Materia para un mundo inmaterial

Siempre entre lo experimental y la canción, la autora estadounidense Julia Holter se ha convertido en una experta en frecuencias a las que solo ella puede acceder. "Materia", su nuevo disco, pone nuevamente de cabeza eso a lo que llamamos art pop.

Julia Holter esculpe sonidos que nos retrotraen al peso de lo invisible elemental. “Materia” es su nuevo disco, lanzado en agosto de este año. En él propone una ruptura con las formas que estructuran el sonido. Un brote de superficies nebulosas, donde los límites de la canción se desdibujan deliberadamente en favor de la atmósfera dionisíaca.

La pieza puede leerse como la órbita de su anterior trabajo, “Something in the room she moves” (2024). Si allí primaban texturas orgánicas y oníricas que evocaban la escenificación de lo ritual, a medio camino entre el synth-pop y el jazz, en “Materia” ese impulso se desplaza hacia el avant pop. Y es que, más que añadir peso, Holter profundiza en lo abstracto, combinando ambient e improvisación.

El álbum propone una hipótesis que no se explica del todo porque se hace sonando: la elisión de pasadizos inversos. Si la materia nunca se destruye y solo se transforma, aquí se derrama. Es en esa tensión entre lo que se suprime y lo que emerge que se abre el pasadizo: aparece una fuga creativa, un movimiento que ya no responde a un camino de ida y vuelta.

El viaje inicia con ‘The Laugh is the Eyes’, por eso su poema: 

The closer I look, l feel I’m
In too deep, too far 
Into the blooming brightness
Send me to my room, sailing on 
Sailing me back home
I‘ll work on how to love. 

Espero que lo hayan leído lentamente, apreciando como la música brota en la pronunciación de las palabras y sus combinaciones. Hay algo “mesóstico”, a lo John Cage, donde el sentido gramatical estricto se libera, para dar paso a la yuxtaposición de imágenes ambiguas y fragmentadas: 

Cuanto más cerca miro
Más siento que estoy 
Demasiado profundo, demasiado lejos 
Hacia el resplandor floreciente
Envíame a mi habitación 
Navegando de regreso a casa
Trabajaré en cómo amar 

Otro mundo pasa inadvertido. Hay cuestiones intraducibles. 

Ahora bien, las referencias se abren en varias direcciones: de Brian Eno a Laurie Anderson (especialmente en ‘Born, Never Asked’), pasando por momentos que remiten a Cocteau Twins, aunque atravesados por una lisergia más cercana a lo Melody’s Echo Chamber. 

Bajo esa estela, las canciones provocan escenas. Así pasa ‘My Lost One’: una se frena en el cordón de una vereda, extiende los brazos como si fuese una nadadora olímpica a punto de saltar y deja que los autos pasen a toda velocidad, cortando el aire. “I need my dove / My lost one”, reza. La paloma (dove) aparece como el corazón de una pureza ingrávida, de aquello que llamamos libertad. Ese quizás sea el aspecto más difícil de perder. De ahí la necesidad de movimiento, de escape. En ‘Fantasy’, Holter canta: May the daydream flood my mind (Que la ensoñación inunde mi mente), como si la imaginación fuera lo único que pudiera salvarnos de este mundo preformateado. Y remata: “Blink at the light / and hope to survive” (Parpadea ante la luz y espera sobrevivir). 

La producción se asemeja a estructuras de collage. Densidad y maximalismo, como en “Aviary” (2018) u obras primerizas como “Tragedy” (2011). Lo que pareciera el arribo de la calma se satura en discordias. Dejamos que nos tome por pulsos de arrebato hacia la expansión. Amplía la voz, amplía el horizonte, amplía la imaginación. Y es que para Holter el sonido es materia: física, fluida y primordial, que antecede al concepto. Prefiere sumergirse en la exploración de timbres antes que buscar un significado narrativo rígido, como si fuera una deidad deambulando entre ruinas que nos invita a su mundo de contemplación, contracción y estímulo. 

Nacida en 1984, Milwaukee, Wisconsin, Holter proviene de una geografía atravesada por el agua: un punto de confluencia de tres ríos principales, asentado sobre una zona predominantemente llana, moldeada por antiguos glaciares y suaves ondulaciones que se abren paso hacía bosques espesos. Estas imágenes aparecen en su voz. Las superposiciones vocales, los ecos y las alteraciones diluyen el inicio y el fin de las palabras, como si siguieran el curso de un río. También hay vientos, fragmentación: clarinetes, saxofones y flautas flotan sobre las bases rítmicas en lugar de fijarse en melodías pesadas.

Claude Bailblé hablaba de “la imagen del sonido”: la representación mental que nos hacemos de aquello que escuchamos por más de que no podamos identificar de dónde proviene. El sonido adquiere así una capacidad de inventiva para habitar nuestras memorias. Pero, ¿cómo se activan esas sensibilidades? 

Holter ensaya algunas teorías. En ‘Materia 2’, un tema original de 2024 convertido aquí en una pieza onírica a dúo con Jessika Kenney, la reverberación suscita un espacio de volúmenes y capas. La sensación que genera es casi como estar levitando. En ‘Materia 3’, el proceso se profundiza: Julia desnuda un ejercicio espectral, guiado por su piano Wurlitzer y una voz que enuncia: “Of love / it’s a matter of love”. En rigor, la conexión con el origen del sonido remite a una impresión arcaica, a una escucha temprana y sin filtro: todo es cuestión de amor. Una escucha activa que, en medio de la vorágine de producciones y efectos sonoros, distingue lo esencial de lo accesorio. Como volver a una impresión primera del mundo, cuando todavía algo sorprende.

La contraparte aparece en ‘Clepsydra’. Allí, una voz autómata se vuelve inesperadamente refugio. Holter explora esa paradoja desde su trabajo como compositora y multiinstrumentista, como si buscara una respuesta posible a uno de los enigmas que atraviesan el disco: cómo encontrar equilibrio en medio de un mundo de constantes disonancias. Quizá por eso, en “Materia”, lo espiritual tenga más que ver con un sintetizador que con un arpa. 

El resultado es dulce, errático y revulsivo, como un escalofrío al contemplar lo afortunados que somos a pesar de todo. ‘My Twin’, una canción-trance de más de diez minutos, condensa esa faceta a través de la improvisación libre y la exploración de densidades. Holter se desprende de las nociones de estribillo y clímax para entregarse a una mutación continúa, que pasa de un minimalismo lúgubre a un muro de sonidos ruidoso, lleno de coros celestiales y resonancias medievales.

En todo caso, “Materia” es un recordatorio de que en nuestro interior habitan otras versiones de nosotros mismos. Y de que, cuando no podemos más, son ellas las que aparecen para hacernos cantar. 

All that was endured, I spill
And shake
I mix it up to try to reclaim my heart


Todo lo que soporté lo derramo,
Lo sacudo
Y lo mezclo para intentar recuperar mi corazón

My Twin


Escucha "Materia" (2026) de Julia Holter en Tidal, Spotify, Apple Music, Qobuz y Bandcamp:

Publicado el 02/11/2026