En esta entrevista Juli Giuliani habla de muchos tipos de ciclos. Años de cuatro estaciones, montañas de cuatro caras. Pero hay uno que no va mencionar y es la rotación del planeta. Él lo pincha en cuatro puntos: madre argentina, padre español, crianza en Bélgica y años posteriores en su innegociable Poble-Sec, Barcelona. Su música emula este girar al mejor estilo de una pelota de basket, sobre un dedo índice que soporta soul, funk y house, pero tiene al rap como eje circundante. Al mismo tiempo, logra situarse en el centro de la secuencia giratoria. Se monta en el esférico y se reconoce como parte del giro. Él mismo es la causa y la consecuencia de su flaneurismo estilístico.
Giuliani lleva más de quince años sosteniendo su trayectoria como rapero de la misma manera en la que la forjó: pegándole suave. Coterráneo de varios de los referentes que moldearon los clásicos del rap hispano, se toma la licencia de bajarle los BPM, el pitch y los decibeles a las tendencias imperantes del género. De la mano de artistas como Escandaloso Xpósito dio fuerza a una vertiente más smooth que hasta hoy invita a fusionar estilos constantemente. Sacando provecho del sector más cálido de la paleta sonora, su voz recorre los mismos caminos que un saxo tenor: produce atmósferas tenues a partir de la fluidez de seguir su propio instinto. Hace un par de años elabora sus propios beats, pero la claridad de su intención artística deja en evidencia que siempre tuvo las riendas del proceso creativo entero.
Tras el primaveral “Ginga” (2023) y el veraniego “Strictly Ice Cream” (2024), caracterizados por su espíritu upbeat, Juli experimentó un reseteo personal que lo tuvo muchos meses de rehén en el invierno del enero europeo. No fue hasta su viaje a Argentina que pudo reencausar el reloj biológico y romper sus cadenas en un nuevo escalón de desarrollo emocional. Con la calidez latinoamericana como contención, extendió su estadía post gira para elaborar lo que terminó siendo “Volver al Principio” (2025), un mapa anímico que abarca caídas, remontadas, brindis, confesiones y que tiene como brújula la idea de una existencia cíclica. Una palmada que uno siempre puede darse en la espalda para transitar el día a día con liviandad. El disco, además de ser el manifiesto más fiel a la persona detrás del rapero, es representativo de su espíritu multifacético. Es la guía Pantone en la que coexisten todas sus sonoridades.
Nos reunimos café de por medio, refugiados de una inesperada lluvia en Barcelona, para conversar sobre crecer, el proceso de sus últimos dos discos, su fascinación por el folklore uruguayo, los efectos secundarios de viajar, la actualidad del rap y un poco de antropología, entre otros temas.
¿Por qué Volver al Principio?
Te cuento cómo empezó. El disco lo empecé en Argentina en 2023, cuando hice la gira en la que también estuve en Chile y Uruguay. Tenía pensado quedarme dos meses allí y fueron cuatro o cinco, porque no paraba de conocer gente. Amo Argentina porque la gente siempre es pa’lante, puertas abiertas y full conexión. Cancelé mi vuelo de vuelta e hice mucha música.
Justo al comienzo del viaje escuché hablar de la idea del tiempo cósmico, que cuestiona nuestra percepción lineal de pasado-presente-futuro y dice que todo funciona de manera cíclica. Eso se puede ver en todo. Lo vemos en un día, en el paso de las estaciones, en la naturaleza, en una vida: empiezas siendo un niño dependiente, luego creces, luego vuelves a ser un abuelo dependiente… todo son ciclos. Me gustó mucho esa idea y varias de las canciones que empecé a hacer en Argentina tratan de eso. Se me ocurrió que el disco mismo funcione como un ciclo y que cada canción represente simbólicamente un mes del año. Está construido de esa manera, desde la mirada del hemisferio norte: enero y febrero serían el invierno, julio y agosto el verano. Por eso la intro se llama ‘Sol de Invierno’, los primeros temas son más serios y oscuros, después se va para arriba y al final vuelve a bajar. Si te fijas, la peli que hicimos para el disco fluye de la misma manera. A medida que iba haciendo el disco les preguntaba a mis amigos a qué mes les recordaba cada tema. Según si me decían “abril” o “septiembre”, por ejemplo, iba construyendo el orden.
