asia⭑core #2: Daejon y el lastre de lo que no se dice

En la voz de Yerin Baek se vuelven tangibles, pero no explicables, los sentimientos, sus inflexiones, sus contradicciones y todo eso que no se puede poner en palabras. La segunda entrega de asia⭑core está dedicada a su disco "tellusaboutyourself" de 2020.

asia⭑core es el arte del diggin’ y la investigación: nuestro combustible para informar y divulgar esa música que el algoritmo no comparte. Cada país y cada ciudad tiene su propia frecuencia. Porque la música asiática no importa por ser inusual o alternativa: importa porque en cada lugar hay algunas de las mutaciones sonoras más interesantes e intrigantes del presente. Esta columna será una guía de territorios, géneros y de esa Asia adonde nos lleve la curiosidad. El 20 de cada mes elegiremos un punto en el mapa para escuchar lo que clama cada metrópoli oriental.


En este momento son las 3 AM en Daejeon, la quinta ciudad más grande de Corea del Sur; 12 horas más que en Buenos Aires, desde donde escribo. 

Dicen que es una ciudad “sin espectáculo”: ubicada en el centro del país, usualmente es más conocida por ser un nodo —de trenes, de investigación, de tránsito— que por vender una imagen al mundo. Pero esa falta de postal es, en sí misma, una peculiaridad: lo importante pasa por debajo. Arriba, la ciudad parece respirar con una calma práctica; abajo, las líneas del tren subterráneo la atraviesan como un sistema nervioso que no se ve, pero sostiene todo. Las vías no se anuncian, no decoran, pero te llevan igual. Y ahí está el puente con el disco de este asia⭑core: lo que no se muestra no desaparece; solo aprende a expresarse por lo bajo.

Daejeon Blues’ interpretado por Cho Yong Pil

Daejeon no suele aparecer en el imaginario pop con el brillo inmediato de Seúl, pero vibra con otra clase de electricidad: la de los laboratorios, los campus y las estaciones de paso, un nudo donde la vida cotidiana parece avanzar con eficiencia, mientras por debajo circula una tensión difícil de nombrar. Entre avenidas anchas, barrios residenciales y ese pulso de “ciudad funcional”, la emoción no se exhibe: se administra; y justamente por eso, cuando una voz como la de Yerin Baek se filtra en canciones que suenan suaves, pero cargan ansiedad, culpa y deseo de desaparecer, se siente como si el paisaje entero murmurara. Daejeon, al final, no opera como “lugar” sino como contraste: la promesa de orden arriba, y el temblor inevitable abajo; la prueba de que lo que se contiene no se apaga, solo aprende otra forma de salir.

La música es, quizás, la forma más primaria que tenemos de expresar lo que sentimos: desde los primeros ritmos —dos piedras chocando, un cuerpo marcando el pulso— hasta los pueblos originarios usando raspadores y flautas para darle sonido a la tristeza del duelo. En cualquier época, con extrema simpleza o con muchísima complejidad, intentamos traducir el mundo interno con la mayor fidelidad posible. Sin embargo, hay emociones muy específicas —o combinaciones enteras de emociones— propias de la vida contemporánea que se vuelven especialmente difíciles de decir. A veces, incluso, el lenguaje se queda corto: no todas las lenguas tienen una palabra para cada matiz, como schadenfreude del alemán (la alegría ante la desgracia ajena), kilig en el tagalo (esa mezcla de nervio y euforia del “amor a primera vista”) o tarab del arabe (el éxtasis particular que provoca escuchar o hacer música).

