Atalaya del Jazz nace como un punto de observación privilegiado: una torre desde donde mirar el campo amplio y movedizo de un género que nunca dejó de transformarse. El último sábado de cada mes intentaré no solo abordar y analizar discos, sino y sobre todo pensar cómo suenan hoy la tradición, el cruce de géneros y la búsqueda de nuevas formas de narrar con música.
En esta cuarta edición, les traigo “Black To The Future” (2021) de Sons of Kemet.
A cinco a años de su publicación, “Black To The Future” representa el punto cúlmine de la trayectoria de Sons of Kemet no solo por ser el último LP, también por alcanzar un grado de conceptualización hasta entonces esquiva, profundizar en su búsqueda y por condensar las virtudes de cada uno de sus integrantes. Resulta evidente que, desde la salida de su debut, "Burn", en 2012, la música que hace la banda es un caos cada vez más ordenado: de una producción ligera y sin muchas capas de sonido progresaron a un disco repleto efectos y de múltiples pistas de Shabaka tocando variadísimos instrumentos de viento. A diferencia de los 3 discos anteriores, este LP presenta invitados que aportan algo diferente, algo que a la banda le faltaba: una voz. Aunque Joshua Idehen ya había colaborado con ellos en ‘Your queen is a reptile’, en esta ocasión su aporte es mucho más denso: le imprime al álbum una idea, un concepto que se mantiene más allá de las canciones donde figura acreditado. La aparición de estas voces modifica profundamente el funcionamiento interno de Sons of Kemet. Hasta entonces, buena parte de la dimensión política de la banda se encontraba sugerida en títulos, referencias históricas o gestos musicales; acá, en cambio, la palabra toma el centro de la escena. El resultado no es un álbum de jazz con intervenciones vocales esporádicas, sino una obra donde la música y el discurso se necesitan mutuamente para construir sentido. Por momentos, los poemas, las proclamas y las consignas parecen empujar a la banda hacia adelante; en otros, son los instrumentos los que amplifican aquello que las palabras no alcanzan a expresar por sí solas.
El disco empieza con ‘Field negus’ y no es casualidad, porque es una suerte de declamación de manifiesto gritado a viva voz por Idehen que señala cuál será el tema central que motiva "Black to the Future": el racismo, la segregación de los afrodescendientes en el mundo, los siglos de opresión por parte de los blancos, la pregunta sobre cómo posicionarse ante eso en los tiempos que corren. Idehen, con su estilo de spoken-word (una especie de poesía recitada), no deja idea sin formular ni injusticia sin reclamar: “I do not want your equality / It was never yours to give me / And even then it was too minor, too little, too late”. Con esto, desde el comienzo se configura el tono que tendrá la poética del disco, que incursiona en este tópico abordándolo desde la redención. Una la liberación de la carga del pasado sin dejar de denunciarlo. El mensaje coincide con el acompañamiento que la banda le hace a semejante oratoria: el tema no comienza como si se tratara del primer track de un álbum, sino como si ya estuviese en la mitad del mismo, en la mitad de una batalla. Tampoco esto parece ser en vano. Lo que Idehen pone en palabras dista de haber empezado hace poco. Quizás por eso decidieron darle inicio al disco de esta manera repentina, sin dar tiempo a pensar, lanzando una verdad difícil de escuchar. Mientras tanto, el escritor deja desperdigadas contundentes imágenes conceptuales: “My revolution rides a black horse, and it is stunning”. Esto le da consistencia en una dimensión análoga a la musical como lo es la poética, logrando un diferencial sustantivo y estableciendo entre ambas partes una línea estética y visual. A la vez que el poeta aumenta la intensidad, los vientos aumentan también su fuerza: la canción se construye a partir de este in crescendo que llega a su punto cúlmine al final con “Let me show you what you’ve taught me about crime / Forget a piece, we want the whole pie / And the "Everything Must Go" sign”. Así, “Black To The Future” entra de golpe en nuestra percepción, y promete captar nuestra atención por un rato largo.
