¿Cuál es el lugar de un baterista en el Hip Hop? ¿Qué sucede cuando el groove que manda en una instrumental adquiere un tinte orgánico? La respuesta la guarda José Benitez.
Hoss es un fiel intérprete de lo que significa tocar wildstyle. Un baterista devenido en surfer devenido en baterista. Una antena para los moods más vibrantes que la música hispanohablante puede generar. Y, ante todo, el responsable de atmósferas que ayudaron a una gran parte de la escena rapera española a expulsar sus mejores versos. Su musicalidad oscila con proeza entre el jazz y el soul, creando ambientes propicios para enaltecer la palabra en tanto ritmo y profundidad.
Desde que era un chavalito curioso vagando por el sur de España, Hoss sabía que su relación con la música poco iba a tener de tradicional. Aún así, él sostiene que sus prácticas se convirtieron paulatinamente en ritual. En el acercamiento al instrumento lo lúdico tomó la delantera, pero si uno juega todos los días, el juego empieza a teñirse de deber.
Y así fue. La frescura lo acompañó en todos los proyectos que integró. En el conservatorio sus clases favoritas eran las de combo (lo que en Argentina llamaríamos “ensamble”). Siempre fue un bicho de grupos. Le fascina tocar con gente y hasta hoy es un firme defensor de dicha práctica que, además de una expendedora de adrenalina, es una enorme fuente de aprendizaje. Las ganas de saciar esta necesidad de encuentro dieron comienzo a BIG MENU, un multifacético trío que reunió a Hoss con Enric “Pein” Peinado y Pedro “Peter Party” Campos durante prácticamente una década.
Los BIG MENU pasaron sus primeros años a puro festival de jazz y siendo una banda soporte de lujo para figuras como Lil Supa o Dano (a día de hoy Hoss acompaña a este último en sus shows). En 2024 el grupo llegó a su fin, dejando como testimonios tangibles su EP colaborativo “REUNION” (2015), en el que groovean con creces junto a un fino seleccionado de artistas, y su disco “IDO” (2022), que une un notorio virtuosismo con un flamante espíritu veraniego. “IDO” es la última huella de una sinergia construida con los años. Es la llave al corazón de la música de BIG MENU y, a la vez, un último puente entre distintos archipiélagos de la música negra que quedará inhóspito hasta que una próxima banda se anime a tomar la antorcha. Mientras tanto, el legado menuísta sigue reverberando.
Con un nuevo hambre creativo como motor, Hoss se subió junto a DJ Swet a un barco llamado 1987. En su debut homónimo (2025), el dúo DJ-baterista se propone plagar Barcelona de instrumentales con jugo, pulpa y cáscara. Su expresividad en cada sample y drum break llena vacíos sin necesidad de excederse de elementos. ‘Ocho Barras’, anteúltimo track del proyecto, presenta una ruptura de esta inclinación minimalista al incorporar las voces de doce grandes figuras del Hip Hop hispanohablante contemporáneo, entre ellas Solo K.Os, Mir Nicolás, Zé Pequeña, Jonas Sanche y Faenna, además de los ya mencionados Dano y Lil Supa. Este cypher multitudinario da indicios de una nueva conexión posible entre expresiones artísticas que, aunque sean sustancialmente diversas, pueden circunscribirse en un contexto rapero. Sobre todo, da cuenta de un rol en la escena que sólo 1987 puede desempeñar ahora mismo. Aunque, como leerán decir a Hoss, eso no es lo que a él y a Swet más les interesa. Lo que quieren es llevar su groove al bioma de los clubes.
Este despliegue de proyectos, al que se le suman años de girar por el mundo en la banda de El Kanka, termina de constatar que el hilo conductor de la trayectoria de Hoss es la acción de acompañar. Acompaña artistas consolidados y en formación, grupos humanos fijos y rotativos. Y todo con la templanza de alguien que logra cautivar incluso desde el fondo del escenario. Hace años da clases en el mismo liceo en el que se formó. Allí promueve el valor del ensamble y la conexión, creando una cultura de la fuerza colectiva. Hoss se da la oportunidad de brillar recién cuando los que lo rodean brillan. Tal como una lupa con el sol.
