En paz descanse el maestro Félix «Pupi» Legarreta

Nos despedimos de uno de los grandes virtuosos de la charanga cubana

Gonzalo Fernandez (izquierda), Pupi Legarreta (centro) y Johnny Pacheco (derecha). Grandes flautistas del universo salsero.

Desde La Perla del Sur, Cuba a la Gran Manzana, Félix Legarreta fue un destacadísimo violinista, flautista, arreglista y director de la música afrocubana. Los 60s lo recibieron en Estados Unidos, recién escapado de su isla, y con la posibilidad de explotar la charanga en un mercado donde no terminaba de entrar. Ahí se consagró como embajador del género y, sin querer, pionero para acuñar la salsa con su álbum «Salsa Nova» de 1963. En los 70s ya más que consolidado, resistiendo las mareas de las nuevas generaciones, grabó para Vaya Records sus dos placas más codiciadas entre los coleccionistas: «Pupi y su Charanga» (1975) y «Los Dos Mosqueteros» (1977) con el fundador de Fania Johnny Pacheco.

Su discografía hoy, como la de muchos grandes exponentes de la música conocida como salsa, se encuentra falta de un trabajo de reconstrucción histórica que la ordene, canonice y distribuya como corresponde en el mercado. Sin embargo vale la pena rebuscar entre las distintas fuentes para aprender de su legado. Como sesionista a grabado para Cachao, Mongo Santamaría, Orchestra Harlow y un etéctera que da gusto conocer, además que formó parte de los All Stars de Fania.

Vía Facebook su hija Frances Legarreta confirmó su fallecimiento el pasado 2 de julio en la ciudad de Philadelphia, donde residía hace años. En diciembre del año pasado se había difundido una fake new de su muerte en un error del bajista también salsero Bobby Valentín, que luego pediría disculpas.

Un Franco Tirador‘, salsa brava para su disco «El Fugitivo» de 1979, es uno de todos los ejemplos que podemos desempolvar para citar la maestría de Pupi. En la primera mitad su flauta da color a un ritmo rápido, respondiendo los coros y poniendo los puntos sobre las ies en un arreglo preciso para un tema así de malandro. Cuando parte el soneo y su soplido, único viento necesario, pasa al frente en un solo de fraseo impredecible que no frena la bailabilidad, la tonifica. Para el final los parches retumban en una pequeña descarga donde la retaguardia de violines no deja de poner esa tensión de western del Barrio. Para esta grabación, un deep cut de su catálogo, Pupi llevaba décadas de orfebrería sonora y sin embargo la candela está ahí, invitando a sacudirse en la pista.

Para conocer más sobre Pupi recomendamos el episodio de La Hora Faniática dedicado a Pupi y su Charanga por José Arteaga.