Yerin Baek construye su pop con una estética de bordes suaves: R&B liviano, sintetizadores que brillan sin encandilar, baterías contenidas. Una calidez moderna que no busca el golpe, sino el clima. También hay un faro evidente en su manera de habitar el soul: su fanatismo por Amy Winehouse, no como imitación, sino como una ética de interpretación —esa forma de cantar cerca, incluso con acento británico pese a su ascendencia estadounidense, con un fraseo quebrado pero elegante, dejando que la vulnerabilidad se note sin convertirla en espectáculo—. “tellusboutyourself es su segundo álbum como solista, y se siente como un paso extraño y preciso: más íntimo que expansivo, más conversación que declaración, como si el disco entero estuviera diseñado para decir lo que cuesta sin elevar nunca la voz.

El desasosiego, la ansiedad, la culpa, el desamor, la insensatez, la alienación, la melancolía: sensaciones que hoy habitan en uno como ruido de fondo (en la mayoría de los casos), y que a veces encuentran forma cuando alguien las convierte en sonido. Esta reseña es una de esas “cartas”: no para explicar un disco, sino para dejar que el disco ordene una experiencia (o al menos contar cómo ordenó la mía). “tellusboutyourself salió en la víspera de una separación. Desde entonces resuena como si hubiera quedado pegado a ese borde temporal en el que todo todavía parece “funcionar”, pero ya se está rompiendo. 

Escucho este disco como si fuera una conversación que nunca ocurrió: alguien pidiendo, casi con vergüenza, que le cuenten la verdad; al mismo tiempo, alguien que se esconde detrás de frases dulces para no decir lo que quema. ‘Lovegame’ abre el disco como una advertencia en tono suave: “mirá bien esa mano que te busca”, porque no todos los gestos son cuidados. La canción suena ligera, casi cálida, pero lo que hace es instalar el patrón que después se repite: querer quedarse con alguien que no está del todo. Y, a partir de ahí, la conversación se estira hasta volverse súplica con la herida escrita en el título (“You’re so lonely now, so you need me back by your side again”). En ese ida y vuelta, me cuesta ubicarme en el lugar de Yerin: lamentablemente me identifico con esa pareja a quien ella le habla —esa presencia ambigua que puede ser amor, compañía, y también rechazo o ausencia.

La clave es esa ambigüedad: el álbum no grita. Insinúa. Y en esa insinuación aparece un miedo que se parece a la culpa: la culpa de no poder dar lo que se espera, el impulso de desaparecer para no decepcionar, la ternura que existe incluso cuando la relación se está rompiendo en silencio.

Si tuviera que sostener una sola imagen para interpretar “tellusboutyourself”, sería esta: una habitación a media luz. Alcanza para ver el contorno del cuerpo, pero no los ojos. Hay cercanía —demasiada—, pero también un límite invisible: algo esencial se queda sin aire. En esa penumbra, Ms. Delicate funciona como retrato: lo frágil tratado con guantes, como si la delicadeza fuera a la vez caricia y estrategia de supervivencia. Esa “media luz” no es solo un tema lírico; es un modo de producción, un modo de respirar, un modo de vincularse. El disco es la estética del control emocional: la belleza como forma de no quebrarse en público. Y ahí también vuelve Daejeon como metáfora: una ciudad donde lo íntimo no se exhibe, se regula; donde el pulso real sucede debajo de una superficie eficiente.

La producción elige la sutileza antes que el impacto: todo está ecualizado para acariciar, los golpes llegan amortiguados y los silencios pesan tanto como las notas. Pero esa prolijidad pop no suena feliz; suena “reprimida. Como si el disco estuviera siempre sosteniendo la respiración para no quebrarse: una “ciudad funcional” del sentimiento, donde cada gesto está medido para que nada se desborde. En Hall&Oates, ese gesto se vuelve casi transparente: una referencia luminosa que podría ser liviana, pero envuelta en melancolía, como si hasta lo familiar tuviera que pasar por filtro para no desbordar.

