Los 25 Mejores Shows del Primavera Sound en Sudamérica

Nuestra cobertura de las primeras ediciones de uno de los mayores megafestivales de mundo en Santiago de Chile y Buenos Aires.

Por primera vez se hizo el Primavera Sound en Sudamérica, específicamente en el cordón de Saõ Paulo, Buenos Aires y Santiago de Chile, y atravesando todas las complejidades de clima y organización (que ya se mencionarán) la música, que es lo más importante, estuvo y estuvo increíble. Para quienes escriben esta nota el festival ofreció varias de las mejores experiencias musicales que hayamos vivido. Invaluables y casi imposibles, en estas combinaciones y países, sin el Primavera. Para Agus no tiene precio haber estado en una fiesta de Nyege Nyege, reformulando sus gustos con una de sus obsesiones musicales más excéntricas; Santi se encontró a sí mismo, fuera de su provincia y con nuevos amigos lejanos, en su pasión por Phoebe Bridgers y Charli XCX; Nico cumplió el sueño de poguear con JPEGMAFIA, la representación más extrema de lo que estimula del arte; Feli vio a Björk ¿Ustedes se dan cuenta de que vimos a Björk?. Incluso en las dificultades de una primera edición bajo la tormenta hicimos tesoros de recuerdos: German no pudo ver a su amada Michelle, Japanese Breakfast, pero así y todo volvió con los ojos brillosos después de haberla abrazado y compartido con ella cuando saltó del escenario para avisar que no iba a poder realizarse su concierto.

La experiencia del festival fue increíble, aún con los nervios y la incertidumbre de la comunicación muchas veces confusa, con un predio muy lejos de la calidad correspondiente en Baires y, por qué no decirlo, con un sector infantil del público, más interesado en llegar a una valla que en respetar a los demás. Hay factores que no estaban bajo el control de la organización, como las bajas a último momento y el torrente santiaguino y la tormenta porteña (que sí podrían haberse amortiguado mejor); pero también hubo asuntos que ya fueron responsabilidad directa: A mucha gente de la edición Buenos Aires nunca le llegó el código para reservar los eventos del Primavera en la Ciudad y tuvo que perderse esos recitales, volver a pagarlos o buscar entradas por otros medios. Sus reclamos no tuvieron respuesta. Santiago tuvo mejor organización en ese aspecto, pero que la lluvia anunciada hace una semana apagara los generadores de los puestos de comida fue inexplicable. Menos aún la hora en que los trabajadores de ese rubro trabajaron en la precariedad de unas telas delgadas que no les cubrían ni a ellos, ni a sus implementos del agua. La verdad es que el posterior corte de luz fue casi una bendición.

Las fallas eran esperables porque se hacía por primera vez en este territorio, pero excedieron al punto de estresar a un público ya de por sí exigente. Que Primavera Sound se siga haciendo por acá es fundamental. Es gigante como fuente de trabajo y como oportunidad para las escenas locales y el público. Representa el crecimiento de la música sudamericana. Por respeto a ese público y por todo esto es necesario que en las próximas ediciones el equipo de trabajo responsable sea más grande y cuente con herramientas para atender todos los accidentes que ya vimos en esta ocasión.

El lineup

El Primavera Sound al momento de instalarse en Latinoamérica tenía un objetivo claro: posicionarse como un festival capaz de hacer competencia a su gran contendor, el instaladísimo Lollapalooza, cuyo concepto, perfil de artista y público ya comprendemos en su totalidad, a diferencia de las innovaciones que exporta un festival como lo es el Primavera Sound. En este sentido la grilla del festi fue totalmente única, trayendo por primera vez a estas tierras a muchísimos artistas. Hubo una diversidad maravillosa, tan rara en estos lares que hasta se llegaron a leer unos reclamos de lo más chistosos por un mayor “cupo masculino”. La oferta era rica y, aún siendo que entre los cinco escritores de esta nota vimos varias decenas de shows, todos nos perdimos alguna cosita que queríamos ver porque se pisaban sus horarios con otros (Señor Coconut y su Conjunto y Bad Gyal dos ejemplos claros). En materia de electrónica hubo mucha estatura: Arca, Badsista, Sangre Nueva, Tayhana, Nyege Nyege y más. Los centennials tristes tuvieron su abrazo con Phoebe Bridgers, Mitski, Japanese Breakfast y Lorde, mientras que los amantes del pop tuvieron a Charli XCX, Jessie Ware y Caroline Polachek. Hasta los rockeros tuvieron su cuota con Jack White, Pixies, Interpol y los Arctic Monkeys. Más excentricidades aparentemente inconexas que hacen a la experiencia del festival: El Doctor, Juana Molina, Helado Negro, Shygirl o Chai.

Crónica del Road to Primavera en Buenos Aires.

El agujero más claro fue la falta de Hip Hop fuerte. Hubo una cuota decente de propuestas locales, pero lo internacional estaba protagonizado por un sideshow del británico Lord Apex, la convocatoria hypeadísima de JPEGMAFIA y la aparición conflictiva de Travis Scott como headliner. La inclusión de un artista de cabecera como él hace sentido, como una especie de caballo de guerra que es capaz de confrontar a algunos de los cabeceras del Lollapalooza de este año, como también del próximo, ya sea por ejemplo A$AP Rocky o Drake. Pero el problema de esta confrontación es que en sí misma funciona más bajo las ideas de equipo de marketing y competencia, que en el equipo de curatoría, puesto que en realidad la inclusión de Travis dentro de la experiencia, público y artistas que PS busca convocar, resultó inconexa.

El mejor ejemplo de esta problemática es la línea de artistas con los cuales compartió Travis en su pasada por Chile, tanto Björk, Charli XCX o Sevdaliza, independiente de elaborar shows y experiencias musicales muy distintas una de otras, al momento de disfrutar la experiencia consecutiva entre cada una de estas artistas, resulta coherente y hasta complementario. Sus respectivos públicos y el ambiente que emanaba de cada uno de ellos, no solo demostraba el potencial de ellas como artistas independientes, sino también del poder de elaborar un line up que sea coherente con la propuesta del festival mismo, y es justo en esas misma seguidilla de propuestas complementarias en donde Travis irrumpe y distorsiona la armonía de la propuesta. Con un público que está orgulloso de una cultura del aguante donde no se cuida al de al lado ni se respeta al otro. De cualquier manera Travis fue el único “accidente” de la grilla y aún así dio un show de primera categoría para el trap mundial, al menos en Baires. Quienes tuvieron mejor suerte en Santiago que en la capital argentina fueron los Arctic Monkeys, que a pesar de haber sonado con mucha más fuerza que su presentación anterior en el país, no pudieron ordenar a un público tenso por la mala predisposición del predio y la lluvia densa.

