Los 60 del 2025: Discos Argentinos del Año

Incluso cuando todo empuja en contra, la música argentina reafirma una actualidad espectacular: un año intenso, una escena viva, sesenta razones para escuchar.

Tenemos varios titulares para recordar el 2025. Uno es que fue el año de las Juanas. Molina, Aguirre y Rozas nos dieron para rato. Otro: una nueva primavera folklórica. Milo J y Cazzu, sí, pero también Nadia Larcher, Maggie Cullen y otros tantos. Y uno más: esto no para. Esta década dorada marcha firme, incluso con la crisis y la guerra por la atención. 

Hay más hitos: el salto de madurez de la escena de Soundcloud, una generación que ya se adueñó del trap argentino y que lo tiene en su mejor momento creativo. La famosa escena de rock post-pandemia sigue en crecimiento, muy a pesar del revival rolinga patrocinado por Sony. También crece la movida del pop experimental y su tendencia de autor/a. Igual que en el 2024, nuestros raperos no solo son protagonistas del panorama local, sino del de toda habla hispana. Queda en las próximas generaciones decir qué lugar ocupa en la historia de la música argentina esta etapa en la que, en el transcurso de doce meses, salen cuatro obras del porte de “Valle Chakal Ki”, “Ballet Para las Masas”, “La Ciudad del Pop” y “Cruz y Ficción”.

Toca poner en la balanza el elefante de esta habitación. La industria musical argentina está en crisis. En 2025 tuvimos una caída brutal en la recaudación por derechos de autor y la venta de tickets para recitales se pinchó en el segundo semestre. Hay cosas más difíciles de medir, como la venta de merch –visiblemente más escasa– y la cantidad de gente que pasa por lista a recitales, que tranquilamente llega a ser la mitad de la concurrencia total en circuitos under. El boca a boca es claro: hay una malaria terrible. No ayuda que quienes gobiernan operen contra SADAIC y CAPIF, ni que intenten linchamientos virtuales contra estrellas pop cada vez que se les ocurre. A pesar de eso, no tememos por el presente de nuestra música, que artísticamente está en alza, sino por su futuro, cuando muchos de los que están en esta lista no puedan dedicarle su tiempo por todos los malabares que hay que hacer para llegar a fin de mes.

Valen algunas aclaraciones: para este artículo se consideraron 138 EPs y 325 LPs publicados durante 2025. Además de los 15 EPs y 60 LPs que quedaron, sumamos 40 menciones honoríficas. Recomendamos que también le den una oportunidad a ese material. Es la sexta lista de discos argentinos del año confeccionada en Lúcuma. A continuación los links a cada una de las anteriores.

En Los 60 de 2025 participaron Juan Cruz Ajuria, Martina Balatorre, Franco Benvenuto, Fernando Brovelli, Camila Caamaño, Jerónimo Cipriani, Sofía Dalponte Roibás, Facu Delgado, Tomás Gauna, Valentina Gigena, Ramiro German, Franca Hernandez, Ian Isersky, Nica Maldonado, Santiago Miranda, Gaby Plaza, Vera Rentero, Ramiro Rybczuk, Dante Sabatto, Flor Viva, Agustín Wicki, Lautaro Yanes y Migue Yassir. Migue Yassir además hizo todo el diseño gráfico, Facu Delgado y Martina Balatorre la planificación para redes y Santiago Miranda y Agustín Wicki, quien les escribe, fuimos los editores. Aprovecho para agradecerles a todos por colaborar en Lúcuma, tanto los que se sumaron a esta lista como quienes aportaron su trabajo durante todo el 2025 y años previos. Me pone inmensamente feliz y orgulloso construir este medio con ustedes.

2025 también va a ser recordado como el año donde nos dejaron grandes valores. Lalo Schifrin, Raúl Barboza, Adalberto Cevasco, Ernesto Acher. Figuras que contribuyeron de forma única a nuestra cultura y la de toda América. Especialmente en esta oportunidad queremos dedicar esta labor a Juan Ortelli, un colega que ya no está más, pero que dejó un legado imprescindible, especialmente para el periodismo de Hip Hop. Juan, ojalá siguieras acá, para tener tu consejo, para discutir, para terminar tu libro, para hacer más. Abriste el camino para un montón de nosotros. Gracias. No te vamos a olvidar.

Del 2026 esperamos con ansias varios discos. Ya anunciados y con nombre: “La Otra Mejilla” de Feli Colina, “Hipercoghlan” de Coghlan, “fasciolofia” de fasciolo y “Verborragia de Psilocibina” de AgusFornite2008. También interesan varios proyectos que dieron a entender que lo próximo ya está cerca: Caliope Family, Cielorroto, La Real Academia, Eldoscientosiete, Zé Pekeña, Six Sex, Calle Cortada, Vera Frod, Clamor, Buenos Vampiros, Faraonika, Ana Milagros, Ruiner, Mujer Cebra, Nahu Nauseas, rarefreshh, nn.carvalho, LaRuth, Lu Pieckenstein, Odd Mami, Naima y WRRN. Ojalá verlos en esta misma lista el año próximo a todos.

Menciones honoríficas

ELECTRÓNICA

GENDEMA – Where It Hurts Less
Violeta García – IN / OUT [Bongo Joe]

FOLK

Bolar Mocho – Sonoropoesías Vol. 2 (Bitácora de Sueños)
Centenario – Archivos Locales [anomalía ediciones]
Florencia Ruiz – Plateada [Sonoamerica]
Manuela de las Casas – Será que el viento sopló para otro lado [Elefante en la Habitación!]

FOLKLORE

Maggie Cullen – Décimas

HIP HOP

Alejito y Tom Acosta – No Gangsta Bars, Vol. 3 Era Platino
alsina.carson – El Bagual
Cerounno y Juan 97 – Chopin 420
Curtter187 – 2000
Ralph Rolón – Ready To Rhyme
Tommy Zam y Sticky Banger – Space Executors
Saje – Epifanías
Volium – Te Dejo, Me Bajo del Bondi
Zeta Sport y Taida SGB – Relatos al Garden [Glifosato Dungeon]

JAZZ

442 – Rústico
Lucio Memi – Calor
Luis Ceravolo 4 – 500 Motivaciones [Acqua Records]
Nicolás Guerschberg – En un lugar [Club del Disco]
Sebastián de Urquiza – Dos orillas [Club del Disco]

POP

bautibit – bitFM
Chechi de Marcos – El Ángel Que Soy [Geiser Discos]
Homogénica – Post Pop [Geiser]

ROCK

99dosmil –Nada Especial [¼ Compañía Discográfica]
Divididos – Divididos [La Calandria]
Ella tiene una ventana en su pecho – Nos Tapó el Sol
Miedo Puro – Miedo Puro [¼ Compañía Discográfica]
Mis Peores Enemigos – Tiempos Mejores
Salas Velatorias – Lamentario

R&B

Lei B – OG Love
Lolita Fiamma – Fisura Fina
Manu Torres – Saliendo del Modelo [Geiser Discos]

TANGO

Analia Goldberg – Poliya: Tangos Para Milonguear [Avantango Records]
Romo Agri Messiez – Con Todo [Club del Disco]

TRAP

cero* – Mecánico
Komp y Club Hats – Toda la Música [Sponsor Dios]
Roman Yougareth & delchurrobeatz – NOVENOVASO
Turrobaby – I Love Wachas
uhniko – De la Milagrosa 2

15 EPs

15. MARTTEIN – Espectacular

Por Vera Rentero.

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14. h1pnosis – Crank Lifestyle N°1 

Por Agustín Wicki.

Rapera y beatmaker de Pablo Podestá, la h1pnosis nunca tuvo pulgas. En “Crank Lifestyle Nº 1”, su mixtape debut, más que mostrar un estilo de vida, muestra mil maneras de quitarlas. Vástago del Memphis y el horrorcore, es más tóxica que morder un termómetro. “Voy a escribir por odio, pero nunca por la plata”, se presenta. Entre sintes lentos de G-Funk, pistas con resortes y adlibs de terror, Flordepiedra escupe cianuro. Sus rimas se cruzan asonantes y mantienen la adrenalina con cambios de voz y shock value que sabe ser bizarro. El paquete es adictivo y su futuro, prometedor.

13. roro – hot hits

Por Vera Rentero y Facu Delgado.

Segundo año consecutivo sirviendo y dando presencia en la lista de EPs argentinos, roro continúa con su esperpéntica electrónica queer-clubbera, evolucionando su estética en variados subgéneros marcados por el ritmo y bajos rimbombantes, como el electroclash en ‘LA-UK-AR’ y el neoperreo en ‘Dolce&’. Si en 2024 era música para antros desconocidos y delirantes, ahora a roro lo degustan en todos los locales bailables: un must en cada DJ set.

12. Six Sex – X-sex [Dale Play]

Por Valentina Gigena.

Con “X-sex”, Six Sex se consagró como una de las artistas argentinas que más atención concentró este 2025. No solo por su carisma, su actitud desafiante o por canciones que rápidamente se volvieron hits, sino por el desplazamiento que tuvo desde el circuito de clubes bailables LGBT+ a una escena cada vez más mainstream (con su colaboración con Emilia Mernes como hito). 

En este EP potencia su personaje de sexualidad explícita que, nacido en los boliches queer, funcionó como código compartido y gesto político de libertad sexual, pero que, al trasladarlo a otros espacios, generó fricciones y expuso contradicciones socioculturales aún vigentes. Esa tensión atraviesa al proyecto, pero no lo neutraliza. Al contrario: “X-sex” se sostiene en una producción pulida, ecléctica y efectiva, que convierte la provocación en ritmo. Para quien solo busca entregarse al baile y al disfrute de un pop fresco y directo, este EP es, sencillamente, un placer.

11. La Prima – Memoria Emotiva [Glifosato Dungeon]

Por Martina Balatorre.

Victoria es dulce y chicanera: poeta y oradora que rapea sin marcar la frontera entre una cosa y otra. Se mete en intersticios de la mente que no sabías que estaban ahí. Sabe trabajar con lo finito de los recursos discursivos que permite un EP de cinco canciones: cumple sus objetivos como voz que emite y ubica, dejándote del otro lado, con la maldición —y la esperanza— de querer volver a oír sus canciones de amor, quebranto y rebelión.

La «Memoria Emotiva» no descarga ni libera, sino que sostiene algo en vibración constante. Dulce y punzante cuando quiere, en la voz de La Prima asoma la de su niña interior que, lejos de la ingenuidad, no actúa nada que se aleje de su realidad. Esa es su magia: su pluma se vuelve verosímil y logra transmitir lo mismo que ella sintió al escribir. “Así se debería sentir un lápiz cuando tiene un orgasmo”.

Después de mucho tiempo reinando las plazas, La Prima nos regala esta obra: un suelo barroso que podría llegar a albergar un territorio entero. Lo que queda es el deseo de apretar play una y otra vez, para escuchar de nuevo algo que recién empieza.

10. Luna Etc – top 5 [Senda Discos]

Por Ian Isersky.

Una canción es como un papel. Puede recibir trazos suaves o descargas iracundas. Se puede doblar, desdoblar, triturar en mil pedazos y reconstruirse. En el caso de Luna Etc, su debut solista es un diario que desde la primera palabra sabe que será destrozado.

Luna lleva sus canciones desde la ternura confesional del folk hacia un rock vibrante y furioso. Es su manera de ilustrar emociones fluctuantes sin dejar de habitarlas en profundidad. “top 5” es el acto inmersivo de escribir para incinerar lo escrito. Una catarsis que se lleva consigo lo importante y lo trivial, lo amargo y lo agridulce, y así libera la conciencia. 

9. Napo – Cuanto Dolió

Por Franca Hernandez.

En una actualidad tan desdibujada y explícita en su individualismo, su falta de humanidad y su avaricia avasallante: ¿qué tan obvio es exclamar cuando el rey va desnudo? Para Napo no lo es. Su último trabajo, “Cuánto dolió”, nos da la mano no sólo para llevarnos a caminar por el mapa nostálgico que traza por las calles de Gerli, sino también por la necesidad imperiosa de encontrar el contacto, piel con piel, que tanto escasea. Sabe que, en momentos hostiles, repasar lo humanamente básico es un acto indispensable.

Pasaron dos años desde “Jardines líquidos”, obra que presentó ese sonido minimalista con salpicaduras de jazz, paisajes atmosféricos y chispazos spinetteanos que hoy son su marca registrada. Ahora nos enfrentamos con una cápsula de cinco temas, producidos y escritos por él mismo, donde se permite jugar con el galope trastabillado del detroit trap, para luego reposar en coros vaporosos y cerrar con una voz cantada que coquetea a dieciocho minutos del sol. El imaginario etéreo, popular y nacional cielorrotísta se apersona con referencias específicas, cotidianas y cómicas. Van desde perros parecidos a Virginia Lagos, viajes de Morón a Gerli y hasta menciones a Tanguito, Sandro, Andy Chango o El Zorro y Bernardo. Todos conviven en un discurso personal y reflexivo que tiene a la nostalgia como espina dorsal. Y que busca, sin querer irse, una respuesta a ese éxodo palpable de la sociedad para con lo sensitivo, lo empático y lo incondicional. 

