Totó La Momposina: Nuestra matriarca 

Más de seis décadas de trayectoria y una vida dedicada al cuidado de su comunidad: la carrera de Totó La Momposina fue marcada por la difusión de la música del Caribe colombiano en todo el mundo. Así la despedimos.

Yo no canto por dinero, sino por el honor de un país, por el honor del campesino

El pasado martes 19 de mayo nos dejó Totó La Momposina, voz de un pueblo entero. Niños de la costa caribeña siempre la recordarán con pasos en cadena como baile. Las gaitas saludan al nuevo día de una Colombia que manifestó su diversidad en forma de una candela viva.

Cuarta generación de músicos, nacida de una familia que le heredó una tradición de resistencia en el caribe colombiano, Sonia Bazanta Vides, mundialmente conocida como Totó La Momposina, fue un bastión para la preservación de las raíces africanas e indígenas del país y la mensajera más importante que la música colombiana ha dado en su historia. 

Por la violencia política en el departamento de Bolívar su familia, afiliada al partido liberal, tuvo que huir de su Talaigua Nuevo natal. Se asentaron primero en Barrancabermeja, luego en Villavicencio y finalmente en Bogotá, en la década de los 50, cuando había empezado la violencia en los llanos después de la muerte de Jorge Eliecer Gaitan. Totó aprendió desde muy niña lo que significaba el miedo y la precariedad, en especial para las mujeres negras. Bajo ese contexto de completo abandono por parte del estado es que las raíces de la música afrocolombiana que heredó la sostuvieron. Su padre, Daniel Basanta, era zapatero de profesión y percusionista, y su madre, Libia Vides De Bazanta, cantante y bailarina. Su acercamiento al ritmo del tambor, la gaita, cantos y bailes tradicionales los llevó a, en 1964, conformar juntos su primer grupo musical. Esto condujo a que Sonia desde la infancia se convirtiera en una portadora de memoria ancestral y cultural. 

Totó no fue simplemente una voz para unas músicas abandonadas incluso en su país de origen: fue una narradora de lo que significa un bullerengue. Fue instruida por su familia, con tambores traídos por su madre de un viaje a Talaigua, en el patio de su casa, un salón donde las clases de sábados y domingos se volvían fiestas. Como llamamiento de la Madre Tierra, la casa de los Bazanta se transformó rápidamente en un espacio en el que jóvenes costeños podían estudiar y mitigar sus problemas bailando los porros de Pacho Galán, Lucho Bermúdez y Los Corraleros De Majagual, o escuchando cantar a Abel Antonio Villa, Pacho Rada, Luis Enrique Martínez, Alejo Durán y Emiliano Zuleta. En esa adolescencia Totó respiro de las raíces que le daban forma a la música colombiana. Pronto su generación, que traía quinientos años de tradición a sus espaldas, le darían forma a algo nuevo. 

Primer concierto del que se tiene registro de Totó La Momposina. Feria de las Flores de Medellín.

Sus primeros pasos en la década de los 70 fueron bajo el grupo de La Momposina y Sus Tambores, cuya repercusión llegó a los oídos de Delia Zapata Olivella. Estala investigadora y documentalista afrocolombiana llevó a Sonia por primera vez fuera de Colombia, para que actuara en el Radio City Music Hall de Nueva York por dos meses. Más tarde Totó desembarcó en Francia, donde tuvo que quedarse por varios años, ya que sus afiliaciones a la izquierda colombiana hizo que se perfilara en las listas negras del país. No tenía dinero y sobrevivía en una mezcolanza cultural con yiddish, música colombiana y francesa. Aun así, Totó deslumbraba en todo. 

1982. Estocolmo, Suecia. Totó La Momposina en la ceremonia del Nobel de Gabriel García Márquez. 

En los 80 y 90 La Momposina llevó el canto de sus tradiciones y los bailes de su patio por todo el globo terráqueo. Junto a colegas como Petrona Martínez, la otra matriarca, y “Batata”, el tamborero de San Basilio De Palenque, le dio al mundo una muestra de lo que por tanto tiempo en Colombia se ignoraba. Sonia se convirtió en embajadora y narradora de la identidad afrocolombiana. En su voz convergían y se celebraban la identidad africana e indígena de tantas mujeres de su país. 

La Candela Viva’, canción compuesta en tambora originalmente por Eriberto Pretel Medina en 1923 tras presenciar el incendio devastador que sacudió al municipio de Chimichagua, Cesar, y llevada al acordeón luego por el vallenatero Alejandro Durán, es el manifiesto cultural de Totó La Momposina. Este traslado transgeneracional de una pieza tan importante es magnífico cuando uno piensa en cómo los tambores traducen ese sentimiento de desolación de un evento tan deprimente y las voces son como un abrazo a las víctimas de ese suceso. 

Que me quemo con candela (La candela viva)
Que se quema ya Talaigua (La candela viva)
Que se quema el Chimichagua (La candela viva)
Fuego ya que me quemo (La candela viva)
Que te quites, muchachito (La candela viva)
Que te quites del portón (La candela viva)
Que allá viene la candela (La candela viva)
Que allá viene por el higuerón (La candela viva) 
La Candela Viva

Otro de sus grandes hitos fue el magnífico ‘El Pescador’. El tono hipnótico en la percusión y las vocales que se mueven de un lado para el otro te llevan como si estuvieras en esas jornadas largas de pesca con la caña y el río al frente tuyo.

El pescador, habla con la Luna
El pescador, habla con la playa
El pescador no tiene fortuna, solo su atarraya 
El Pescador

Podría hablar por horas y horas sobre lo que significa Totó La Momposina en su totalidad para mí y para cada uno de los colombianos. Sonia fue la cara de Colombia, la Colombia que adoro y que en su naturaleza tan enrevesada sé que aún existe. Ella fue la voz de todos nosotros. La voz que arrullaba en las lluvias de mayo, los cantos que se oían cuando la violencia no cesaba, la curandera, la matriarca, la cantante que le dio una identidad a este país cuando él mismo no miraba a su población racializada. La luchadora que nos saluda desde el más allá con la misma alegría que nos demostró siempre. Cada vez que alguien me pregunte quién realmente representó a Colombia diré: fue ella, la mujer que cantaba en el patio de su casa, ella es la voz de todo un pueblo. 

Descansa en paz y muchas gracias Totó por todo, te amaremos siempre. 


Bibliografía: https://bffrepositorio.unal.edu.co/server/api/core/bitstreams/0273a7cc-e176-4a17-a325-a7865e64d392/content

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