Además Primavera logró diferenciarse del Primavera, atendiendo un público de una franja etárea ya mayor de edad y con más experiencia en recitales (cosa que no lo hace necesariamente mejor o peor). Aún con todo lo que podemos señalar, lo principal es que, desde el Road to Primavera hasta el fin de semana final, la música estuvo increíble y por eso les traemos 25 shows inolvidables que vivimos.

Jessie Ware

Agustín Wicki.

What’s Your Pleasure” se mantiene como una de las piezas dance más increíbles del siglo. Una obra maestra del pop y la música disco que comparte estatus con, por ejemplo, “Rennaisance” de Beyoncé. En su versión de estudio suena a perfección: groovero, sexy y amador. Jessie en vivo, aparentemente rompiendo las leyes de la física, lo hace todavía mejor.

¿Ustedes saben lo difícil que es tocar la batería con groove? Porque Smiley parece que no. Y no es el único superdotado de la banda: Adenikè Zen bendice el micrófono con cada cuerda vocal y Ed Seed bombea bajo, guitarra y teclados como si nada en un recital que es del más alto nivel internacional. Sus bailarines dan un espectáculo como para dejar atónito a cualquiera que esté acostumbrado a coreografías planas y predecibles: Son hijxs de elastigirl, independientes y jamás se repiten. El show profundiza la pregunta que ya dejaba la obra que lo sostiene: ¿entonces la perfección sí existe?

Jessie Ware es tu control freak favorita, un Dios benévolo. Mantuvo la elegancia indiscreta hasta cuando, a mitad de una frase, se sorprendió de que el público de Argentina le coree todo y se le salió una risa fuera de guión. Canta sensacional y sus canciones, más balada, más pop o más disco, son ejemplares. No vale la pena nombrar ni una, todo el tracklist es una joyería, un bangeródromo. Material de estudio para quienes quieran taxidermizar el goce que las hace vibrar. ¿Cuál es tu placer? Jessie los tiene todos.

Sangre Nueva (Dj Florentino + Dj Python + Kelman Duran)

González Barrionuevo.

Lo triste del escenario BITS en Santiago de Chile es que los comentarios que abundaron eran, en general, extramusicales. Quejas sobre la invasión sonora a otros escenarios, sobre el tamaño de este, su mala programación e incluso una cancelación de la mitad de sus shows el sábado por la lluvia. Sin embargo BITS fue un espacio para artistas increíbles de la movida bailable mundial, con exponentes sólidos de, principalmente, Brasil, España y Chile.

Unos muchachos que escaparon de ese marco fueron DJ Florentino, DJ Python y Kelman Duran, quienes lograron realizar un espectáculo de poco menos de dos horas completamente imperdible. El horario, la luz solar y la tibieza de un público al que le costó entender lo que estaba pasando, no apagaron el fuego de un set que varió entre las caras más tradicionales y las más nuevas del reggaetón y sus variantes, sazonadas con cortes muy elegantes que incluían, a ratos, toques de houses, de funk carioca y de algunas otras cochinadas del sucundúm latino. Si algún(a) productor(a) está leyendo esto, por favor, traiganlos de nuevo, pero a la parte más oscura de la noche santiaguina. Podemos recomendarles algunas fiestas -no tan- legales de neoperreo que los podrían aprovechar de manera increíble.

Phoebe Bridgers

Santiago Miranda.

Phoebe Bridgers goza de una cualidad de la que solo muy pocos compositores pueden presumir. Heredera de la escuela de cantautores a lo Elliott Smith y Connor Oberst, sus piezas tienen ese tinte literario que captura la emocionalidad de sus retratos con una simpleza y una ternura preciosas, casi táctiles, como si estuvieran escritas con el pulso de una niña cuando dibuja. Y es así que, mientras una pequeña tropa de esqueletos se acomodaba en el escenario, detrás de ellos un libro gigantesco de cuentos se abría en su primera página sobre la gigantesca pantalla LED. Por delante, la chica de pelo blanco daba inicio a esta historia con el primer rasguido de su guitarra: “I hate you for what you did / And i miss you like a little kid”.

El de Bridgers fue probablemente uno de los shows más conmovedores del Primavera.

Su banda (un ensamble clásico de guitarra, bajo, batería y teclas, que tuvo como condimento especial una trompeta) se encargó de rodear y embellecer las prestaciones, pero el verdadero poder de sus canciones radica en su desnudez e intimismo, una fuerza que la californiana logró trasladar y extender hacia una multitud que la presenciaba por primera vez en vivo. No le fue difícil, solo le bastó entonar ese susurro delicado para llegarnos derechito a los huesos y quedarse ahí. Lo hizo con estribillios como el de ‘Punisher’ (salvo alguna excepción, del disco del mismo nombre sonaron prácticamente todos los temas, más dos capítulos extras de su primer LP), contenedor de esas líneas que nos dejaron a más de uno congelado: “What if I told you I feel like I know you / But we never met?”. Casi nunca antes en un recital presencié tantas veces el gesto del público secándose las lágrimas de forma permanente a mi alrededor, mientras yo hacía lo mismo con las propias. Poco parecía tener que ver con el fanatismo de vallas, aunque también hubo momento para eso cuando Phoebe bajó del escenario y recorrió el pasillo que se abría hasta la torre de sonido para saludar a sus fieles.

Pero esto parecía tratarse de otra cosa. En el instante de máxima tensión de ‘I Know The End’, una oda a los finales que creció y creció hasta incendiar todo, la cantante bajó una vez más y en la esquina de las vallas se alzó sobre sus seguidores para pegar el rugido final, haciendo de su desahogo un exorcismo colectivo. Y ahí lo comprendí: esa voz nos liberó del castigo. Y tras hacerlo, como quien se despide de un viejo amigo, prometió volver. Hasta la próxima Phoebe, fue un gusto conocerte.

