PiL y John Lydon: cuando el mito queda chico

Una invitación a repasar la historia de los Sex Pistols y conocer a PiL. Banda ideóloga del post-punk que se presenta en el marco de This Is Not the Last Tour el 10 de abril en la Sala de Artes de Rosario, el 11 en el Complejo Art Media, ubicado en la Ciudad de Buenos Aires, y el 12 en Brewhouse, Mar del Plata.

Todavía me acuerdo del día en que la curiosidad de saber qué pasó después de la separación del grupo emblema del punk recibió las balas de una experiencia sonora que no imaginaba. Así fue que la sinapsis me hizo como un pochoclo y fui descubriendo que un mito enorme quedaba minúsculo. Encontré que atravesando el renombre y la fama, había una trayectoria musical con contenido honesto y un mensaje robusto.

Se están por cumplir diez años de la última llegada de PiL a Argentina y el eco de los Sex Pistols casi no llega a escucharse en los pasos que dirigen al mítico Johnny “Rotten”. Public Image Limited se presentara este abril, entre fechas por todo Latinoamérica, en Rosario (10/4, Sala de Artes), CABA (11/4, C Art Media) y Mar del Plata (12/4, Brewhouse).

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Ser punk

En la cultura popular tenemos bien en claro cómo se ve el movimiento punk. Que los pelos en punta, que las camperas de cuero, que los borcegos, los alfileres de gancho, las costuras, los parches, las telas cuadrillé, las perforaciones. Es un movimiento amplísimo, internacional y enraizado en Latinoamérica: desde Los Saicos en Perú en el ‘66, antes que todos en el mundo, pasando por Pil Trafa en los 80 (bautizado así por ser fana de la banda que homenajea esta nota), hasta Ricky Espinosa en los 90. No obstante, la imagen que por lo general ocupa en el imaginario colectivo corresponde al punk británico de fines de los 70. Fue tan un éxito, en gran parte éxito estético y cultural, que es evidente que también fue un éxito comercial y, por tanto, su condición también fue la de producto. Se ve hoy y se veía ayer. Se ve ahora en Pinterest, en Tiktok y antes en revistas, en las pasarelas de moda y en las producciones de cine. El punk como corriente estética, como moda, como imagen de rebeldía vaga y fisura separado de su ideología política es un fenómeno que lo acompaña desde el principio.

A pesar de que ni siquiera llegaron a tres años de carrera, sabemos qué hicieron los Sex Pistols originales (ojo, siguen tocando con nuevos integrantes): el grito pelado por la destrucción de las instituciones, el repudio hacia la reina de inglaterra, la adicción a las drogas de Sid Vicious y su consecuente muerte, bla, bla. ¿Estas acciones nos dejaron algún mensaje en claro? Las conocemos porque las consumimos en infinidad de lugares, no sólo como banda. Quien no se acuerde de aquel capítulo en el que Bart representa a Rotten y Nelson a Sid es porque o no lo vio o la deficiencia de fósforo en la dieta le está atacando la memoria. Es un capítulo icónico aunque reciente de los Simpsons (escasean temporadas antes de que cambien la intro), a punto tal que entre mis allegados me encontré varias veces con que el Bart de pelo naranja está más presente que el nombre de John Lydon “Rotten” (obvio, gracias a lo apegada que está la idiosincrasia argentina con este gran dibujito). Pero hay un elemento extra que le da mayor sentido a la situación: la gran insignia del punk, Rotten, se alejó de las imágenes suyas que se siguieron imprimiendo, dejó de formar parte del producto comercial disfrazado de movimiento estético-cultural en pos de ganar plata, se corrió de ese lugar en el que le tocaba ser provocador y perdió fama. Aún así, el producto se siguió vendiendo: las fotos ya se las habían sacado, los videos ya se los habían grabado, su imagen ya no era solo suya y su presencia ya no era necesaria. Fue explotación y uso ilimitado de su imagen pública. ¿Pero por quién? Esa es la pregunta en la que radica el top 1 de los datos curiosos de una de las bandas de punk más famosas de la historia.

Bart Simpsons como Johnny Rotten de los Sex Pistols

Ser un engaño

El origen de los Sex Pistols tiene autoría: firma como Malcolm McLaren y su título es el de manager. Johnny Rotten dijo más de una vez que cuando dejó de ser parte de la banda tenía sólo lo que llevaba puesto en sus confeccionados pantalones con cadenas y alfileres. Un grupo que exprimió al máximo la popularidad mediática ganada por su rebeldía, efectivamente tuvo una repercusión económica que se correspondió con sus dimensiones. ¿Pero quién se llevó la plata, las regalías, los “derechos” de explotación? El dueño de la empresa, obvio. Que no hacían un buen ensamble sonoro es conocido, que no se dedicaban solo a la música también, pero que el objetivo era comercial no está tan presente.