Vos me ves ganado como si tuviera un re sueldo
Pero solo tengo ojeras y sueños

Me imaginó los temas mientras muleo
Y en el Roca bajó el verso
Focus

8. Ana Milagros – El Idioma de la Niñez

Por Franca Hernandez.

Comprenderse es incómodo”, afirma Ana Milagros, durante los primeros segundos de ‘Norepinefrina’; momento exacto donde vemos a su catarsis personal alzarse como una gran ola que promete avanzar sobre todo aquello que esté a su paso. Y recalco el “su”, porque este diálogo interno, expresado como un proyecto de tres temas titulado “El idioma de la niñez”, cristaliza ese proceso purgatorio con la convicción de que al final del camino hay una recompensa tan invaluable como la paz con una misma. Proceso que usualmente no se presenta como una invitación amable por parte del futuro, sino como un grito desesperado del pasado que se hace eco en el presente hasta que se vuelve inevitable. Tan inevitable como lo es Mili para Ana.

Las letras de Ana tienen algo sumamente valioso: la puntería para dar luz sobre aquello que siempre queda relegado a la sombra del inconsciente. Apuntalar sobre situaciones, problemáticas, sentimientos e inquietudes que sólo encuentran lugar en la intimidad de una charla en confianza. Siempre con la convicción de que su prosa también describe a un otro que puede sentirse oído. Todo encapsulado en una producción que envuelve sus recuerdos y sus manifiestos en piezas únicas que subrayan la claridad con la que se impone, empujan para darle profundidad a las imágenes que construye y enmarcan un ensueño que está más vivo que nunca. 

Como no darme tiempo para expresarme y escribir canciones que me sanen
Solo deseo que te ames. Amén
Amén 

7. Rocío Sensación – La Nueva Sensación [WEPA Records]

Por Camila Caamaño.

“No habrá libertad sin desobediencia”, se lee en la pierna izquierda de Rocío, de ficha biográfica virgen en Internet, pero nada célibe en sus arrumacos tropicales. Crop top de Sin Miedo, pelo atado en alto al mejor estilo de La Favi y el desacato de una chica con la cumbia como paleta multiuso. En Latinoamérica, al neoperreo apenas le quedan las volutas de humo y el disfrute popular lo calibra nuestro sonido que hicimos carne. Rocío Sensación se coloca como un nuevo tono, de esa gama inacabable que ofrece el género cumbiero: que puede viajar al pasado con Adrián y los Dados Negros o proponer un futuro combinando múltiples marcos, como Elaiyah y su “Abrazando la soledad”.

Con apenas tres canciones, Rocío alcanza a armar el ambiente de su aventura. En ‘Eres mía’, el tema que abre el proyecto, transporta sin esfuerzo a una bailanta afiebrada a través de un relato poco frecuentado en la cumbia: no es la novia la traicionada en potencia. En cambio, se le advierte al futuro esposo que la mujer ha aprendido a divertirse mucho mejor con las chicas. Esa propuesta indecorosa, en la voz de Rocío, es irresistible. Su súplica seduce y despierta, subida a la carga de todos los artilugios sonoros que se radicalizan expresivamente en el último tema, que lleva el nombre del proyecto, una decisión justa porque a partir de allí quedará vinculado como su pasaporte en futuras tarimas. Es evidente el estado de euforia que consigue, exactamente como los temas más memorables de la cumbia que nos trasladan a ese estado de más allá, donde el cielo es un lugar posible sin necesidad de abandonar la tierra. 

6. nn.carvalho y Juli Guerrini – 33/2

Por Agustín Wicki.

nn.carvalho no tiene demasiado claro cómo hacer una canción. Accidentalmente, “33/2” es lo más parecido que hizo a una. Cuatro partes, una decisión y sus porqués. Todavía no está seguro para responder si es más escritor que rapero, pero la pregunta sobre la adolescencia y la adultez le tocó contestarla acá. Primero asumirlo (“No hay faja lumbar para los pesos que te inculcan”), después dar el paso. La metáfora no es tan metáfora: chupetines para dejar de fumar.

Al otro lado del confesionario está Juli Guerrini, joven productor de loops de jazz-rap pulcros y armonías cuidadas. Que en este proyecto bisagra para la trama de Cielorroto, algo difícil de anticipar viendo la duración, las pistas sean de alguien que no pertenece al grupo evidencia lo que se viene: una apertura al mundo. Los más dramáticos del rap argentino dejan atrás las alegorías y los drippings de Janet Sobel, y asumen el desafío de perder la solemnidad, pero no el compromiso. El luto lo forzó. El carvalho del presente mantiene las sutilezas, pero es más directo y extra permisivo con el humor. El manifiesto es el fin de las dudas: “Ahora voy a romperles de en serio las pelotas”.

5. Naima – Con amor, para mi amigo [anomalía ediciones]

Por Ramiro German.

Con amor, para mi amigo” parte de un trance nublado y casi opresivo, con violines que gimen y guitarras que arañan el silencio antes de romperlo a martillazos de distorsión. Es la expresión sonora perfecta para esa carta que nunca te atreviste a escribir: la que no pide disculpas, sino que expone la herida. El trío se instala en un bucle constante, oscilando entre pasajes ambientales y canciones incisivamente explosivas de rock alternativo que, a pesar de lo fugaz, son un golpe fuerte a la sensibilidad. Un impacto que lleva al ciclo reflexivo a quienes necesitan desahogar incomodidades con su par.

No se trata de un mensaje bueno ni malo. Es un golpe por supervivencia: la sinceridad en su estado más puro, el lenguaje más digno de una confianza profunda.

Viste tu sangre correr y no dijiste nada,
dejando hasta la última lágrima que te quedaba.
¿Y bien?
¿Qué sentido puede tener?
Si sabes lo que hay que hacer, ¿qué es lo que te frena?
mersault

Los Naima escupen en lo sonoro la crudeza que late en sus palabras, dejando claro que en esta carta, para ellos, todo está dicho. Mientras, yo, con ‘mersault’ de fondo, sigo buscando inspiración para expresarle a ese amigo toda mi sinceridad.

4. Santicuado.Q – Dani Stone

Por Ian Isersky.

Santicuado es un puñado de pipas destinado a ingerirse con cáscara. No se quita de encima ni un gramo de aspereza, porque sabe que en ella reside su sustancia. Este rapero porteño es un novicio de monasterio que come con la mano orgullosamente. Su búsqueda corporiza la forma más burda de hacer todo lo que el mundo propone. Y así logra una suerte de intelectualismo grasoso. No por una ley del menor esfuerzo, sino con total intención de encontrar una estética en lo mundano. Santicuado es el otro, inmerso cómodamente en su otredad. Es lo que nunca nos atreveríamos a ser pero que igual nos interpela. Por eso, de todos los futbolistas a los que podría haber apuntado a personificar, elige a Daniel Osvaldo. Un rústico entre rústicos. El más rolinga dentro de un deporte de rolingas. 

Dani Stone” se nutre de la mugre de “Arpegio” (2023) y el espíritu “Radio Pinti” de “Spléndido Splendente (2024) para codificar un nuevo lenguaje. En manos de Manu Goromi, las instrumentales pasan de su característica irregularidad rítmica a una desconcertante polirritmia. De una playa brava al punto en el que se funden todas las olas. Santicuado rapea en tierra de nadie (“Esquiando en un Aspen que no existe”), pero siembra allí un campo semántico que es de todos: “Seguís yendo a La Rural a que te regalen azúcar Ledesma”. Las referencias literarias nunca fueron las únicas ingeniosas. 

3. Terra – Fórmula 1 [Headroom Records]

Por Facu Delgado.

Terra es la fuerza bruta del pop y la electrónica argentina. Su trayecto -desde ‘MIRAMIRA’ hasta los dos volúmenes de “Heroína Latina”- se ha definido por la velocidad, el riesgo y una búsqueda constante en la pista más allá de los géneros. El error no existe, solo la evolución contínua.

Ahora, con “Fórmula 1”, Terra no solo usa la metáfora, si no que la encarna. Junto a su productor Cimarrón y artistas invitadas como Juana Rozas, Six Sex, Arya y O.L.I.V.I.A, la piloto porteña acelera desde los clubes underground hasta los radares globales con una fórmula invencible: electrónica salvaje, beats de reggaetón, cortes de bachata y melodías de electropop futurista.

Este es su trabajo más visceral y concentrado, una inyección diseñada para el dancefloor que transmite euforia pura y continuas descargas de adrenalina. Esta intensidad no es un efecto, es la regla dentro de su juego.

2. Mir Nicolás – A BCN Dream

Por Lautaro “Lykao” Yanes.

Para fines del 2024, Mir Nicolás atravesaba un momento particular de su carrera. “Spinettaje Intenso”, su primer álbum y uno de los debuts más esperados en la historia del rap argentino, ya había dejado una marca en la música nacional y lo había catapultado a hacer una gira por todo el país, además de recorrer distintas ciudades alrededor del globo. Fue en su paso por Barcelona, más específicamente durante un día en el estudio de DJ Swet junto a C. Spaulding, que el rapero y productor de Pablo Podestá gestó un EP que suena a un sueño epifánico: uno donde anhelos, heridas y vivencias se entrecruzan para traer claridad en una parada técnica (pero necesaria) de su periplo.

Me voy lejos, igual entienden mi lunfardo”, asegura en ‘Tramontina’. Sin importar dónde se encuentre o con quién colabore, la argentinidad siempre va a rebalsar del cuerpo y la pluma de Nico. Mir no habla de llegar lejos, sino de subir a la estratósfera como en el menemismo. Cuando quiere expresar su salto directo a las grandes ligas establece un paralelismo con el Beto Márcico, futbolista que se salteó las inferiores. Tampoco habla de causar estragos, sino de “armar bondi” como Jorge Porcel Junior.

A BCN Dream” es un retrato en tiempo real de un momento específico de la carrera de un artista cuyo destino incierto lo entusiasma. La producción, a cargo de C Spaulding, construye una atmósfera anestésica ideal para que Nico hilvane un relato que parece ser un islote calmo en medio de su viaje. Ingrávidos, su batalla con el cáncer y sus tiempos en el barrio son elementos esenciales de una historia que vuelve, una y otra vez, a un origen que quedó lejos en el tiempo, pero nunca en lo espiritual.

1. Eluney Benedetti – El morfón full mixtape

Por Agustín Wicki.

El morfón es un adicto. Cuando la tiene, el éxtasis le asalta el sistema nervioso. Es más fuerte que el equipo, es más fuerte que ganar, es más fuerte que uno. Un botín boquiabierto y el otro encintado en un potrero, el morfón solo busca la pelota. “Te juro que te quiero reventar / Cada vez que me preguntás / ¿Por qué no la pasas?”, rapea Eluney Benedetti con un cambio de ritmo entre el “por” y el “qué”, de esos que hacen toda la diferencia.

Es el pibe revelación. Freshman Class XXL 2026. Sonrisa de buenudo para su primera aparición en El Gráfico. Cuando frasea encuentra espacios donde no los hay. Eso que se la ata al pie es el autotune. Cada vez que la toca cae chocolate y cada enganche tiene pasta de hook. Imparable concentrado, imposible que se le olvide a quién le iba a dedicar el gol. Calentón: “No me hagas desesperar, que tengo mala fama”, estalla después de una intro y le pone nombre al mixtape. 

El morfón es más que un morfón. Su estilo de vida es perfectamente compatible con el Hip Hop, pero también es criollismo puro. ‘che’ es el aliento y la euforia. Una declaración de que se juega todo a esta revancha y no piensa morir así. Más trap que eso no hay. 

Los3’ es la clase de canción por la que autores de la talla de Nick Cave darían la mitad de su catálogo por poder escribir y el catálogo entero para no atravesar lo que la inspiró. Tiene todo: la traición (“A la cocina entraron a buscarme / Vos misma me entregaste”), la adrenalina (“Si supieras como esa caja registradora me mira”) y la soledad autoimpuesta por orgullo (“De nada sirve que me visiten los tres”). Ópera, microrrelato, canción, ninguna categoría artística la puede encerrar, es más que un medio, es una familia rota en segundos y en años. 

Hay algo más. El morfón nunca cuenta qué le pasa. Son enigmas al trote o en picada. La diferencia es que Eluney eligió ser artista. Y qué quilombito que va a armar.

Los 60 de 2025

60. Blair – Bar Scorpios [Sony Music Argentina]

Por Ian Isersky.

Por más que se le insista, la fe se resiste a ser encasillada. Sectorizarla solo puede limitar el entendimiento sobre ella: la fe es la sustancia, no el envase que la contiene. Lo que nos diferencia esencialmente no es la clase de fe que tengamos, sino el hecho de tenerla o no. Quien la posee adquiere una nueva filosofía, una forma alternativa de comprender su entorno. Sin embargo, ¿qué le queda a quien la pierde? Cuando el envase se vacía ¿a dónde va la sustancia? En “Bar Scorpios”, Blair deja testimonio de los efectos de soltarle la mano a una fe religiosa que, en el fondo, es la fe en todo. 

