Desde prácticamente su formación Bassvictim, el dúo constituido en Londres el año 2022 por Maria Manow e Ike Clateman, ha sido asociado con una camada de electrónica revival que comenzó a popularizarse a principios de esta década. Junto con artistas como Snow Strippers y Frost Children, son parte de una generación de dúos que parecen estar predispuestos genéticamente para producir electroclash desinhibido: drops más pensados para el moshpit que para la pista de baile, vocales que todavía lidian con la resaca de la noche anterior y una postura apática, donde cada afección personal o catástrofe social es filtrada por el shitposting, el desapego emocional y la priorización de los excesos. El contrapunto sucio de una escena club cada vez más sanitizada, reflejo de la falta de espacios y el desamparo económico y social post pandemia de una generación que comenzó de forma DIY a producir su propio “recession pop”.
Entre los ecos de este movimiento y los vaivenes cíclicos de la moda, de pronto en publicaciones y redes sociales la etiqueta “indie sleaze” comenzó a ser invocada para referirse a un género del pasado que nunca existió. Una mezcla de estéticas que pudieron haber tenido relación o no, pero que representan cierta vibe, un moodboard de nostalgia de cámaras digitales, MySpace y una vida nocturna asequible que parecía servir para encasillar porfiadamente a cualquier proyecto que cumpliera unas condiciones superficiales mínimas.
Era fácil posicionar a Bassvictim dentro de esta esfera. Su autodenominado estilo “Basspunk” y sus primeros EP con el mismo nombre ofrecen electrónica estridente, bajos de dubstep cocinados por un microondas y explosiones de 808s que acompañan los desvaríos desapegados y a la vez intensos de Manow. Pero desde su álbum debut “Forever” (2025), la música del dúo ha tomado formas que se escapan de las convenciones de gratificación instantánea y detonantes del electroclash. Con una fuerte influencia twee-pop, que podemos encontrar en otros de sus contemporáneos como Worldpeace DMT, ear y en otro proyecto peculiar de la escena de Londres como The Femcels (donde Ike Clateman también ha hecho producción), el dúo abraza una propuesta tanto dulce como amorfa, una desconstrucción sónica del indie pop e indietronica más inocente de décadas pasadas reinterpretada a través de una postura abrasiva (¿Cómo sonaría ‘Time To Pretend’ de MGMT si fuera producida por Boys Noize y Skrillex?). En “?” (2026) un EP lanzado de forma sorpresa y que podría ser interpretado con bajas pretensiones, Bassvictim no solo se compromete a este sonido: lo profundiza.
La voz de María, ya idiosincrática con su marcado acento polaco y fraseo desprolijo, ha adquirido sutilezas que la vuelven más versátil. Con un tono que bordea lo infantil se pasea por lo etéreo, lo incómodo y la euforia, siempre encontrando espacio en el caos para dar con la inflexión correcta y entregar la dosis necesaria de intimidad. En ‘Sometimes I believe in God (Sometimes I believe in Me)’ en lo que debe ser de las ocasiones donde el dúo más ha explorado su sensibilidad pop, Manow envuelve en una exacerbación contagiosa, mientras que el drum beat parece tener vida propia y los sintetizadores distorsionados cubren todo en un ambiente festivo. Es como escuchar desde tu ventana a un grupo de niños petulantes jugando a hacer una rave a la que no estás invitado.
Mientras tanto, la producción de Ike se ha tornado hacia lo atmosférico. Incorpora con facilidad instrumentos, texturas o ruido en forma de viñetas que decoran las canciones, sumando un ambiente tanto desorientante como cautivante a la ya anárquica fórmula del dúo. Esto brilla en ‘Don’t Stop Me Now’, una canción principalmente acústica donde casi sin darte cuenta se va complejizando en su desarrollo entre percusiones, sonidos de aves e incluso palmas. Las capas comienzan a superponerse con una naturalidad atrapante, donde sin saber bien qué elementos están entrando o saliendo de la mezcla, se cubre todo en esa bruma casi neo-psicodélica que se expande durante todo el EP.
Ya sea en la avasalladora ‘Going Home’ o en la dulzura empalagosa de ‘Home’ sigue vigente la crudeza que caracteriza a Bassvictim, pero en vez de esa dureza indiferente un tanto impostada se transforma en tonalidades infantiles que se salieron de control debido a la disforia. En uno de los momentos más únicos de su discografía hasta el momento, ‘Babcia Jadzia’, un corte de siete minutos donde la melodía parece guiada por un xilófono de juguete grabado por un micrófono mal conectado, se escucha a Maria casi arrastrando sus palabras mientras le dedica versos a su abuela, hasta un punto de inflexión donde se quiebra totalmente y su voz queda desnuda ante una composición rota. Un momento de vulnerabilidad y ternura distante del dúo que saltó a la notoriedad con una oda al G String.
“El objetivo es llegar a ese ‘lugar infantil’ cuando haces música” mencionó Clateman en una entrevista con Pitchfork el año pasado refiriéndose a su proceso creativo y representa bastante bien lo que siento al escuchar el proyecto. Hay una energía juvenil que emana de estas canciones, como si fueran compuestas de forma lúdica, tomando todas sus referencias y juntándolas mediante asociación libre. Una especie de corriente de la conciencia que da como resultado algo mucho más complejo y único que cualquier pulsión revival.
Es en esa yuxtaposición de su parte más dañada, con un entusiasmo caprichoso, una tensión de inocencia y desborde como eje emocional, donde Manow y Clateman encontraron su músculo creativo distintivo. Dejan ver una búsqueda de honestidad brutal que está en el corazón del dúo, que va desde su forma caótica de exponerse por redes sociales, hasta su música. No hay momentos en los que intenten revivir los 2010 o volver a hacer cool un sonido olvidado Tampoco hay una nostalgia performativa hacia un espejismo de “indie sleazy”, del que eran muy jóvenes para participar directamente. En cambio, despojándose de las capas de ironía y el sarcasmo desvergonzado, logran tocar una melancolía que conecta directamente con sus historias y el mundo que habitan.
Bassvictim, cuyo ethos es indiscutiblemente hedonista y confrontacional, que tienen aparentemente prohibido volver a tocar en uno de los clubs más emblemáticos de electrónica del mundo como Berghain por su comportamiento, parece haber encontrado su sonido en una sinceridad autoflagelante.
Escucha "?" (2026) de Bassvictim en Tidal, Spotify, Apple Music y Bandcamp:







