Reseñas

El reto es no retroceder

Kamada tuvo a su público expectante por un nuevo LP y finalmente llegó. De la mano de Veeyam en la producción, «PLAGAS» nació del costal del tridente que lo engendró para poner sobre la mesa una obra que ellos consideraban necesaria para crecer y evolucionar, tanto ellos como nosotros.

“Crecí dando recis, descifrando el fla´
Diez mil mambos, mi estilo anda offside
De MCs a mis bendis hay un skill
Perfil bajo y no estimar los hypes”

“MAKING BARDO” – Kelo

La manada kamadera se reproduce y se multiplica explosivamente hace algunos años, y el motivo se elucida en el flamante disco de la dupla. “PLAGAS” es un lanzamiento más que esperado por el ecosistema de los oyentes de hip hop argentino. Especialmente si tenemos en cuenta que no solamente hace 5 años no teníamos una obra oficial de Kamada como dúo, sino que además lo que nos han ofrecido ambos por separado y en conjunto con otros artistas demostró que recorrían caminos sinuosos que esquivaban los clichés y que buscaban proporcionar a la música underground actual lo que ellos consideraban necesario.

“Yeites para el lector y el oyente selecto”

En 2018 Kamada nos regaló, justamente tras 5 años de su disco debut como Kamada Tres Cuatro, tanto el picante EP “Ovíparos” como “Kamada Clásicos”. En el primero de estos dos, se dio el primer salto en alejarse de una actitud juvenil aunque atrevida, para así desembarcar en una zona que cobró una dimensión todavía juguetona con los límites del sarcasmo, pero con ángulos de mayor seriedad y habiendo lustrado sus habilidades de forma muy clara. Por primera vez toman el guante de personajes más relacionados con su espacio de referencia, tras años de ser un faro de skills y perfil bajo en el underground a partir de su reducción a un dúo y de, meramente, su forma de concebir la escena. Su registro de sus propios seguidores comienza a ser distinto, (“paréntesis: me siguen gedes y nerds” dice Kelo en el tema homónimo del disco en una atinada descripción que sigue vigente) y comienzan a erguirse frente a un medio ambiente rapero en plena explosión en Argentina.

Si fuimos tus profes, ahora no te nos enojes, bro” retumba como una bofetada correctiva en varias nucas ante la inminente expansión total de ciertas expresiones del género. En “Ovíparos”, además, abunda ese contraste tan característico del rap de mirar a los demás sin dejar de mirarse a sí mismos como intérpretes y autores, una ambivalencia competitiva que permite oír la particular cosmovisión que comenzaba a ser cada vez más clara en los discursos de la dupla.

Por otro lado, “Kamada Clásicos” fue un festín de sonidos y deliberaciones constrastadas y a la vez aunadas. Variedad entre temas que parecen tocados por la influencia neoyorquina de la década de 1990 (ni hablar del uso de Kelo de la instrumental de ‘Life As…’ del disco “Mr. Smith” LL Cool J en el track ‘Juega’), entremezclados con letras de las más introspectivas y que recurren al desnudo total de la sensibilidad tanto de Kelo como de Saje. Esto aún hace que cuando suenan temas como ‘Mi Territorio’ o ‘Bum, Exploté’ el público más leal y añejo de Kamada se emocione como con pocas otras creaciones del dúo.

Este último es un álbum pinchado a más no poder por sus seguidores y que enalteció algunas de sus mayores virtudes. Desde aquel momento hasta el día de hoy, tuvimos una extensa lista de participaciones tanto de Saje como de Kelo en proyectos ajenos en los que se adueñaron de sus espacios para derramar sus pulidas estructuras y sus ardientes puntos de vista: “Bars Collection” de Brapis, “Sempiterno” de Sexto Zen, “Inmortal” de Nahue MC, “Robarse Shanghái” de Motín.82, “Kundo Atahualpa” de Facundo Álamo a.k.a. Kundo, “Hiperbórea” de Santoz, y “Cambalachhe” de Lego Skillz son solo algunos de ellos. Esto habla, en principio, de la valoración altísima que tienen ambos raperos en la escena nacional, pero también de la versatilidad para – siempre desde sus personalidades – aportar a proyectos variopintos y distantes en más de un sentido.

