Trío Oriental en Jazz Voyeur: cuando el candombe invade la elegancia

A fuerza de síncopa, virtuosismo y pasos de comedia, Hugo Fattoruso, Daniel Maza y Fito Miodownik transformaron la solemnidad de un hotel de lujo en un espacio de complicidad candombera. Crónica de una noche donde el ritmo le ganó a toda distancia formal.

Hay una contradicción estimulante en la noche porteña cuando el candombe cruza la puerta de un subsuelo elegante. Jazz Voyeur, encajado en la arquitectura refinada e íntima del primer subsuelo de un hotel de lujo, propone de entrada una atmósfera solemne y de etiqueta. Sin embargo, apenas las luces se atenuaron y el Trío Oriental pisó el escenario el pasado viernes 24 de julio, esa distancia formal se disolvió de golpe. Como si el Río de la Plata se filtrara por las paredes del hotel, el espacio refinado quedó subordinado al pulso caliente de tres referentes absolutos de la música de acá: Hugo Fattoruso, leyenda viva que trasciende generaciones desde Los Shakers y Opa; Daniel Maza, virtuoso del bajo y frontman carismático por naturaleza; y Fabián "Fito" Miodownik, un motor rítmico implacable en la batería. En sus manos, el virtuosismo del jazz fusión pierde toda pretensión de snobismo para convertirse en una celebración viva y compartida.

Arrancaron con los tres temas del disco que, como en la grabación, son un “compactito” en el que se encabalga un tema con otro: ‘La explicación’, ‘De madrugada’ y ‘Candombe re si fa’. Mientras que el primero sirve como una suerte de intro al álbum, siendo lento y apacible, el segundo se destaca por ser la única canción del disco con letra, cantada por Fattorusso con su voz aterciopelada por los 83 años de vida que lleva con orgullo. Lo siguieron sin pausa con ‘Candombe re si fa’, que ya muestra un elemento que será clave en toda la presentación y que caracteriza el sonido de la banda: el bajo de Daniel Maza, que tiene una clara influencia de Jaco Pastorius e, inevitablemente también, de Pedro Aznar.  Esto le brinda a la performance una velocidad y un ritmo que hasta entonces no tenía. Maza repite la línea de bajo una y otra vez con ligeras variaciones, dándole el marco perfecto a la Fattoruso y a Miodownik para poder improvisar, cada vez con mayor intensidad. Entre el piano percusivo de Hugo y la batería elástica de Fito, la improvisación deja de ser un mero alarde de destreza para volverse un diálogo colectivo encendido por la clave del candombe.

Al terminar esta primera parte, se presentaron uno por uno y, así, comenzaron unos pequeños pasos de comedia que funcionaron tanto para romper el hielo con el público como para poder descansar entre tema y tema.

Siguieron con algunos standards y luego con varios temas de Maza. El primero de ellos fue ‘Kandorina’, un especie de bolero pero que el propio compositor presentó como un “milongón”: esto es, una variante más pausada y pesada que la milonga tradicional, proveniente del candombe uruguayo y de la cultura afro-montevideana. A lo largo del tema, Maza mantiene esa cadencia lenta, sensual y melancólica, con un swing cadencioso donde los tambores toman mucho protagonismo. En otras palabras, el bajista aprovecha el tempo lento y la atmósfera íntima del milongón para inyectarle la sensibilidad melódica, el lirismo y la intención dramática del bolero. La pieza funciona así como una lección de síntesis cultural: la raíz folclórica no se destruye con la sofisticación del jazz, sino que encuentra en ella un nuevo espacio de resonancia.

Sin embargo, lo interesante de la canción no era solo la música, sino también la anécdota que con la que Maza lo acompañó: contó que el tema era tan bueno que dudaba de que fuera de él; temía estar plagiandolo involuntariamente. Entonces, como le gustó tanto y no se resignaba a abandonarlo, invitó a amigos a escuchar el tema. Cuando terminó, les preguntó “¿lo conocen?”. “No”, le decían todos. “Entonces, es mío", dijo él. Con breves intervenciones como esta, tanto Maza como la banda en su conjunto se ganaron rápidamente la simpatía de la gente, que aplaudía escandalosamente al término de cada tema.