Cuando tocaron ‘God Save the Queen’ arriba de un barco en el río Támesis, enfrente del parlamento inglés, siendo arrestados y dejando registro en video de todo lo acontecido fue para promocionar aquel nuevo sencillo. La búsqueda por la polémica nos señala que, si la producción musical no era lo más importante, el objetivo era, en realidad, ese. La exitosa creación de este mito dio lugar a las discusiones que bifurcaron los caminos entre la banda manejada por un “jefe” sin instrumentos y su líder arriba del escenario.

Un día del ‘78 en Nueva York, a mitad de una gira por Estados Unidos, Rotten se encontró renunciado y sin indemnización. No fue hasta el ‘86 que los tribunales se inclinaron por su reclamo legal-laboral por primera vez, al darle una compensación económica y el control de su música. Sin embargo, nunca recibió justicia de verdad: la pelea nunca terminó. De hecho en 2021 perdió un juicio contra sus ex compañeros vivos por el uso de imagen y música en el documental “Pistol”, perteneciente a Disney. Este fenómeno se repitió ahí como tantas otras veces porque la visión empresarial siempre estuvo. El punk como producto comercial hueco desplazó a la ideología política que también sabe contener en su movimiento (junto con la literatura, la poesía y las disciplinas artísticas o filosóficas). Johnny siempre tuvo en consideración que esta es la maleza que crece entre sus plantas y tuvo que darse cuenta rápido que no la quería consigo. Sobre el mayor yuyo de su vida, su ex manager, reflexionó: “Malcolm fue un tipo que vivió gracias a otros”. Un éxito capitalista punk.

Ahora sí, ser punk

Guardo vívido el recuerdo de cuando me encontré con Public Image Ltd. Al escuchar ‘This is not a love song’, reconocí a ese pálido anaranjado junto con su voz al instante, mas no a su sonido. Fue un choque entre este nuevo mundo y el desencanto que me habían generado a través de los años los máximos deportistas ingleses de la provocación. Repetitivo, duro en sus líneas de bajo, disonante aunque también algo que me descolocó: estructurado, curado y cuidado. Era post-punk. 

Si hay un disco por el que vale la pena parar la oreja sí o sí —mi favorito personal— es “This Is What You Want… This Is What You Get” (1984), cuyo último tema fue elegido para formar parte, de manera muy precisa, en “Marty Supreme”, la supernominada película protagonizada por Timothée Chalamet. Siento que es por lejos el álbum que mejor logra el efecto envolvente, complejo, dedicado y gustoso al oído tan propio de la banda.

No obstante, centrémonos en sus primeros trabajos, comenzando con “Public Image: First Issue” (1978). Tengo un lazo especial con este álbum porque rellenó una atracción vacía e infantil por la rebeldía que había germinado cuando todavía me paraba los pelos en cresta con gel y me quedaba algún diente de leche dando vueltas. 

Este disco, eclosionado el mismo año en el que Rotten se separó de su cáscara de huevo, suena cercano a su empleo previo como cantante en la otra empresa, pero fresco. Liberado de las ataduras de la explotación laboral a la que McLaren lo había sometido, le entrega sus sentidas dedicatorias. En la mitad de la lista de temas aparece ‘Public Image’, una canción compuesta antes de que lo obliguen a firmar el telegrama de renuncia para quedarse con su indemnización, que relata la manipulación que sufrió y bautiza al proyecto más grande de su vida. Por la misma línea lo sigue ‘Low-Life’.

Encarecidamente recomiendo adentrarse en la travesía de este primogénito. No obstante, ¡ojo!: hasta el día de hoy no logro descifrarlo. Es enigmático; cada reproducción sumada es una experiencia distinta. La apertura, ‘Theme’, es un ritual, es la Boca de entrada a una ceremonia emocional atravesada por la muerte que se prolonga durante 9:12 minutos. ‘Religion I & II’ son mellizos y ambos hermanos de ‘Annalisa’, estas tres canciones vociferan posiciones políticas contra el cristianismo europeo con nombres y apellidos, como el de Anneliese Michel. ¿Y cómo no va a haber un regalo para la corona británica? ‘Attack’ le alcanza el mensaje desde la sutileza. Como se puede apreciar, los contenidos no cambiaron en un año, Johnny tampoco. Siguió siendo él pero sin su opresor, sin un jefe encima que le diga adónde ir, cómo tocar y cuánto va a cobrar sin posibilidad de negociar su situación.

Es menester recalcar la primera etapa de PiL, entre el anterior álbum mencionado y sus sucesores “Metal Box” (1979) y “The flowers of romance” (1981), por dos ejes particulares. El primero se debe a la relevancia de estos trabajos como afluente musical en el post-punk, en su concepción como género, por “Metal Box” en especial. El segundo es por el enfoque de la gira “This is not the last tour”, que homenajea mucho a las primeras épocas. Para todo fanático de Public Image Ltd. esto es un notición que acaricia al alma.