Inspirada por su consumo cultural, Blair vuelve a apelar a lo narrativo como columna vertebral de su segundo disco. La misma joven que creció fascinada por el horror de “Carrie”de Stephen King y el drama de “Twin Peaks” de David Lynch es la que da vida a Teresa, personaje principal del relato que atraviesa la obra. A esta protagonista la invade una sustantiva dualidad. Su diálogo interno está repartido entre dos pulsiones. Una depende de la divinidad y encuentra la completud en la idea de lo todopoderoso. La otra, de cimientos nihilistas, entiende la inacción de Dios como una pérdida de propósito. Una invitación a destruirlo todo, incluyéndose a sí misma. En un recorrido cuasi biográfico, no sólo se dan a conocer los dos extremos de su personalidad sino la cadena de sucesos que la lleva de uno al otro. 

Cuando la realidad se tiñe de rojo vivo, cuando solo puede ofrecer crudeza, no todos los artistas son un espejo de lo que sucede. Algunos eligen ser una ventana. Un portal hacia nuevas historias capaces de amortiguar la furia, de hacernos empatizar con un personaje como nunca lo lograríamos con quien tenemos al lado y, eventualmente, de alimentarnos de fe. Ese bien preciado que a Teresa tan temprano le tocó perder.  

59. Hellolola – Turrialuv [Dale Play]

Por Agustín Wicki.

Qué mina forra Hellolola. La piba que el rap argentino no sabía que temía. Sobradora y dedicada a no dejar pasar nada que no le parezca. En su vida es todo pago o todo free: todo o nada. Le salen los estilos de Miami, Jersey y Detroit, pero para ella primero está Caballito. 

Turrialuv” es su primer disco, donde empieza a desdibujar las distancias entre su persona y la fama que se hizo. Los egotrips más divertidos del circuito y las salpicaduras de veneno están al rojo vivo, pero por primera vez se complejiza el cuadro.

Decepcionada en ‘Donde Me Escupías’ y traicionada en ‘Kiss Ma Ass’, la rapera muestra facetas que no le conocíamos. “I got a heart, pero lo dormí con pills”, admite cuando se pone ‘Quilombera’ y si necesita fuerzas recurre a la sabiduría de su alma mater, Moria Casán: “Sé lo que es llegar sola a casa, con temblores en el cuerpo y en el alma, ¿pero saben qué? La fiesta también es eso, la vida también es eso”. Con el mantra incorporado, Lola se mantiene imparable: “Me creo a lot, pero no por ser rapera”.

58. Choosey – Pekelandia

Por Franca Hernandez.

Choosey es contraintuitivo, pero no por eso incoherente. El sentido es él y el sello que construyó desde sus inicios: nadie sabe qué puede pasar, qué sample va a sacar, qué referencia va a escribir. Lo único asegurado es que no falla en sorprenderte. Siempre en un tono irreverente, histriónico, descansero y ágil, detecta quién se toma las cosas a pecho y lo usa de punto. Es como ver al personaje de Subway Surfers corriendo por la vía, pero en vez de ganar moneditas, suma álbumes super específicos: en vez de esquivar trenes, tiene que ganarle al copyright. 

Mientras calcan las siluetas del artista de algún top,
yo prefiero crear mi propio estilo basado en combinación
Rompediskotecas 

Cortinas de Radio 10, referencias a Hannah Montana, Camila Bordonaba y Hector El Father; samples de los 70, publicidades de juguetes y canciones del soundtrack de “Cars”; Titanes en el Ring y menciones a Rulo Verde; melodías de Ritmo de la Noche y –obviamente– “Los Peques”. El artista de Trelew tiene el poder de meter todo eso en la misma licuadora y que funcione. Te zarandea por lugares entre el pasado y el presente con referencias que pueden sentirse como un war flashback o el momento exacto donde Anton Ergo prueba el plato en “Ratatouille”. Esa personalidad tan marcada y desprejuiciada hace que todos sus trabajos le extiendan un poco más el horizonte de posibilidades. Nada suena igual a Choosey, incluso cuando él suena un poco a los Beastie Boys.

Si no existe la palabra te la invento yo
Le Toto

La voz y sus múltiples usos subrayan una dimensión clave dentro del universo choosiano: la lúdica. Estamos escuchando a una persona que experimenta, mezcla y –ante todo– juega. Él se divierte y a nosotros nos divierte que se divierta. Al final de cada disco, la pregunta siempre es la misma: ¿Y ahora qué mierda va a samplear el Choosey?

57. Para Establecer un Río – A Una Muerte de Renacer Donde las Divisiones Dejen de Ser [Luz Sobre Tinieblas]

Por Ramiro Rybczuk.

Desde su formación en 2013, la banda platense Para Establecer un Río ha experimentado con distintas formas de la música de guitarras, centrándose en las distorsiones, la creación de ambientes sonoros y la exposición del sentimiento interior. La idea es muy clara, expuesta aquí por el frontman Juan Aôut: “El río puede ser fluctuante, grande o chico, rápido o lento, pero una cosa segura es que siempre conlleva la idea de dar vida y salud”. Este concepto da un salto de calidad y de madurez en una pieza continua de 28 minutos. Las partes que toma del noise, el shoegaze, el stoner, el post-rock y hasta de ciertos estilos metaleros se convierten en algo absolutamente movilizador. Le cabría el término de sublime, mal utilizado para describir algo excelente o más que bueno, es una sensación que va más allá. Te pasa por arriba, es algo de una majestuosidad tal que nos deja sin palabras: abruma, inmoviliza y deja expuestos a lo que tenemos enfrente sin barreras. Cuando las guitarras llenan el espacio pareciera que te van a llevar volando, no violentamente pero de manera repentina e inevitable. Una marea de graves y efectos pasea por etapas conexas y envolventes, sin sentir nunca el impulso de desprenderse de la experiencia.

A dónde nos lleva es algo más personal. Palabras muy concisas, siempre en el mismo discurso de la melodía directa y la emoción a la par. El agobio, la claustrofobia de un momento inescapable y la liberación de tensiones al momento que el noise pasa al frente y dispara de nuevo desde un cañón, con la batería abriendo el pecho a batacazos. La ansiedad funcionando a mil revoluciones deja valles muy puros y frágiles, donde tal vez solo nos acompañe una guitarra o un piano para que se recargue la sensación otra vez. 

La verdad que se presenta es muy interna, de las que se expresan con una delicadeza que se deshace en las manos. “A Una Muerte de Renacer Donde las Divisiones Dejen de Serno exige el foco que parecería demandar, sino que nos atrae y envuelve para entregarse, con toda la confianza del mundo. Es una película. Solo la ve el oyente. Y va a llevarlo por su propia experiencia.

56. An Espil e Ivan C. Bakmas – Laura Polines

Por Flor Viva.

Justo cuando esto se estaba poniendo divertido
Aparece el miedo a jugar conmigo
Presiento que esto puede ser muy peligroso
Ya verás, revelado el misterio
Adelante, elegí
Estoy segura de que perderás

A Jugar con Hugo

Polifacética y aún así en un eje estilístico de autoridad personal, este nuevo capítulo en la carrera de An Espil nos introduce a una contracara de su anterior lanzamiento, “Jesica Alegría”, que de todas formas conserva sus mejores virtudes. Podría decirse incluso que con una pisada distinta visita el mismo universo. 

Bajo el paraguas de una producción enormemente original por parte de Ivan C. Bakmas, el torrente musical es fluido, natural y encarrila atinadamente el recorrido de los versos y los juegos de voces de An. Conservando el humor y arrimándose sin tapujos a hablar del (des)amor y el deseo, una vez más disfrutamos de las gambetas de mielomas y de una penumbra mágica que le da misterio y dinámica a todo.

Ocho años después de su primer proyecto solista, la cantautora nos muestra un enorme crecimiento y, más importante todavía, la forma en la que todos los crecimientos no van evolucionando de forma lineal, ni monótona. An Espil sabe divertirse con su propio arte y sumar a jugadores a su alrededor que aportan trampolines a nuevas aventuras y nuevos enfoques: el pop, el r&b, el neosoul y muchos aromas más se combinan entre sí sin cancelarse para dar a luz a una nueva radiografía artística de una de las voces más encantadores de la actualidad argentina.

55. Ileso – Corduroy [Inerme Discos]

Por Ramiro German.

Luciano Trabatto es hoy la persona que mejor traduce a sonido la Mar del Plata gris. En la reseña de Fotos Viejas dentro de la lista de 2024, ya habíamos hablado sobre sus manías audiófilas que jugaban con una representación extenuada del sonido costero, sin embargo en Ileso —junto a Micaela Luca y Martín Gallinger— esa melancolía atlántica reposa en la confidencia y el compañerismo. No se trata de bajonearse y aguantar; se trata de ir al choque. Que el bajo golpee tus costillas y sacuda el corazón, que la bronca estalle y se disperse en cada golpe de batería, que cada riff de guitarra genere una inquietud que te obligue a salir del molde.

En “Corduroy el sonido es agresivo y las letras te interpelan: el trío marplatense entendió que esperar sentado a que pase la tormenta no garantiza bienestar. Ponen en juicio la inacción: si todo está mal y no hacemos nada, la cosa va a empeorar.

Uno nunca sale ileso de las batallas injustas que propone la sociedad. Merlina Barboza lo representa recuperando las palabras de su padre, Gerardo (Dekadencia Humana), un pilar contemporáneo de la comunidad punk, el movimiento “Hazlo tú mismo” y, por sobre todo, un apasionado divulgador de conocimiento anarquista. Ese poema se integra como el núcleo que carga el mensaje más potente del disco:

Si caes te levanto, si caigo me levantarás 
Pero no nos alejemos más
No esperes más
Aquí estoy preparado para pelear 
Vamos, anímate, el mundo es nuestro 
Amor y rebeldía para cambiar el mundo de hipócritas adultos
Amor y Rebeldía

La vanguardia del post-hardcore se alza en la voz de Ileso. Hay una crudeza que no solo rompe con el dolor, sino que reverbera como una fuerza de impacto aturdidora. Tan denso y punzante como su sonido, el LP se arma de consignas antimachistas, antifascistas y rebeldes, construyendo un refugio contra las injusticias que atraviesan a los más vulnerables.

54. EL PLVYBXY – Retrospective Frequencies [Terminal]

Por Tomás Gauna.

La discográfica mexicana independiente Terminal ha estado detrás de la música electrónica bailable más interesante de los últimos años. En su catálogo cuenta con piezas de DJs y productores como Entrañas, DJ Babatr, Remisería Temperley y más: artistas que toman ritmos latinoamericanos y los moldean hasta volverlos capaces de reventar cualquier club, en cualquier parte del mundo. Por eso tiene bastante sentido que El Plvybxy, uno de los nombres claves dentro de los antros de Buenos Aires, haya elegido este sello para lanzar su primer álbum: “Retrospective Frequencies”.

El disco se diferencia de sus trabajos anteriores en un punto central: si bien el diseño sonoro meticuloso que siempre caracterizó a El Plvybxy sigue presente, la fuerza motriz es la percusión, más intensa y acelerada que nunca. Los ritmos latinos también son protagonistas: las influencias del raptor-house venezolano conviven con estructuras de techno potentes que, por su naturaleza repetitiva y constante, se vuelven hipnóticos. ‘Los caburés’, realizado junto con el compatriota ROOi, alterna entre patrones cercanos a la chacarera y beats 4/4 casi houseros, mientras que ‘Frecuencias retrospectivas’ encuentra un punto medio entre el new beat belga más industrial y la guaracha colombiana. 

Retrospective Frequencies” es un disco diseñado para hacer vibrar pistas de baile en cualquier rincón del mundo, pero que solo pudo haber salido de Buenos Aires, Argentina, América Latina.

53. Chinwezz – Impulso

Por Facu Delgado.

«Impulso» de Chinwezz tiene una intencionalidad marcada. Del dúo de multiinstrumentistas Tade Fonk y Frank Iudica emerge un proyecto que redefine el jazz-funk desde una búsqueda consciente por el groove. No es una fuga de la realidad, sino una inmersión en su espíritu jazzero que invita a sentir el ritmo interno que nos zamarrea, unas veces a la deriva, otras hacia delante.

Parte del colectivo Obligado (formado por bandas amigas como Vinocio), no se proponen ser meros archivistas del sonido old-school. Su propuesta es de revitalización y contexto: conectar ese groove inquebrantable del funk clásico con el pulso de una ciudad moderna, demostrando que el «impulso» del que hablan es, ante todo, rítmico y social. La confirmación de este planteamiento llega por el sonido, donde destacan las secciones de vientos —con los saxos de Baltazar Clusellas y Juan Duque, y la trompeta destacada de Sergio Wagner en ‘kenospasa‘—, que aportan una calidez cómoda y un fraseo moderno, ejecutando melodías pegadizas y momentos llenos de personalidad. Los teclados y sintes añaden capas de texturas vintage, generadoras de entornos hipnóticos que te hacen olvidar del espacio y el tiempo. Lo lindo es que la energía capturada en el estudio preserva esa chispa de improvisación que define al mejor funk, perfecto para mover los pies sin remordimientos.

