En los últimos diez años, el trap en Chile ha dejado de ser un fenómeno marginal para consolidarse como una de las expresiones más potentes y representativas del país. Desde la influencia directa del sonido de Atlanta hasta las reinterpretaciones locales que dialogan con la calle, la identidad barrial y la autogestión, el trap chileno ha forjado una estética propia. Esta lista recorre el 2018 como un año fundamental que definió el sonido del movimiento y su carácter como la voz de una generación.
Mucho antes de 2018, artistas como Zonora Point, Marlon Breeze (en su época de DownZouthKingz), Ceaese (en su etapa con KSN Fam), entre muchos otros que sería imposible enumerar en su totalidad, ya estaban incursionando desde el año 2006 en un sonido que anticipaba lo que más tarde se consolidó como escena. Hablamos de una música más ligada al uso del autotune que al trap en su definición ortodoxa, influenciada por géneros como el dirty south, el crunk, el cloud rap o el pop rap, todos ellos claves en la configuración de lo que comúnmente se llama “música urbana” chilena, término que limita y simplifica una escena rica en sonidos y estilos.
Esta escena, lejos de ser homogénea, abarca una enorme variedad de sub-géneros tanto dentro como fuera del rap: Detroit Trap, drill, bounce, plugg, reggaetón, afrobeats, entre otros. El cruce libre de estilos, sumado a la distribución digital y el trabajo autogestionado, permitió que lo que antes circulaba en blogs, fotologs y SoundCloud, llegara hoy a posicionarse en los charts globales.
No es casualidad que canciones como ‘Gata Only’ o ‘Ultra Solo’ hayan sido fenómenos virales a nivel internacional. Tampoco que nombres como Jere Klein, Cris Mj, FloyMenor y Kidd Voodoo hoy encabecen los rankings de Spotify como rostros visibles de una música que se cocina en la calle, en los barrios, en los estudios caseros y en los códigos de una generación que se reconoce en una múltiple identidad sonora.
El 2018 marcó un punto de inflexión. Los artistas y discos que abordaremos a continuación no solo registraron ese momento: lo impulsaron. Son el testimonio de una escena que maduró, se diversificó y encontró, en medio del ruido y la velocidad, una forma propia de decir las cosas.
No está de más señalar que algunos de los nombres presentes en esta lista —como Gianluca, Tomasa del Real y Nvscvr— se han visto involucrados en polémicas relacionadas con denuncias públicas de distinto tipo. Si bien es necesario informarse y juzgar estos hechos con responsabilidad, omitir la relevancia de sus obras sería un despropósito si lo que buscamos es comprender la historia y el desarrollo del trap chileno.
DrefQuila – #Trend

Era 20 de enero y caía uno de los primeros discos de trap que marcaría el 2018: “#Trend” de DrefQuila, quizás la primera voz verdaderamente popular del género en Chile. Su recorrido venía desde el freestyle, pasando por competencias como Red Bull e incluso El Quinto Escalón, la meca de las batallas callejeras en Argentina. Allí conectó con figuras clave como Ysy A y Duki, quienes más tarde colaborarían con él, proyectando su nombre en el mapa latinoamericano. Posterior a este disco, Dref sería el primer artista de trap chileno en firmar con una multinacional como Warner, un hito que sin duda marcó un antes y un después en la industria.
El disco abre con ‘A Fuego’, lanzada en abril de 2017, y luego remixeada por el productor argentino Bizarrap. Tal fue el alcance del tema, que llegó a ser parte de la banda sonora de “Pacto de Sangre”, una de las teleseries chilenas más populares de esa época.