Para mí el concepto siempre fue “La Espiral”. Siempre estuvo ahí. Pero ya existía un álbum mítico de rap español con ese mismo nombre: el de Me Cago En Tu Padre. Entonces me daba cosa, no me terminaba de cuadrar. Cerca de terminar me había quedado sin título. Pero justo recordé que en la intro digo “volver al principio, todo se repite aunque sea distinto”, que al fin y al cabo es el principal aprendizaje que me dejó el disco hasta hoy: si la vida es una montaña y tiene cuatro caras, tú vas pasando por cada una de las cuatro en distintos momentos. Y también en distintas alturas, porque en simultáneo vas subiendo. Pasas por la parte lluviosa muchas veces, pero también vas a estar feliz y super pleno. Por eso la frase.
Si empezaste en 2023 ¿En qué momento de la línea temporal entra Strictly Ice Cream? ¿Qué procesos atravesaste entre ese disco y este?
“Strictly Ice Cream” ya estaba hecho de antes. Lo trabajamos con Griffi entre 2021 y 2022. Después me fui para Argentina y cuando volví quise hacer un par de temas más pero ya no me salía. Estaba en otro mood. Ese disco era puro arriba y yo había pasado ciertos momentos vitales que me llevaban para otro lado. Había terminado una relación de cinco años y dejado el laburo que tenía para volcarme de lleno en la música. Así que me reencontré conmigo mismo de otra manera. “Strictly Ice Cream” es del momento en el que yo recién estaba pegando ese salto y “Volver al Principio” es la bajada. Cuando volví de Argentina me deprimí completamente. Después de dos años a toda velocidad había cosas que todavía no había sanado y las estaba tapando haciendo música sin parar. Yo soy muy de las subidas y bajadas. Siempre me van a suceder, pero al menos quería intentar que fueran más suaves. Así que cuando llegué a España con “Volver Al Principio” casi terminado, en vez de mezclarlo rápido y sacarlo en un mes como quería, prioricé lanzar “Strictly Ice Cream” antes, promocionarlo, defenderlo en vivo y dejar que el siguiente disco se cocinara a fuego lento.
¿Qué aprendiste de compartir estudio con Griffi?
Piensa que yo escuchaba a Griffi de pequeño. Para mí es el mejor productor de la generación de antes. Es muy especial, tiene una manera de hacer música muy peculiar. Se decía que era el J Dilla español, pero ni siquiera. No se parece a nada. Imagínate que cuando empecé a trabajar con él estaba en ese momento de recién dejar el laburo. Con toda esa energía, se juntaron el hambre y las ganas de comer. Cada vez que nos juntábamos en el estudio salía un tema. Él me decía “hagamos boom bap”. Yo le decía “si me junto contigo ¿cómo voy a hacer boom bap? Si boom bap puedo hacer con cualquiera”. Quería hacer esa onda más Kaytranada, siguiendo un poco con eso más funky, más bailongo que tenía “Ginga” (2023).
¿Qué aprendí de él? Me gusta que a diferencia de la mayoría de gente, que hace música con los ojos, él toma otros caminos. Se nota que viene de otra generación. Todo le viene de oído. Por ejemplo, para armar un LFO (un filtro que genera vibrato) mucha gente pondría un plugin. Él coge la ecualización, hace así [gesto de zigzag con las manos] y genera la onda manualmente. Es muy de rebuscársela para llegar a donde quiere. Si quiere una guitarra, nunca va a grabar una limpia. Coge una de un tema de Rick James y la procesa. No hay normas. Es anarquía pura.
