Pencil Legs y el lugar más luminoso dentro del bosque

Hay una arboleda en la capital de Ucrania que se deja visitar en medio de la guerra. Es la música de Pencil Legs, un cantautor capaz de materializar la infancia en sonidos.

Lucus a non lucendo. El término latín no sólo alude a la espesura de los árboles, sino al claro en la espesura; a las luces que los paganos encendían en medio de la oscuridad. El bosque es maravilla y magia, pero también encierro mental si no lográs salir. Lo más bizarro de adentrarse en él no es su naturaleza cruda, sino el riesgo de perderse a uno mismo y la cordura, mientras que, paradójicamente, te sentís más cuerdo que nunca. El bosque es libertad, pero también es ruina. Todo arte que sobrevive ahí adentro es un rayo de sol que logra atravesar el denso ramaje, que te devuelve a vos mismo.

​En un rincón de Kyiv, rodeado por la espesura del encierro y la guerra, Denys mantiene encendido su propio claro en el bosque.

La primera vez que escuché Pencil Legs fue por una grata casualidad algorítmica de Spotify, ya iban varias mañanas en las que alguna de las canciones del álbum "Pencil Legs" se entremezclaban en mi playlist. Me daba mucha curiosidad la tapa, me la quedaba viendo, —me fascina—y también me generaban una sensación muy reconfortante. Fue un día que dije “che, tengo que ver más cosas de este artista, investigarlo". Aunque para ser franca, solo habiendo escuchado temas sueltos, pensé que se trataba de una banda y que las vocales las hacía una mujer. Me llevé una sorpresa. 

Pencil Legs es un chico, es Dennys. Asimismo, vi que era de Ucrania y que tenía más o menos mi edad, lo que me despertó mucha curiosidad. Sobre todo porque es un joven que vive en el centro del conflicto bélico con Rusia. ¿Cómo puede ser que haga esta música tan nostálgica, casi infantil y mágica mientras está atravesando el terror? 

Le pedí una entrevista. ¿Es este sonido un cálido refugio a la sombría tensión en Kyiv? ¿Cómo se organiza la escena underground de la capital frente al miedo de perderlo todo? Su respuesta fue un choque de frente contra todo lo que asumimos sobre vivir en guerra: "These kinds of events, happening in the middle of all the chaos and instability, are what keep people sane". 

Esta entrevista se hizo en inglés. Puede leer la versión completa sin traducir en Acuñación de tiempo.

La gente, dice Denys, se adapta a casi cualquier cosa. Uno creería que la amenaza inminente de perderlo todo anula el deseo o el ánimo, pero en el underground de Kyiv es el deseo por expresar su arte lo que los une, y eso es lo que los mantiene cuerdos; una luz entre tanto escombro. Cuando el asfalto es pura hostilidad, reunirse a compartir cualquier tipo de música deja de ser un simple pasatiempo o un momento esporádico: se convierte en trinchera, en resistencia ante la juventud que el contexto les intenta limitar.

¿Qué se puede hacer más que seguir viviendo a pesar de la amenaza diaria de ser asesinado en tu propio hogar? El invierno fue especialmente duro, pero los shows siguieron sucediendo. ¿La electricidad se cortó en casi toda la ciudad? Bueno, vamos a preguntarle al staff si pueden hacer funcionar el generador. Este tipo de eventos, sucediendo en medio de todo el caos y la inestabilidad es lo que mantiene a la gente cuerda.

A veces la nostalgia es el único refugio posible. Simon Reynolds, en "Retromanía", diagnosticó que nuestra época está enferma de pasado, una adicción a lo retro nacida de la imposibilidad de imaginar un futuro distinto. Mark Fisher fue aún más lejos al hablar de la "cancelación del futuro", sugiriendo que estamos atrapados en un presente perpetuo. El propio Denys afirma: "Hay gente que dice que la nostalgia es una droga, y definitivamente estoy de acuerdo". Sin embargo, en el contexto de Kyiv, ese anhelo por el pasado tiene otro sentido y un propósito que no se agota en la dificultad de proyectar un mañana. Cuando el presente es una amenaza constante y pensar a largo plazo es un lujo, encerrarse a componer música que evoca a la inocencia de la infancia o la despreocupación no es un síntoma de estancamiento cultural, sino una forma de afrontar un presente que sofoca. Frente a una realidad que te pasa por encima, Denys elige habitar un pasado seguro, un tiempo suspendido donde puede disfrutar el aquí y ahora, el instante. Bastante irónico para una generación marcada por la ansiedad: habitar el presente a través de la nostalgia lo ilumina y, mientras, el futuro puede esperar. 

Pero ese refugio no es solo temporal, también es espacial. Cuando el territorio físico te expulsa, te encierra o te ataca, lo más lógico es migrar. Para Denys, internet se volvió un nuevo hábitat seguro. Por un lado, lo ayudó a producir y compartir su música. Por el otro, gran parte de su universo visual nace en la red junto a una amiga ucraniana a la que nunca vio en persona, hoy refugiada en Austria. Lejos de la frialdad que le solemos adjudicar al mundo digital, Denys y Anastasiia Maiorova lograron una intimidad creativa absoluta a través de las pantallas: "Nuestros gustos son muy similares y su estilo encajó con mi música de inmediato", me contó. "Hoy en día solo le mando canciones de un próximo disco y ella captura casi a la perfección el sentimiento en la portada. Casi nunca le pido que cambie nada". La guerra aniquiló la cercanía física, pero el territorio digital les permitió fundar su propia trinchera visual. 