Continúa con ‘Pick up your burning cross’, que desde el título brinda una imagen potente: una orden, acaso a ese mismo “negro de campo” (de algodón, esclavizado) de la primera canción, para que cargue con una cruz en llamas. Además de tener la potencia de todo single, este tema prefigura la estructura que tendrá el disco con mayor o menor consistencia: a un tema tranquilo o solemne le sigue uno cargado de ritmo y energía, que luego es sucedido por uno más melódico y apacible, y así. Y es en este tipo de puntos altos donde Shabaka Hutchings se mueve con mayor libertad, explayando todos sus saberes sobre el saxo tenor sin ninguna limitación. Aunque ya gozaba de cierto reconocimiento y contaba con vasta experiencia, este disco tiene algo de consagratorio en su carrera, colocándolo entre los músicos más relevantes de su generación. Como pocos artistas contemporáneos, Shabaka combina una destreza técnica excepcional con una búsqueda estética permanente, expandiendo los límites del jazz sin abandonar nunca su vínculo con la tradición.
El álbum discurre con temas más o menos atractivos, destacándose los cortes de difusión ‘Hustle’, con la participación de Kojey Radical, y ‘To never forget the source’, acaso la mejor expresión que lograron de un jazz suave y profundamente melódico. Y el contraste entre estos temas no parece ingenuo: mientras el primero sitúa el foco en la perseverancia colectiva, en la necesidad de abrirse camino incluso bajo condiciones adversas, el segundo desplaza la mirada hacia atrás, hacia la memoria y el origen. Entre ambas canciones se dibuja una de las tensiones fundamentales del álbum: avanzar sin perder de vista aquello de donde se viene. El futuro que imagina Sons of Kemet nunca se construye desde la negación del pasado, sino precisamente desde su recuperación. Pero es con ‘In remember of those fallen’ que la banda suena por primera vez de forma distinta: la complejidad alcanzada no tiene precedentes en composiciones anteriores; la mezcla de las decenas pistas de Shabaka tocando la flauta le brinda una espacialidad tan absoluta como singular. Completan el paisaje sonoro los dos percusionistas/bateristas con ritmo elevado y la tuba de Theon Cross, que otorga un espesor único; le da la densidad necesaria a cada sonido. Encima de todo eso, el saxo tenor encauza la melodía principal sin descanso, incursionando por cada cada escala imaginada, haciéndonos pensar que solo de este tema podrían surgir cientos de canciones. Shabaka esconde esa virtud: condensa al máximo todas sus ocurrencias y su ingenio en cada canción.
Hay algo más que empieza a hacerse evidente a esta altura del disco. Aunque Shabaka sea el líder indiscutido del proyecto, pocas veces la música parece organizada alrededor de un individuo. Incluso cuando el saxofón ocupa el centro de la escena, los arreglos y la producción generan la sensación de una fuerza colectiva en constante movimiento. La banda suena menos como cuatro músicos ejecutando una composición que como una multitud empujando en una misma dirección.
El punto más alto de todo el álbum, el innegable punto de fuga de toda la producción, se alcanza con ‘Envision yourself levitating’, no en vano el tema más largo: una narración con un dueto de saxos tenores como protagonistas, que entablan una dinámica dialógica, como si fueran preguntas y respuestas, como si fuera una batalla de rap improvisado. Toda la composición, al igual que ‘Field negus’ se conforma con un in crescendo, acumulando energía segundo a segundo, ganando poco a poco una sensación vértigo finamente lograda, llevándonos por un vaivén de melodías que se suceden unas a otras con absoluta fluidez, alcanzando un clímax que conmueve, eriza la piel y nos invita a preguntarnos en qué otras contadas ocasiones hemos sentido algo parecido. El lugar que ocupa dentro del álbum tampoco parece arbitrario. Después de una serie de canciones atravesadas por el peso de la historia, la memoria y la denuncia, ‘Envision yourself levitating’ propone algo diferente: imaginar. Incluso su título funciona como una invitación a suspender momentáneamente la gravedad de lo real. En un disco preocupado por las heridas heredadas, la posibilidad de levitar adquiere una dimensión simbólica poderosa: representa la capacidad de proyectarse más allá de aquello que históricamente intentó mantener a una comunidad atada al suelo.