Chai

Ramiro German.

Una de las sorpresas más grandes del festival fue la participación de CHAI. si bien hay un cierto cupo que puede contar como asiático ya sea Mitski, Japanese Breakfast (quienes son descendiente directas) o Sevdaliza, que viene de Medio Oriente, la realidad es que las que se cargaron al hombro representando el continente fueron ellas. Cuatro japonesas que como un vendaval arrasaron el escenario con una combinación frenética y bizarra sin pausa, en el que pestañear era perderse de un pase cómico, peleas entre las gemelas o una selfie espontánea que podía sacar la bajista.

Temprano en la tarde del domingo, bajo una garúa hasta ese entonces insignificante, un escenario se cubría completamente de una estética rosa chillona mientras cuatro personitas con vestidos floreados y máscaras de lucha libre subían al grito eufórico de ¡WE ARE CHAI! entre coreografías absurdas que podrían ser propiedad de Kyary Pamyu Pamyu y al mismo tiempo demostrando ser unas instrumentistas de la c**** de la l**, que con una euforia in crescendo no bajaban la intensidad ni para la suavidad del R&B.

Tomando de base siempre el pop, pero sin quedarse quietas un segundo ni musicalmente ni sobre el escenario, se ganaron completamente a la audiencia que tal vez gracias a Gorillaz o a Duran Duran les resuene un poco el nombre de Chai, pero que mayormente desconocía de la existencia de las niponas. Lograron hacer corear a todos los presentes con un silbato al son de ‘Wannabe’ de las Spice Girls en medio de un dj set improvisado, con riffs de Led Zeppelin o al grito de ARGENTINA/CHILE NEO KAWAII: su lema distintivo que imprimieron colorido a un día que venía gris.

Travis Scott

Ignacio Cofré

La presentación de Travis no fue una mala presentación -tampoco estuvo cerca de llevarse la corona a la mejor- sino que el problema reside en cómo su show se sintió como una experiencia aparte la cual vive por sí sola independiente de las demás. Porque ya sean las luces estrambóticas, el fuego, explosiones o la plataforma en el aire -que en Chile brilló por su ausencia- todos eran elementos que demostraban las intenciones de hacer un show que no aporta la misma sensibilidad de una orquesta en vivo junto a Björk o de la emotividad empleada en Mitski. Lo cual también resulta importante recalcar, no es culpa de Travis y su equipo, porque en realidad su show fue el show más Travis posible, lleno de saltos, gritos y energía a montones, pero que sigue recalcando la idea de que un show independiente de lo idiosincrático que pueda ser, no significa que sea acorde al contexto en el cual se expone. Queda claro que la próxima pasada del Travieso debe ser en un ambiente más acorde a su propuesta.

Esto a la larga no solo resultó problemático para su show como tal, sino también con el público del festival, tenso ante lo que era una evidente división entre oyentes que fueron a ver el repertorio completo del PS y los entusiastas del trap americano que fueron únicamente a ver a Travis Scott, generando un ambiente despectivo entre ambos bandos. La consecuencia directa en Chile fue que al final el concierto del trapero no se encontró lo suficientemente lleno como para un artista de su calibre, lo cual muchos especulan no fue del agrado del artista, desencadenando un inicio tarde y fin temprano que dio tan solo 40 minutos y, lo que fue mucho peor, una interacción nula y hasta despectiva con su propio público. Del otro lado de la cordillera se disfrutó de la experiencia completa, con los gritos de Travis activando el modo berserk de sus hits, que a veces los potenciaba y otras los saboteaba un poco.

Con lo bueno y lo malo resulta evidente que Travis sigue en forma luego de su gran parón por la tragedia ocurrida el año pasado. De hecho su repertorio se mantiene en forma con un sin fin de clásicos contemporáneos, pero también con inclusiones sorpresas como la canción ‘Down in Atlanta’ su nuevo hit recién salido junto al productor Pharrel Williams. El setlist tuvo hits por doquier, pero lo curioso y algo problemático es que, siendo que la mayoría son colaboraciones, se vivió un show de temas cortados a la mitad por no tener ni uno de los feats en el mismo subcontinente.

Javiera Mena

Agustín Wicki.

Primavera Sound llegó a parecer un congreso internacional del pop. Charli XCX, Jessie Ware, Caroline Polachek y Lorde dieron seminarios intensivos y también tuvimos catedráticas latinas. La mexicana Julieta Venegas le recordó a Buenos Aires la cantidad de hits que tiene y hasta adelantó con cuerdas una buena porción del disco que estrenó esa misma semana: “Tu Historia”. Antes que ella vino la única artista que puede saludar con un “Hola furros de Argentina”.

Javiera Mena es una nerd del pop al punto de que su tesis universitaria fue sobre ABBA. Maneja super cómoda el rol de popstar y de productora. En vivo, con un conjunto rosa flamenco protagonizado por un saco casi talla David Byrne, sacó a relucir “Nocturna”, su nuevo disco como hilo conductor del tracklist. ‘La Isla de Lesbos’, una versión acústica de ‘Me Gustas Tú’ y ‘Corazón Astral’ demostraron ser highlights nuevos en un catálogo ya de por sí genial. A sus espaldas una banda soporte con todo bien claro, músicos precisos donde destaca especialmente la guitarrista y bajista Cata Rojas, que tiene su swing y una química especial con Javiera. A la estrella le sobra voz para darle cuerpo en sus canciones y como su propia directora ordena todas las directrices de un espectáculo que representa su gran mérito: No se nota que sabe demasiado bien lo que hace. Ser estudiosa no le quita la chispa, la amplifica.

Juana Molina

Santiago Miranda.

Lo de Juana Molina era una apuesta prácticamente obligada del Primavera en Argentina. En un evento encabezado por figuras monstruosas de la música contemporánea (sí, la nombramos una vez más: Björk), su presencia era irreprochable: palabras mayores rodean a una de las artistas más extraordinarias de nuestra tierra, con un prontuario de largos años girando alrededor del globo como una fuerza celebrada en cada locación en la que se manifiesta.