Por otro lado, el hambre de los fieles oyentes de Kamada también fue atendida por estos dos raperos en forma de proyectos individuales que les permitieron seguir forjando sus siluetas artísticas sin que esto vaya en detrimento de su alquimia al unirse. 

Saje, por su parte, fue el más prolífico de los dos. Además de sencillos que sacudieron parlantes a lo ancho y largo de la Argentina y que nos recordaron su permanente presencia y vigencia como referente de la rima, como ‘Mono Dopado’ y ‘Péndulo’, fue el proveedor de lanzamientos que a modo de píldora encerraban un bioma construido por sonido y relato. 

Sajelodonte”, en 2019, fue un ring donde los golpes rítmicos y líricos de Saje nos marcaron que su individualidad no era para tomar livianamente, mezclando todas sus influencias y dando por resultado un producto 360. Luego vino “Aura” con un innovador aroma precolombino y contestatario, compuesto por una completitud en tres partes que se interconectaban sin falencias. 

OSNIS”, que vio la luz en 2022, enteramente producido por Veeyam, pasó página en muchos de los sonidos que veníamos escuchando de las producciones de Saje, pero a la vez continúa firmemente el recorrido por el cual Saje venía demostrando ser un artista único en suelo rapero argentino: sus reflexiones, sus críticas, su búsqueda de una construcción narrativa antisistema, y su valentía para adentrarse más aún en el necesario terreno de la crítica social y geopolítica. Con una esencia rebelde y futurista, los beats de Veeyam apostaron a una estética de drops profundos, de una gravedad notoria y cuerdas que apelmazan y exprimen su perfil más cercano a artistas que van desde David Gilmour hasta Daft Punk (estética reflejada en las visuales del proyecto de la mano de Lucas Rosas). Mientras tanto, los versos de Saje, despiertos, actuales y ácidos, hacen pie en referencias literarias a Bauman, Lovecraft, Orwell y Huxley, con un espíritu que casi pisan el portón de la distopía y de los cuestionamientos del post-punk de Mark Fisher.

Hay una cita de Gata Cattana en su tema ‘Hermano Inventor’ que saca a relucir algo de lo que resulta de prestarle el oído al recorrido argumental de Saje en sus lanzamientos individuales: “Nosotros éramos mucho más buscar las preguntas que de dar las respuestas”. Y, a pesar de que Saje se esfuerza por tejer sus propias respuestas, la realidad es que sus lanzamientos dejan una estela de preguntas y una búsqueda de espíritu crítico en quienes gustan de oírlo que indudablemente es poco común. “¿Cómo es posible que explique el CPU si soy un píxel?”

Esto se une en distintos rincones con el espíritu escritor de su socio en armas, Kelo, quien también contribuyó a la antología del under nacional en los últimos 5 años, y quien también fue haciendo crepitar de manera cada vez más efectiva sus preocupaciones, sus orgullos, su cotidianeidad, su identidad como artista, pero también como una persona que transita una actualidad dentro y fuera de lo artístico con quienes muchísimas personas pueden identificarse. Kelo es un escritor capaz de trazar puntiagudas rimas y de pintar frondosas imágenes, nos abre la puerta a una diversidad de temáticas y ángulos familiares con un lente fresco y nutritivo. Todas estas características podemos verlas desde su valorado sencillo ‘Kanoero’ (single de 2018 que recién fue rapeado en vivo por primera vez en 2022, un momento mágico para aquel Uniclub repleto), hasta lo que fue sin dudas el punto más alto del recorrido de Kelo – y sin dudas uno de los más altos del rap latino en 2020 –: su disco “LEAL”.

LEAL” fue un quiebre. No solamente por el peso propio de ser un disco de rap con una huella digital de latitud sudaka tan clara y de tanta maestría, sino que, a criterio personal, este disco de 7 tracks fue la patada definitiva mas no solitaria del rap argentino para pasar a una nueva etapa. Una etapa en la que desde todos los rincones argentos el Hip Hop pasó a un nuevo estadío de calibre y, asimismo, a un momento de profundización en la expedición por la calidad y por conquistar y plantar bandera en nuevos estilos, nuevas alianzas, nuevas fusiones. Antes y después de este álbum hubo movimientos tectónicos en la escena que generaron los brotes de las sociedades que en los últimos años nos han dado tantas alegrías (imposible no mencionar el proyecto ‘ÑERO’ o el cypher multipista de MPDhela craneado por Acru donde volcaron sus rimas Kelo y Saje tanto como Brapis, Santoz, Urbanse y Kundo). 