Esta entrevista tuvo que realizarse en dos partes y por la mejor de las razones. La importancia que Hoss le otorgó desde siempre a hacer equipo se vio exponencialmente multiplicada por uno de sus hitos personales más recientes: hace pocos meses es padre primerizo. “También se acompaña en las malas”, dice sobre tocar en grupo. Y esto aplica todavía más a una tarea tan demandante como la paternidad. El estado de alerta se siente como un eterno drumroll, lo repentino de un llanto a medianoche puede remitir al estruendo de un crash y conservar la calma es tan desafiante como insertar un fill tocando a doscientos BPM. En el transcurso de mi estadía en Barcelona se nos interpusieron ensayos, lluvias, boletos de tren y vómitos neonatales. Afortunadamente pudimos insersecar agendas para dar vida a esta charla que, a mi modo de entender, radiografía la forma que tiene Hoss de comprender la música y, por ende, la vida misma.
¿Cómo mutó tu relación con la batería?
Lo que más siento que ha cambiado es que se ha convertido en mi trabajo. Es mi pasión, pero a la vez es mi trabajo. Entonces la tengo cerca desde los dos sitios. Cuando salgo a trabajar es por la batería y cuando quiero disfrutarla, también está ahí. Últimamente estoy intentando que mi relación sea lo más parecida posible a la que tenía cuando empecé, que sea una zona de juego. La primera batería que tuve estaba en el salón de casa y cuando volvía del instituto me quería sentar a tocar lo que sea. Quiero que siga siendo así. Obviamente vas desarrollando un montón de cosas. Llevo tocando desde los dieciséis. Un montón de tiempo [Cae en la cuenta y se ríe]. A este punto la relación ya se ha vuelto madura. Es diferente, pero intento que se mantenga esa frescura.
Antes de empezar me contabas que tenés tu espacio de ensayo, tus horas que dedicás simplemente a sentarte a tocar. ¿Cómo vivís ese momento? ¿Ayuda a conservar ese clima de juego?
Depende la época. Por ejemplo, el otro día hice algo que no hacía hace mucho que es pillar una idea de cero. Un video que estuvimos viendo con una alumna, de una movida de Justin Brown bastante jodida. Me puse de cero a ver qué coño hace. Y hace tiempo que no hacía eso, porque cuando tengo menos tiempo uso el ensayo más como gimnasio. Voy para estar bien técnicamente, por si me surge algún trabajo. Ese espacio ya se ha convertido en un ritual. Ir tanto tiempo solo todos los días, como la gente que tiene su momento en el día para hacer deporte. Pero últimamente, además de mantener el lado de gimnasio, estoy intentando sacarle punta a lo creativo.
¿Cómo vivís esa experiencia de dar clases?
He tenido siempre alumnos particulares, pero ahora entré a dar clases en el conservatorio superior del Liceo, que es donde estudié yo. Ahora estoy del otro lado. Maestro [Risas incrédulas]. Es brutal, porque te pone en jaque todo el rato. Cuando crees que hay cosas que las tienes claras, siempre algo viene a sorprender. Me pasa con lo que toco. Yo no he estudiado con método. Estudié tocando horas y horas con gente. No he seguido ninguna fórmula que diga: “toca la caja así, haz este ejercicio”. De repente venían alumnos a preguntarme: “¿puede ser que cuando haces esto pase tal cosa?”. Y yo decía: “mierda ¿cómo es que hago esto? Ni yo lo sé” [risas]. Entonces miré hacia adentro y pensé: “¿cómo puedo transmitirle esto a alguien sin engañarlo?”. Porque podría engañarlo: hay muchos videos que te muestran “cómo tocar como J Dilla en tres minutos”. Lo estaría engañando, porque yo no he aprendido así.
Llevo unos años metiéndome en la parte más psicológica y emocional, que no se habla tanto. Me estoy planteando estudiar algo de psicología y ver qué onda. Es donde más carencia veo. Porque hoy la info está en todos lados. Si quiero puedo buscar cómo toca Steve Gadd o el baterista de Lady Gaga e imitarlos. O mismo mediante ChatGPT. Pero creo que falta el por qué buscas eso. La pasión. Tengo alumnos que cuando les pregunto por sus gustos, quedan en silencio. Si no hay nada que te apasione, ¿qué te mueve? Digo porque yo aprendí así, apasionado. Pienso que esa es la manera. Por lo menos para mí y por ahora. No sé si dentro de unos años habrá otra. Si pones aquí a una persona de los 60 y le muestras cómo se vive la música ahora, en ese momento era imposible pensarlo. Que puedes tener un tema en el móvil, por ejemplo. Pero bueno, yo tengo apego a eso de los rituales, a dedicarle tiempo a las cosas, porque sino todo son cápsulas. “Cómo tocar como Dave Grohl en dos minutos”. Guau ¿en dos minutos vas a explicarme cómo toca Dave Grohl? Joder, te estás perdiendo muchas cosas, ¿sabes? No lo digo por mí, lo digo por mis alumnos. Dedícale tiempo. No tienes por qué, pero yo creo que sí. Sino cuando encuentres ese vacío, ¿qué haces?
Entonces no es formar solo en técnica, sino en mentalidad para con el instrumento.
La mentalidad hacia la vida, en realidad. Hacia las relaciones personales, incluso. Tinder está brutal, pero a veces todo se reduce a “quiero todo ya” o “quiero llegar a casa y que nadie me incomode”. Los lugares para conversar son importantes, tanto como los lugares para tocar con gente. El otro día en una reunión del conservatorio hablamos de que parece que hay gente a la que no le interesan las clases de combo. Les da igual. ¡Hostia! Si tocas solo todo el rato, nadie te va a decir nada. Estás tú solo frente a tu productividad y tu frustración. Te pueden llegar comentarios en redes como “qué mierda de patrón”, pero no es lo mismo. No terminas de entender con qué intención te lo están diciendo. Tocar con gente es más real. Muchas de las cosas que he aprendido fueron tocando con gente.
Varios de los proyectos que integrás te involucran desde el lugar de acompañar. ¿Se puede brillar acompañando? ¿Cómo transitás ese rol?
Me gusta bastante. Yo tengo ascendente en virgo y tenemos esta cosa de bancar ahí. Me gusta apoyar las buenas ideas, hacer equipo y sumar desde mi sitio. Eso es algo que también enseño mucho en clase. Alumnos que no encuentran la forma y me dicen: “estaba en clase de combo viendo cómo tocar un rollo más Dilla”. Les pregunto: “¿pero dónde lo estabas tocando?” y me dicen: “en un tema de Roberta Flack”. No tiene ningún sentido. Con la batería es como con los amigos o la familia. Hay situaciones en las que solo con estar, pillar un café o traer un agua no hace falta decir nada. Cuando me preguntan por bateristas que me gustan, suelo pensar en bateristas de bandas, porque se dedican justamente a acompañar. Hay un pavo que me gusta mucho que se llama Homer Steinweiss. Lo conocí por el disco “Back to Black” (2006) de Amy Winehouse. Después descubrí que tenía una banda que se llamaba The Dap-Kings, que formó parte de un sello llamado Daptone Records y que grabó muchas cosas con Bruno Mars y Mark Ronson. El tío lo que hace es acompañar. A mí lo que más me gusta es acompañar buenas canciones. Con El Kanka me pasa eso. Quizás no sea full mi estilo, pero son buenas canciones y lo disfruto.
Retomo tu metáfora de los amigos: acompañar una buena canción es como ver que a un amigo tuyo le va bien.
Totalmente. También se acompaña en las malas. Tenemos que tener herramientas para ser solucionadores. Cuando ni las condiciones, ni los instrumentos ni las canciones son las mejores, tú tienes que estar ahí e intentar que eso crezca. La batería a veces es hacer nada. Otras, al sonar más fuerte que el resto por naturaleza, tienes la facilidad de con un solo golpe ayudar a seis personas.