Mano a mano con el baterista y percusionista Diego López de Arcaute, Juana dio una vez más prueba de esas credenciales en su casa con una experiencia dedicada a la síntesis del espíritu sempiterno que resguarda su obra, raro y, esencialmente, lúdico. Con “Wed 21” como principal paraje, las ocho canciones siguieron ese comportamiento bajo el ejercicio de su (de)construcción en vivo, con una Juana en estado pleno de diversión. Bastaba notar sus gestos faciales sobre el escenario, muy parecidos a los de una niña. Mientras distribuía la atención de su cuerpo en los distintos frentes que la ocupaban (la infaltable SG carmesí colgada de sus hombros, el pequeño altar maquinario de teclas y perillas a uno de sus costados, un platillo de uso ocasional en el otro, el equipo de pedales bajo sus pies, y -por supuesto- el micrófono con el que replicó su voz por el espacio), en su boca cada dos por tres se dibujaba una sonrisita que repartió repetidas veces al público, incluso (perdón, corrijo: más aún), cuando las cosas parecían no salir como esperaba, ella no se escuchara nada o se le escapara un pifie. Pase lo que pase, en sus shows el juego siempre sigue, en loop.

La experiencia de Juana está en la exploración, en lo que sucede más allá de lo que se anticipa. Casualmente, su repertorio acompañó la llegada de las primeras gotas de la tarde, lo que hizo que, entre el multieco fantasmal de su canto, las capas instrumentales superpuestas y los ritmos incesantes de batería, todo tome un carácter ritual. Mientras la llovizna de a poco los pincelaba, nuestros cuerpos distendían sus extremidades hasta perderse en las profundidades más efímeras del sonido. Casi como un hechizo.

Bronko Yotte

González Barrionuevo.

Desde hace tiempo que en este perfil nos fascina todo lo que hace Felipe Berríos y su equipo, ya sea en el estudio o en vivo. En ese sentido, su show en Primavera Sound era una instancia interesante para ver qué tanto riesgo iba a correr; ¿presentar el repertorio consolidado o atreverse a posicionar lo que ha estado sacando las últimas semanas? Para nuestra suerte, el escenario Pepsi fue testigo de un paseo por algunos de los hitos más importantes de los más de quince años de carrera de Bronko, pero con un claro énfasis en su nueva etapa, de la que aún no hemos escuchado todo pero sabemos que viene fuerte.

Lo lindo de ver a Bronko Yotte en vivo es que siempre se aprecia en qué sentido este proyecto musical se comprende como uno colectivo, donde el equipo nuclear de la banda y la increíble pasarela de estrellas invitadas se afiatan como lo hace un grupo de amigos. Es como lo que soñabas que iba a pasar (y nunca pasaba) cuando invitabas a la casa a los amigos del pasaje y a los del colegio. Desde la sonoridad hasta el look safari-esco de cada persona que pisó el escenario, cada detalle mostraba un cuidado de que el todo fuera más que la suma de las partes… ¿puntos altos? ‘Cienfuegos’ (con Catana y producción de Magicenelbeat) y la recién estrenada ‘Contienda’ (con 22RUZZ y la producción de Sajo Bkulé).

Mitski

Ramiro German.

Para los especializados, o mejor dicho ~enfermitos de la música~, como nosotros, hubo un día que nos mantuvo ansiosos por cada banda, por cada artista sin llegar a finalizar Charli XCX nuestra cabeza ya estaba con Caroline Polachek, y esa sucesión se extendió a lo largo del día. Pero quitándonos del medio a nosotros esa ansiedad estaba en el aire una cantidad exuberante de esperando por Travis, un tumulto gay esperando por Charli y por último un torrente principalmente adolescente de melancolía que estaba anclado a pies del escenario por la espera de Mitski, aún habiendo hecho un sideshow previamente, ansiosos, rumiantes y gran parte listos a la espera de capturar el inicio en sus celulares.

Como una sacerdotisa, vestida de blanco a luz de la luna la señorita Miyawaki comienza una danza errática, hipnótica y sólida mientras unos pianos ochenteros y las frases “Love me more, love me more” quedan resonando por todo un predio silencioso, impactado ante tal escena que al término del último acorde se rompe en gritos desaforados de jóvenes y el respectivo Olé Olé Mitskiii que calla tras un “Gracias”. La escena abre paso a una serie de hits que estremecen a un público aún más ansioso y ahora eufórico, ante la presencia de una ídola.

Entre brincos por todo el escenario, puños y patadas al aire en un ambiente de purificación logró que más de uno en el público large todas sus penas y lágrimas, emocionando tanto con su presencia impoluta sobre el escenario como con su voz dulce y, por momentos, desoladora.

Cabe mencionar que la banda que acompaña a Mitski, a quienes ella se tomo el tiempo y el hermoso gesto de presentar en español, es compuesta por unos intérpretes excelentes que en cada momento de la noche aportaron un ambiente especial en esa especie de ritual que generó un descargo emocional multitudinario. Se lo apreció perfectamente en cantos al unísono durante los míticos ‘Nobody’, ‘Washing Machine Heart’ y ‘Me and my Husband’, mientras la pantalla mostraba rostros de personas mucho más jóvenes que la cantante, todos en llanto.

Luego de la hora probablemente más cargada de emociones del festival y la incesante danza sobre el escenario a la luz de la luna se siente por lo ancho del predio una sensación de consuelo colectiva mientras pensamos en un futuro ritual donde Mitski vuelva a sanarnos.

Beach House

Ignació Cofré.

En Argentina directamente no llegó a suceder, pero para Chile la presentación de Beach House fue bastante particular. El día de su presentación no venía acompañado de nombres tan grandes en cuanto a cartelera, por lo que una inmensa mayoría de los asistentes parecían estar únicamente interesados en el duo de Victoria Legrand y Alex Scally, generando una cierta expectativa colectiva, acumulando un público horas antes de que sucediese, en las cuales único que se comentaba era la llegada de la noche para la culminación llena de llantos y emoción a flor de piel. De alguna manera Beach House dio la impresión de estar como grandes headliners del festival.

Lo mejor de todo esto es que la presentación logró exceder las expectativas colectivas que se fueron generando durantes las horas de espera, con una composición simple y una interacción un tanto fría, la banda de dream pop fue capaz de llevar a la vida las texturas y colores que evocan sus composiciones, con la calidad de audio que corresponde en este tipo de recitales, en donde los detalles son fundamentales para entender la construcción de las canciones en su totalidad. La voz de Victoria logró transmitió la misma emocionalidad que el grupo busca en sus discos de estudio. Por sobre todo destacaron las canciones de “Once Twice Melody” su último proyecto, que ha sido profundamente elogiado por la comunidad y que dentro de su presentación en vivo, alcanza una escala aún superior, erizando la piel al ver el verdadero potencial de uno de los mejores discos del 2022.