“#Trend” es un álbum marcado por la nostalgia y el amor, pero también por una postura desafiante frente a las críticas de la época, especialmente de parte de raperos más puristas que rechazaban el uso del autotune y los giros melódicos. En ‘B.U.E.N.O.’, DrefQuila responde desde uno de sus ejes más recurrentes: el ego trip. Con una actitud frontal lanza: “Ya perdí la cuenta de cuántos raperos están reales, de esos que hablan de calle / Hablaron de lo mal que lo hacemos y si pregunto ahora por ellos / Todos te contestarán: ya no son nadie”. Es un golpe directo a quienes desestimaban las nuevas formas del género, al mismo tiempo que reafirma su lugar como pionero moderno de una generación decidida a redefinir las reglas.
Aunque categorizado como trap, “#Trend” también explora sonoridades cercanas al R&B y al pop rap. Los sonidos y letras de tono meloso como motivo principal han sido parte de las críticas que recibió Dref desde sus comienzos en la música. Eran blanco fácil en un mundo rapero que, hasta ese momento, se mostraba reacio a tratar esas temáticas en sus canciones. Ese fue el ecosistema donde se desenvolvía Dref como figura pública y musical.
Obviar la influencia de la cultura musical argentina y de Duki en cualquier conversación sobre el trap y el ascenso de DrefQuila sería un despropósito. Aunque el coquimbano está lejos de ser alguien que simplemente se colgó del fenómeno freestyle. Resulta clave entender cómo el giro que vivieron las batallas abrió camino a una nueva sensibilidad sonora. En ese contexto, el autotune dejó de ser visto como una trampa o una falta de autenticidad y comenzó a percibirse como una herramienta expresiva, legítima, atractiva y, sobre todo, en alza dentro del consumo musical juvenil.
“Nadie sabrá nuestro plan” es una frase que, aunque en la superficie habla de una relación amorosa, puede leerse como una metáfora del camino que seguiría la música en Chile. Dref tenía una visión: su música, su ambición, su ego y el deseo claro de convertirse en una figura imprescindible en el oído de todo el país. “#Trend” suena a ambición, suena a victoria, pero no una victoria fácil, sino esa que emerge desde la resistencia, desde la derrota previa, y que termina marcando un antes y un después; “Se me hizo costumbre eso de levantarme al segundo después de caer”. “Tengo más que el que presume plata, y no meto ruido” fue, paradójicamente, una de las formas más ruidosas de decir: “Estoy aquí para cambiar las reglas”. Y lo hizo. “Tamo tranquilo, tenemos la grasa que suena en tu casa que quiere tu oído” no era solo una frase pegajosa, era una declaración generacional.
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Ceaese – UTOPIA

Ceaese se consolidó como una de las voces más importantes dentro del rap chileno, no solo por su trayectoria sino por su rol pionero en la construcción de un sonido y una escena fundamentales. Desde sus comienzos en 2005, con proyectos como Código Primo, su vinculación a géneros como el crunk y su trabajo junto a KSN Fam, es una figura clave en la evolución del Hip Hop local. Su disco “Cream Gang” (2013), junto a Jonas Sanche, incluye de manera explícita una canción titulada ‘Trap’, lo que evidencia su anticipación y protagonismo en la irrupción de este género en Chile.
“Utopía” representa un hito generacional, un punto de encuentro entre distintas voces que configuran la escena actual como Gianluca, Polimá, Young Cister, Pablo Chill-E y el ya mencionado DrefQuila. El carácter colaborativo y la inclusión de estilos como reggaetón y R&B evidencian una apertura musical y generacional que va más allá de las etiquetas. En este sentido, “Utopía” funciona como un manifiesto que evidencia cómo el trap, lejos de ser un fenómeno aislado o marginal, se consolida como un espacio plural y colectivo. Ceaese, como referente de la “vieja guardia”, ejerce un papel de mediador y puente, mostrando un entendimiento profundo y estratégico del panorama que legitima la diversidad dentro del género.
La afirmación “Tú sabes que no tiro la toalla” funciona como una metáfora de la resistencia frente al rechazo inicial que sufrió el trap en Chile. Lo que comenzó como un género marginado y estigmatizado logró, a través de la persistencia y la cohesión de sus protagonistas, convertirse en una de las expresiones musicales más relevantes del país. Este proceso también revela un desplazamiento del poder simbólico en la industria musical chilena, donde los puristas y las instituciones tradicionales fueron gradualmente forzados a reconocer la influencia y el impacto del trap.