Impulso” es un álbum para caer en tentaciones sonoras que van más allá del entretenimiento. Es un disco-mood que te acompaña en las preguntas que surgen al ritmo de la calle. Chinwezz no se presenta como protagonista, sino como el arquitecto de espacios emocionales donde vos sos el verdadero habitante. Con este trabajo, la dupla no sólo firma una de las propuestas de jazz-funk más frescas del año, sino que reafirma la vitalidad y la evolución de la escena argentina.

52. Aq y Bishop One – Zihuatanejo 

Por Fernando Brovelli.

Crear sin presiones: los beats se perciben y las rimas llegan cuando hay algo que decir. Rapear sin apuro, siguiendo el compás, reiterando el mensaje: ir lento hacia el objetivo, que el camino -aunque extenso, inclemente y desgastante- también sirve de alimento. Volver a producir los ritmos para jugar: sentir lo genuino que nos sobrevive a lo obligado. Esas parecen ser algunas de las premisas del productor Bishop One y el rapero Aq, que unieron los 115 kilómetros que distancian Concordia de Colón para lanzar “Zihuatanejo”, un oasis de sonidos que exaltan el disfrute pero también la incomodidad de encontrarse con uno mismo. 

La gente sin fe me perturba”: la frase lanzada por Aq convoca a la acción a grito crudo contra la cárcel generacional, que nos tiene preparada una vida armada de convenciones y una maratón incansable para juntar (siempre poco) dinero. El lamento, sin embargo, no es el tono principal: hay lucha, hay orgullo y hay interés en desmitificar esa foto de localidad/campo, que asemeja aspirar las “s” con la inocencia. Los treinta minutos del tracklist reproducen los códigos de las calles -las mismas de siempre, menos transitadas pero igual de nocturnas-, con sus drogas y sus berretines, pero también con su viveza y su espíritu de desplante y de arrogancia, aptitudes determinantes para seguir dando pasos y mostrar que el lunfardo provinciano no necesita elegancia y mucho menos impostación para tener altura.

Como un “estado mental” que reconoce que el espíritu “es más pesado que el cuerpo”, el viaje del álbum tiene como destino la serenidad, principal variable para poder construir un futuro. ¿El pasado? Solo presente para mostrarnos todo lo que pasó en el durante, abriendo la pregunta de cuánta vida existe en la desmemoria. Con frases de otros raperos como mantra o escenas de película que nos empujan para iniciar el viaje, Bishop One consolida una estética que reconoce la excepcionalidad de lo cotidiano y deja marcas del trabajo que conlleva sostener cualquier sueño.

51. chunkans – antes de cambiar [anomalía ediciones]

Por Nica Maldonado.

Por definición, un chuncano es alguien de la montaña o el campo. El término deriva de una expresión huarpe que remite a la «chunca»: una pantorrilla muy desarrollada y musculosa por caminar en los cerros. Generalmente, se trata de una palabra de uso despectivo. Sin embargo, esa es la identidad que reivindican los hermanos Julián y Mateo Pautasso, de Santa Rosa de Calamuchita, “anglificando” el nombre a The Chunkans (hoy, sin el The) para reafirmar una identidad punk en un pueblo donde un adolescente puede sentir que no pasa absolutamente nada.

Hasta ahí lo normal, la cosa sana. ¿Quién no soñó alguna vez con tener una buena banda de punk rock? Más si sos de una ciudad que vive del turismo, de esas que lo único que te dan es la certeza de que, si querés crecer, eventualmente te vas a tener que ir. Ahora bien, ¿qué es lo que hace que chunkans no sea un grupo más?

Basta escuchar “antes de cambiar” para encontrar una respuesta. Quizá sea porque son más aguerridos que la mierda y van al choque desde el comienzo de cada canción, expandiendo la propuesta punk y logrando dinámicas poderosas sin haber grabado en ningún gran estudio. O capaz sea por sus riffs frenéticos, cargados del ruido del post-hardcore más duro y de las sensibilidades –y los arpegios angulosos– del midwest emo en su mejor versión. O tal vez sea por el increíble virtuosismo que ostentan a tan corta edad (15 y 19, respectivamente), con una frescura intacta y una madurez impropia para esos años.

Desde su pieza, bajo las lluvias torrenciales que rescatan a los ríos de la sequía entre las sierras, estos hermanos nos regalaron un tesoro: un puñado de himnos adolescentes, suspendidos entre la angustia y la inocencia, capaces de infundir furia, optimismo y  nostalgia, incluso en los más duros.

50. El Nota – Subidos al Pony [Hora Cero Records]

Por Valentina Gigena.

El artista que canta “a los que cargan con el daño inundado en su sangrelanzó su esperado primer LP. “Subidos al pony” tiene canciones crudas, apenas apaciguadas por destellos de humor, que construyen una mirada generacional incómoda y potente. Esta vez el sonido es más limpio que en trabajos anteriores, aunque mantiene la suciedad de sus púas, guitarras y gritos, sosteniendo una estética reacia al pulido excesivo y más cercana a la urgencia que a la corrección. 

Musicalmente, el disco se mueve entre climas tensos y estallidos, con estructuras simples que priorizan una emocionalidad punk por sobre el virtuosismo técnico. Al frente, una voz que se desgarra al cantar la perversidad de una época que expulsa mientras promete e ilusiona con la idea de pertenencia. Esa tensión, traducida en una generación de jóvenes tristes, zigzaguea entre lo insoportable del afuera y el adentro de la propia mente. 

El Nota es necesario justamente porque expone ese malestar y lo amplifica. Lo vuelve canción y catarsis colectiva en conciertos que se sienten como estar formando parte de algo más grande que uno mismo.

49. Bifes con ensalada – Jardín de la Imaginación

Por Ian Isersky.

Si te hablo de soul, posiblemente imagines un grupo de músicos virtuosos vistiendo ropa brillosa y una melena afro junto a otras imágenes que los 70 tatuaron en el inconsciente colectivo. Algunas propuestas, sin embargo, indican que el soul se lleva mucho más en la actitud que en el tejido de su coraza. Bifes con ensalada, proyecto rosarino encabezado por Agustín Reyna, es artífice de un pop con sangre soulera. “Jardín de la Imaginación”, su álbum debut, toma lo mejor de los dos mundos.

Tras sus apariciones en “Estribillos” de Dani Pérez (2024) y “Swing Moderno” (2025) de Agus Pérez, la escena de Rosario estaba a la espera de que Bifes abriera las puertas de su propio mundo. No podría haberse tomado la consigna tan literal. En su “jardín deseado”, las enredaderas son melismas, las paredes vivas son coros de gospel, el sonido grueso de un órgano puede estremecer los arbustos y la agresividad de las guitarras se abre camino entre la maleza. Aún con un groove incansable, con la potencia y el sentimiento vocal a la misma altura, el cantante demuestra que estos elementos no lo son todo: a veces generar la atmósfera adecuada puede ser la mitad del trabajo. Detrás de la destreza musical de estas canciones hay un pegamento que le escapa a la lógica, como la correlación entre alma y cuerpo. Lo milimétrico en su poesía no da lugar a casualidades. Pasajes como “fuiste el resabio que a mi boca torturó” o “quiero una vuelta más en el carrusel de tu corazón” denotan una intención mayor que la de simplemente fluir. Le escapan a ese típico tarareo que por lo general muestra más efusividad que sentido. 

Bifes con ensalada fabrica un marco estable en el que canalizar sus emociones salvajes. Logra balancear una producción pulcra con lo artesanal de una escritura hecha a mano. Entregarse o contenerse al impulso conllevan la misma fuerza. Al final, la condición para hacer soul es que nada puede dar lo mismo. 

48. .Marax. – I

Por Tomás Gauna.

En el costado más experimental de la escena under del pop argentino, el nombre de .Marax. puede resultar algo familiar, ya sea por sus colaboraciones con artistas como Camilo Desorden y aNgel plACENta, o por los excelentes sencillos que lanzó a lo largo de los años (‘Romperme’ y ‘Permeabilidad’,  por ejemplo). “I es el primer álbum del artista, en el que expande sobre el pop vanguardista, el trip-hop tétrico y las influencias de arte performático que lo caracterizaron hasta la fecha, al mismo tiempo que aprovecha para adentrarse en otras sonoridades.

Muchos de los momentos más atrapantes del disco son cercanos a las texturas industriales y estética nocturna de referentes como Coil (especialmente en sus proyectos de “Musick to Play in the Dark”), así como a diversas instancias de ambient inquietante y oscuro que erizan la piel. Si bien hay pasajes más accesibles, como el hipnótico post-R&B de ‘Tumbando recordos’, gran parte de la obra se caracteriza por la presencia de collages sonoros de drone sombrío y letárgico, grabaciones de campo y el uso de la voz de .Marax., que lejos de funcionar de manera convencional, flota sobre instrumentales de lo más ominosos.

Aún así, no sería erróneo describir mucha de la música en “I como pop, de la misma manera en que lo son las obras innovadoras de artistas como Arthur Russell o, más recientemente, Klein o Tirzah. Justamente ahí radica uno de los mayores aciertos del proyecto: en el contraste entre estilo y en la forma en que conviven, se tensionan y se transforman entre sí.

47. Vinocio – Tostados

Por Santiago Miranda.

La alegría no es solo brasilera. El relax, al parecer, tampoco. En su sexto disco, Vinocio vuelve a reimaginar las fronteras del groove argentino a su mejor manera. “Tostados en la arena color miel / solo quiero sentirme en el mar”, relatan en el track que le da título a una obra que opera, fundamentalmente, en clave sensorial.

En veintisiete minutos, “Tostados” hace cartografía del disfrute. El ánimo de sus ocho piezas es oceánico: alternan temperaturas cálidas y frescas en simultáneo, como las gotas de sudor que caen sobre la piel bronceada. Los miembros del colectivo Obligado se posan sobre las orillas del jazz, el funk y el neo-soul solo para absorberlos y expulsarlos sin distinción alguna. Con sus vientos disco, ‘Cash’ convive con la bossa a sintes de ‘Cabo’, mientras ‘Colibrí’ recurre al vocoder como textura protagonista. Para quienes subestiman este arte, crear moods se revela en manos de Lucio Memi, Fermín Carpena y compañía no como un ejercicio de pose, ni mucho menos como un despliegue de virtuosismo, sino más bien como un pulso de vida.

Vinocio hace rato que dejó de ser un grupo. En todo caso, podríamos hablar de un estado. Su discografía es materia líquida, un torrente de piezas que fluyen, mutan y vuelven a fluir. La nueva entrega de su catálogo llega simplemente para confirmar lo mismo: la música sigue sola su curso; el único norte es el goce.  

46. El Club Audiovisual – relicario [Hora Cero Records]

Por Ian Isersky.

Toda banda de rock, si logra perdurar lo suficiente, llega a un momento clave en su desarrollo: optar por alguna manera de distinguirse entre el ruido. El Club Audiovisual no se demoró más de dos discos en concebir que algo más grande que sus integrantes podía estar presente en la sala. Una serie de decisiones que podrían resultar contraintuitivas para el rockero promedio fueron paradójicamente las que los condujeron a “relicario”. 

En primer lugar, el grupo entendió que no había por qué tenerle recelo a la posibilidad de una sonoridad digital. La confianza ciega en el criterio de Dayvan como productor los llevó a incorporar nuevas extremidades por fuera de la instrumentación nativa del género. Luego comprendieron que el contexto emocional del grupo podía ser puesto en el centro del proceso creativo. No como combustible de una ira a tapar entre distorsiones, sino como musa para canalizar una energía nunca antes vista en la banda. Tanto el tono exclamatorio de ‘armadura’ como la reflexión metacognitiva de una balada como ‘lo que me llevo’ imprimen en el sonido la sanación de cuatro rupturas amorosas en simultáneo. Por último, concordaron en que la obra debía ser puesta por delante de los intereses individuales. Estas decisiones, entre otras, ayudan a construir un entorno íntimo, confesional. Un dejo de calma en medio del caos. Las canciones reflejan en su hacer la misma paciencia con la que invitan a ser escuchadas. 

relicario” es un disco tangible. Un trabajo manual tan minucioso como sensible que puede entregarse de una mano a otra, de corazón a corazón. Esta colección grupal de recuerdos fue puesta en una caja con la esperanza de que quien la abra pueda apropiársela y, quizás, hacer de estas historias un amuleto personal.

45. Daniel Binelli y Sergio Vainikoff – Impromptus Buenos Aires [Club del Disco]

Por Agustín Wicki.

Aunque tuvimos más de un astro, Argentina no se caracteriza por la intención de participar en la carrera espacial. El bandoneonista Daniel Binelli y el tecladista Sergio Vainikoff sí. Esta dupla continúa el sueño del ARSAT-1 en su segundo álbum juntos: “Impromptus Buenos Aires”.