De esta forma Beach House se lleva el premio indiscutido a la mejor presentación del primer día del festival en Santiago, con tal vez una falta de interacción con el público más cálida o amigable, pero que independiente de esto, termina el comienzo de PS en todo lo alto, mediante una construcción lenta de texturas y colores auditivos. La élite del dream pop mundial nos deja a todos una bala emocional en el pecho, tal cual meme de Pedro Pascal llorando con Space Song de fondo, todos nos fuimos un poco más sensibles a la casa ese día.

Boy Harsher

González Barrionuevo.

Inaugurando la última jornada de conciertos de Primavera en la Ciudad, el Teatro Coliseo, en Santiago de Chile, se vistió de gótico (literalmente) para recibir al plato fuerte de esa jornada. Abriendo con una puntualidad de reloj suizo, Augustus Muller y Jae Matthews se presentaron ante un público que evidentemente tenía preferencia por ellos. Ese efecto de sideshow definitivamente fue beneficioso para un show que iniciaba con la parte más contemplativa del darkwave, para rápidamente dar espacio al trance atrapante de los sintetizadores.

Desde el principio del espectáculo la banda dejó claras sus intenciones: “… we’re Boy Harsher, and we make music to dance”. Con esa frase, Jae se comió a un público que no tuvo más opción que sacudirse con ella y su performance, un impresionante desplante de frenetismo, liberación y gritos. No quedó claro si fue decisión de producción o mera coincidencia, pero por el lado musical, el sólido juego de luces proyectaba las manos de Augustus sobre teclados y máquinas en una sombra de unos 4 metros de largo. Intencional o no, todo ello confabuló para construir un ambiente atrapante e irrepetible.

Nyege Nyege

Agustín Wicki.

Casi en secreto, en el día más cargado del Primavera en la Ciudad bonaerense, sucedió una de sus fechas más especiales. En un Underclub entonado por la superhumana Anita B. Queen se presentaron Turkana, MC Yallah, De Schuurman y Authentically Plastic del sello ugandés Nyege Nyege Tapes. Para unos pocos y en una muestra de la magistral curaduría de electrónica del festival, los africanos dieron una fiesta inolvidable.

Sin ánimos de exotizar, hubo un impacto multicultural directo por lo distinto que construimos la música. Entre trance y trance más que transiciones había una conglomeración brutal de núcleos sonoros vivos. Turkana y Authentically Plastic encarnaron al máximo lo diferencial, que no solo vale por la novedad para oídos americanos, sino por el ya altísimo desarrollo de su propia cultura raver. Anillos de asteroides chocando, procreando micro big bangs de caos hipnótico. De Schuurman, jefe del bubbling, trajo municiones más cercanas a lo que conocemos pero con una energía nuclear distinta, recargada y a la vez para nada mecánica. Retomamos bailar como sabemos, pero más vivos que nunca. MC Yallah escupió lava en grimes mutantes en una performance hardcore a la altura de su pronombre de Maestra de Ceremonias. Una rapera con mucho que enseñar de este lado del Meridiano de Greenwich. Una vez fuera del club, todavía atónitos, nos dimos cuenta de que ya no éramos los mismos de antes.

Charli XCX

Santiago Miranda.

Ella.

Ella y nada más.

Charli hizo su aparición en el Primavera con la potencia de un rayo divino. Entre medio de dos columnas griegas, su paso pausado de femme fatale se interrumpió con el estallido en estribo de ‘Lightning’, uno de los palos a puro sintetizador ochentoso de “Crash”, su último disco y el motivo de su paso por el festival. Inmediatamente, lo que siguió fue una coreografía furiosa de movimientos, saltos y corridas imparables que llenaron el todo de un espacio que a Björk le llevó una orquesta del Colón para ocupar (ni hablar de la plataforma espacial de Travis). Pero a Charli le bastó a ella sola: el escenario parecía arrancar y terminar en sus curvas. El Olimpo fue su cuerpo, no hubo otro artilugio más que ese. Su entrega, total.

De hecho, si ella misma no lo hubiera mencionado en uno de los intervalos entre track y track, bien podría haber pasado absolutamente desapercibido el hecho de que padecía una infección de garganta, algo que el día anterior había advertido en sus redes para la preocupación del fandom. Pero no se notó nunca. No solamente entregó una performance vocal cuidadísima de más de una hora, sino que además mantuvo al público hirviendo en cada arenga e incluso se animó a pudrirla con un aullido antes de que todo explote en ‘Vroom Vroom’, el summum de una energía que no dio respiro en prácticamente ningún momento. No hay punto medio para XCX: es a todo o nada, una trabajadora incansable de la canción, esa que en la trilogía que va de “Pop 2” a “How I’m Feeling Now” supo desarmar, deformar y reconstruir para crear su versión de firma propia. Pero si hay algo que sigue sosteniendo como la estudiante aplicadísima de melodía radial que siempre supo ser (y que revive como nunca en “Crash”) es su aprecio por el ADN primal del pop, ese gen X de las canciones que las vuelve piezas tan simples como monumentales. Y de esas le sobran. Del gigantesco abanico de su repertorio, hubo tiempo tanto para el hit en más de una de sus distintas versiones y épocas (el exitazo dance de ‘I Love It’, la dulzura juguetona de ‘Boys’, la nostalgia MTV de ‘1999’ y el ardor sexy de ‘Hot in It’) y el perfeccionismo retro de su última placa, como para la licuadora digital en su veta más preciosa y caótica, que encontró su punto de mayor algidez emocional y física en ‘Visions’.

Si el Primavera fue un desfile diverso de perspectivas sobre cómo hacer pop, lo suyo fue una masterclass de todo lo que una popstar puede y tiene que ser, ayer, hoy y mañana. Bastaba solo observarla, ver las gotas de sudor caer mientras abatía el suelo a golpes al son de la rave. Aún en el silencio, con su cuerpo derribado sobre ese piso, el eco de su estruendo seguía vivo. No nos equivoquemos: Charli no es solo el rayo, es la tormenta entera.