Desde una perspectiva sociocultural, el trap propone una ruptura con modelos convencionales de vida y trabajo, como lo señala Yaero en la canción ‘$’ con la frase: “Lejos de estar encerrado en un puesto de una oficina y un terno”. Aquí, el trap se presenta como una alternativa viable a los caminos tradicionales, ofreciendo a las nuevas generaciones una narrativa de empoderamiento y autonomía. Esta “utopía” de la que habla el álbum no es solo un ideal abstracto, sino una realidad concreta que se materializa en la profesionalización y visibilización de múltiples artistas. La frase “Amor y disciplina, yo siempre te brindé” sintetiza la dualidad entre el talento innato y el esfuerzo constante que caracteriza la construcción de esta escena.
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Pablo Chill-E – S.U.N.O

Si bien no buscamos jerarquizar cuál disco es más importante, “Surfeando una Nueva Ola” de Pablo Chill-E es una referencia fundamental dentro del Hip Hop del país. Un álbum sumamente relevante y uno de los hitos que definieron lo que hoy entendemos como trap en Chile. Pablo fue quien abrió el camino y en “S.U.N.O” se empieza a percibir esa evolución clara y potente. De la mano de Yung Beef, considerado el padre del trap español, pudimos reconocer a Pablito como la figura más preponderante dentro de la escena.
Muchísimo más callejero que todo lo analizado hasta ahora, este disco es sinónimo de barrio, tanto sonora como musicalmente. Es una obra pura y dura de letras hedonistas y directas, que reflejan el sentimiento de comunidad, la autosuperación y la ostentación dentro de sus letras. El disco comienza con las palabras: “Quería hacer dinero de cuando estaba en el óvulo / Free pa’ todos los cabros, haciendo tiempo allá en el módulo / Ahora mismo estoy cobrando hasta cuando estornudo”.
La colaboración junto a Yung Beef en ‘Singapur’ hizo que todo el panorama del trap hispano pusiera los oídos en Chile. No solo puso a Pablo y a su crew Shishigang en el foco, sino que también situó al trap y a la calle chilena en el mapa mundial, con versos como “Vente pa’ Puente Alto, por la pobla te hago un tour”. En otra línea profunda, el rapero describe su realidad: “Vengo de los trenches, donde los negros no tienen octavo, pero tienen benzes / Nosotros estamos en el trap, ustedes en Los Trapenses / Estamos donde se guardan los autos sin patente”. En esta frase, que podría parecer hasta vaga, hay una profundidad única; Pablo entrega la imagen de lo que pasa en su barrio y construye un imaginario auténtico de la calle chilena.
“Surfeando una Nueva Ola” nos muestra el trap como camino y oportunidad, como posteriormente señaló Marlon Breeze, padre de este movimiento en Chile: los niños ya no quieren ser futbolistas, quieren ser cantantes. Pablo es el gran responsable de que en las poblaciones rapear se vea como una vía de escape real y legítima. Puso a la pobla a cantar, como se refleja en ‘My Blood’, canción que se transformó en un himno en 2019.
Otra característica destacable del disco es su capacidad para esconder tras letras callejeras una mirada sumamente analítica de la sociedad que nos envuelve. Si bien se habla de robos, armas y culos, es un disco infinitamente más consciente de lo que podemos llegar a imaginar en una primera escucha. Pablo hizo mainstream un rostro que las radios no querían reproducir y que nuestros oídos no querían escuchar. Y a base de rechazo, demostró que la música se construye entre todos, como lo dice en su tema: “No camine’ conmigo si no haces el do’ / Como dice el Peter es a Nancy y a to”.
