La madrugada del jueves 16 de julio dormía como duerme la gente que dice que durmió como un bebé. La tarde anterior jugaron Argentina contra Inglaterra y me cobré los nervios de todo el Mundial a los gritos, saltando como si el sentimiento no fuera suficiente confirmación de mi nacionalidad. Ya desvanecido, a las 0:43, me llegaron seis notificaciones de fasciolo al Whatsapp. Su euforia y sonrisa características estaban mejor que nunca y superaban al de los mensajes de agite y la selfie correspondiente. Lo sé porque adjunto también venía un video de fasciolo, barbita, gorrito polar, buzo de “Ballet Para las Masas” y piano, cantando e inventando un brindis de canción.
Mi día, entonces, empezó a la par que él tantea frente a cámara: “Cuando muera tiraré mis… / Cuando muera tiraré mis cenizas acá / Acá”. Y toma empuje, al borde de la risa, “Que bueno haber llegado hasta acá”, despreocupado de hacer encajar lo que ya encajará, “Siempre tuve pasta para campeonar”, con los ojos cerrados, “Y nada pudo doblegar mi espíritu…”. No sé si estas ideas llegaron a composición ni de dónde sacó mi número fasciolo, pero pocas veces vi alguien tan contento. En realidad, no llama tanto la atención el punto del alegrómetro, sino que en ese estado lo natural haya sido tocar, cantar y, sobre todo, a contagiar.
“fasciolofia” es la carta de presentación de fasciolo, pero no su disco debut. El rosarino tiene en su haber “Vapor 蒸汽” de 2018 y “Encaminado por el buen camino” de 2019, ambos cortitos, ambos influenciados por estéticas que tuvieron su auge en el algoritmo de YouTube esos años: lo-fi y cloud rap con trap y autotune de trazo grueso. Hay también un álbum de beats, “ronroneo tapes i” de 2020, y dos discos navideños: “el álbum de navidad de fasciolo” (1 y 2), donde él pone las pistas e invitados los versos. Su primer gran impacto le llegó en dupla: “Ballet para las Masas”, entre lo mejor del 2025, como beatmaker para los raps de Nasir Catriel. Hay algo de “fasciolofia” en todos ellos, pero los diferencia algo sustancial: esta obra llevó seis años. Más de lo que dura el secundario y, para un pibe de veintialgo, la que podría ser la etapa más importante de su vida.
En ese proceso Santiago Fasciolo empezó a demostrar aptitudes de su brillo propio: la elasticidad para pasar de rapeos energéticos a canturreos pop, voracidad por aprender, oído inmaculado para las secciones de cuerdas y el punto caramelo en el que un pálpito se hace canción. Con todo eso, se podría tirar un poco más a chanta o a Tyler, the Creator, a Mac Miller o a C. Tangana. No le quedaría mal, pero en él no caben poses ni concesiones: con cada lanzamiento se parece más a sí mismo.
Esa decisión baña “fasciolofia” entero. Un disco que tiene como leitmotiv la confianza plena en las ideas propias, que más que ideas son extensiones de su personalidad. En su mundo la convicción de un líder y el encanto de un nene son lo mismo. “El arte me hizo adulto”, asegura en ‘levitando III’, pero ese crecimiento y compromiso no limita la imaginación y el juego, los promueve.
Su individualidad, esa que riega en su arte y con la que produjo, escribió e interpretó casi todo el disco, no está aislada de contexto ni pretende estarlo. Rosario hoy por hoy tiene como banderas musicales su propio under Hip Hop -con la Elite Free como semillero y una escuela a la neoyorquina con lugar para mutantes como Golden Boyz y UP&DOWN-, y la escena en torno al groove del funk, el R&B y las jams de jazz -desde Bifes con ensalada y Sofi Casadey hasta Letalonius-. Los Caliope Family unen esos dos mundos partiendo del rap con banda; fasciolo también, pero como one man band. La máxima expresión de este NeoSoul rosarino es ‘Desayuno’, un cubito de azúcar de una dulzura inacabable e insoluble. Santi y Loli Rentería son enviados de Cupido y los piwifuntime, responsables de la única instrumental del disco que no es de fasciolo, acarician despacito el sentimiento para que se ruborice pero no se asuste.
Si a fasciolo lo hacen elegir entre rapear o cantar, se decanta por levitar. Un metro sobre el mar más que el piso es su línea de flotación. A lo largo del tracklist varias veces se refiere a lo que sobra. No se refiere tanto al qué, sino a lo que hace al respecto: quitarlo. Así va ligero, sin tener que actuar la frescura. También habla de herejías y sacrilegios, pecados que comete a conciencia, porque ni la industria musical ni la ética lo atan. En ‘DSNYWRLD’ hace su declaración. Hacer que el mainstream la chupe, cagarse a trompadas con Micky Mouse, ser inmortal. En ese órden. Es un himno de aliento para todo aquel que se fía de su libertad creativa.
