Willie Colón: ¿Qué significa ser una leyenda?

Nos toca despedir a una luminaria. El corazón de Fania y la música latina en Nueva York, el cómplice perfecto para Héctor Lavoe y Rubén Blades, el que firmó la bravura de todo un mundo.

Retrato del artista de salsa estadounidense Willie Colón

Enfervorecidas son las caracterizaciones que hoy suelen hacerse sobre los artistas. Todo quema, todo explota en hipérboles y fuegos artificiales de adjetivos que, ya sean peyorativos o puro hype, tomamos con fuerza y soltamos rápidamente, como si lastimara ocupar mucho de nuestro tiempo en complejizar algún análisis, alguna crítica.

Más que nunca puede verse, sin embargo, qué obras sobreviven al tiempo. Qué estilos han mapeado la música que heredamos. Qué rasgos fueron adoptados irremediablemente por generaciones posteriores de músicos.

¿Qué significa, entonces, ser una leyenda? 

Nos empuja la actualidad, enredados en algoritmos ajenos, hamacados por la velocidad permanente con la que nos movemos hacia quién sabe dónde, a pensar las cosas en cifras. Más de cuarenta discos tienen la inconfundible mano del gran Willie Colón, tanto como solista como codo a codo con Héctor Lavoe, Rubén Blades o Celia Cruz. “El Malo (1967) fue publicado a sus jóvenes 17 años, mientras que su último disco en vivo vio la luz en 2011, hace no más de quince. ¿Acaso es ese el motivo por el que podemos hablar de un músico legendario?

¿Qué tal la calidad, entonces? Como trombonista destacaba no únicamente (ni especialmente, de hecho) por su virtuosismo clásico, como seguramente podríamos oír decir a los especialistas en vientos más valorados por las élites de la música internacional. No recorrió, tampoco, los carriles convencionales en los que la última parada que suele divisarse es la consagración.

Y, sin embargo, que alguien se anime a decir que Willie Colón no fue una leyenda. ¿Por qué este músico de origen puertorriqueño nacido en el Bronx y educado en ritmos clásicos de su tierra y de otros territorios latinos, como el bolero, el son cubano y el tango, fue una leyenda? 

Corresponde comenzar tomando en cuenta el mundo antes y después de su música. A través de la enormidad de su antología Willie Colón supo contribuir inequívocamente a las nuevas definiciones que gobiernan hasta nuestros días cómo el mundo ve, oye, boceta y describe la música latina. Incluso quizás en contraste o enriedo con otras músicas: recordemos su exploración del jazz, el rock, el soul o la bossa nova. Ladrillo a ladrillo, sus trabajos fueron aportando el maridaje de la firmeza de las raíces originarias de los ritmos latinos con un fresco aire que los mantenía vigentes, dejando taxativamente de lado las voces que creían que sólo había una forma de componer música de origen caribeño. Como letrista y como showman, además, un híbrido entre gangster vanguardista y dandy vieja escuela.

Sus canciones se encolumnaron en discos que conjugaban en la salsa (acaso el nacimiento de la salsa que conocemos hoy, con sus especificidades y dinámicas) el crudo testimonio social en primera persona con universos de ficción que satirizaban a la par que provocaban. El arte de tapa de sus discos fue, es y será resaltado como fulminante y, en muchos sentidos, visionario. Hoy podemos ver como comunes muchas estéticas, narrativas y ángulos que antes de Willie eran apenas escasos e incomprendidos. A su vez, al adentrarse en los discos en cuestión, hallamos a un compositor atado a la picardía, el atrevimiento y, por qué no, la incorrección.

Qué término aquel: incorrección. Desde una actualidad en la que la búsqueda de cierta incorrección cool y pícara lleva a la crueldad y la apatía, parece increíble la distancia abismal que leemos en los lanzamientos provocadores de Colón. La carencia de temor a ponerse los zapatos de la ficción lo llevó a construir un personaje que mantuvo, en mayor o menor medida, a lo largo de su carrera. Sí, respondiendo al estereotipo estadounidense de lo que es “un latino”, cómo se comporta, qué intereses tiene… pero bañado de pies a cabeza en una ironía poderosa que le permitió apropiarse de una identidad bandida, peligrosa, carismática y seductora.

Su alianza con Héctor Lavoe a través del icónico sello Fania Records (a quienes había conquistado a los 16 años con un potente pero desprolijo primer álbum) produjo trabajos que supieron definir el espíritu bandolero y picante que hoy tantos intentan imitar. Sus once discos de estudio como dupla son parte de la bibliografía obligatoria que hoy permite entender muchísimas cosas pertinentes a la actualidad: los conflictos de la identidad musical y cultural de los nuyorriqueños, la evolución de la salsa desde fines de la década del ‘60 hasta comienzos de la década del ‘80, y, desde ya, las herencias que la música latina de hoy en día mantienen entre sus compases.

Los músicos salseros Willie Colón y Héctor Lavoe cantando juntos uno de sus éxitos
Willie y Héctor.
Willie, Rubén Blades y Celia Cruz.

Algo similar, sin dudas, puede decirse de su dupla con Rubén Blades, con quien, conflictos económicos y vaivenes vinculares de por medio, creó un universo de canciones que son abuelas y madres de la música de ritmo salsero que nace por estos años. E indiscutiblemente, también, de esos ritmos hoy tan vapuleados por el elitismo de la crítica y el snobismo de sectores de la opinión pública como el reggaetón. 

La espina más dolorosa en muchos de los admiradores de la música de Willie Colón es también algo por lo que muchos dirán que su estatus de leyenda debería ser revocado. Los últimos años de la vida de Colón, incluso a contramano de mucho de lo que fue su involucramiento político previo, lo hallaron a viva voz apoyando las políticas de Donald Trump y medidas que iban (y van) directamente en contra del bienestar de los latinoamericanos que habitan los Estados Unidos, entre otras. Allí surge un interrogante perenne que apela a la subjetividad de cada uno y que no tiene una respuesta definitiva que no lleve a la vagancia cognitiva y la conclusión apresurada. ¿Cómo hilar su posicionamiento político con su personalidad artística? ¿Son acaso dos cosas distintas? ¿Puede una vetar la otra?

Discusiones como ésta son interesantes e, incluso, necesarias; aunque sea como disparadores de mil otros interrogantes. Sin embargo, en principio, ningún ángulo del retrato de Willie Colón anula al otro, por lo que es de necios no querer desglosar, valorar y analizar la enormidad de aristas valiosas en la carrera de éste, uno de los más grandes músicos de ritmos latinos que ha dado el continente, y un artesano de los límites y de la inmensidad misma de la salsa a nivel histórico.

Tras su fallecimiento, el aporte de Willie Colón como productor, como músico, como cantante y como mente creativa, quedará sellada a fuego en la música a través de su inmenso repertorio pero también de sus visionarios movimientos, de su coraje artístico y, sin duda alguna, de su carisma innegable que hasta puede sentirse a través de sus corcheas. 

Ante la liviandad y la trivialidad del uso del término “leyenda”, se impone la sombra de verdaderas figuras indispensables, eternas, poderosas que cambiaron de un volantazo el rumbo de la música no a través de sus consecuencias comerciales o discursivas sino a través de algo quizás un tanto ninguneado en los análisis contemporáneos: la música, su ficción, su subtexto, su poder sobre nuestros cuerpos. 

Todo lo que digamos sobre Willie Colón será pequeño ante la medida de su música y su poder. Eso, precisamente, es ser una leyenda.

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