Otro ejemplo de esto es la canción que siguió. Maza contó que en la pandemia no tocaba el bajo, que no le salía, que no le interesaba. Entonces, se puso a hacer pan, como todos en la pandemia según él. Pero, de repente, un día volvió a tocar y compuso un tema llamado ‘El danzón’. Por supuesto que solo había compuesto la línea del bajo, por lo que llamó a Hugo para que le agregue los teclados. Contó que, cuando lo llamó le preguntó “¿qué andás haciendo?”. “¡PAN!”, dijo Hugo, comentario sencillo pero que el auditorio estallara en risas inocentes. Además, Maza contó sobre el tema: tomó el ritmo cubano llamado “el danzón”: conocido por ser considerado el baile nacional de Cuba, este género se caracteriza por apoyarse en una síncopa particular llamada baqueteo que marca un pulso constante pero descansado. A esto, agregó: “vieron que a nosotros, los uruguayos, nos gusta agarrar las cosas y…!”, e hizo sucesivos gestos de contorsionismo y retorcijones con las manos. Es decir, el Trío Oriental no se limita a hacer una versión "de museo" del género cubano, sino que demuestra la plasticidad del jazz latinoamericano al emparentar la elegancia habanera con la soltura del Río de la Plata: Maza aflojó los tiempos para dejar entrar el baqueteo cansado del danzón, convirtiendo, de repente, el subsuelo del hotel en un salón de baile típico de La Habana.

Al terminar, dijo Hugo: “ahora seguimos con un tema…”. Intercambiaban miradas con Maza. Silencio. “Ahh sí, ¡es mío!” dijo Maza. Contó que siempre quiso tocar como Jaco Pastorious, pero nunca pudo. Entonces, compuso este tema "apastoriuzado”, literalmente llamado ‘Candombe apastoriuzado’: un bajo frenético que rinde homenaje a uno de los padres del bajo moderno, que se caracteriza por ser fretless (sin trastes) y por tener un sonido mucho más melódico que el típicamente grave. Fiel a este estilo, Maza tocaba muy cerca del puente del bajo, logrando un efecto seco, nítido, bailable y lleno de medios. Con esto, el bajista usa el humor en el título para "desmitificar" la complejidad técnica del jazz: más que una demostración estéril de velocidad, de mera virtud volcada a efectos pirotécnicos y artificiales, Maza logra un candombe enérgico pensado para hacer mover los pies.

Finalmente, como último tema tocaron ‘Mama vieja’ de Eduardo Mateo, un clásico del rock uruguayo. La versión del trío se caracterizó por ser pesada, bien rockera en las partes cantadas, pero también por agregar varios pasajes de improvisación propios del jazz-candombe que ellos hacen. No hay que confundir esa elección con la nostalgia; se trata de una reivindicación del árbol genealógico que los sostiene: la figura tutelar de Mateo funciona como el nexo perfecto entre el cancionero popular y la experimentación rítmica. El trío estiró las estructuras de la canción original, alternando el peso directo de los riffs con fraseos de bajo melódicos y pasajes de piano torrenciales donde Fattoruso volvió a demostrar por qué es un pilar histórico de nuestra música. La tensión entre la contundencia del rock y la elasticidad del candombe encontró en esta interpretación su punto más alto.

Escuchar en vivo a estos tres maestros deja una certeza: el verdadero secreto del Trío Oriental no reside únicamente en la técnica impecable ni en el dominio enciclopédico de los lenguajes latinoamericanos. La clave está en cómo administran la energía de la noche, alternando la potencia física del candombe-fusión con la pausa necesaria de las baladas y los milongones. En ese vaivén constante entre el desenfreno rítmico y el respiro contemplativo, los uruguayos demostraron cómo se dialoga sobre un escenario, convirtiendo la intimidad del subsuelo en un espacio de pura complicidad colectiva.


Escucha "Trío Oriental" (2019) de Hugo Fattoruso, Fabián Miodownik y Daniel Maza en Tidal, Apple Music y Spotify:

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