Esa ola tuvo a “LEAL” como parte fundamental, más concretamente desde una cuestión de aporte a la diversidad de sonidos y los pies en el barro rioplatense. Nos regaló una textura estilística muy particular: Coros, cantos, versos de rimbombancia capicúa, estribillos y cadencias osados y filosos que, aun así, inundaban de sensibilidad y contextura muchísimos auriculares entre golpe y golpe de sus barras. Este disco dejó a Kelo como uno de los claros artistas del 2020. Algo nada menor considerando la osadía en la implementación de elementos nuevos para la escena, así como también las bombas albicelestes que fueron presentadas aquel año.

El pogo de mi banda

En aras de recapitular, no debemos dar por sentada ni por casual la presencia de Veeyam en este lanzamiento histórico para Kamada y seguidores, cada vez más numerosos. Ya es indiscutiblemente considerado un importante referente de la producción en el Hip Hop y sus zonas aledañas en Argentina, un artista que siempre trae algo entre manos. Quizás lo novedoso de sus últimos años fue la agudización de algo que ya existía pero que ahora es innegable: Veeyam ha fundido sus muchísimas influencias en una cadena de ADN que podemos reconocer velozmente en sus obras. Hay indicios, más o menos sutiles dependiendo la ocasión, que ya le pertenecen. Cada vez más y cada vez mejor, el productor ha sabido yuxtaponer la extensa bibliografía musical que consume con su sed de aportar a la música nacional elementos nuevos y territorios donde distintas voces puedan bailar y dibujar hacia el futuro del rap, del neo-soul y del R&B.

Su pisada está en uno de los discos más esperados por los oyentes de rap argentinos como es “El Don” de Acru salió a muy poco tiempo de su producción de “FEELINGS” de Dandara. Veeyam parece un chef con muchos platos para los cuales nunca confunde los ingredientes por más distantes que sean sus estilos. Porque también, la otra cara de la moneda de sus virtudes es saber canalizar bien lo que los artistas con quienes trabaja quieren expresar. A veces el volumen del veeyanismo está más bien alto, como en el mencionado “OSNIS” o en el single que sacó con Kelo en 2020, ‘Karakol’. A veces menos, como cuando el foco está puesto en brillar pero también en hacer brillar.

Evolución para revolución

Este disco parece posicionarse más bien en la segunda punta de ese espectro. “PLAGAS” parece un traje de sastre hecho a medida para Kamada, algo bastante complicado de hacer por la audacia y la puntillosidad de Saje y Kelo. Y más complejo todavía en este momento en particular de la carrera de ambos, en la que los dos parecen tener más que claras sus fortalezas y dones. Esto no va en detrimento de que  cualquiera que conozca la colección de proyectos de Veeyam sepa ubicar guiños o golpes característicos suyos en cada uno de los temas.

Los highlights del disco pertenecen a los tres. Su fisión es arrebatadora. Cuerdas de bajo reminiscentes de estilos como el de People Under The Stairs o Atmosphere, estructuras verbales burbujeantes de poder, recursos literarios afinadísimos, referencias sonoras a influencias locales del rock chabón, ventanas y puertas abiertas a una forma de leer el Hip Hop, patrones de rimas en zigzag nos hacen fruncir el ceño de placer. Una combinación excelsa entre composición técnica con composición artística. La lista es inmensa, pero nobleza obliga marcar que todo pero todo esto tiene que ver con el autoconocimiento y la búsqueda del equilibrio y la mezcla de todos los Veeyam, todos los Kelos, todos los Sajes. Barro, flores y adoquines. 

PLAGAS”, entonces, no solamente es una obra que una gran parte del público rapper esperaba al borde de sus sillas, sino que también es la conjugación de estos tres artistas en un proyecto que deja entrever las venas de talento de cada uno de ellos y el excelente maridaje de sus universos. Y, nada menor mencionar, por el carácter de EP o de compilación de sus previos lanzamientos de Saje junto a Kelo como unidad de dos, es, irónicamente, el primer disco per se que les conocemos.