En el segundo disco de la banda se percibe la innovación, la esencia del post-punk, desde un ángulo extremo, libre e incomodísimo. El tridente de las formaciones iniciales de PiL tiene un sonido característico: Jah Wobble, responsable de las líneas de bajo tan pesadas y reiterativas, Keith Levene con su guitarra hipnótica y filosa más sus sintetizadores robóticos, en compañía de la emocional voz Johnny Lydon para armar una atmósfera caótica. Recapitular la historia de Rotten es clave para comprender la creación de este sonido tan influyente (hasta los Red Hot Chili Peppers tienen sus versiones de esta etapa). Después de tan mala experiencia con Malcolm McLaren, desistieron de tener mánager y productores, sumado a que, según la banda, el dueño de Townhouse Studios, era un hippie con dinero. Sin insistencias, hicieron lo que quisieron y salieron a explorar. De guía sólo tenían una brújula que señalaba la necesidad de un cambio de sonido en la escena, sin que esta les contamine la búsqueda. Cuando pisaron tierra lo hicieron con un disco misterioso, profundo, atractivo y oscuro.

Los cantos de Lydon fueron íntegramente improvisados, sobre ellos estaban las bases, casi sin melodía ni musicalidad, formadas por el bajo principiante y prodigio de Wobble y la electricidad del fallecido guitarrista Levene. Desde ‘Albatross’, la canción inaugural, hay un sonido crudo que, sin embargo, es más complejo que el de los Sex Pistols. Podemos saborear una simpleza, sin gusto básico en su maridaje con una expresión artística más explorativa. Se animan hasta a emulsionar con Tchaikovsky. El propio Jah Wobble, que venía del dub y era nuevo en su instrumento, describe su bajo a partir de sus manos: propias de un trabajador industrial, de dedos grandes pero sensibles.

Algo a entender: cuando Rotten paseaba por las calles del norte de Londres con una remera que decía “I Hate Pink Floyd” lo hacía en oposición al virtuosismo del rock progresivo. Lejos se sentía la excelencia musical de Genesis, King Crimson o Camel con el sentir de la clase trabajadora británica, la cual fue golpeada por las políticas de recesión y desempleo de Margaret Thatcher. En contraposición nace el punk, en su maduración surge el post-punk. PiL trasciende en lo artístico, despoja de inconsciencia al movimiento de los Sex Pistols. En esta primera era su expresión formó vanguardia. Comprendieron a su música como tal y no como una herramienta de provocación a la orden de facturar. Podían tener una búsqueda por la complejidad, la estructura y la delicadeza respetando sus recorridos de vida desalineados y agredidos.

No solo ser punk

La figura de Lydon merece un reconocimiento como sujeto político. Espero resuene su historia con el contexto argentino actual, donde una reforma del congreso de la nación suprimió derechos laborales centenarios. Aunque no está exento de polémicas y contradicciones, siempre se identificó a sí mismo de clase trabajadora. Se afianzó sobre los valores, la sensibilidad, la intelectualidad y la expresión artística de su propia clase. A ella le dedicó su obra, así como señaló con el dedo a las clases “medias”, altas o de sangre azul en los intentos de pisotear, por su origen, a aquellos pilares del ser humano que son universales. 

Retrato de John Lydon, más conocido como Johnny Rotten

Es recalcable en la filosofía de Lydon que, obvio, hizo uso de agravios e insultos, de acusaciones y de violencia a lo largo de su vida para denunciar lo que creía injusto o despreciable, pero también de respeto, el que uno tiene que tener hacia sí mismo. Siendo el más punk de los punks, aceptar cumplir un rol escandaloso es para el poder otra forma útil de control, te hace fácil de señalar como símbolo de oposición y fácil de marginar. Respetarse a sí mismo puede implicar dentro del abanico de posibilidades conservar ciertas formas y hasta respeto con quien no lo merece. 

Con su ex manager, McLaren, se observa esta compleja posición: Johnny reconoció, con desprecio, a lo largo de los años, la innegable y desastrosa contribución a la música que hizo este, pero se guardó de rendirle homenaje cada vez que pudo. Cuando murió en 2010, sin haber ido a su funeral, expresó: “Para mí, Mac fue siempre entretenido y espero que ustedes recuerden eso. Por encima de todo, era un entertainer y voy a extrañarlo, y también deberían hacerlo ustedes.” ¿No despreciar la memoria de alguien por más perjuicio que nos haya generado es un acto de auto-respeto? Puede que sea contemplar la vida de los demás con el mismo valor que contemplamos la nuestra. En su extensa carrera que cubre 51 años, de los cuales sólo tres fueron con su primera agrupación, Lydon, siendo un verborrágico rebelde, fue sensato y gentil más veces de las que se puede contar. 