De ahí, “Black To The Future” comienza a bajar relativamente su intensidad, como si después de esa pico solo quedara bajar lentamente hasta desembocar en ‘Black’, final a la altura del mensaje: condenando millones de voces bajo un solo nombre, “Black” viene a poner en palabras lo que nadie se anima a decir, a veces de formas más poéticas y metafóricas, como “Just let black reach for the end of the street / Let black weed for the last clean sheet, / Just let black reach into black’s own car / Let let black reach into black’s own lungs" y otras de formas mucho más crudas y literales: “Black doesn’t want its young ones seeing their fathers dead on YouTube”. Toda esta potencia se conjuga con la melodía repetitiva que nos indica el colapso, lo complejo de llevar a adelante un mensaje como este, el final del disco. Quizás por eso mismo el álbum genera la sensación de haber sido concebido como una unidad antes que como una colección de canciones. Los temas dialogan entre sí a través de melodías recurrentes, de una lógica interna de contrastes y de una serie de preocupaciones compartidas que reaparecen constantemente. A lo largo de toda la escucha, Sons of Kemet parece sostener una misma pregunta desde distintas perspectivas: cómo construir un futuro posible sin olvidar el peso de la historia. El pasado aparece como herida, como memoria y como denuncia; el futuro, en cambio, se presenta como una imaginación colectiva todavía por descubrir y conquistar. Entre ambos extremos se dirime y desarrolla la música del grupo.
Sin embargo, al terminarlo, podemos llegar a tener la extraña revelación de que la lista de temas tranquilamente podría conformar un poema, que hasta podría implicar diferentes formas por poder agrupar los versos de distintas maneras y por interpretar posibles signos de puntuación. Por ejemplo:
Field Negus,
Pick Up Your Burning Cross.
Think of home,
Hustle For The Culture.
To Never Forget The Source,
In Remembrance Of Those Fallen,
Let The Circle Be Unbroken.
Envision Yourself Levitating.
Throughout The Madness, Stay Strong,
Black
En esta versión, “Black” es quien le escribe una suerte de carta a “Field negus”, que no es otro más que él mismo, para brindarle cierto consuelo, algún posible consejo, para recordarle aquello que no debe olvidar, para señalarle la forma de poder mantenerse firme en su camino. Incluso el título del álbum parece condensar esta operación. "Black To The Future" reemplaza el célebre "Back" por "Black" para plantear una pregunta distinta: quiénes tienen derecho a imaginar el futuro. El disco entero parece construido alrededor de esa inquietud. No se trata únicamente de denunciar una historia de exclusiones, sino también de reclamar un lugar dentro de aquello que todavía no existe. La memoria ocupa un lugar central, pero nunca como ejercicio nostálgico; funciona más bien como el punto de partida desde el cual proyectar nuevas posibilidades.
Acaso esa sea la clave definitiva para comprender el sentido de "Black To The Future". Más que describir una realidad o formular una denuncia puntual, el disco construye una conversación entre generaciones, una transmisión de experiencias y advertencias que atraviesa el tiempo. Cada canción funciona como una estación dentro de ese recorrido colectivo, como una voz que se suma a otras voces para formar algo más grande que sí misma. En ese sentido, la decisión de incorporar poetas, raperos y cantantes no responde únicamente a una búsqueda sonora: expresa una necesidad conceptual. Sons of Kemet ya no parece interesado en hablar por una comunidad, sino en permitir que esa comunidad hable a través de su música. Allí radica buena parte de la fuerza extraordinaria del álbum. A cinco años de su publicación, sigue sonando urgente porque las preguntas que formula continúan abiertas; pero también porque encuentra una forma musical capaz de transformar la rabia en movimiento, la memoria en impulso y la identidad en una experiencia compartida.
Escucha "Black To The Future" (2021) de Sons of Kemet en Tidal, Apple Music, Deezer, Qobuz, YouTube y Spotify:







