Reseñas

Shame –
Drunk Tank Pink

¿Cuántas bandas gloriosas pueden salir de grupos de amigos hechos en colegios británicos? El contador no para de subir y cada vez es más necesaria una explicación de por qué, cuando la música se individualiza más cada año, estos colegios funcionan como el mejor semillero de grupos virtuosos. Este fenómeno lo ejemplifican los shame, centenniales practicamente imberbes del sur londinense.

El 15 de enero salió “Drunk Tank Pink” y se convirtió en el primer contendiente serio al disco del año, especialmente para el ámbito rockero. Una obra superadora de su debut, “Songs of Praise” (2018), en creatividad, performance y producción, pero a la vez imposible sin la experiencia que les trajo. Sus vidas tranquilas de jovenes primermundistas fueron sacudidas por el estrés de salir de gira y, aunque sin encarnar la figura de rockstar (debidamente inexistente en esta generación), ser el foco de todo. Esa alienación fue determinante para encarar su segunda obra, grabada cuando recién comenzaba la pandemia en Europa.

La crisis y el autoconocimiento van entrelazándose en este disco, mientras la instrumentación suena cañón. La mano del productor es fundamental para ese logro y el responsable es James Ford, histórico en ese rol para los Arctic Monkeys. Los shame tienen prestigio de ser brutales en vivo y “Drunk Tank Pink” se encarga de representar esa potencia. Dos guitarristas, un bajista, un baterista y un cantante, todos luciéndose al mismo tiempo en un espectáculo que hacen parecer fácil de coordinar.