En esta dirección siguió haciéndose de vida y obra, ensanchando su espalda, sobrepasando talle tras talle la remera de la mediocridad, de la imagen por la imagen. El rock y el punk que tan vinculados están con los papelones, los excesos, los intereses viciosos, los vínculos tóxicos, las traiciones, las trampas contractuales y los sufijos -ína, no lo perforaron. Hubo una persona íntegra… bueno, fueron dos. En realidad el proyecto más grande de su vida no fue los Sex Pistols y tampoco PiL, sino su matrimonio de casi cinco décadas con Nora Forster. Duró hasta 2023 cuando ella falleció a los 80 años. Emociona hasta los ojos los valores del amor que Lydon promulgó a lo largo de su vida.

Todas las posibilidades mencionadas antes, que eligió Sid Vicious junto con su pareja Nancy, Johnny las rechazó. El esfuerzo es admirable, incrustado en una Europa de punk que casi mata al mismísimo Luca Prodan, imaginarse la cantidad de balas que voluntariamente esquivó Rotten hace quedar como un pusilánime a Neo de "Matrix". No es fácil estar despierto, menos cuando te adormecen con sustancias, te ponen reflectores y las personas se pegan a vos como bichos. Sin embargo, no se pudo salvar de dolores ni remordimientos. Ha reconocido lamentarse por el desenlace de Sid, al haberle presentado él mismo a Nancy, la cual lo introdujo a la heroína. Tal vez, de haber elegido ese camino, habría terminado como ellos: muertos, jóvenes y miserables pero romantizados; tal vez, de haber elegido esos vicios, PiL habría durado casi 3 años como los primeros Sex Pistols, en vez de 48.

Johnny Rotten (john Lydon) junto a su difunta esposa Nora Foster

¿Pero quién fue su compañera de vida? Forster era la madre de Ari Up, cantante adolescente de The Slits, reconocida banda de ese momento. Aprovechando su fortuna, Nora apadrinó la escena con el paso de los años, se dedicó al alojamiento de músicos en su propia casa y la financiación de bandas como la de su hija, The Clash o los Sex Pistols. Conoció a Johnny en el ‘75, en el local de Vivienne Westwood, la pareja de Malcolm McLaren. A pesar de llevarle catorce años de edad al joven naranja que se paseaba con esa remera que decía “I Hate Pink Floyd”, la atracción fue inmediata. Las múltiples declaraciones de Johnny durante casi cincuenta años dan cuenta de que erigieron un edificio cuyos cimientos fueron valores como el compromiso, el entendimiento mutuo y el cuidado: la razón por la que perduraron en el tiempo. Reconocían conocerse y confiar en el otro, que no era sólo suerte el encontrar a alguien que parece perfecto sino que también era un trabajo sostenido de alimentar los principios que los unían. Implica reconocer que no siempre va a estar todo bien, hay que cuidar la infraestructura y, como él ha dicho, entender al otro como un ser humano y la responsabilidad que tenemos con los demás desde esta condición.

Allá por el 2014 a Nora le diagnosticaron Alzheimer. “Si uno de nosotros se va antes que el otro va a ser un asesinato para el sobreviviente” había dicho unos meses antes del diagnóstico. A partir de ahí Lydon tomó a tiempo completo las tareas de cuidado de su compañera. De chico, una meningitis lo hospitalizó por tanto tiempo que estuvo años tratando de recuperar su memoria y entender quién era. Aquello lo tomó como un regalo de la vida: estaba preparado para lo que podía venirse puesto que iba a entender a su esposa mejor que nadie. Esta desgracia le sumó experiencia a su empatía. En conclusión, Lydon se configuró a partir de una vida traumática que parece eterna y ejecutó sus decisiones en base a una matriz de valores que está para pedir prestada.

No obstante, la vida es guacha y, si tiene de compañera a la suerte, es una mala combinación. En 2023, Public Image Ltd estrena “End of World” ,pero en ese mismo año no sólo Nora se va sino que también fallece "Rambo" Stevens, su productor, manager y mejor amigo. Aunque ambos lograron escuchar la última obra de PiL, Johnny declaró a finales del 2025: “soy la mitad de la persona que era cuando Nora estaba viva”. 

Johnny Lydon, con diez discos de estudio al hombro y una gran cantidad de temazos no mencionados como ‘Rise‘, ‘Seattle‘ o ‘Disappointed‘, construyó una carrera extensa y completa por fuera de lo que lo hizo famoso y, teniendo en la espalda una leyenda que se infla sola, vivió una vida entera en otra dirección. Juntó un sinfín de memorias que nada le deben a un recuerdo incapaz de desaparecer pero que no está presente. Esperemos hacerle honor en el campo a una vida a la que le debemos mucho y de la que podemos aprender muchísimo más.

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