Un adlib recorre el disco y sus venas: “amor, amor, amor, amor”, cada vez más fuerte. Rotas cadenas, su mensaje es claro: amor sin antónimo. Amor romántico, así como de fraternidad, así como de padre a un hijo, de un artista a su obra. Amor como fondo y forma, como principio y como fin, como ética y estética. Amor, amor, amor, amor.
Todos los cielos que hicieron de fondo en las fotos
Que te sacaron mis ojos
Son del color del despojo
notredame
Si a fasciolo le llega un sobre, le escribe un poema y lo manda donde le pida el cuore. No teme ser cursi. Viene de la mano con fomentar emociones incontenibles y que los deseos no se fijen en lo predeterminado. Si ‘desayuno’ en tiempos de ortodoxia podría terminar con la imagen “seria” de un rapero, ‘GANiTAS’ fulminaría su carrera completa. Una paleta de melocotón indie pop confeso: “Justo ahora tengo hambre / Hambre de tus piernas en la alfombra / Hambre de comerte hasta la sombra”. En ‘notredame’ directamente se anima a la fantasía (“Voy a buscarte después de la guerra / Y en el granero de tus padres robarte tu soledad”) en un campo orquestal donde baraja de a poco memorias y piropos para que se oigan sin falta.
Y si alguien creía que estas sensibilidades son opuestas al drumless, el género más afín al nicho purista del Hip Hop actualmente, fasciolo derrumba otro prejuicio. A ‘roces’, de estribillo ultra adherente y un sonido de big band a la manera de Silk Sonic, le siguen ‘Gianni Versace’, con una pista de raigambre oriental que RZA adoraría hacer, y ‘Vincent Vega’, un noir donde siempre llueve. Ambos temas dibujan corazonadas de riesgo con fraseos irregulares y rimas asonantes; y los dos, en las barras que los titulan, referencian la otra cara del sacrificio romántico: mujeres que asesinan -“Me va a matar mi ratchet like Gianni Versace!” y “Baby vos matás sin querer como Vincent Vega”-.
El buen rapear tampoco claudica en trap. ‘DALÍ’ tiene otro estribillo de repaso obligado y una flauta traviesa, como las que atraviesan ‘levitando i’ y ‘DSNYWRLD. Son algunas de las armas tímbricas particulares de estilo fasciolo, como coros los góspel de ‘fasciolofia’, las palmas y el beatbox que corporizan ‘roces’, chasquidos que se cuelan por acá y por allá y los arcos para cello, viola, violines y toda la familia, que subrayan las emociones.
Con su pericia para las cuerdas fasciolo en “Ballet Para las Masas” encontró un nuevo sentido a samplear tango para pronunciar tensiones pasionales o trágicas, una reinterpretación barroca de la vida en Argentina. Esa capacidad, en cambio, en “fasciolofia” sirve a un despliegue de belleza e intensidad que sabe ser delicada. El contraste entre ambos discos no se acaba ahí. En una entrevista en Jerga Sudaka a Nasir Catriel y fasciolo les preguntaron, en referencia al clímax de ‘Otros Ojos’, qué los representaba más, llorar o reír, hacer llorar o hacer reír. La sonrisa de oreja a oreja de Santi dejó todo claro.
“Ballet Para las Masas” responde a la pregunta del ser nacional ("Díganle a La T y La M que yo sí entiendo esta locura", desafía su epílogo). El álbum clama sobre dolores y alegrías del país en el que la palabra suerte, para bien o para mal, aparece más seguido. Para ello recurrieron a samples y referencias de toda nuestra historia: fútbol, dictadura, música, cine, familia. Sin buscarlo, “fasciolofia” en su libertinaje da otra respuesta al mismo interrogante. Ser argentino también es, en gran parte, ser uno mismo.
El tema que da nombre a "fasciolofia" abre la versión oficial del tracklist, mientras que en el mediometraje (que tiene un orden alternativo y ‘Blossom’, un extra) llega cerca del final. Ahí fasciolo hace eterno el fuego de la primera vez. Recuerdos, gestos, canciones, pintadas, freestyles, personas, discos: nunca se van a borrar. Es, al mismo tiempo, declaración de principios y grito triunfal.
Mirá el mediometraje de "fasciolofia" (2026) de fasciolo en YouTube o escucha el disco en Tidal, Qobuz, Spotify o Apple Music.