Doce años se hizo esperar la secuela de “Amanece Buenos Aires”, con el que los BiVa exploraron el plano tímbrico y el de la improvisación. Ese álbum, aplanador, todavía tiene los pies sobre la tierra. Pero lo telúrico se deshace ya en ‘La Porteñita’, primer track de “Impromptus”. “Son tomas directas, sin sobregrabaciones ni ediciones posteriores”, aclara el equipo del Club del Disco, quienes editaron este nuevo proyecto. Es necesario decirlo porque la escucha conlleva varios niveles de incredulidad. Primero: ¿cuándo incorporó el bandoneón Vangelis a su space ambient? Segundo: ¿cuánto hay de improvisado? Tercero: ¿cómo suenan así?

Hay misterios cuyas respuestas están en la experiencia de dos maestros que siempre estuvieron rodeados de maestros. Pero el bandoneón de Binelli no sonaba así cuando lo hamacaba con Pugliese o con Piazzolla. Es con este compañero que explaya una posibilidad anómala, la del bandoneón MIDI. Pocos entienden el resoplido del fuelle como Daniel, pero es con Vainikoff que surgen nuevas posibilidades e intereses tecnológicos. Hay giros en los que se delata el origen tanguero de su técnica, pero lo que relata “Impromptus Buenos Aires” es una expedición, una dedicada a llevar al instrumento por primera vez fuera de su estratósfera.

44. Punto y Pacífico – Luna Park

Por Agustín Wicki.

Punto y Pacífico es un romántico en un mundo indiferente. Muchos ven el arte como un entretenimiento o como un mero registro autobiográfico; él como la oportunidad de alcanzar e inmortalizar algo más. Cree en que se puede hacer una canción perfecta y que vale la pena intentarlo. El nonchalantismo y los que llevan un “pretencioso” siempre listo en la punta del dedo no lo van a entender, pero así concibe la música y el pop Francisco.

Hecho casi a solas desde su habitación, “Luna Park” está inspirado en la capital argentina y sus habitantes. Su debut, “Tierra en Trance” (2021), fue un disco hecho en computadora durante la pandemia. Pasaron cuatro años y de aquel primer LP de neopsicodelia digital queda la sensibilidad pop, pero Punto y Pacífico se reencontró con la guitarra, su primer amor, y con ella logró una estética que es noventera a la vez que futurista. La podríamos etiquetar como “poptimismo indietrónico”.

Zuleta es un orgulloso ciudadano porteño, pero no típico. Mientras la rutina insensibiliza a la mayoría ante las maravillas de Buenos Aires, Punto y Pacífico sigue dispuesto a fascinarse, a apreciar. Esto no llegó solo, tuvo que existir un proceso de distanciamiento y reencuentro con la sorpresa. Un proceso que desconocemos, pero que en el relato del disco aparece, a través de miedos y lecciones. No es explícito, pero entre atmósferas de electricidad estática se le escapa lo confesional de un camino buscando aliento para apostar.

Dejo la puerta abierta en mi casa
total no hay nada que tenga mi nombre

Y nada
me para
si sangra
alguien me va a ayudar
Saldo Positivo

Para hacer el mejor disco del mundo y aventurarse fuera de la procrastinación emocional hace falta animarse de la misma manera: eso aprendió Francisco.

43. Cluster – MUY IMBÉCIL

Por Ian Isersky.

Albert Einstein: “Solo hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana. De la primera no estoy tan seguro”. Si de un burro no podemos esperar más que una patada, ¿qué hay para esperar de un imbécil autoproclamado? En su trabajo más extenso hasta la fecha, Cluster se apropia de la caja de herramientas que forjó la personalidad de la era dorada del trap argentino. Sin embargo, esta olla de oro es redescubierta del otro lado del arcoiris. “MUY IMBÉCIL” son las aventuras del duende que la resguarda: un trapstar que emprendió vuelo en el año del brainrot

Soltar latiguillos, hablar de trivialidades, forrear, repetir desde el principio. En un clima de época en el que la vara del sarcasmo y el entretenimiento perdieron toda su rigidez, Cluster las usa para saltar la soga. Su pluma solo escribe en comic sans. Sus ideas liricales tienen el proceso madurativo de un chiste malo: podrían haber sido contenidas hasta soltarse en el momento indicado, o simplemente ser fruto del ingenio más espontáneo de todos. Hay un enorme trabajo en hacer parecer que las canciones no se pensaron dos veces. Lo que a primera vista podría interpretarse como una contradicción es, pensándolo bien, la metodología más trap que existe.

El rostro detrás de “agarro la plata y vuelvo a Ensenada” está haciendo que Ensenada valga plata. No le digas imbécil, porque no acepta halagos. 

42. Delni OnDaSpot & Shakya – Ivyn Smokin

Por Flor Viva.

¿Acaso un disco puede ser demasiado canchero y no empacharnos? Después de oír “Ivyn Smokin”, la respuesta se vuelve muy clara: sí, sí que puede existir una obra que derroche estilo, groove y desparpajo, y que acabe por convertirse en una figurita dorada en el álbum de la música argentina de 2025.

En un inglés puntilloso y con unas voces espesas, espontáneamente atractivas, el potente storytelling (cargadísimo de humor canábico y personajes atrevidos) se construye no sobre, sino dentro de sus instrumentales. Instrumentales que, además, andan sobradas de bajos gordos que toman control de las canciones y de una percusión comprometida con la atmósfera y las secuencias que forman parte de esta historia.

La construcción de personajes no es desprolija, ni las influencias se vuelven una empalagosa traba, sino más bien todo lo contrario: este trabajo nos suena familiar pero extremadamente fresco. Shakya y Delniparecen niños jugando. Pero la seriedad con la que juega un niño no es cosa menor y aquí no hay un segundo de música que no esté calculada. Único en su especie, este proyecto viene a ensanchar más las tranqueras que ya se habían abierto en el neosoul y el groove en términos generales. Y viene a hacerlo sin clichés, sin obviedades, sin pelos en la lengua. Es, sin duda alguna, un nuevo florecer del swag musical argentino.

41. MAG – 2001

Por Vera Rentero.

MAG siente que está siempre en estado de crisis. Nacer en el año del peor desastre económico en la historia argentina puede ser una buena razón. Una herida emocional que marcó a una generación entera que no encuentra futuro laboral estable en un panorama capitalista vendepatria y que necesita, en palabras de la autora, carburar y explotar

Afortunadamente para ella, no es la única interpelada por este caos bullicioso. Su LP debut es la banda sonora perfecta para una juventud perdida que lucha por sobrevivir, mientras es golpeada constantemente por el cansancio de la existencia en el siglo XXI. Un tipo de vida atravesada por la explotación en trabajos informales y la casi-imposibilidad de acceder a una vivienda. 

Una cantidad inconmensurable de gritos y sintes rotos forman parte de los temas más intensos del proyecto, producciones punk directamente de la mano misma de su autora. Pidiendo a alaridos que la tiren contra la pared y la aten a la cama en ‘cero es tres’, la furia y los deseos de MAG son altamente representativos de las frustraciones de los (y sobre todo las) jóvenes argentinas de la década del 20. 

A pesar de la esquizofrenia kinky, existen momentos de vulnerabilidad que humanizan a la protagonista: instantes en los que clama por respirar y madurar poniendo a su voz en primer lugar, lo que marca una ruptura con sus trabajos anteriores. En ‘otra vez‘ se pregunta por qué cae siempre en los mismos vicios, y en ‘cuanto más’ ese cuerpo que antes quería romperse ya no parece existir más. 

Finalmente, lo único que parece quedar ante la adversidad es bailar, reírse y fingir demencia. Y si este es el sonido de la demencia, bienvenido sea. 

40. Santiago Torricelli Trío – Para Lo Invisible [Shagrada Medra]

Por Martina Balatorre.

¿Cómo puede un piano y una voz pintar un escenario marrón, azul y verde? ¿Cómo puede un violoncello volverse punzante sin perder su gravedad? Como una obra que avanza sin querer hacerse visible del todo, Santiago Torricelli —autor, compositor y arreglista—  teje, junto a Titi Chiapero en violoncello y Flor Bobadilla Oliva en la voz, un disco contemporáneo con intenciones de dejarlo suspendido fuera del tiempo, con una paciencia casi religiosa. No hay voluntad de fijar una forma, sino de permitir que lo imposible se imagine: la obra respira en lo que no se nombra.

El disco narra a un ser que aprende a escuchar aquello que “calla al despertar”. Las armonías folklóricas y teatrales funcionan como umbral: una obertura que abre un sendero espeso con melodías que susurran o que enuncian con gritos solemnes. El piano pinta estos ecosistemas fértiles, la voz avanza como conciencia en tránsito y el violoncello marca una ruta que une comienzo y final. En ese recorrido, las canciones acompañan a un caminante que busca desencriptar los mensajes confusos del corazón, entre la anestesia del sueño y el rugido de las heridas.

Más allá del viaje, “Para Lo Invisible plantea una inquietud persistente: ¿qué sucede con ese universo imaginario —hecho de lecturas, memorias, afectos y cultura— cuando ya no estemos? La obra trabaja sobre ese plano etéreo donde los objetos valen por su carga simbólica y un pequeño amuleto puede sostener un ritual entero. Entre contrastes de intensidad se genera un alivio expectante, una tensión que no pide resolución. Mirar el horizonte sin perder el contacto con el barro que pisamos: aceptar el cansancio y la duda como parte del trayecto. En ese gesto, lo invisible no se vuelve obvio, pero sí habitable.

39. Rápido Mamá – Maria Wolff [Geiser Discos]

Por Santiago Miranda.

Qué elegancia, María. Con el corazón en los ochenta y la lengua en estrofas como “Una torcaza choca contra el vidrio / Un pensamiento fuera de lugar / Ya no te encuеntro y me despido / Un extraño mе pasó a buscar”, en su primer larga duración, la productora, compositora y (ahora) vocalista se devela como una performer sobresaliente y sofisticada, tan agraciada en sus movimientos, como poética en sus desgracias. 

Álex Anwandter vuelve a posar sus manos sobre un material de firma local, pero, aún con las mañas típicas del chileno (a decir: el pulso dance y nostálgico con los sintes al mando), “Rápido Mamá” lleva el sello fresco de su autora. Discípula y maestra, Wolff evoca un imaginario con ecos a García y a Moura, sin perder una gota de personalidad. El humor con el que retrata sus enredos amorosos logra ese equilibrio tan fino entre la ironía y lo naíf, del tipo de cualidades que hacen que el pop no sea solo una cuestión de buenos estribillos, sino de un ingenio mordaz. 

Ya no sos una niña / hazte hombre y por favor canta”, se arenga (parodia) a sí misma, sin orbitar nunca lejos de la pista. El zigzagueo abobado de ‘Mi Novia No Me Banca Más’ y la danza liberadora de ‘Terminé de Trabajar’ trazan un hilo en común: son tribulaciones que pueden bailarse, rumiaciones que se emancipan en el cuerpo. Por eso, el de María es un disco de destape: una oda a salir del agujero interior.

 

38. Veeyam – Gauchos [Dale Play]

Por Flor Viva.

Mucho de lo que viene pasando en el Hip Hop nacional se ordena alrededor del ímpetu de hacer crecer más las raíces del género y nutrirse de lo que ocurre y ocurrió en nuestro suelo. Nada, de todas maneras, había tomado la forma que tomó Gauchos, el ambicioso proyecto de Veeyamque, a diferencia de sus colegas, tiene una base amasada distinguidamente por un músico, por un artista inspirado que nunca dejó de lado las influencias de rock nacional que hoy en día ya son moneda corriente.

El nivel instrumental del disco es elevado, complejo, cuidadoso: la mano del veeyano se siente en cada minuto, no solamente por el diálogo inesquivable que traza con sus trabajos anteriores, sino también por la curaduría temática y atmosférica que tiene su huella digital, ya conocida para sus oyentes.

La elección del plantel que le da forma a todos los versos es diversa y, a la vez, se conjuga de manera progresiva y armónica. La comunión con la leyenda nacional Edelmiro Molinari es uno de los claros highlights, pero también combinaciones como la de Luz Gaggi y Magamo, o la de Dandara y Lula Bertoldi, hablan del respeto y la admiración del productor por la mixtura musical existente y también la posible, la todavía no imaginada. Las vigas que colocó para edificar el esqueleto Hip Hop del proyecto tampoco quedaron a cargo de amateurs. La presencia de referentes como Varoner, Frane, Brapis, Cerounno, Saje, Acru y T&K -entre otros-  marcan qué identidades locales quedan fijamente estacadas rima a rima. Hasta los extranjeros Rial Guawankó y Foyone entendieron la consigna.

Un consorcio tal no puede convocarlo cualquiera, y menos aún coordinarlo. Tiene sentido, sin espacio para la duda, que Veeyam sea el único con el poder de congregar el cónclave multigénero, intergeneracional y potente que ofrece este menú gauchesco.

