Julia Jacklin y su guitarra sin dudas son los elementos esenciales de esta maravilla de álbum, siendo su voz uno de los puntos más altos. A nivel estructural se luce por cómo te va llevando suavemente entre temas más lentos y más álgidos, pero excelentemente cohesionados y siguiendo una línea narrativa que te hace querer escucharlos una y otra vez.
Habla del paso del tiempo, y con los 24 años que en ese entonces tenía, Julia empezó a tomar conciencia de ello. Sobre todo en la actitud que tomamos frente a determinados sucesos que nos van atravesando a medida que crecemos. En ‘Leadlight‘ nos habla sobre una relación que termina, y quienes lo viven por primera vez piensan que es una experiencia única e irrepetible. En palabras de ella es “darse cuenta que no lo fue y qué vas a pasar por algo parecido con muchas personas en algún punto”.
‘I didn’t see, my coming of age‘ es la expresión más literal de esta temática que atraviesa los once tracks, y cierra la última estrofa de ‘Don’t Let the Kids Win’, tema que le da nombre al álbum diciendo “I’ve got the feeling that this won’t ever change / We’re gonna keep on getting older / It’s going to keep on feeling strange”.
Esto sin dudas resume el leit motiv y nos deja con la seguridad de que podríamos escucharlo en miles de situaciones diferentes. Cuando cocinás, cuando vas por la ruta o viajando en transporte público, cuando te sentás a leer, o cuando te levantás un domingo a la siesta queriendo algo que te acompañe, y te haga sentir que todo va a estar bien.
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