Este disco representa una dualidad potente entre la crudeza y la reflexión, entre la ostentación y la crítica social, y justamente ahí radica su fuerza y relevancia. Puso en el centro las historias y la realidad de la calle chilena con un lenguaje directo, honesto y sin filtros. Una revolución para el trap nacional que abrió las puertas para que nuevas voces desde la periferia pudieran encontrar su espacio y reconocimiento.
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Young Cister – Xtaciss

Young Cister es, probablemente, el más reconocido de todos los artistas mencionados en este artículo. Su figura ha trascendido la escena musical para instalarse con fuerza en el imaginario colectivo del público chileno, convirtiéndose en un rostro visible de una generación que creció entre el trap, el reggaetón y la cultura digital.
Antes de consolidarse como uno de los mayores referentes del reggaetón actual, fue una voz central en el desarrollo del trap nacional, participando activamente en el momento en que este sonido comenzó a tomar identidad propia en Chile. En sus primeros años lanzó EPs como “96” y “Little King”, proyectos donde abordaba sin filtros temáticas como el ego, la ambición y la voluntad de ascenso social, construyendo un relato de superación personal que dialogaba directamente con la experiencia de muchos jóvenes de su época.
Desde esos inicios dejó claro que su compromiso con la música no era pasajero, sino una apuesta de vida que lo llevaría a resonar en los oídos de toda una generación. Querido por el público, cimentó su camino a través de éxitos como ‘Lemon Kush’, donde combina carisma, seguridad y conciencia de su propio lugar en la escena: “Te gusto yo porque estamos trendy / Y eso que no uso Fendi”, rapea, sintetizando una estética que mezcla lo aspiracional con lo cotidiano. Esa misma lógica aparece cuando afirma: “En la calle me dicen que de los mejores es como yo aprendí”, una declaración que lo posiciona tanto como heredero de una tradición urbana como protagonista de su presente.
En este nuevo disco, Cister profundiza esa identidad híbrida. Es un artista que articula múltiples dimensiones: el amor introspectivo y vulnerable que recuerda a Gianluca, la ambición explícita y el deseo de grandeza que emparenta con DrefQuila, y una cercanía con la calle y la narrativa barrial que conecta con figuras como Pablito. No es una simple suma de influencias, sino una voz propia que dialoga con esos universos desde su experiencia. “Me puse pa’ la music / Haciendo feat no patino, yo hago flip”, rapea, dejando ver su capacidad camaleónica para moverse entre estilos, escenas y colaboraciones sin diluir su identidad, algo que se refleja en la variedad de sonidos y climas que atraviesan el álbum.
Uno de los hitos que mejor simboliza el impacto de esta generación fue su llegada al Festival de Viña del Mar, uno de los escenarios más importantes de Latinoamérica y, durante décadas, un espacio vedado para el trap y el reggaetón chileno. Young Cister fue el segundo de esta camada en lograrlo, luego de que su compañero en Brokebois, Polimá Westcoast —con quien colabora en dos canciones de este álbum— abriera el camino. Ese paso no solo consolidó sus carreras individuales, sino que posicionó al trap chileno en las pantallas de todo el continente, confirmando que lo que antes era una escena de nicho se había transformado en parte central del pop latino contemporáneo.
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Polimá Westcoast – No More Love Bitches y Las Crónicas de Ngangu


Polimá Westcoast vino a representar una dimensión distinta dentro del desarrollo del trap en Chile, incorporando una estética y un discurso propios que comenzaron a consolidar una identidad local dentro del género. Mucho más cercano a los códigos tradicionales del trap que otros nombres de la escena, en 2018 lanzó dos proyectos fundamentales: “No More Love Bitches” y “Las Crónicas de Ngangu”, discos que pueden entenderse como obras hermanas por su coherencia estilística, narrativa y emocional.