Explicaciones para esto podemos especular muchas. Sin embargo, es válido subrayar que ambos son claramente artistas que ansían presentar proyectos complejos, compuestos de conceptos, sin parches ni agujeros, que encapsulen sus talentos pero también una identidad concreta y circular. Proyectos a los que le puedan hacer justicia y que les hagan justicia a ellos. Esto, en tiempos de todo lo que llamamos “contenido de microondas” y de que la cantidad de lanzamientos y su frecuencia de un determinado artista sean fundamentales para la captación de la atención y el hype, es no solamente disruptivo, sino que también escaso y difícil en relación a décadas anteriores, por ejemplo.

“Lo sé, lo sé, es grosero que no se nos de
El consuelo de dos sueldos de seis ceros
Pero, bueno, espero zen
Despego y lejos me joseo tres”

“SITCOM” – Kelo

Por eso y mucho más “PLAGAS” es icónico y especial. Tras obsequiarnos un vistazo tras bambalinas en el documental que habían publicado el pasado septiembre quedó claro que lo audiovisual en sí mismo también iba a tener una importancia fundamental en este lanzamiento, y es para resaltar el trabajo de Fah.Prods en ese sentido (adicionales protagonistas de bastante de lo que sucede en términos audiovisuales en el rap de esta cepa). No solamente eso, si no que quizás somos espectadores de la etapa de Kamada como tal que sin dejar detrás de sí las intenciones de que el foco esté puesto en lo que sale por los parlantes y el trabajo para llegar a ese resultado, no restringen el conocimiento su identidad al ocultar por completo sus rostros. Parecen haber encontrado un balance entre todo eso que querían expresar como nunca antes.

Por fuera de lo visual, este disco es una obra que se permite ser un punto neurálgico en la línea de tiempo de Kamada. Una estación de mucha potencia innovadora luego de muchos años de pisar tablas chicas, medianas y grandes, y de que la talla de su legado exceda el tamaño de sus estudios y tarimas. 

“Estás a nada que una IA nueva te mueva del VIP
Estás haciendo escuela vía stream, linda era
Aunque prefiera la vereda no linkea en Twitch
Estoy haciendo crema chantilly
Entre tanta falsa modestia, red flags y sex appeal”

“MI BANDA” – Saje

Sobre ese tema hace mella, entre otros tantos, “PLAGAS”. Refuerzan la idea de la visión túnel que guía sus ímpetus y creaciones, renegando de la desesperación por el foco, las luces y la exposición a costa de cualquier cosa. Es un orgullo que ponen en vidriera en este disco que a partir de esta actitud celosa de su arte y vigilante ante la pose forzada logran que cada vez que ponen un pie en un estudio las hordas de kamaderos locales dejen todo lo que estén escuchando para prestarles atención. También es recurrente marcar la línea de tiempo de su recorrido. Realmente Kamada es una banda que es una muestra perfecta, como tantos otros artistas, de cómo sin resignar sus perspectivas, estilos y habilidades han pasado, haciendo muy lo suyo, a llenar espacios con los que posiblemente nunca habían soñado en la escena underground de Buenos Aires y de varios otros puntos de la República Argentina. Crecieron sin estar mirando de reojo lo que hacían los demás ni qué había que hacer para seguirles el ritmo: su propio ritmo lo marcan ellos. 

Así son sus visitas a relatos y estilos luminosos y oscuros: intermitentes, sorpresivos, silvestres. Todas sus puntas viven esta misma dualidad, una que comparten con los estilos de Veeyam: beats duros e instrumentales suaves, alta gravedad y una ligereza efímera; lenguaje solemne y jerga actual; espíritu competitivo y profundas reflexiones privadas. Plagado está este álbum de intertextualidad y de la capacidad de sus tres creadores de navegar esferas por momentos bien distintas atadas por un contexto y un punto en la historia.

PLAGAS” pone en valor y equilibra elementos de los pasados proyectos, tanto en imaginería como en narrativas, discurso, bioma sonoro y pivote musical. A su vez, dialoga con las influencias, las transiciones y los procesos de muchos ámbitos del Hip Hop en Argentina en la actualidad, sin por eso limitarse a la hora de estirar las manos hacia el futuro del género, de la evolución artística de Kamada y de Veeyam, y de ser siempre exponentes de que, aunque sea un desafío, siempre hay mucho más por explorar en la riquísima flora y fauna autóctona del Hip Hop sudamericano. Después de todo, “No es milagro ser pilar o entidad / Y no trending a los treintilargos.”