Portadas de Anastasiia Maiorova.

Al escuchar sus dos álbumes, el salto es evidente. Mientras que su debut, "Pencil Legs", se caracteriza como un estallido de espontaneidad —un sonido pop, luminoso y centrado en la lucidez e inocencia de la infancia—, "Fruit Under the Tree" marca una evolución sonora hacia la introspección. En este segundo disco, la atmósfera se vuelve más amplia y prolija, como si Denys hubiera ganado un dominio más consciente sobre sus propios recursos. Si el primer álbum invitaba al juego y a la travesura, el segundo propone una reflexión donde la nostalgia ya no se siente solo como una exploración de recuerdos, sino como una melancolía más densa, propia de alguien que empieza a entender qué significa realmente crecer. Los timbres se perciben más cuidados y el sonido, lejos de perder su alma nostálgica, profundiza en ella, como si el refugio musical hubiera pasado de esa textura tranquila, y aun así risueña, con ese pececito con piernas de lápiz y botas, a un espacio donde también hay lugar para sentarse en la silla a replantearse otros aspectos de la vida.

Internet lo refugió, pero la naturaleza lo inspiró. Frente a la hostilidad urbana, Denys buscó un escape orgánico. Ya tenía la estética de Pencil Legs en mente desde antes, inspirada "en bandas norteamericanas (Alex G, Sparklehorse, Julia Browne, Coma Cinema), pero también en mi infancia y adolescencia". En consecuencia, la guerra lo empujó del todo hacia ese sonido. Asqueado, borró un proyecto de rock alternativo que tenía y encontró un respiro vital en una casa familiar a las afueras, lejos de la ciudad. "Íbamos ahí con mi novia, 3 o 4 días a la semana, solo nosotros dos, y esos fueron algunos de los momentos más pacíficos de mi vida", recuerda. "De ahí saqué muchas ideas para "Fruit Under the Tree"". 

Su rebelión no necesita mencionar la guerra como concepto principal de su proyecto. Él busca hacerle honor a un tiempo irrecuperable y mágico: la infancia. 

Justamente por eso, encasillarlo es limitarlo. Las etiquetas de la industria no alcanzan; el propio término bedroom pop le queda chico cuando su sonido logra iluminar muchísimo más allá de las cuatro paredes de su cuarto. Al preguntarle por cómo definiría su música, me dio una respuesta que encierra perfectamente este concepto: "Las palabras que usualmente escucharías son indie pop, lo-fi, bedroom pop… pero no dicen mucho sobre el carácter de la música en sí. Para mí es como un diario musical naive de la infancia y ese tipo de cosas. En su mayoría, mis canciones son breves instantáneas de mi vida y de lo que siento". 

Son esas mismas instantáneas, tan verosímiles, las que logran cruzar los océanos e iluminar almas. Resulta fascinante que un refugio tan particular y único atraviese distintos rincones del mundo hasta llegar a Argentina. "La idea de que alguien al otro lado del mundo se sienta profundamente conectado con mis canciones es simplemente lo mejor del mundo para mí", confesó. "Me encanta leer comentarios en YouTube donde la gente comparte historias conectadas a mi música, cómo lloran al escucharla, cómo les ayuda a revivir ciertos momentos del pasado o incluso a superar momentos difíciles en el presente". 

Reducir la obra de Denys únicamente al contexto de la guerra sería quitarle su dimensión más humana. Al fin y al cabo, es un chico de veintipico lidiando con el mismo vértigo que cualquiera de nosotros; el de estar en el nivel principiante de la adultez. Él mismo lo dice: "Tenía 19 años y no sabía qué seguía para mí. Este momento de transición hacia la adultez joven me daba mucha ansiedad. Sin trabajo, sin plata y sin nada de lo que estar orgulloso". Sus preocupaciones pasan por el duelo inevitable de tener que dejar de ser un niño. La guerra simplemente aceleró esa urgencia por aferrarse a la inocencia, a esos "recuerdos simples de la infancia, mi viejo barrio, mi viejo departamento, los días de escuela, ciertos olores e imágenes". Esa nostalgia trasciende las fronteras de Ucrania. Es el reflejo de una etapa, una forma de procesar ese momento de la vida en el que entendés que ya dejaste de ser quien fuiste, para empezar a convertirte en quien serás.

Por lo tanto, si la guerra se encarga de destruir el presente y anular el futuro, la infancia queda cristalizada como el único lugar verdaderamente inexpugnable. Por eso no necesita hacer canciones de protesta o hablar políticamente del contexto en el que vive; sus obras conectan con algo mucho más íntimo y universal, que es el paso del tiempo. 

Para cerrar, le pregunté si quería aprovechar el espacio para contar algo sobre su próximo lanzamiento. Denys, con la sinceridad de quien está atravesando el desgaste propio de cualquier proceso creativo, me respondió:

He estado haciendo un álbum durante los últimos dos años. Me está llevando más tiempo del que esperaba, pero supongo que siempre es así. Pensé que lo terminaría y lo lanzaría hace casi un año, y ahora estoy tan cansado que solo quiero publicarlo y pasar a lo siguiente. Creo que es algo bastante común para muchos artistas.


Escucha "Fruit Under The Tree" (2024) de Pencil Legs en Apple Music, Spotify, Deezer, YouTube, Qobuz, Tidal y Bandcamp:

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