Compartiste con muchos artistas. Si tuvieras que mencionar alguien con quien conectaste de una forma especial en el estudio y en vivo, ¿quiénes se te vienen a la mente?
En directo, con Julián Sánchez, un trompetista. Es con los que más lejos he llegado en cuanto a sensación a la hora de tocar. Sentí una adrenalina extrema de decir “¿a dónde lleva esto?”. Él estuvo muy metido en el free jazz y gracias a él aprendí mucho de impro. Julián es muy especial. Y en el estudio con quienes más he conectado ha sido con BIG MENU. Éramos un grupo de amigos con una búsqueda muy concreta. Nos salían cosas que solo pueden salir cuando llevas tocando con la misma gente durante diez años.
A un año y medio de que BIG MENU haya cerrado sus puertas. ¿Qué sensación te queda? ¿Tenés las paces hechas con ese cierre de ciclo?
Sí, pero tengo una espina: me quedé con ganas de ir a Latinoamérica con “IDO”. Creo que el disco se hubiera entendido mucho mejor allí. Aquí gustó mucho, todo el mundo hablaba de ello, pero no hay tanta cultura de bandas como en Argentina, México o Chile. Allí la gente está acostumbrada a escuchar eso. Aquí nosotros éramos los más conocidos del under y los más under de los conocidos. Me quedo con esa espina, pero también pienso que todo pasa por algo.
Eso nos lleva a 1987. ¿Qué relación tenías con Swet antes de empezar el proyecto?
No sé cuándo nos conocimos ni recuerdo cuándo supe de él. Puede ser que por Hugo [Escandaloso Expósito], que fue quien le contagió las ganas de lanzar música propia. Me pareció interesante que Swet no era el típico DJ, ni un capo de la técnica, sino que tenía su propia movida musical.
¿Y recordás algún momento o conversación que llevara a crear 1987?
Con BIG MENU teníamos un disco conjunto con Swet. Estuvimos dos días en un estudio e hicimos como veintidós tracks. Se fue extendiendo en el tiempo y nunca lo terminamos. Yo ya llevaba quedando con Swet algunos días, viendo cosas de música. Y hubo un momento de una sesión en el que Peter y Enric se metieron en el control. Preferían no tocar y agarrar buenas ideas nuestras. Empezamos a tocar y salía una idea tras otra. Ahí dijimos “tenemos que hacer un dúo”.
El disco transmite la sensación de que lo hicieron jugando. ¿Cómo fue el proceso de hacerlo?
Así, jugando. Quedamos en su estudio, él me tiraba samples, yo tocaba y le íbamos dando forma. No dedicamos tanto tiempo a editar después de grabar. Muchas cosas quedaron tal como las hicimos en ese momento.
¿Llegaron a loopear baterías o quedaron todas las tomas de corrido?
Si loopeamos algo es porque pensamos que podía sumar mucho al tema. Sino, en general me hago tomas de tres minutos, porque a veces surgen ideas y si nos gustan podemos volver a grabarlas. Algunos patrones son super sencillos, pero me gusta hacer tomas enteras.
Por la cantidad de gente que participa, Ocho Barras es prácticamente una radiografía de escena. ¿Cómo se formó ese junte galáctico?
Queríamos meter una colabo en el disco. Y de lo que habíamos hecho con BIG MENU, había un beat que a Dano le encantaba. Entonces dijimos: “hagamos un tema con dos colabos”. Pues entró Dano, no sé quién vino después. Luego: “oye, me ha dicho tal que el beat le ha encantado”. Bueno. “Oye, que tal me ha dicho que…”. Venga, genial, cuatro colabos. “Que me ha dicho tal”, “que me escribió tal otro”. Terminaron siendo doce. No nos quedó otra que hacer esa salvajada. Habíamos hecho cyphers así, pero un tema nunca. No lo vamos a hacer más [risas].
Ni me imagino lo que fue gestionar eso.
Sí, fue un trabajo hablar con cada uno. Lo bueno es que todos se fueron sumando de onda y con cariño. No sé si todo el mundo tiene la opción de ir llamando a puertas y preguntarles: “¿te gustaría?”. Y de repente tener a gente con el recorrido de Jonás Sanche es increíble. Muchos son amigos, pero somos conscientes de que son grandes artistas y que están poniendo sus diez pesitos para estar. Redujimos el tema a ocho barras para que no durara doce minutos ni fuera mucho lío. Quisimos que cada uno escriba sus mejores ocho barras y ya está.
Por lo que decís de la buena onda: esta es de esas cosas que solo pueden nacer orgánicamente en un “escuché esto, me gustó, me sumo”.
Realmente fue muy así. Alguna que otra fue como: “tío ¿y si le decimos?”. También nos pasó que nos digan: “cabrones ¿por qué no me llamáis?”. Tuvimos que andar con mucho cuidado, porque un montón de gente tenía el beat. Hubo un punto en el que dejamos de pasarle la maqueta a gente que no participara en el tema. O pasábamos el beat sin los versos, para que no salieran con “yo quiero ir detrás de tal”. Nos íbamos a volver locos sino.
¿Qué potencial le ves dentro de la escena Hip Hop a un proyecto como el de ustedes?
Yo lo veo bien. Ahora estamos en la de que la gente no nos vea tanto como un proyecto de Hip Hop. Con lo próximo que saquemos se va a entender un poco más, porque tiene un espíritu más de club. Queremos ir por una onda más bailable. En el primer disco ya está ‘Aerosol’, que tiene un poco esa onda. Esa es nuestra intención. Tenemos ganas de hacer música instrumental que pueda estar en un ámbito de jazz, pero también en un club.
Es que al ser un DJ la mitad del grupo, hay mucho lugar para lo bailable…
Además los dos tenemos universos que coinciden mucho, que no son por los que la gente más nos conoce. A Swet se lo conoce más por ese rap oscuro, que le sale increíble, pero tú lo ves haciendo una sesión de dancehall y es una locura. Y a mí me encanta el mundo del afro, del garage, del jersey. Ya le estamos metiendo a eso. Queremos romper esa barrera, que nuestro público se mezcle. Que el Hip Hop esté, pero también darle lugar a lo otro. Con BIG MENU ya lo hacíamos. Metíamos en un mismo sitio a gente del conservatorio y a peña del mundo del rap. Me acuerdo que tocamos en el festival de jazz de Cádiz y vinieron a escucharnos todos los raperos. Eran cincuenta personas bebiendo, pero si mirabas alrededor era un parador todo lujoso. Y me encanta esa combinación. Estamos en 2026, ya está la bromita del eyou eyou.
¿Hay algo más que se pueda contar del próximo disco?
Estamos en proceso. Tenemos muchas ganas de meterle, aunque nos está costando juntarnos. Este disco va a tener más colores que el primero. Va a haber raperadas, porque a los dos nos encanta, pero queremos que haya una apertura hacia otro tipo de colaboraciones. Colaborar con músicos, gente de fuera. Hay cosas que tenemos definidas, porque las grabamos hace tiempo, y otras que no están ni grabadas. Pero estamos tranquilos con eso. Lo que sabemos es que no va a quedarse en el rap, pero en definitiva todo remite al Hip Hop. Si escuchas un tema de Pharrell, aunque sea otro plan, todo viene de ahí. En España cuesta un poco entenderlo. Cuando hablas de Hip Hop se asocia directamente al eyou eyou. Pero el Hip Hop es gigante. Hay gente super rapera aunque no haga rap. A mí no me gusta separar las cosas, porque todo se junta en algún sitio.
Me interesó esta idea de tocar en clubes ¿Cómo te imaginás un show de 1987?
Yo me imagino un club, un show de luces increíble que vaya a full con el repertorio, y la gente disfrutando. Un ambiente muy nocturno. Que sea una experiencia cercana a la sesión de un DJ, pero no la típica que es pasar música y listo. Una sesión de ese DJ al que vas especialmente a escuchar, solo que también hay una batería y van subiendo otros músicos.
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