Congelador

González Barrionuevo.

Por si a alguien le quedase duda, la cuantiosa presencia de artistas de Quemasucabeza en esta primera versión del festival barcelonés confirma el reinado del sello chileno, no sólo a nivel nacional, sino su influencia en la región completa. El showcase de Congelador, banda compuesta parcialmente por los fundadores del sello, fue una demostración del hermoso caos que puede ser la experimentación en el rock cuando se hace con calidad.

La primera mitad del show consistió en un viaje por la parte más experimental del repertorio del grupo, jugando con intercambios de instrumentos, entre guitarra y bajo y voz y pedales y trompeta y batería y voz y caja de ritmos y sintetizadores y voz. Sólo entre tres personas. Posteriormente se integró a la agrupación Lore, vocalista de la también banda chilena Chica Rica, quien aportó con su propio juego de máquinas y un timbre de voz que encajaba perfecto en algunos de los clásicos más influyentes del indie rock chileno.

Sevdaliza

Ramiro German.

Fue sorprendente la diversidad de artistas, en especial de algunos que parecen directamente sacados de un listado de rateyourmusic, como es el caso de Sevdaliza. Si bien la carrera de Sevda tiene cerca de 10 años en circuito es común en esta parte de la tierra leer su participación en el festival y preguntarse quién es o qué es una Sevdaliza y cómo llegó hasta el primavera.

La realidad es que esta mujer proveniente de Tehrān, luego erradicada en Rotterdam, carga un fuerte apoyo a los derechos humanos en su obra tomando como impulso su vida y su origen, planteando escenarios crudos que mayormente se cubren con sonidos melancólicos y oscuros. Sabe muy bien aprovecharse de esta oscuridad para montarla en un show muy performativo en el que la electrónica y los gritos desoladores priman en una actuación de una hora que estuvo dividida en dos formatos. Primero acompañada de un batero y un tecladista que parecía un pulpo ambientando las dolencias que retrataba Sevda en sus letras. Luego abarcó todo el escenario ella sola con unas tornamesas y un giro de 180° para pasar a la fiesta con Raving Dahlia, el formato de su último lanzamiento, que trajo una rave al aire libre lleno de gente danzando.

Jack White

González Barrionuevo.

Debo confesar que Road to Primavera* fue un concepto que me costó un tanto entender. Por qué realizar un show casi un mes antes, en lugar de guardar nombres tan buenos como Pixies y la mitad de los White Stripes para los días fuertes del festival. Pero una vez que las guitarras sonaron, las dudas acabaron. El sólo hecho de entregar tan buena música con el logo del festival de fondo fue suficiente para aumentar la ansiedad y el hype a niveles inexplicables.

En ese sentido (y que me perdonen los de Boston), Jack White fue el que logró de mejor manera construir esa expectación. Fue un espectáculo cargadisimo de energía, sorprendente en la capacidad de construir atmósfera tras atmósfera. Siendo que este año vio la publicación de dos discos tan contrastantes como el íntimo y sensible “Entering Heaven Alive”; y el inteligente pero frenético “Fear of the Dawn”, su presentación podía sufrir de la bipolaridad de ambas propuestas.

No obstante, utilizó de manera muy sutil las partes calmas de su repertorio como momentos de construcción, que no sólo sacaban lágrimas, sino que también hacían que el alzamiento del virtuosismo de la guitarra eléctrica y el regreso a los clásicos de las franjas blancas lucieran de mejor manera como los puntos de mayor energía de toda la noche.

*Más allá de esta excepción, para esta decidimos no incluir artistas del Road to Primavera porque ya los cubrimos por aquí: https://lucumafan.medium.com/tenemos-primavera-en-buenos-aires-a604781df58c

Arca

Agustín Wicki.

En Baires ya había empezado la lluvia que nos iba a aguar la fiesta unas horas más tarde. Pero a Arca no la perjudicó. Y no porque sea impermeable, todo lo contrario, lo celebró con la simpatía que la caracteriza. Su capacidad para ser cómplice la hizo anfitriona de la tormenta. La venezolana, que ya es una de las propuestas pilares de la identidad del festival, armó una danza de la lluvia con hechicería y un pantano de homúnculos musicales.

Al principio funcionó como un dj set de músicas oscurisimas, samples de gárgaras, visuales insectoides y una olla burbujeante con al menos una decena de géneros bien rebuscados de la electrónica. Para el cuerpo principal del aquelarre interpretó sus tracks publicados de forma más oficial, los híbridos inolvidables de la serie “KicK”, con intermisiones de versiones aplastantes de Grimes, Aphex Twin y Safety Trance. En todo momento nos hizo mover el cuerpo en las direcciones más extremas que exigía la banda sonora, mientras fascinados pensábamos “¿Qué carajo es esto? No puede existir algo así”. Una sensación acorde a Arca y la fascinación que genera, siendo indiscutiblemente una de las figuras más innovadoras del mundo.

Raveena

Ramiro German.

La hija de la India, Raveena Aurora, cubrió la tarde del sábado de un R&B envuelto en seda que deslumbraba espiritualismo y divinidad cual diosa hindú. Un tracklist que reflejó el camino de autosanación que llevó a Aurora a convertirse en la artista y, principalmente, la mujer que es hoy.

Fue acompañada de un trío de músicos con un virtuosismo envidiable, en especial del bajista, que se encargaba de darle forma a ese mundo suave y delicado mientras los demás se paseaban por el pop, la psicodelia y le añadían un cierto romanticismo. En esa sartén Raveena se encargaba de salpicar con un condimento único, picante y dulce como el curry. Con una tarde ideal para enamorarse, ella fue cuasi seductora con su público, armoniosa, y buscó abrazar a todos con su voz al ritmo de sus mantras.

Feli Colina

Agustín Wicki.

Feli Colina fue la responsable de abrir el día que Björk estuvo en Argentina. Para una jornada de pop transformador y monumental correspondía la enviada del “Valle Encantado”, la mayor obra nacional en años. Su presentación está a la par de semejante disco, por su banda de Infernales y un staff profundamente inmerso en la propuesta desde el vestuario hasta el diseño.

Su música grita, ríe, gime, llora. Es la humanidad conectada con lo animal. Y no solo tuvo en el rol principal las canciones que compartió este año. Llegaron las versiones licántropas que se rumoreaba que tenían Los Infernales. Reformas como las de ‘Carnavalito del Duende Amigo’ y la mismísima ‘Trigal’ son imperdibles. Por suerte se supone que las van a grabar, pero tanto si las graban como si no, tienen que ir a ver a Feli Colina. Una artista que es un orgullo, no porque sea nuestra, porque es nosotros.

Akatumammy

González Barrionuevo.

Comandadas por la curaduría de Lizz, la veterana del equipo, una serie de mujeres de la escena musical urbana chilena se presentaron durante toda la tarde del viernes en la bienvenida del festival. Pese a estar en el escenario menos vistoso del evento, todos los shows del bloque de Mamacitas contaron con un desplante apabullante que desbordó cada rincón del pequeño escenario BITS, redefinió la factura esperada de los shows de este estilo e hizo bailar a un público que demostró el posicionamiento de la nueva música chilena.

No obstante, de entre todos esos shows impecables, queremos destacar especialmente el de Akatumammy, uno que brilló especialmente por ser capaz de estilizar su propuesta musical y aprovechar los recursos de la instancia con una propuesta gráfica y un equipo de baile sumamente afiatado. Pero, al mismo tiempo, la gata pistola fue quien mejor supo serle fiel a la suciedad que habita en los rincones del trap y el reggaetón hecho como tiene que ser; sucio, honesto y sin permiso.

Helado Negro

Agustín Wicki.

Helado Negro dio inicio al Primavera en la Ciudad de Baires el lunes en Niceto Club. La fecha empezó con un dj set panafricanista extraordinario de Kaleema, siguió con un buen showcito de R&B con banda de BB Asul y tembló con la perfo paródica de doppel gangs. Luego vino él, un señor chicano de lo más agradable, con sus movimientos de cadera sabrosos, un afro robusto y una voz cálida y solitaria, como combinando doblajes wholesome de Pixar y el ending de Monster. Helado no se parece mucho a su público, indie devoto a Mac De Marco, y sin embargo lo cautiva.

Su música tiene un flow especial, amigable e íntimo. “Far In”, su último disco parece ambient funk y en general su catálogo está envuelto en sábanas suaves para colchones de sonido sutiles. La combinación es extraña pero rápidamente se hace familiar, y es lindo ver esa inducción en vivo, con el carisma de Helado y una banda con cintura para vibrar en la medida justa.

O.L.I.V.I.A

Ramiro German.

Iniciando la jornada musical de este main event en su versión porteña, luego de una vorágine para ingresar a horario a un predio cargado de controles y contratiempos con la seguridad, desde la lejanía oímos una voz con mucha maestría que, acompañada de una producción electrónica muy pulcra, abrió las puertas que nos conectaron con el mundo digital que O.L.I.V.I.A abraza en su obra. En casi una maratón, arribamos a tiempo para que la artista local nos desconfigure el Windows tanto con su presencia de e-girl deslumbrante, como con unas visuales que encajarían perfectamente en tumblr y un formato de banda que le quedó pintado. Con el apoyo sobre el escenario de Maja y Frío Púrpura (dj’s y apoyos vocales) y Caetano Parnes añadiendo una batería que deslumbraba, el set fue ideal para darle apertura al Flow, que por la noche estaría cargado de estrellas como Charli XCX y Travis Scott.

Lorde

Santiago Miranda.

En Buenos Aires la lluvia parecía no dar abasto cuando la banda de Alex Turner cerraba su presentación accidentada por las constantes interrupciones y más de la mitad del Primavera redistribuía sus filas con descontento desde el escenario Flow hacia el resto del Costanera Sur. Fue entonces cuando del lado opuesto del predio, como una profeta que baja directamente desde el mismísimo cielo, Lorde descendió desde lo alto de su escalera solar para apaciguar las aguas y dar refugio.

Frente a uno de los públicos más caprichosos y entusiastas del mundo, Ella Marija (como coreaba el lordismo antes de arrancar) se guardó al fan argentino en el bolsillo, con una retórica demagógica digna de la admiración de cualquier líder político. Tras una malla azul marino, su lacio rubio contrastaba con aquellos rulos góticos con los que debutó en suelo local hace casi una década, primer encuentro que rememoró calculadamente, a puro endulce de oído: “I think about you all the time, you know? I missed you. Con su sonrisa estirada, la neozelandesa implantó su narrativa con éxito. Nos hizo creer (¿qué no es esa una de las grandes virtudes del pop?) y lo hizo con la precisión del gigantesco reloj solar que sostenía su escenografía. De eso se trató todo: manejar el tiempo, hacer del encuentro un remedio para enfrentar su paso. La confección final fue la de un microclima perfecto para la ejecución de sus canciones. En medio de la oscuridad, Lorde nos protegió bajo el cuidado de su luz, un satélite de rayos catódicos propulsados por la fuerza de himnos coming of age para generaciones envueltas en la ansiedad y angustia de crecer en este mundo hostil. Con un poquito del último, un poquito del primero y un poquito más del segundo, hizo un repaso equilibrado por su discografía, entregando más de un highlight. Del desahogo eufórico en baile de ‘Ribs’, al intimismo dramático de ‘Liability’ y el sueño en sepia de ‘California’, Lorde recreó su propia versión del verano del amor en pleno diluvio, bajo el resguardo de una banda que brilló en su discreción y su pose decorativa.

Sobre el cierre, la cantante dejó el remate en manos de consulta popular. Las dos opciones: ‘Teams’ o ‘A World Alone’, ambas de “Pure Heroin”. Sin que nadie lo supiera, esa elección selló un final. Uno que, al menos por un momento, dejaba sus destellos dorados de luz grabados en la retina. “Raise a glass, ’cause I’m not done saying it”. El pop como una victoria, por más fugaz e ilusoria que seaO sino diganme, ¿alguna vez vieron el sol de noche?

JPEGmafia

Ignacio Cofré.

Siendo completamente sinceros, para la gran mayoría del público asistente del PS, la llegada de JPEGmafia al continente no era un evento sumamente relevante, quedando de hecho un tanto relegado a segundo plano en lo que implica la promoción del festival. Esto se terminó por comprobar cuando en Santiago se hizo oficial su presentación en el escenario más pequeño de los cuatros que contemplaban el festival durante el fin de semana. Además de esto, el horario en el cual fue ajustado su presentación terminó por coincidir con la fatídica lluvia que se había pronosticado, la cual de hecho en Argentina terminó por condenar su show, siendo cancelado, mientras que en Chile a pesar de no terminar en el mismo final trágico, sí terminó resultando notoria la influencia de la lluvia en el público, el cual ya era bastante bajo de partida, pero que además influenció a que algunos terminarán retirándose antes de que el show pudiera terminar en su totalidad.

Aun teniendo en consideraciones todos estos antecedentes y problemáticas coincidencias, JPEGMAFIA fue capaz de brindar uno de los mejores directos de todos los presentados en este fin de semana, asegurando la corona para la mejor presentación de lo que respecta a “música urbana”, si es que podemos encasillar de alguna manera lo vivido el sábado 12 de noviembre. El éxito de esta presentación se debe por sobre todo a un 50/50 entre lo brindado por el artista y el compromiso demostrado por el público, porque independiente del bajo número de asistentes, todos los presentes en esa oportunidad sabían a lo que venían, dispuestos aguantar cualquier lluvia y granizo, con tal de moshear con ‘Baby I’m Bleeding’ de fondo. De este mismo compromiso, el artista parecía completamente consciente de que estaba en su deber retribuir con la misma energía, y con tan solo un macbook, un micrófono y el dominio absoluto del escenario, la euforia y éxtasis se apoderó de la lluvia, viviendo una especie de “Charly García en Quilmes Rock” del rap experimental, donde la frase de “no llueve, escupe” nunca había quedado mejor.

La presentación estuvo llena de todo el material del artista, desde su cover de ‘Call Me Maybe’ en acapella hasta las joyas ocultas de “LP!” o “Veteran”, con la sorpresa de un pequeño adelanto de lo que será una colaboración en el próximo disco de slowthai, la cual anticipamos desde ya que es un banger asegurado. De esta forma y ante todo percance, Peggy vuelve asegurarnos que es uno de los mejores performers en la escena mundial urbana, pero también como una de las mejores contribuciones que pudo haber considerado Primavera Sound para los fans de este tipo de sonidos y presentaciones.

Japanese Breakfast

González Barrionuevo.

Uno de los puntos altos de todo el festival. En Chile, Michelle Zauner y banda se presentaron en dos ocasiones; un show íntimo en Primavera en la Ciudad (al que nos hubiera encantado ir); y la tarde de la jornada del sábado. Caso contrario, la tormenta eléctrica impidió que la banda se presentase del otro lado de la cordillera, saliendo la propia Michelle a compartir a sus seguidores, entre lágrimas, la noticia de suspensión de su show.

Sin duda, la sonoridad colorida y juguetona de “Jubilee’’ cautivó al público, sacándole provecho a los bemoles funk y a los vientos del repertorio reciente de JB, incluso atreviéndose a integrar un bong en una increíble interpretación de ‘Paprika’. No obstante, esto no fue impedimento para incluir en el show éxitos como ‘The woman that loves you’ o ‘Boyish’, representantes de la etapa más dream pop de Japanese Breakfast, e inclusive la mucho más experimental ‘Glider’, creada para ambientar el videojuego independiente Sable. Todo esto sazonado por la tremenda complicidad entre Michelle Zauner y Deven Craige, guitarrista de la banda.

Caroline Polachek

Agustín Wicki.

Caroline hace rato conoce todas las combinaciones para un éxito pop, pero como solista se ha dedicado a forjar en su ganzúa una llave maestra de la canción. No una unidad de melodías y ritmo estructuradas: una canción. Una idea que le nace y con artilugios la refina en una pieza única. Tiene una delicadeza como compositora que la ubica, aún con su bajo perfil, entre las grandes figuras del Siglo XXI. Su próximo álbum promete ser una nueva definición de belleza para el diccionario, mientras que “Pang” disimuladamente se volvió una de las piezas más influyentes del art pop contemporáneo.

En vivo la conexión con su arte se hace todavía más directa. Todo lo que parece post-producción vocal es técnica, natural y brillante. Su voz te deja desamparado a la intemperie para darte un abrazo al alma. Su voz te hace sonrojar, te hace ilusionar, te hace llorar y a ella también. Su voz es la voz más hermosa que escuché, tanto que lastima. Te lleva al lugar donde existen todas las emociones y con todas te conmueve.

Björk

Ramiro German.

La bienvenida al primavera en Baires estaba hechizada desde un inicio, una especie de magia llena de glitter bajo una noche de luna llena recubrian la costanera en un cónclave LGBTIQ+ que estaba a la espera de la única MADRE. Una fecha con presencia exclusivamente femenina sobre un escenario que hasta el anochecer fue una fiesta continua de la mano de Feli Colina y Javiera Mena como el banquete que precede al ritual. Ritual por el cual todos los presentes estábamos ansiosos hasta la presencia de Julieta Venegas que entró como una ronda de té de manzanilla para preparar la zona a la tan esperada sacerdotisa islandesa que se subió tímida, acompañada de su compañero islandés Bjarni Frímann Bjarnason y la orquesta del Teatro Colón, que la hacían parecer diminuta.

A pesar de esa timidez la vestimenta de bruja pagana carnavalesca con grandes cornamentas doradas le queda justo para un ritual que con tan sólo el uso de su voz en las primeras notas de ‘Stonemilker’ denota que no hay nada que asemeje su grandeza. En este formato de art-pop sinfónico a base de cuerdas que a pesar del venue, forma una intimidad lamentablemente finita entre la madre y todos nosotros que anonadados con la interpretación permanecemos en silencio hasta el preciso momento en que se escucha un “GRRRACIAZ”. Como toda la obra de Björk, la experiencia es única y ni siquiera se puede describir con halagos, es una inmersión en un cosmos musical único.

Dejando fuera su más reciente disco a excepción de ‘Freefall’ Björk buscó repasar todos sus clásicos en reversiones únicas y para sorpresas de muchos en sus tonalidades originales dándole un toque más de divinidad a su actuación. Una actuación que finalizó como cualquier ritual debe finalizar, con el famoso grito gutural de “Pluto” que fue un gran regalo inesperado tanto ella como para todos los hijos presentes de la verdadera música más grande de todos los tiempos.