En términos musicales, su propuesta se definió por el uso intensivo del autotune, beats melódicos y sintetizados, y una aproximación vocal que transita entre el canto y el rapeo enfático, con una alta carga performática. Sus flows eran variables, elásticos e impredecibles y sus letras respondían a la lógica flexera del trap global: lujo, deseo, ambición, poder y desinhibición. Frases como “Roses, Cartier, nada cursi, mucha pussy fuckin’, huh / Roses, Cartier, nada cursi, flexin’, bitches” o “Copieme bien (Uh-ah), mírame bien (Uh-ah) / No lo haces bien (Uh-ah), de cero a cien (Uh-ah) / Donde quiera que yo llegue frenamos más feo que tú” consolidaron un imaginario hedonista y frontal, donde la actitud, la estética y la presencia importaban tanto como el contenido lírico.A la vez, Polimá fue capaz de tensionar ese imaginario al fusionar códigos del trap con elementos de pop rap y plugg, cultivando un lenguaje particular que aborda el desamor desde una sensibilidad radicalmente contemporánea. En canciones como ‘XD’, el reclamo amoroso se entrelaza con referencias materiales sin perder intensidad afectiva: “Te llamé, te llamé / Con qué cara dices que yo no te busqué / A ti no te engañé / Soy leal, eso tú no lo ve’ / Gucci yo te compré”. El lujo, en este caso, no opera solo como ostentación, sino como parte de una narrativa íntima, donde el exceso encubre fragilidad. Esa tensión se repite en otros temas, como ‘Lil Uzi Vert’, donde canta: “Ella me dejó, yo a ella no la dejé / Sólo quiero buenas vibras, por eso alejé / Vertical, me enfoqué solamente en money”. Polimá articula el dolor con determinación y convierte el desapego emocional en una vía hacia el enfoque personal y el deseo de éxito.
En “Las Crónicas de Ngangu” comenzamos a ver a un Polimá que, sin dejar del todo su zona flex, se acerca con mayor claridad a la pena y el desamor, reconociéndose incluso como un ‘Brokeboi’. El EP abre con una confesión directa: “Estuve pensando en mi futuro / Y la verdad que no estabas ahí / Intento que esto no suene crudo / Siento que ya no eres para mí”, marcando un giro hacia una emocionalidad más introspectiva. En versos como “Pa’ mí es normal si mi cora’ se quebró / En ti yo confié, de mi confianza abusó”, deja atrás el tono hedonista que definió su proyecto anterior y se sumerge en una narrativa afectiva más íntima, donde el dolor y la vulnerabilidad ocupan el centro del relato.
La importancia de “Las Crónicas de Ngangu” radica precisamente en su capacidad para transformar el discurso del trap, desplazándose de la ostentación material hacia una exploración del vacío afectivo. Este giro marcó un punto de inflexión en el desarrollo del género en Chile, abriendo espacio a una sensibilidad donde el dinero y la pena podían coexistir sin contradicción. En ese cruce, Polimá articuló una nueva forma de narrar el malestar emocional dentro de un lenguaje estético de brillo y ambición. En ‘3er Ojo’ sintetiza esa dualidad entre el empuje individual y la melancolía, entre la visión de futuro y la falta de sentido que deja el amor perdido: “Olvidé que era un lujo ya / Persiguiendo mi sueño ya / Tranquila, no soy brujo, no / Mi futuro diseño ya”.“Hoy desperté y me sentí vacío”, señala en ‘Rodeo’. La canción sigue con un post-coro que repite “I fallin love”, encapsulando con claridad la propuesta emocional de Polimá: un tránsito constante entre el hedonismo y el amor, entre el ego y la herida. Ese vaivén emocional, enmarcado en una estética sonora sofisticada y global, redefinió los márgenes del trap chileno, abriendo un camino donde el brillo y la vulnerabilidad pueden convivir sin disonancia. Polimá Westcoast influyó en el trap nacional porque expandió sus coordenadas temáticas, afectivas y sonoras, y porque lo hizo con una autenticidad que resonó profundamente en toda una generación.
Escucha a Polimá WestCoast en Tidal, YouTube, AppleMusic y Spotify.
Gianluca – G Love

“Siempre tropical, siempre triste” es la frase más icónica de Gianluca en “SSR Mixtape” (2017), un proyecto que lo perfilaba como un artista cada vez más alejado del trap arquetípico y más cercano al cloud rap, el pop rap e incluso al reggaetón. Gianluca fue, quizás, el más romántico de su generación; aquel que construyó su propuesta desde una sensibilidad íntima y melancólica. Pionero de un estilo casero y de dormitorio, su música definió el sonido del underground chileno entre 2017 y 2020: una producción nacida en SoundCloud, de flujo inagotable, espontánea, cruda y cargada de emoción.
Con “G Love” presentó una alternativa al discurso dominante del trap. Desde la primera línea —“Ya no me importa morir, ya no me importa más na”— el disco se sumerge en la exploración del vacío, la angustia y la fragilidad emocional, desplazando las narrativas típicas de poder, violencia y ostentación. El cantante renuncia a la construcción de un yo fuerte y agresivo, para revelar uno vulnerable y atormentado. Temas como la ansiedad, el deseo y la tristeza se convierten en el eje de sus letras, mostrando tanto la pulsión de desaparecer como la de resistir. En ‘Lucifer’, donde dice “Traté con mis demonios más de una vez” y “con la oscuridad no podía lidiar”, queda en evidencia una lucha interna constante, que a la vez humaniza y complejiza la imagen del rapero.
El álbum no solo trata sobre el desamor como motivo; la tristeza funciona como un motor para el desahogo y la introspección. Sus letras abordan de manera directa y sin adornos temas como el abandono, las relaciones tóxicas y las crisis mentales, reflejando la realidad emocional de una generación. Frases como “pensamientos llenos de ansiolíticos, xanax” ejemplifican un lenguaje confesional que no busca glamorizar la tristeza, sino más bien darle voz desde la crudeza y la cotidianidad. Esta honestidad brutal y su constante evocación de la melancolía, acercan a Gianluca a una figura comparable a la de Yung Lean en el plano internacional, un artista que encapsula la nostalgia y el dolor como una forma de expresión cultural. La línea “Tardes deprimido sin hacer nada” condensa esa sensación de estancamiento y desasosiego que muchos jóvenes experimentaron y reconocieron en su música. Alejado del discurso hegemónico del trap, Gianluca cuestiona valores materialistas con líneas como “la plata no importa como dicen”, planteando una reflexión sobre la vacuidad que puede existir detrás de la búsqueda constante de riqueza y estatus. Su distancia con el trap estadounidense se expresa en la renuncia a la ostentación y en un enfoque que privilegia lo emocional y lo existencial. En su propia evolución, él mismo reconoce esa transformación: “Me acuerdo de antes / Cuando era rapero / Fueron tiempos chistosos / Ideales ajenos”, señalando un distanciamiento consciente de los códigos previos y un tránsito hacia una identidad más auténtica.
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Princesa Alba – Del Cielo Mixtape

Princesa Alba marcó tendencia en el 2017 por su canción ‘My Only’, que fue una propuesta de pop rap desafiante que quebraba con la hegemonía masculina de la época. A la larga, su aparición y la de Tomasa del Real significó un cambio crucial en la visibilidad y el rol de las mujeres en un entorno musical.
En abril de 2018 lanzó “Del Cielo Mixtape”, un EP que la posicionó como una voz diferenciada dentro del panorama, con una estética más emocional, que se alejaba de los discursos de ostentación tradicionales. Este trabajo, que incluye temas como ‘Del Cielo’, apostaba por explorar estados afectivos complejos, acercándose a la vulnerabilidad como materia creativa propia de su experiencia y sensibilidad femenina, lo cual resonó profundamente entre jóvenes que no se sentían representados por la agresividad habitual del género.