En Volver al Principio participan muchos artistas latinoamericanos ¿Cómo se fueron sumando al proyecto y qué te llevaste de compartir con ellos?
El disco inicialmente era de colabos con productores, la mayoría argentinos. Algunos más conocidos como GasLab o Maxi Sayes (que trabajó con Vinocio y produjo “SAETA” de Paco Amoroso), hasta algunos que están escalando de a poco como Bosno o Evan Bitz (que estuvo trabajando algunas cosas con Acru y Dandara). Con quien pegaba buena onda, iba y hacía música. Lo mismo con las colabos vocales. En ‘Sol de Invierno’ está Mateo, un chico que no conoce nadie, que canta en una banda que se llama anx. Con ellos hice ‘Tiempo al Tiempo’, el último tema del disco, que tiene un viaje instrumental impresionante. Ese tema es prácticamente un EP. La sesión duró hasta las seis de la mañana.
¿Y cómo conectaste con esta gente?
Los conocí en el estudio La Sala. Hice un tema con Facundo Grandío, el dueño. Pegamos muy buena onda, fui a un concierto suyo y ahí conocí a estos chicos. Ellos fueron la única colabo argentina. La colabo con Ana [Tijoux] se dio porque ella vivió aquí muchos años, hace poco volvió a Chile. Habíamos dicho de hacer algo hace tiempo, le mostré los temas que tenía por la mitad, le gustó ‘La Espiral’ y se subió. Con Oblivion’s [Mighty Trash] conectamos por internet. Urbanse y Santi Cembrano (que también vivió aquí) me escribieron diciéndome que él me había nombrado en un tema. Lo escuché, me moló y cuando vino aquí por su gira nos juntamos en el estudio a revisar temas a medias, como con Ana.
Luego Cass y Guille Saporta, ese dúo son unos Rosalías [Antes de la entrevista habíamos charlado sobre cómo la voz de Rosalía llamaba la atención cuando en sus comienzos cantaba para quince personas]. A Cass lo conocí por Sáez’93 cuando fui a Uruguay. Hace años había conocido la música de Drexler y justo Sáez me habló de Cass como otro gran proyecto de música folklórica uruguaya. Tiene un disco en vivo increíble llamado “Naufragio” (2020) en el que canta acompañado solamente de Guille en la guitarra. Me enamoré de ese disco, tiene que volverse un clásico de la música latinoamericana. Dio la casualidad de que el verano en el que volví a vivir aquí, Cass se vino a vivir a Europa y Guille estaba viviendo en Israel. Así que coincidimos. Guille me grabó unas guitarras y luego fui construyendo ‘Medio Triste’, metiéndole la bata, unas trompetas y demás. Quería meter a Rita Payés cantando. Iba con la onda del tema y además Eudald, su hermano, hizo arreglos de trompetas para el disco. También trabajó conmigo en “Ginga”. Pero lo de Rita no se dio, así que lo cerré con el Cass que encima ya tenía la química de compartir grupo con Guille.
Antropología tiene uno de los mensajes más potentes del disco ¿En qué momento la escribiste?
Yo estudié antropología, entonces siempre me he considerado una persona observadora, que intenta entender el por qué de las cosas. Es curioso porque en estos últimos años he vuelto a leer, cosa que me gusta pero nunca hice mucho, y paradójicamente me puse a leer libros que en la carrera no leí. Lógico: tenía veinte años, estaba en otra. Y bueno, últimamente leí sobre filosofía, psicología, sociología. Principalmente sobre cómo eso [señala el celular] está cambiando el mundo y la manera en la que nos relacionamos. Creo que al momento de escribir el tema estaba leyendo un libro que se llama “Filosofía de la resistencia” de Carlos Javier González Serrano, un filósofo español. Cuando salió la canción le escribí diciéndole que me había influenciado. También hay ideas del libro “La sociedad del cansancio” de Byung-Chul Han, que se hizo muy conocido. Creo que estamos en un cambio de era y es uno de los más radicales que tuvo la humanidad. Comparable a descubrir el fuego o inventar la rueda. Ahora que tenemos internet, el celular es nuestra forma de comunicamos con el mundo. Y eso moldea todo. No deja tiempo a mirar para adentro, para dejar que la mente divague. Y eso es algo heavy.