La voz de Yerin suele ir al frente, muy cerca, y alrededor quedan texturas blandas (pads, guitarras limpias, reverbs) que funcionan como neblina: te envuelven, te calman un segundo, y enseguida te dejan más expuesto. Esa mezcla de dulzura y tensión es lo que hace que la culpa y la ansiedad se sientan “bonitas” y, por eso mismo, más peligrosas: como cuando una conversación incómoda se disfraza de tono amable. Incluso cuando el álbum se permite respirar en un interludio, esa pausa no relaja: suena a un largo pasillo, lleno de dudas, a ese segundo previo a volver a fingir que todo está bien.

Desde esa postura, el disco se vuelve un retrato de lo que se siente cuando alguien te ama de costado: no con falta de amor, sino con miedo. Miedo a nombrar, miedo a prometer, miedo a quedarse. Y entonces la intimidad aparece como una coreografía cuidadosa. Como en Daejeon, la superficie ordenada no niega la tensión: la contiene.

Yerin, en ese triángulo, no es solo quien canta: es quien hace de mediadora. Su voz ocupa el lugar que en la vida real suele quedar vacío: el de la frase posible cuando el resto se atasca. Ella pone palabras delicadas donde a mí me salían exigencias, y pone silencio donde la otra parte tenía rechazo. Por eso “tellusboutyourself” no se siente como un relato ajeno: es una conversación prestada, pronunciada con cuidado para no romper nada… y rompiendo igual.

En esa coreografía, el oyente puede elegir un rol. Yo elijo el más incómodo: el de quien se retira. La persona que da cariño mezclado con ausencia; la persona que intuye que el problema no es el afecto, sino el pánico, y aun así no puede quedarse del todo.

Mi primera relación vuelve cada vez que suena este tipo de fragilidad. No por nostalgia romántica, sino por la sensación específica de estar aprendiendo un idioma con una sola persona, en tiempo real, y equivocándome todo el tiempo. Estaba descubriendo cómo querer; y lo hacía, creo, retirándome: no por falta de amor, sino por algo más difícil de nombrar. Un pánico sordo o una especie de vértigo a quedarme del todo, a dar lo que se esperaba, a no poder sostenerlo.

Del otro lado había alguien que pedía presencia, que quería saber quién era yo de verdad. Y no siempre pude responder. A veces desaparecía —no físicamente, sino de esa manera más sutil en que uno se ausenta mientras sigue estando— y después volvía con ternura, como si la ternura pudiera cubrir lo que había faltado. ‘Loveless’ nombra esa paradoja sin dramatizarla: no es ausencia total de amor, es amor sin territorio, sin lugar donde apoyarse.

Con este álbum entiendo mejor lo que debió sentir la otra parte: recibir cariño mezclado con huídas, intuir que el problema no era el afecto sino el pánico, y aun así seguir. ‘Loner’ suena como ese momento en que uno justifica el alejamiento antes de confesarlo. ‘I am not your ocean anymore’ como la línea que traza el otro para no ahogarse más. Y ‘Hate You’ como el quiebre donde la rabia no tapa el apego: solo lo deja al descubierto. Escucho esas canciones y no me veo en quien las canta, sino en la razón por la que alguien las necesita cantar.

tellusboutyourself” no narra un gran conflicto: narra la erosión cotidiana. La forma en que una relación puede seguir "viva" por inercia, por cariño, por costumbre, mientras algo esencial se va quedando sin aire. Yerin no me explica mi pasado, pero me lo ordena: me deja ver que muchas despedidas no ocurren en un día, sino en una acumulación de cosas no dichas, administradas como una ciudad administra su propia electricidad. ‘0415’ queda flotando como fecha o contraseña —un número que no se explica, pero pesa—, y ‘Bubbles&Mushrooms’ como ese intento final de cubrir lo ácido con algo lindo: espuma sobre la arena. Daejeon queda ahí: la ciudad que no se exhibe, que administra lo que siente, que sostiene el pulso por debajo. Como este disco. Como esa relación. Todo en una media luz que no se apaga ni se prende del todo.


Escucha “tellusboutyourself” (2020) en Tidal, YouTube Music, Apple Music y Spotify:

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