Un recorrido sobre el legado que carga el apellido Berbel para la cultura neuquina en uno de los discos más interesantes del folklore patagónico: «Pensaba, Nomás Pensaba» (1970) de Hugo Berbel.
Una guitarra criolla empieza a puntear una milonga. De fondo se escuchan las suaves distorsiones de un vinilo viejo. Cerrás los ojos y, como si fuese un sueño te sentís a la orilla de un río que nunca viste; y así, como si fuese un sueño, recorrés la ciudad de Neuquén. La voz de Hugo Berbel hace de guía, llevándote del Limay a las bardas. Por unos minutos, lográs sentir una nostalgia por un lugar que quizás no hayas visitado. Sin saberlo, fuiste espectador por unos instantes de la Patagonia de los años 70: esa es la magia hipnótica y etnográfica de discos como “Pensaba, nomas pensaba” de Hugo Berbel. Un artista argentino, sí, pero sobre todo localizado en la provincia de Neuquén.
En este lado del país, el apellido Berbel está muy arraigado a la cultura local. Los portadores de dicho apellido fueron esencialmente artistas, empezando por Marcelo Berbel, reconocido poeta y músico de folklore que compuso muy posiblemente las canciones más importantes de la provincia. Por ejemplo ‘Neuquén Trabun Mapu’, que es el himno regional. O también podría traer a conversación ese famoso loncomeo que es ‘Quimey Neuquén’, que conmovió a los más propios, como José Larralde, y a los más ajenos, como aquel muchacho que la eligió para ser soundtrack de “Breaking Bad”. Así como esas, Marcelo Berbel hizo centenares de canciones y nombrarlas desembocaría en una cascada interminable. El punto es que su aporte para la cultura neuquina es indiscutible.
Marcelo Berbel.
A Marcelo se le suman sus hijos Hugo, Nestor y Marité Berbel, quienes en épocas distintas supieron conformar el grupo Los Hermanos Berbel, encargados de interpretar muchas de las canciones de su padre, haciendo un gran aporte a la música patagónica tanto en formato conjunto folklórico como en carácter de solistas. “Pensaba, nomás pensaba” es uno de ellos. Un disco que se puede definir como la esencia del vivir y el ser neuquino de finales de los 60 y principio de los 70, condensado en 38 minutos de cantos de amor a esta tierra.
Algunos de los poemas de este álbum ganaron nuevos significados con el paso del tiempo y el avance de la ciudad sobre la naturaleza. Este es el caso de ‘Dulce Limay’ y ‘Por las bardas’, dedicadas a escenarios de Neuquén que si bien eran parte de la vida urbana, no tenían ni de cerca el nivel de intervención arquitectónica que tienen ahora. En este contexto, las dos piezas no son solo un canto a los paisajes que uno podía recorrer en esas épocas, sino que también son un registro poético e histórico de lo que fueron esas zonas. En la actualidad, sobre las bardas se erigieron grandes barrios, gimnasios y supermercados. Mientras que el río Limay es el principal atractivo turístico de la ciudad. Obviamente, el crecimiento de la ciudad es inevitable y no es la intención de esta reseña plantearlo como algo intrínsecamente negativo, pero mucha de la magia que tienen estas canciones está justamente en la nostalgia de eso que se perdió.
Yo te he visto en el lago profundo y claro, que te dio el ser y hoy te vuelvo a ver, espejo del sol, espuma y fragor, besando el Neuquén Dulce Limay
La música de los Berbel también tiene unas características muy particulares que los posiciona inmediatamente como sujetos habitantes de una región y que los diferencia de otros grandes compositores de folklore: la utilización de palabras propias del mapudungun y la cercanía con la Cordillera de los Andes. ‘Luna y michay’ aúna estas dos condiciones. Por un lado está basada en el ritmo de la cueca, un estilo folklórico propio de Chile y de algunas localidades cordilleranas de Argentina; mientras que la letra está dedicada al michay, una flor amarilla muy típica del oeste de la provincia, que recibe su nombre de la lengua mapuche. Esta pieza, con tan solo un nombre y un ritmo, logra demostrar qué es lo que diferencia al folklore neuquino del que se ejecuta en el resto del país: la cercanía con la cultura musical andina y la inspiración poética de sus lenguas nativas.
Mi beso mordió tu boca Tu boca mordió el michay Luna y Michay
Si bien el sentimiento predominante del álbum descansa en la nostalgia y el amor, también por momentos se dejan ver reflexiones un poco más críticas o tristes. Estamos hablando de temas como ‘Destino de ladrillero’, que abre el LP y que es de un carácter social tan punzante que su letra fue interpretada por la banda de thrash metal Malón en ‘Cancha de Lodo’ de su debut. Una canción que habla de una realidad tan injusta y desoladora como la del que trabaja para hacer ladrillos, una milonga que cuenta el mal pasar de un trabajador encarnando en él a muchos más en situaciones similares, un relato de tal ejecución que recuerda al ‘Payador Perseguido’ de Atahualpa Yupanqui.
Tengo las manos partidas de hacer ladrillos ajenos se está metiendo en mi sangre el barro del pisadero Destino de ladrillero
Más abstracto es su tema lírico es el track que le da título al larga duración. ‘Pensaba, nomás pensaba’ explora otra fase de la poética de los Berbel. Su letra está dedicada al acto de pensar, entendiendo los sueños y las ideas como algo vivo que, así como nacen, pueden morir. Una reflexión sobre lo que se piensa y de cómo ese producto humano puede convertir a un ser en inmortal en tanto esa idea, esa luz, se mantenga en el tiempo aunque su ideólogo haya fallecido. La línea final de este poema cuestiona quien lo canta: “Yo quedaré o me haré noche”; tal vez haciendo frente a la propia mortalidad y trascendencia del artista. Toda una premonición del destino comercial del álbum: un trabajo que durante mucho tiempo estuvo perdido del circuito de ventas, que no fue digitalizado sino hasta el 2024, pero que, mientras se sigue enseñando en las escuelas y tocando en las peñas, logró la inmortalidad.
El mundo en que hoy habitamos está tan globalizado que lo que se busca en la música es reafirmar la identidad local. Algunos de los grandes lanzamientos actuales son valiosos en parte por ese acto de reivindicación. Por eso también es importante guardar y reescuchar los testimonios de época que dan cuenta cómo era algo en un momento determinado. Y si ese algo además es tan importante como la cultura de una provincia, suma demasiado en valor como documento artístico. Ese es el invaluable aporte de discos como este: preserva algo tan intrínseco del ser como la identidad y canta invocando a la memoria.