escena de su ciudad y la aprovecharon en grabar su primer disco y el único hasta 20 años más tarde. “CDDS” parte de esa combineta imposible en la teoría que fue el Zolo, new wave y rock progresivo unidos en un mashup contradictorio, pero que en ocasiones como esta daba frutos. Especialmente en su lado B y temas como ‘Squirm You Worm’ y ‘Hump Day’ la cruza se hacia valer en manos del sexteto. La banda se mueve como una araña, al límite de su motricidad compleja y con una intensidad que es un espectáculo digno de escuchar.