En el disco hablás del “arte de la vida” y la “vida del arte” ¿Cómo creés que esto afecta en ese aspecto?
Con Sáez tuvimos una conversación muy profunda sobre esto. Él decía que el arte es arte cuando es un reflejo de la vida. Creo que el arte con ese componente tiene un peso mucho mayor. Logra remover algo y tiene una energía suprema. Hoy en día no todo el que hace música hace arte. Está muy bien la democratización de que cualquiera pueda hacer, pero al haber más cantidad hay mucha menos sustancia. Hay un macrobombardeo de cosas y esa masificación genera que las grandes obras que salen pasen desapercibidas. Así que el fenómeno tiene una doble cara.
Ahora que con mi hermano montamos un estudio también veo que muchos de los chavales están haciendo música solo para hacerse famosos. Y el arte no deja de ser un espejo del estado de la sociedad. La mayoría de gente no hace más que reproducir discursos y patrones. La minoría de artistas son gente despierta que aporta una nueva idea sobre algo. Y en definitiva esos son los grandes.
A los que terminan queriendo copiar, básicamente.
Exacto. Pero cada vez todo es más copia de copia. No solo en el arte, en todo. Hoy se premia más ser parecido que ser diferente. En ‘Antropología’ lo digo:
Quieren anular al líder del recreo
Por el que quiere gustar a todos los compañeros
Y así el inseguro es el referente
El que sigue la corriente tapa al diferente
Eso lo vi porque estuve años haciendo talleres en coles con guachines de doce-trece años. Antes el líder de la clase era el líder natural, el que más habilidades tenía para proponer jugar a una cosa u otra. Hoy los chavales creen que el líder es el que más seguidores tiene en Instagram. Y precisamente esa persona es la que más valoración externa busca, es decir, la más insegura. Entonces el que sigue la corriente tapa al diferente, que es el verdadero líder. Eso lo veo en todos los ámbitos de la sociedad. A nivel macro, los influencers. La idea de los influencers no es algo nuevo: Bob Marley era un influencer. Pero claro, en su momento los que influenciaban eran los que traían algo nuevo. Hoy en día la mayoría de personas que influencian a la sociedad son seguidores, no son gente que abre caminos. Se está invirtiendo mucho. Y todo es por este contexto de redes sociales en el que la validación ocupa un lugar central. Así que sí, nos está afectando en muchos campos y en cosas que ni somos conscientes.
Siguiendo esta lógica de la copia, en Este Es Mi Mood decís que estás “aburrido del rap” ¿De dónde nace esa sensación?
De lo mismo, bro. De escuchar al rapero underground medio y decir “tú estás copiando a tal”. Veo poca gente original.
¿Qué caminos ves para que el rap no se estanque en cuanto a propuesta?
El rap se está convirtiendo en una música más madura. En Estados Unidos ves que la mayoría está llegando a sus cuarenta, ya son gente adulta. El Hip Hop mismo cumplió cincuenta años. Sigue siendo una música para jóvenes, pero hay una generación que ya no lo somos. En los 90 no había raperos de cincuenta años, pero ahora no es lo mismo. Así que si somos adultos, hagamos música adulta. Al menos así lo veo yo, que escucho rap hace veinticinco años. Exijo un poco más. Me cuesta escuchar discursos propios. Debes tener muchas influencias, para empezar. Hay gente que no tiene muchas y eso los vuelve unidireccionales. Luego coges todas esas influencias. Las pasas por tu filtro, que sería tu forma de sentir las cosas, tu forma de ver el mundo. Por último, sirves tu plato. El talento está en tu visión, eso es lo interesante y lo que te vuelve único.