Escucha “Del Cielo Mixtape” en Tidal, YouTube, Apple Music y Spotify:
Tomasa del Real – Bellaca Del Año

Tomasa del Real fue una figura clave en la consolidación del neoperreo, un movimiento que en aquella época empezó a dominar los espacios alternativos. Si bien lo suyo no era trap, las escenas tenían varios puntos de contacto y las mismas herramientas de expresión. En 2018 publicó “Bellaca del Año”, un disco que abrió puertas para una representación más cruda y desinhibida de la sexualidad femenina dentro del reggaetón. En canciones como ‘Perra del Futuro’, Tomasa repite con fuerza y sin tapujos: “Aquí llegó tu baby, tu perra del futuro /duro, duro”, desafiando de forma explícita los roles pasivos y complacientes impuestos históricamente a las mujeres en letras de género.
Con su propuesta, Tomasa no solo rompió tabúes sobre la sexualidad femenina, sino que reivindicó el derecho de las mujeres a tomar control de su narrativa corporal y sonora, usando el ritmo, la voz y la lírica como herramientas de autonomía y resistencia cultural. Su presencia y discurso no solo abrieron camino para otras mujeres —tanto en Chile como en otras escenas urbanas latinoamericanas— también pusieron sobre la mesa debates esenciales acerca del género, el deseo y la libertad en un ámbito donde tradicionalmente esos temas habían sido relegados o interpretados desde la mirada masculina.
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Nvscvr – New Bois

El sonido del plugg, heredado de artistas como Finesse Jugg (Eterdrink y Slimmy Cuore), junto al R&B y pop rap de MET Music (TrackDee y Toffy One), confluyó en un estilo distintivo que cristalizó en Santiago de Chile la banda Nvscvr, compuesta por Baby J, Mlshbts y Kid Poison. La fusión de estos estilos dio origen al sub-género conocido como pluggnb, caracterizado por la combinación de letras de barrio y temáticas amorosas con autotunes saturados y voces agudas, resultando en una síntesis sonora novedosa y representativa del momento.
La claridad y el estilo particular de la voz de los Nvscvr, evidenciados en frases como “Bendición pa’ mi traketo, chanta’o en el park discreto por si es que andan por ahí”, reflejan una construcción identitaria ligada al uso intensivo del COA (código oral callejero). Este elemento lingüístico no solo legitima la pertenencia al territorio urbano, sino que también forma parte de un patrón lírico que, junto a los discos mencionados en este análisis, contribuye a definir la imagen y el sonido del trap chileno y, por extensión, del rap en sus múltiples subgéneros nacionales.
Las letras de Nvscvr revelan una dualidad entre el hedonismo, la cotidianidad del barrio y la aspiración, como en versos que expresan: “Pensando en grande, bebiendo Andes / Dreamin’ con diamantes o con culos gigante”. Esta tensión entre la realidad y el deseo se vuelve un motor creativo que define la propuesta estética del grupo. Asimismo, la declaración explícita de ambición —“‘Toy enfoca’o en la cima, les robo la silla, tengo lo que quema”— sintetiza la voluntad de triunfo que permea la obra, elemento clave para comprender la resonancia de este colectivo en la nueva generación de artistas.
En 2019, la salida de proyectos solistas por parte de Poison, Baby J y Mlshbts reafirmó la consolidación individual de sus carreras y permitió diversificar y expandir el alcance del sonido pluggnb, evidenciando la madurez y la evolución del grupo más allá de la dinámica colectiva.Finalmente, Nvscvr se posiciona como una especie de herederos directos de los discos fundamentales mencionados anteriormente, representando una transición generacional en el trap chileno. Son el reflejo de una nueva camada, el primer registro formal de los “new bois” que emergen con fuerza y pretenden dejar su marca. Aunque no se les pueda considerar necesariamente los mejores, su importancia radica en la legitimación y expansión de un sonido y una lírica heredada de discos y artistas previos, posicionándose como un puente entre el pasado y el futuro de la escena nacional.
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Porqué el trap fue la raíz del nuevo reggaetón chileno
El auge actual del reggaetón chileno suele leerse como un fenómeno repentino, impulsado por el streaming y la viralidad. Sin embargo, una revisión atenta del desarrollo de la música urbana local muestra que este proceso no surge de la nada: se construye directamente sobre la infraestructura estética, simbólica y productiva que el trap chileno consolidó a partir de 2018.
Ese año marcó un punto de inflexión. El trap dejó de operar como una escena de nicho para convertirse en un lenguaje compartido: el autotune, la melodía, la vulnerabilidad emocional, el relato barrial y la ambición material comenzaron a convivir dentro de un mismo campo sonoro. Más importante aún, el público chileno se acostumbró a escuchar trap y reggaetón local sin exigirle imitar los modelos dominantes de Puerto Rico o Colombia. Se formó, por primera vez, un oído colectivo para estos géneros en su versión made in Chile.
A partir de 2019, ese capital simbólico se tradujo en una mutación estilística. Los mismos artistas que habían articulado el trap comenzaron a explorar, de forma orgánica, las estructuras rítmicas del perreo. No se trató de una conversión oportunista, sino de una expansión natural del lenguaje. Pablo Chill-E, con su fuerte conexión con el trap español y con figuras como Yung Beef, había demostrado que el imaginario de la calle chilena podía circular internacionalmente. Ese proceso alcanzó una validación inédita cuando Pablo fue invitado a participar en un disco de Bad Bunny, inscribiendo por primera vez de manera explícita a la escena trap chilena dentro del corazón de la industria latina global.
Young Cister y Polimá Westcoast reorientaron sus proyectos hacia formatos más melódicos y bailables, sin abandonar los códigos de origen: el deseo, el dinero, el desamor y la identidad de barrio siguieron siendo ejes centrales, ahora articulados sobre ritmos más cercanos al pop latino. Tomasa del Real, desde el neoperreo, aportó una dimensión política y corporal que amplió los márgenes del género, mientras Gianluca, desde una sensibilidad pop y melancólica, ayudó a normalizar una emocionalidad que el reggaetón chileno heredaría más tarde.
Con ese terreno ya preparado, la generación que irrumpe en 2020 —Marcianeke, AK4:20 y Pailita— no enfrenta una escena hostil, sino un ecosistema previamente habilitado. Sus colaboraciones con artistas de la camada trap no son anecdóticas: constituyen un sistema de traspaso estético y de legitimidad. El reggaetón que ellos practican no reemplaza al trap; lo continúa bajo otra forma.
En los años siguientes, figuras como Jere Klein y Cris MJ consolidan este proceso, ya no como transición, sino como hegemonía. El reggaetón chileno alcanza un nivel de visibilidad continental precisamente porque se apoya en una identidad previamente construida: una forma de escribir, producir y performar que nació en el underground y se refinó sin perder su anclaje local.
Incluso la narrativa mediática de los llamados “cuatro fantásticos” —Easykid, Young Cister, DrefQuila y Kidd Voodoo— puede leerse dentro de este mismo arco. No son una generación aislada, sino la cristalización de un proceso que comenzó en el trap y encontró en el reggaetón su forma de expansión masiva. Kidd Voodoo, en particular, opera como una figura de traducción cultural: hace legible estos estilos para públicos que antes permanecían ajenos.
En ese marco, la presencia de Pablo Chill-E en el Festival de Viña del Mar 2026 adquiere un valor que excede lo anecdótico. No se trata simplemente de un artista urbano en un escenario tradicional, sino de la confirmación simbólica de un desplazamiento histórico: aquello que surgió en los márgenes de la industria ha pasado a ocupar uno de sus centros más visibles.
El reggaetón chileno no nació como imitación ni como moda pasajera. Su genealogía está en el trap de 2018: en su ética de autogestión, en su uso expresivo de la tecnología, en su vínculo con el barrio y en su capacidad para convertir la experiencia local en lenguaje popular. Sin ese suelo, el presente no habría sido posible.














