Un matrimonio entre el cielo y el infierno

Volvió Boards of Canada con un nuevo disco: "Inferno". No fue un retorno por fanservice, tenían algo que inmortalizar entre el viejo y el nuevo mundo.

Trece años han pasado desde que la luz que encendía Boards Of Canada se apagó. Quizás nunca lo hizo, y solo buscaba formas de reorganizarse en un mundo complejo. Esa chispa del 2013 sembró para que en ese año florezcan estos pétalos rojizos dentro de un valle en llamas. 

Hablar de Michael Sandison y Marcus Eoin es hablar de uno de los mejores duos de la música electrónica. Punto. Los escoceses desde los años noventa, en plena fiebre del IDM, con contemporáneos revolucionando este nuevo mundo musical como Aphex Twin o Autechre, encontraron un punto en común lejos del norte que representaba hacer la música del futuro. Boards Of Canada es una entidad que retrata una memoria distante que se niega a desaparecer. 

El valor de la nostalgia es la columna vertebral del grupo, la filosofía en que basaron obras maestras como “Music Has Right To Children”, con sus texturas evocadoras que derriten la idea de un futuro perdido y recuerda a la elegía del pasado enterrado en los rincones del cerebro aún en su quietud. 

Esta línea de pensamiento también se aplica para la obra maestra que es “Geogaddi”, un disco que solo se puede definir en una palabra: Misterioso. Es como un sistema críptico descifrado, como una entidad totalizando su materia en extremismo ideológico. En ese caso el oyente participa en una revelación de la vida de forma pura con las bellezas y dolores de una sociedad construida en la mentira. 

Entender estos dos ejes son relevantes, ya que en este nuevo LP la filosofía de BoC se retrata en un sentir cartográfico del campo de ilusión infernal que se esparce por el globo terráqueo. En esta odisea la que la obra se torna más abstracta. Se retratan los contrastes entre la autodestrucción humana y lo idílico que es vivir en tiempos actuales. Las caras deformadas de la portada dan una incomodidad visceral al notar el rojo sangre del suelo, como si fuera la zona corrupta, junto al fondo verdoso, como un cielo prometido, pero lejos, mientras atestiguamos el apocalipsis que ya llegó.

El trabajo audiovisual de este disco es remarcable desde su promoción. El grupo anunciaba su regreso por medio de numerosas cintas VHS repartidas a varios individuos por todo el mundo a modo de ARG. Se puede definir como una probada de a lo que se enfrenta BoC en tiempos actuales, un tributo al componente analógico que representó su obra. 

Referirse al fin del concepto analógico en la música de BoC es complejo ya que no es algo que recaiga solo en el formato en que se presenta su música, sino el cómo el LP se comunica con el oyente. “Inferno” se entrelaza en el mundo digital y analógico. Dentro del espacio digital se presencia un espacio de degradación de la realidad contra una visión más terrenal, como se vio con las cintas VHS. El contenido de las mismas reflejaba ese traspaso de un elemento clásico de fines del siglo XX, con imágenes apocalípticas y crípticas. Este ejercicio de memoria terminó para BoC, por el hecho de que no hay nostalgia ni memoria que lo alimente. Solo queda una simbiosis poco reconocible de lo que queda de ese roto concepto.

La maqueta sonora de “Inferno” es divina y demoníaca en ambos contrastes. Por un lado el colorido ‘Introit’ nos da la bienvenida en una melodía agradable, con un color vintage que recuerda a las sonoridades de antaño del dúo, pero con un espíritu de salmo religioso. Este bosquejo ayuda a plantear la filosofía que acompañó a BoC en la creación de este LP, ya que acabada la introducción y después del silencio se rompe el paisaje retro con ‘Prophecy at 1492 MHz’ el cual distorsiona la realidad como una vorágine psicodélica. La canción interpela las matices del disco de forma fugaz. En sus guitarras difusas se consolida la maquinaria en la que los oyentes son simples siluetas olvidadas paseando a su lado y alimentándola.

La llamarada eterna continúa con diversos saltos que evocan en el dúo una inconformidad milenaria. La memoria juega entonces un papel crítico en el disco, que en su estructura visual busca comunicar a través de elementos en la vida humana que han sido transgredidos hasta quedar en el suelo como si no importaran. La memoria como acto de pureza humana en tiempos de incertidumbre resulta en una justificación existencial de vida y muerte. ‘Somewhere Right Now In The Future’, con un piano desolador, extiende las habilidades de BoC para condensar sus ideas en una onomatopeya cíclica, retorciéndose entre lo que conoce y lo que no. Mientras avanza los pianos se vuelven más amenazantes y los sintetizadores se distorsionan más, terminando en un paisaje idílico, pero apagado, como un futuro que nunca llega. 