37. Wen – Fruto

Por Juan Cruz Ajuria.

En una época de significantes vacíos, simbología autoexplicativa y diálogos que relatan lo que pasa en lugar de simplemente mostrarlo (entiéndase, “Lalo se fue a Ezeiza”), “Fruto”, aunque familiar, es una bocanada de aire fresco.

Según su etimología, lo esotérico remite a lo de adentro: lo interior, lo íntimo. Y esa es, quizás, la mejor manera de describirlo. Wen, cantante, compositora, productora y artista visual neuquina (e integrante de Fémina y Weste), nos trae un álbum repleto de elementos de folk de diversos países, tanto en lo musical, con melodías chinas, armonías de Japón, punteos árabes; como en sus letras, llenas de castillos,fuentes, polleras,tijeras y compañía. Con estas piezas construye un ambiente de reminiscencia que, por el halo de misticismo que lo rodea, genera también una distancia o extrañamiento.

Más allá de donde la escuchemos, la obra te transporta a un mismo lugar: una realidad propia que, al igual que en lo mágico o en la ficción, carga de significado lo cotidiano. Allí, elementos mundanos como un hilo son mucho más que un hilo, y un fruto es mucho más que ese envoltorio que producen las plantas para desarrollar y proteger la semilla.

36. Juan Quintero y Julián Herreros Rivera – Pulso

Por Agustín Wicki.

Un EP que se transformó en disco y un dúo que se transformó en amistad. “Pulso” es la colaboración de dos eminencias de la canción folklórica sudamericana. Juan Quintero, tucumano, reconocido individualmente por su presteza para lo colectivo, y Julián Herreros Rivera, otro compositor enorme, de Santiago de Chile. El santiaguino pasó unos años en la capital argentina donde fue inevitable el cruce y, como foto para el recuerdo, quedó la grabación de estas siete piezas originales. 

La voz rugosa de Herrero con la más mansa de Quintero son las alturas y el llano. A capela pueden hacer un montón y con un repique en la caja de sus propias guitarras como percusión el juego se enciende. Los quiebres de cintura que Juan ha practicado vocalizando con Edgardo Cardozo afloran en ‘Calendario’ y el ‘Barquito’ de las esdrújulas. Las cuerdas también pueden salirse de lo común, como en el aleteo que emulan en ‘Las abejas’. Son dos acústicas y dos gargantas, pero no se puede prevenir su camino.

Pulso” hace una experiencia emocionante y divertida. Es una puesta nómade del folklore. No requiere haber escuchado todas las versiones de una zamba durante los últimos setenta años para apreciar un nuevo arreglo. Basta con sentir la multiplicidad de sus formas. El secreto de su arte no está en todo lo que saben, sino en lo bien que la pasan haciéndolo.

35. Ril Fella y Masta Clark – Es Para ya

Por Migue Yassir.

Ril Fella, piedra fundacional del rap tucumano, sacó su mejor proyecto hasta la fecha con Masta Clark como coequiper. Juntos, lograron pulir un sonido G-Funk que mezclan con su propia idiosincrasia. Para ello, buscaron alianzas en otros universos dentro de la escena de su provincia, desde el pop (LaRuth) hasta el folklore (Nancy Pedro) y el trap (enzocerobulto). Ese eclecticismo da resultados magníficos como ‘César’, a piano y voz, donde los versos son pinceladas de los sentimientos profundos del Flaco hacía su padre. 

Fella ahonda sobre su relación con Buenos Aires y las vivencias de barrio, mientras por momentos pinta escenas de sensualidad y erotismo. ¿Qué sería de la vida sin fantasía? Hasta crea un escenario de velas, tarot y elementos esotéricos en ‘Santería’. La sensibilidad de César para dedicarles canciones a sus dos progenitores no es incompatible con su matriz callejera. Auténtico y descarado, arrastra las erres y, aunque rapea con la fuerza de un camión, una de sus barras más potentes la susurra al micrófono: 

¿Cómo va a decirme que no puedo hacerlo?
Si estoy enfermo y casi ni duermo
tengo familiares de los que ni me acuerdo
sigo obsesionado con algo que no tengo
Egoísta

El EP “Maicarrón” (2024) parecía su victory lap, pero “Es para Ya” muestra su crecimiento a nivel compositivo, manteniendo su esencia arrabalera y encontrando nuevas formas de escribir. Nuevos territorios resultaron en grandes canciones. Como quien dice: se hace camino al andar.

34. Amor Elefante – Amigas

Por Facu Delgado.

Nadie nos enseña a ser buenos amigos. Sin embargo, la amistad es un arte especial: el de acompañar sin condiciones. No es solo simpatía ni unión circunstancial, sino una elección constante y simbiótica que nos impulsa por encima de la soledad. En ese espíritu de apoyo incondicional surgió el regreso de Amor Elefante.

Tras un hiato, el destino era volver a la rutina de su relación para poner en sonido ese baluarte de entendimiento mutuo que construyeron ante el caos del mundo. “Amigas” es el resultado de ese reencuentro: la banda poniéndole música al pacto esencial de su amistad. Tras quince años de carrera, esta nueva etapa halla a la banda de Banfield consolidada como cuarteto. Los dos años de pausa le sirvieron para renovar las energías y las ganas de crear juntas de nuevo.

El sonido del disco es una respuesta a la libertad de expresar lo que les gusta, rodeadas de lo eterno. Bajo su propia producción, sumando a Juan Manuel Segovia en guitarras y en la parte técnica, bastaron un par de ensayos para plasmar las canciones en el estudio, congeniando ideas sonoras más bailables y de pop fantástico, como los temas pegadizos y coreables ‘Hipnótico’ y ‘Foto de una coreografía’, con tracks algo reflexivos como ‘Nos va a ir re bien’ y ‘Al Pájaro’, donde prima la introspección de su propia fraternidad. Lo especial reside en esa espontaneidad en la grabación, buscando frescura en una ejecución orgánica pero cuidada: finales instrumentales como el de ‘Universal Hit’ revelan su faceta más genuina y placentera.

Si me preguntás, te puedo decir
nos va a ir re bien
y esperá algo más
vamos a viajar, vamos a existir
para el mundo entero, somos algo bueno

Nos va a ir re bien

Juntarse a ensayar o tomar mates a veces son pretextos para ser feliz, es nuestra necesidad fundamental de sentirse parte de algo que nos va a acompañar toda la vida. Amor Elefante necesitó de un paréntesis para volver a nacer y regalarnos un pedacito del significado de su amistad como grupo. En todo caso, nos sirve al resto para fortalecer y valorar a quienes nos rodean, a quienes pueden ser parte de nuestra familia.

33. María Elena Lamadrid – Afroargentina

Por Agustín Wicki.

María Elena es la matriarca de la familia Lamadrid. Con 91 años publicó su primer disco, “Afroargentina”. La misión es explícita: visibilizar la comunidad y la cultura de los descendientes de esclavos africanos en el país. Pero lo que se manifiesta es mucho más que una representación estadística. Esta obra cristaliza una forma de vivir la música casi secreta: el candombe porteño, su tumbado y la emoción con la que la esta nonagenaria tan especial la interpreta.

La mano directo al parche sin intermediarios diferencia estos candombes de los uruguayos. Una singularidad que lo distingue, pero no lo separa ni de los sonidos afro al otro lado del Río de la Plata, el Pacífico colombiano, el Caribe ni los originales de África. Llamada, respuesta y el cuerpo en conexión total con el ritmo. Es igual el caso de la rumba abierta (expuesta en ‘Diablo Rumbero’), la apropiación bonaerense de este estilo. Aún si no son las formas más divulgadas de la sonoridad argentina, son parte elemental.

Entre el español y dialectos africanos, María Elena interpreta canciones de autores anónimos que le enseñaron sus antepasados cuando era niña. Es la música que se toca, baila y canta en las casas de su parentela, exclusiva para su disfrute hasta que el activismo y el interés de la antropología empujaron para que se registre y difunda. “Afroargentina” transmite esa intimidad casera y la naturalidad de la tradición oral, por eso empieza por una canción de cuna. Hasta las más dramáticas, el tango ‘Nube de Humo’ y la versión en bolero de ‘Cuando Maldecimos Tener un Corazón’, María Elena las expresa con una ternura ajena a las grabaciones clásicas. Se fortalece frente a los tambores y ríe jovialmente. Además de la matrona que es, cuando entona renace la niña aprendiz que fue. 

32. Lou Booba – Drowsy Land

Por Ian Isersky.

Una luna de miel llena de avispas, un museo de partes faltantes de estatuas, un canasto lleno de aire y un rebaño de ovejas que no balan. Parece una de las listas menos asequibles de Art Attack, pero cada uno de estos elementos vienen al caso si se sitúan en su bioma correspondiente. Y ese bioma es “Drowsy Land”, una tierra sin fronteras construida gracias a la curiosidad de Lou Booba, el único habitante autorizado a ejercer soberanía. El rapero salteño diseña los planos de su isla soñada como si al hacerlo caminara con un vaso en la cabeza. Su objetivo como arquitecto lirical es ver hasta dónde pueden llegar las ideas sin estrellarse contra el sinsentido. 

Hay un punto indescriptible dentro del proceso creativo de un rapero en el que las barras que comúnmente dejaría de lado aterrizan en el mismo lugar que las que nunca imaginaba alcanzar. La escritura de Booba se desprende de esa hipnótica ambigüedad. Descarta lo que muchos dicen y dice lo que muchos descartarían. Las instrumentales que lo acompañan, con su carácter gráfico y su variedad de estilos, vibran en la misma frecuencia. En “Drowsy Land”, el incontrolable terreno de los sueños se une al metódico intento de calcarlos.

La diferencia entre contar lana y ovejas es dormirse”, sí, pero depende de lo que hagas cuando duermas. Lou Booba es uno de los soñadores más creyentes en la prosperidad del rap salteño. Hace un par de años se lo hubiera tomado por loco. Hoy, visto el presente de la escena a la que pertenece y siendo la Genbu Nation (su crew) una plataforma ideal para dejar volar la imaginación, solo se puede esperar que haya más cabezas soñando en las mismas dimensiones. 

31. Rosamonte – Debajo de mi Armadura [Inerme Discos]

Por Dante Sabatto.

Aunque hoy suene absurdo, en algún momento la palabra “emo” se usaba principalmente de forma despectiva. Estamos a años luz de esa época: en un presente en el que la música parece algorítmicamente filtrada y programada, el valor de lo emotivo es cada vez mayor. Si algo destaca a “Debajo de mi Armadura”, el segundo disco de Rosamonte, es esa capacidad para lidiar con lo espontáneo, para componer desde una honestidad descarnada y sin artificios. Como en ‘Todo lo que pasó’, donde los versos “congelaste todo mi cuerpo / y yo no podía dejar de llorar” son lacerantes, y empiezan a configurar la poética de todo el disco: la aceptación de un dolor que persiste.

Las voces de Damián Vargas y Agus Lemos se van alternando en las canciones, pero nunca suenan tan bien como cuando armonizan, cuando se cruzan y ascienden juntas. Como el puente de ‘Río Luján’, cuando combinan la ternura de una frase como “Recuerdo esos lugares / siempre quedarán conmigo” con gritos screamo y un crescendo de guitarras ruidosas. “Debajo de mi Armadura” sabe variar: ‘Mañanas y tal vez’ expresa su soledad con una instrumentación acústica y mínima, que da lugar a la más pesada e intensa ‘Sueños rotos’; ‘El deseo’ funciona como una breve canción instrumental, y ‘Vértigo’ cierra el disco con melodías más complejas y una reiteración insistente de los mismos temas vocales. Sin embargo,  a lo largo de todas las canciones se mantiene la misma densidad de las texturas, un claroscuro construido por las dos voces y por la precisión clara y lastimera de las guitarras eléctricas. 

La sensibilidad de eso que llamamos “emo reside siempre en una certeza: que vale la pena hurgar en el dolor hasta encontrar una veta oculta de belleza. Rosamonte lo ha hecho. Como cantan en ‘Vértigo’: “Y prendí fuego / todo lo que duele / entre humo y cenizas / me refugié”.

30. K4 – yo también les tengo miedo [Bohemian Groove]

Por Ian Isersky.

El K4 pospandémico fue de temer. Su debut homónimo construyó una coraza de estruendo para tapar el insoportable silencio del encierro. Una del grosor que solo podía obtenerse encimando cuatro pieles (K1, K2, K3 y K4) en una. Atravesarla demandó saltar los molinetes de nuestro propio umbral auditivo. Santi de Simone (a cargo de la mezcla de sus discos) dice que aunque la música de K4 no siempre sea extrema, su búsqueda lo es. Después de tres años de correr atrás de preguntas existenciales y personalidades múltiples, esa misma búsqueda le pidió bajar la guardia. Si lo intimidante de “K4” (2021) proponía una lógica de “ténganme miedo”, “yo también les tengo miedo” responde desde el otro eslabón de la cadena.