El disco tiene una fuerte carga de diálogo interno, se podría decir que el autoconocimiento es un foco ¿En qué punto de conocerte a vos mismo creés que estás?
Estoy mucho mejor que hace dos años cuando empecé el disco. Estuve leyendo a Yung, que habla del inconsciente. En un tema del disco digo “haz consciente el inconsciente si no quieres pasar tu trauma a la generación siguiente”. Y siento que estoy en esa lucha de entender ciertos patrones, entender que mis padres no son perfectos, entender el por qué de mis acciones y mis reacciones. Me falta muchísimo aún. Es un trabajo que dura toda una vida, pero ahí estoy. Mira, por ejemplo, yo nunca he sido un gran bebedor, pero está normalizado que cuando sales, tomas. Bueno, ahora llevo casi un mes sin tomar ni fumar. Desde que soy adulto creo que nunca llevé un mes entero sin hacerlo. Quiero limpiar mi cuerpo, cambiar mis hábitos. En el mundo de la música, que también es el de la noche, es difícil sostenerlo. Pero es avanzar un milímetro día a día y, ojalá, ver el resultado con los años.
Empezaste a hacer tus beats ¿Cambió algo del vínculo con tu música gracias a eso?
Antes, en una época en la que hacía mucha música, usaba los beats para canalizar cosas por fuera de mis temas. Ahora, al ser parte de lo mismo, lo hago más a conciencia. Hago menos beats y a la vez escribo menos impulsivamente. Ralentizo el proceso y eso me permite entender mejor qué sensaciones hay detrás. Pero los beats siempre estuvieron presentes para mí. Incluso cuando hacía los beats con alguien más, yo estaba atrás. Ahora he estado haciendo mucha música con mis beats. Creo que todo lo que va a salir mío a partir de ahora va a ser con mis beats. Desde Griffi no hago música con otra gente, porque me encontré en un proceso mío.
A pesar de todos los debates que mencionamos, en tus letras sigue habiendo un tinte optimista ¿En dónde encontrás esa positividad?
Creo que siempre he sido optimista. Pero fue a partir de “Summer Never Ends” (2022) que hice un click como persona. Cuando uno es chaval romantiza la idea de crear desde el odio y la rabia. En el momento que superas eso, te das cuenta: “yo no quiero transmitir esa energía, porque al primero que me la transmito es a mí”. A través de lo que haces, te dices quién eres. Es una forma de autoafirmarte. Empecé a hacer música positiva simplemente por ese cambio de chip. Este último disco baja al suelo de nuevo, pero desde la madurez de entender que no puedes estar siempre arriba, que la vida son ciclos. Voy a seguir haciendo música positiva, música triste y música agresiva de vez en cuando. Cada tanto me echo unas raperadas, porque me gusta y forma parte de mi ADN musical. Pero mis conclusiones siempre son positivas.
Después de los aprendizajes que te dejó este disco ¿Sentís que se puede volver al principio?
Sí, hay que aprender. Es difícil. A mí me cuesta y por eso he hecho este disco. Para decírmelo a mí. Creo que sí, se puede y se debe. Entender que los ciclos nacen y mueren es lo más sano. Recuerdo que estaba con mis amigos el primero de enero y les dije: “Bueno, este año vamos a ser muy felices, vamos a sufrir mucho, vamos a pasar por todo, no nos vamos a librar de nada”.
“Esto también pasará”.
Claro, y ahora tengo la madurez para entenderlo y no vivir las cosas de manera tan dramática ni definitiva. Siento que estoy en un paso hacia una madurez más sólida. Este disco muestra el click y no es más que el reflejo de mi proceso personal. Mi música es un reflejo de mis etapas.
¿Y ahora en cuál estás?
Siento que estoy empezando una nueva, que no sé hacia dónde me lleva, pero estoy probando.
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