Esta vertiginosa travesía en la que el dúo nos conduce se retuerce entre cada segundo que pasa, añadiendo una capa de tierra carbonizada en forma de texturas downtempo. Hace trece años BoC nos mostraba un mal presagio en ‘Tomorrow’s Harvest’ al imaginar un mundo despertando después de una guerra nuclear. El mensaje quedó en la mente colectiva como un pensamiento amargo. Sin embargo, Inferno” muestra una cara diferente: los paisajes desolados no son parte de un futuro distópico sino del presente. La nube de hongo global no ha llegado, pero el cielo contaminado sigue en nuestras narices. No hay nada que imaginar ahora, el infierno está aquí. 

Esta filosofía no solo se evidencia en temas donde la propia naturaleza desolada se vuelve apabullante, sino también en otros, como Father And Son’, donde el sample vocal ayuda a crear una atmósfera hipnótica en medio de todo el incendio. Sus letras religiosas buscan ser su propio mantra filosófico desde una humanidad que anhela la celestial como un elemento tangible, sin embargo es la misma que se sostiene en lo terrenal y así esta pieza se presenta como un recuerdo familiar fragmentado tratando de encontrarse.

Inferno” busca entender una sociedad que se derrumba día tras día, una sociedad en la que la vida pasa a segundo plano y nuestras memorias son reemplazadas por la avaricia capitalista de un jefe. Bajo esta línea, ‘Memory Death’ se siente como un último suspiro de un paciente terminal. Es un réquiem por el ser humano agobiado y cansado que avanza desde texturas de ambient hacia una catarsis sonora como el último lapso de vida humana que verá este planeta. Como todo lo demás, reducido a cenizas. 

De cierta manera BoC comprendió a la perfección lo irónico que resulta el hecho de que su propia visión artística fue sobrepasada por la propia tecnología. Aquí descansan los últimos pasos del dúo como catalizadores de una filosofía analógica, como músicos de la electrónica. Naraka’ es el viaje al tormento, al castigo en el que nuestro karma se purificara y con ello el dúo recrea este reino infernal sacado del budismo y el hinduismo, donde nos quedaremos hasta la purificación humana. Un purgatorio recreado en forma de baile de fuego y sangre, un espacio espiritual donde todo queda a merced del destino que nos tocará asumir.

Durante el último recorrido de este álbum BoC busca volver a sus raíces retro de antaño, sin embargo la realidad golpea cada vez más: los sonidos ensoñados de “The Campfire Headphase” ya no se sienten reales. En cambio tenemos meditaciones como ‘Deep Time’, que golpean con la necesidad de asumir un rol de salvación a la humanidad en tiempos de crisis y una vista de la belleza en medio del caos. Los pianos de ‘The Process’ abrazan como en ningún momento del disco. “Inferno” busca la coexistencia momentánea del cielo y el infierno, crear esos momentos de dolor y purificación para abrazar al cielo de nuevo. 

La nostalgia resulta en este contexto como un oxímoron. BoC entiende eso y por ello trabaja la memoria como algo político, una defensa de lo que habita en la Tierra. La memoria es un arma fundamental contra cualquier sistema de opresión y por ello “Inferno” recopila elementos sociales, políticos y religiosos de la vida humana hacia una estructura multipolar. En medio de su caos, un collage sintiente.

El culto a la niñez y a la esperanza son nuestros más grandes tesoros y Boards of Canada después de trece años vuelve para responder algunas dudas y también dejar otras. ¿Es la despedida? ¿Es la última imagen de los maestros de la nostalgia analógica? El hexágono que nos acompañó en la travesía de este rompecabezas se quema con todo lo demás. BoC no nos lleva a los años 70 a ver una televisión en Alemania, a imaginar la vida dentro de componentes tecnológicos. No, ese concepto ya murió. Queda solo una tiniebla enrojecida en un sistema que nos retuerce la humanidad.

En el último tema del disco, I Saw Through Platonia’, volvemos al paisajismo distorsionado con un latido de corazón sonando de fondo, como si fuera un pulso de amor y memoria perdido. Aquí descansan por siempre dos mundos. Se apaga la transmisión de Boards Of Canada otra vez, con el cielo azul y la tierra en llamas.


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