En ‘Plancha Caliente’, K4 advertía: “No entra más nadie, cerré un lado del portal”. Este proyecto rompe ese intimismo haciendo de un portal una puerta. En primer lugar, abierta a la ayuda: la autosuficiencia de un sonido forjado entre las paredes del FL es irrumpida por un batallón de sintetizadores, guitarras eléctricas, coros y –para nada menor– una batería acústica. Así como hace un par de años K4 expandió el universo sonoro de La Piba Berreta co-produciendo “Un Dios Nuevo” (2023), ahora son los aportes de ella, junto a FraXu y el mismo Dillom, los propulsores de una metamorfosis que pasa del ensimismamiento a una fuerza colectiva ilimitada. Además, la puerta se abre para todo aquel que quiera pasar del otro lado: canciones como ‘Cada Domingo’, ‘Piedra Marplatense’ y, sobre todo, ‘Sigan Llamando’ generan complicidad en torno a las pesadillas, proyecciones, reflexiones y martirios de K4. Por unos instantes somos el equipo médico a cargo de su estudio de sueño. 

Tener miedo es la única forma de dejar de tenerlo. Solo permeabilizándose al afuera puede uno toparse con las experiencias que lo marquen definitivamente. En este, su segundo primer disco, K4 descubre que la realidad se parece mucho más a una plaza –con la incontrolable ferocidad de sus “perros gigantes”– que al bosque que tanto lo tentaba a escapar. Y aunque mostrar el lado más animal de uno podría resultar normal en un terreno silvestre, hacerlo en plena urbe es indudablemente un acto revolucionario. 

29. Shakya – Honestamente

Por Agustín Wicki.

A diferencia de esa fórmula perfecta e irrepetible que apareció en “Manal” para el blues argentino, el soul de acá se ha expresado en excepciones sin poder formar una escena propia. Algo que hace años parece a punto de cambiar y quizás llega el momento de darnos cuenta de que ya pasó. A la red protagonizada por el Colectivo Obligado y el multiverso Militantes del Clímax–Nafta–An Espil-Abril Olivera-Sophie Sobral, que se enriquece con nombres como Crewrod y Ekathé, se le suma el cantante y multiinstrumentista Shakya por partida doble: trae uno de los mejores discos de soul que se hicieron en el país y trae la conexión que le falta a ese circuito con la escena de Hip Hop, que puede ser su mayor aliada.

Honestamente” es heredero del neosoul de D’Angelo y todos los Soulquarians. En cada compás se notan las horas de estudio y de studio. Los arreglos remiten a grandes luminarias del Hip Hop de la West Coast y el soul setentero, inspiraciones que le proporcionan recursos variadísimos. Y su fuerza no se queda ahí: Marcos Raijer llega a este álbum con mucho para decir. «No saben de no justice, no peace / Solo fuck the police», se anima a complejizar en ‘Huey P. Newton’, un track donde dispara contra la haraganería intelectual y las agencias que promovieron golpes de estado en Latinoamérica, así como el asesinato a los líderes de las Panteras Negras. Al siguiente la cosama se pone smooth para ‘Tu Piel’, balada para mayores de dieciocho, y al hilo le sigue ‘Rush Hour’ con Guiyo, donde se cancherea grooves con actitud rapera.

Cerrá el orto’ es una expresión propia de lo rioplatense, lo es por el verbo en imperativo y el lunfardo «orto», pero también por su temperamento y carácter. Lo argentino no entra a “Honestamente” con un bandoneón acartonado de caricatura ni con una exageración de los yeites que conocemos todos, sino a través de la transparencia de las emociones cotidianas. “Loco, me estás bicicleteando”, reclama en la apertura, un tema donde se la pudre a los que no pagan lo que deben. Con igual aspereza se dirige a los músicos que roban un estilo entero y a los negacionistas de los 30 mil desaparecidos. Y de la misma manera le pone todo el sentimiento a corear con Kiki Victoria y Ultravioleta en esa declaración de amor a Buenos Aires que es ‘To Live and To Die in B.A’. Ahí está su país, no por chauvinismo, sino por identidad.

28. Lvrod – Dulce y Roto

Por Dante Sabatto.

Si alguien describe una canción como “gótica”, probablemente pensemos en los alaridos de Siouxsie Sioux o en ‘Bela Lugosi’s Dead’. Es un adjetivo que quedó irremediablemente asociado a guitarras eléctricas, delineador de ojos y post-punk. No tiene por qué ser así. En “Dulce y Roto”, Lucía Rodríguez (alias Lvrod) y su banda proponen una forma alternativa más inspirada en la tradición literaria del gótico latinoamericano, hoy en pleno revival. El disco es breve pero intenso, compuesto por canciones que se nutren del lado oscuro del folklore sudaca y, especialmente, del bolero para contar pequeños relatos de romance negro, de sufrimiento y deseo; historias de amor de locura y de muerte.

Al escucharlo, la sensación es que se trata de una combinación de elementos casi obvia y, sin embargo, completamente original, como si Lvrod hubiera descubierto algo que debería ser evidente: que tenemos, en nuestra tradición sonora, todas las herramientas para actualizar esa estética pasional y atormentada. Desde el comienzo, “Dulce y Roto nos introduce en ese mundo: “Son cuatro cuervos / comen mis ojos / yo me divierto / con sus antojos”, entona casi con sarcasmo Lucía en la primera canción. 

A medida que el álbum avanza, esa intensidad vampírica se va acentuando: en ‘Flechas que se Parten’, el estribillo reza: “Dios, para adorarte / voy a devorarte”. Lo que se va revelando es que imágenes que parecen contradictorias (el amor y la agonía, la pasión y el abandono, lo dulce y lo roto) se unen a través de una transgresión fundamental, un sacrilegio. “Siempre se hace tarde / para lo divino”, cierra ‘La sangre y el vino’. 

Nada de todo esto sería posible sin la voz de Lucía Rodríguez, sin duda una de las mejores vocalistas actuales de nuestro país, ni sin la inmensa sensibilidad de su banda (Nicolás Alfieri en  guitarra, José Cerutti en percusión y clarinete, Brune La Cava en contrabajo y Tao Plante en cello, además de Maxikiosco en la producción y composición). A fin de cuentas, el gótico es una estética de la fragilidad, un género endeble que siempre está a punto de resquebrajarse. Es necesario sostenerlo con una combinación muy precisa de pasión que suene teatral, pero no impostada. Cada canción debe sonar como un aparte, donde la actriz le habla directamente a quien escucha y no a todo un público anónimo. Así suena “Dulce y Roto”: como si Lvrod te susurrara al oído o te gritara en la cara.

27. Nina Suárez – El Lado Oscuro [Laptra]

Por Santiago Miranda.

Entre los dientes de Nina Suárez, una canción se vuelve un puñal. ¿Cómo se explica sino la ternura feroz de un tema como ‘La Salvación’ y las líneas “Y al verte correr directo hacia la trampa que armé / Pude comprender que a vos no quisiera lastimarte”?

Si “Algo Para Decirte” (su disco debut) era un coming of age retratado a través de juegos de mesa y cartas de amor, su segundo LP marca el fin de su inocencia indie para internarla en otras latitudes, con el pulso eléctrico de las guitarras como marca distintiva. “El Lado Oscuro” es un testimonio resplandeciente de ruido: sónico y explosivo en su ánimo rockero, intenso en el sentimentalismo de una autora que coloca la emotividad de sus composiciones siempre como eje.

El resultado redobla la apuesta del proyecto y adentra al oyente en la profundidad de una oscuridad que se revela tan fascinante como expulsiva, tan visible como esquiva, tan velada como familiar. En esa búsqueda, Nina afila aún más su estilo verborrágico, cargado de metáforas y métricas imposibles como “Actitud-indiferente-espíritu-de-tiburón”. A la par, se topa con piezas de una sonoridad inédita en su catálogo, como ‘Los Buenos Días’ y ‘Última Noche’, plagadas de soledad, noches insomnes y amores fantasmas. En medio de ellas, ‘A Dónde’ irrumpe como una tormenta: una canción con la magnitud suficiente para quebrar al mundo. 

Algo diferente habita en Nina. Quizás la sensibilidad desbordante de quien, hasta en los paisajes más desolados, sabe encontrar rastros de luz. Cargado de belleza y estridencia, “El Lado Oscuro” está hecho de esos destellos imposibles: relámpagos azules que rompen con el silencio atroz de una noche eterna.

26. Ill Quentin – Avantgarde [Bohemian Groove]

Por Camila Caamaño.

En su tercer disco, Ill Quentin no abandona su constancia cromática. El cuidado por lo que crea mantiene la coordenada fina de su propio aspecto, algo así como un merchand que viaja en busca de ideas siempre sobre los mismos tres tonos: rojo, azul y negro. Esta vez miró por el espejo retrovisor y algo de lo que vino pisando le despertaron ganas de releer(se). Volvió a componer desde al trap, a grabar con Leston y al combustible que motoriza su nueva oferta: la bronca. 

Quentin está enojado otra vez. Dice que ahora revisita al género que lo abrazó, por más curioso que suene una señal de afecto para un lenguaje algo ríspido. De algún modo, por más que pertenezca a una generación crecida con los interruptores falseados, él prefiere la luz tenue.

Después de la muerte y el amor, la soledad quizás sea el tropo magnus de la narrativa (y la consecuencia de las dos anteriores). En “Avantgarde” se avisa desde el primer momento, una ausencia tan poco tolerada que hace reventar las encías: “La cama me queda grande si tu cuerpo no está”. Durante todo el disco, la térmica no se alcanza por más que se intente (“¿Por qué estoy adentro tuyo pero igual te siento lejos?”) y se ata a cierta elegancia que define el estilo del artista. 

Para los caprichosos de los géneros, que dependen de un encuadre para poder saber si pueden o no gustar de un músico en vez de entregarse sin más a lo que su sonido les despierta, les regalo que para mí, así como “Ameri” es el primer disco argentino de trap streamer, “Avantgarde” es trap de autor. Un pie que ya lo había afincado con su debut seis años atrás y al que retorna con todo lo aprendido. Iracundo y maduro, Rodrigo capitaliza la bronca hacia la mejor dirección.

25. Sirio y C. Spaulding – ART BRUT COLLAGE

Por Ian Isersky.

Sirio lleva una discografía entera buscando entrar en contacto con lo real. Sus hallazgos nos invitan a pensar que el arte abstracto podría ser la representación más fiel que existe. Su última pieza, “Art Brut Collage”, ilustra vivencias cuya veracidad no reside en lo expuesto en el lienzo, sino en el dolor de la mano que esbozó cada trazo: “Mis heridas llevan al flow que les di”.

A partir de “Cadillac One” (2024) y “Sons of Sybaris” (2024), Sirio se volvió un especialista en decirnos que es de Rosario sin decirnos que es de Rosario: su fineza estilística conforma las bases de un drumless de exportación que orgullosamente afirma nunca haberse desarraigado de sus pagos. C. Spaulding presenta el caso opuesto: sus instrumentales indican ser rosarinas, sin decirnos que no lo son. A esta altura, su ingrediente secreto es un secreto a voces. Para confirmarlo, basta con detenerse en sus entregas de este año: “A BCN Dream” (junto a Mir Nicolás), “Cruz y Ficción” (junto a H de Perra) y “Atenas 04”. Uno termina de entender su sonoridad por medio de los raperos con los que comparte obra, porque al embarcarse en un proyecto conjunto es que su gen característico toma forma.

Como en el universo de estos dos lo inesperado es de esperarse, “Art Brut Collage” se posiciona como un trabajo completamente diferente a todos los mencionados. A la luz del Art Brut, el arte no aparece como una práctica de culto sino como un lenguaje universal que cada cual puede interpretar a la medida de sus saberes. En ‘Chancleter’, Sirio condensa el clima sanguinario de “la ciudad del crimen” en una técnica de pintura de su propia autoría. Mientras, en ‘#Andstill’ vemos a la furia convertirse en templanza, como quien colorea un atardecer en tiempos de guerra. 

A conciencia de que no hay colores por inventarse y que la Gioconda no puede crearse dos veces, la expresión más elevada posible es la que recurre al instinto. Sirio no puede desentenderse de la selva de cemento que siempre habitó. Si brut es crudo, él hizo Art Brut desde siempre. Se nutrió de los grandes maestros anglosajones y comprendió que ese sonido irreplicable solo podía ser traducido manchándose con la mugre de su tierra originaria. Afortunadamente ahora, de la mano de Spaulding, puede calzarse el delantal. 

24. Baltazar Clusellas – Rioja [Silver Walking Recordings]

Por Agustín Wicki.

Baltazar viaja y viaja, pero su memoria siempre recurre al mismo paisaje: Chilecito. La segunda ciudad de La Rioja, la que lo recibió en el mundo. De ahí los primeros pasos y la noción de las distancias. Una franja de asfalto, un trecho de ripios y un sendero que muchas veces apenas fue imaginado. Siempre polvo, nunca un punto medio de temperatura. De Chilecito se fue a Nonogasta. Con mover los ojos ya encontraba nuevos paisajes, pero decidió también mover los pies. Hasta hoy sigue recorriendo horizontes, con la única diferencia de que hace unos años empezó a llevar un saxo bajo el brazo.

No es poco un disco donde el tiempo para el jazz no haya pasado. “Rioja” no busca refritar el género ni inventar lo ya inventado. Sucede que, para continuarlo, el jazz tiene que estar dentro de uno, y para Baltazar esta música es como los cerros colorados. 

En su primer disco como líder, Clusellas se propuso dibujar de memoria su provincia. El suyo es jazz de la montaña, por eso no pisa la melodía el bombo legüero de Gustavo Chenu y por eso le es tan propia una composición de Atahualpa Yupanqui, ‘El Indio y la Quena’, como un standard de Paul Denniker y Andy Razaf, ‘S’psin’’. El rhodes de Ciro Gamallo emociona cuando Baltazar toma aire y si el líder quiere bailar saca a la trompeta de Sergio Wagner para hacerlo juntos. La retroalimentación con sus compañeros del Colectivo Obligado es permanente, pero se diferencia claramente del sonido Vinocio, aun cuando aparece la banda entera en ‘La Florida’. La música de Clusellas es más reflexiva que la del grupo, algo que la acerca más al árbol genealógico del jazz argentino y figuras como Chivo Borraro.

Talampaya, El Valle de la Luna, está en ‘Deudas’, así como El Chiflón está en ‘Patquia’. Las andanzas de Chacho inspiraron ‘Peñaloza’ y la garganta pide un tinto cuando el ‘Blues de la Rioja’ llega a la oreja. Más que postales, son hijas de una provincia única. Clusellas hace años que no vive allá, pero su corazón, igual que el nuestro cuando lo escuchamos soplar, puede volver cuando quiera.

23. La Vida Secular – Va a Haber que Hacer un Pozo [Senda Discos]

Por Ian Isersky.

Es difícil hacer que lo fácil se mantenga fácil. Es difícil dar con las palabras justas, más si te agarran desprevenido, más si no llegaste a tomar perspectiva. Si te preguntan por tu mejor recuerdo, siempre podés pensar en el momento que estás viviendo justo ahora. Y sino preguntale a La Vida Secular, especialistas en la materia. Su escritura toma fuerza a partir de un ritual que Santi Toranzo –vocalista de la banda– define como “contaminar el ‘yo’ de otra cosa”. Esa otra cosa resulta ser el paso del tiempo: hay un limbo que se produce entre la conciencia del presente y la decisión de perderse de vista a uno mismo por unos segundos. 

Si uno oscila entre distraerse y prestarse atención, probablemente se tope con distintos “yo” en el camino.“Va a Haber que Hacer un Pozo” desarrolla “la ficción de mí mismo” a partir de memorias todavía frescas: las últimas vacaciones por ruta, episodios vividos junto a nuevas amistades y el nacimiento de algún que otro romance.

El rompecabezas del “yo” sólo puede completarse relacionalmente. Por naturaleza, la pandemia volvió complejo crear historias junto a otros. Un Santi todavía solista nos lo hizo saber a través de la esencia reflexiva de “El hilo que nos ata entre todos” (2021). Pero después de eso, ya desobnubilado y con la posibilidad de abrirle la puerta a nuevas musas, decidió ir all in hacia lo colectivo. La Vida Secular devino en una banda. Una que aprovecha cada oportunidad de reforzar su grupalidad. Y no solo eso: es un grupo que se anima a contar historias de otros, a sabiendas de que eso también expande un universo propio. ‘Hamacas’ reposa en la apreciación de “Tu respiración de hamacas oxidadas / La selva en tus ojos”. ‘El Día que Santi Levitó en lo de Leli’ cuenta una historia individual desde las reacciones de un grupo de amigos. Perro Fantasma’ apela a la voz de Teo No para completar un relato que solo una segunda mirada podría. Todo esto hace al oficio de un buen observador: lo que Santi diga de todos ellos sigue diciendo más de Santi que de todos ellos. 

Hacer un pozo es colocar un checkpoint en un lugar al que uno desea volver. En definitiva, es sacarle una foto a un momento. Senda Discos es una imagen nítida de este momento de la cantautoría porteña y “Va a Haber que Hacer un Pozo” es su fotograma más clave. 

22. Cerounno y VinylTracker – Toda Una Vida en Movimiento

Por Migue Yassir.

En física, uno de los conceptos más importantes es la energía cinética. La definición dice: “La energía cinética es la que posee un objeto debido a su movimiento, es decir, la capacidad de realizar un trabajo por estar en movimiento”. Cerounno y VinylTracker dejan en claro que vienen con la cinética desde la cuna. El dúo, que viene creciendo de forma meteórica, hizo de una filosofía callejera todo un disco, con la constancia como columna vertebral y el “Toda Una Vida en Movimiento” como mantra.

La obra atraviesa como una flecha y se regocija con soberbia sobre lo conseguido: “Es normal si lo consigo, siempre he sido un busca”, dice Cero en ‘Ruta de escape’. El movimiento no tiene solo que ver con la distancia sino con el tiempo y todo lo que, gracias (o por culpa) de la actividad, se ve afectado. Las relaciones son parte de esto. La extrañitis y la carta de amor se hacen presente en ‘Lejanía’ y ‘Eterno’, además de una hermosa dedicatoria al mismo VinylTracker, como productor y amigo, en ‘Mi compañero de viaje’.

Entre perdones, berretines y manifiestos, la dupla de José C. Paz demuestra que son capaces de cada vez más. Chiqui con la MPC subió de nivel: si antes las instrumentales eran buenas, ahora cada beat pega fuerte como cachetada de transformer. Cerounno acompaña el paso: cuando hay que abrir el corazón es el más romántico, cuando hay que ser atrevido reparte para todos y cuando hay que reflexionar hace un ejercicio de autoconciencia digno de quien tiene diez años de terapia encima.

Un nuevo gol de media cancha. Un disco que te apilla y te acompaña a donde vayas, no importa dónde, no importa cuándo. “La zona de confort no te dejó mover”, aviva en ‘Ágiles’, invitando a que la cinética genere algo en vos: un calor interno que te movilice. Lo importante es seguir adelante y no detenerse: ellos no lo van a hacer.

21. Fiah – Pussy In Boots 

Por Facu Delgado y Vera Rentero.

Fiah Miau impone y sorprende. Cuando canta “princesa pero con antecedentes” en ‘Mugshot’, no está mintiendo. Su propuesta rompe: al día siguiente del lanzamiento de su primer disco, Instagram le cerró la cuenta por usar la palabra “pussy”.

Ahora: ¿quién es ella? Imposible responder por completo, pero “Pussy In Boots” funciona como la carta de presentación definitiva de Fiah, una obra que condensa su vida y arte. Para alguien que desde 2021 viene haciéndose un lugar en la escena nocturna argentina, experimentando con el neoperreo y la electrónica, su debut se presenta como un proyecto perfecto para una rave LGBT+ de mostros furros, donde las gatas salen a cazar a sus presas sin piedad.

Con influencias del house y la electrónica latina emergente, se convierte en una combinación explosiva y lúdica, bien demostrado en la energía que despliega ‘PLAYBOY’, así como en la atmósfera envolvente de ‘NO SE LO K TENES’. Un verdadero álbum pop para trasnochar, donde lo hot y lo gracioso conviven sin problemas. Es una propuesta que rompe moldes con autenticidad e historias verídicas. O en todo caso, fantasías que se vuelven realidad: la glorificación hedonista de quien escribe su propio código.

20. Polo Martí y Beti Plana – Folklore Imaginario [Shagrada Medra]

Por Agustín Wicki.

Se conocieron en los 80 y desde los 80 están juntos. Polo y Beti como pareja, Plana-Martí como dupla. Un matrimonio cuyano-litoraleño, flautista-guitarrista. Como todo parte del binomio, las constantes son dos: la idea del folklore imaginario y el afecto en cada gesto. Uno como fin, el otro como medio. 

El compositor húngaro Béla Bartók, con su trabajo de etnomusicología para investigar e incorporar los estilos autóctonos y populares de Europa del Este, fue la brújula para Beatriz y Leopoldo. Desde su primera colaboración artística, el grupo Maíz, la consigna es “folklore imaginario”. La música de raíz y la música académica en simbiosis natural. Así hicieron cuatro discos, “Tangos de Arolas a Piazzolla” (2007) y “Clásicos Cuyanos” (2010), dedicados a la apreciación de un árbol musical específico cada uno, y “Agua y Vino” (1998), de curaduría más libre, igual que este último.

Los quince años entre su tercer álbum y el nuevo supusieron un crecimiento discreto, pero enorme. Por eso no sorprende que de todas sus obras, esta sea la que porta la bandera en el nombre. “Folklore Imaginario” sobrevuela con su concepto homónimo por aires mendocinos, salteños y de todo el Litoral. ‘A Federico Martí’, asunto familiar, se puede bailar perfectamente, como lo hace la flauta. La misma que en ‘El Chapecero’ (de Ramón Ayala) acentúa el drama y en ‘Febrero’ (de Jorge Martí) inunda de paz el tempo. Por separado dan cátedra, juntos mucho más. Polo hace brillar a Beti como intérprete y ella lo hace lucir como arreglista. Más que complementarse, se potencian. Llevan una vida devota al folklore, una vida devota el uno al otro. Y cada día más.

19. Blanco Teta – La Debacle de las Divas [Bongo Joe]

Por Flor Viva.

Lleno está de opinólogos buscalikes que critican a la música actual por no hundir las garras explícitamente en el fenómeno exótico y violento que es la realidad social argentina actual. A ellos y a todos cabe recomendarles la música de Blanco Teta, una banda que no se acomoda el pelo para decir sus verdades y que reniega de estacionarse en la comodidad ya típica del rock de los últimos 20 años.

La Debacle de las Divas” es un proyecto que ensalza sus críticas sociales desde las orillas del new wave, el rock y el pop, pero sobre todo de un punk y garage que rememora a las pioneras que parieron la rebeldía del género. A la vez, Blanco Teta juega con la sátira y el absurdo como malabaristas irreverentes.“Soy la debacle en la plaza de mi pueblo / Y ¿a quién le importa? / Si esto es cualquiera /¡Hago canciones que no escucha ni mi vieja! / Ya no te puedo llevar a comer medialunas / ¡Todo está tan caro! ¡Todo está tan facho!«.El caos sonoro no se desborda sobre las líneas y cada tema tiene la potestad de existir por sí mismo y aún así ser parte de la continuidad de un tren de pensamiento.

Se ataca en su casi media hora de duración las contradicciones de la juventud, la crisis de la tecnodopamina y las contraindicaciones del capitalismo siglo XXI. El presente político que se siente en las baldosas argentinas también late en las mentes de ya más de una generación y desemboca en este disco con rabia, impotencia y descargo. LDDLS es un manifiesto sin delirio de grandeza, una catarsis desde lo femenino que no pretende delicadeza sino que se alza como un bastión de resistencia y rebeldía con desparpajo.

18. Nadia Larcher – Trinar (La flor) [Quark Records]

Por Gabriel Plaza.

Para hablar de Nadia Larcher hay que hablar de aquel primer disco onírico y milagroso del grupo Será Arrebol junto al compositor Nacho Vidal de 2017. Hay que hablar de esa fuerza de la tierra catamarqueña, ese pequeño pueblo de Andalgalá donde nació en 1985 y esa región acosada por el extractivismo minero. Hay que hablar de las coplas anónimas echadas al viento, los relatos que oyó de su abuela pastora, los álbumes que escuchó de Mercedes Sosa y Liliana Herrero. Hay que hablar de todos esos proyectos que la posicionaron como una intérprete necesaria para echar luz sobre obras de autores clásicos, desconocidos y nuevos: Proyecto Pato, Don Olimpio, el dúo que formó con Andres Beawseurt, La Orquesta Sin Fin y Triángula con sus “hermanas”, Mica Vita y Noe Recalde. Y entonces sí, después de transformarse en la voz folklórica de su tiempo, Nadia se animó a editar su debut solista de composiciones propias, bautizado “Trinar (La flor)”. 

Con ocho canciones producidas y arregladas por el pianista Andres Pilar (Don Olimpio), arrastra la energía musical de un río impetuoso cuando baja crecido de la montaña y se lo lleva todo puesto: el álbum está inspirado en su abuela materna María, pastora de cabras y coplera, que decía que la música se trinaba como los pájaros. “Canta María, que la voz la escuchen los vientos”, frasea Nadia sobre una cadencia de zamba irregular, progresiva, tan lenta como hipnótica. Es el inicio de una obra que funciona como una carta de amor al linaje de una voz esculpida por el paisaje andino de las quebradas. Una voz que es como una flecha que apunta hacia el futuro.

Nadia trina, o canta, fusionada con la melodías y la respiración de la naturaleza, y a veces esa naturaleza es salvaje, desoladora, como cuando el corazón delator de la artista aparece en el temblor de una voz atrapada en los acordes graves y menores de una milonga oscura llamada ‘Música hermana’. Esa fuerza de tempestad contenida emocionalmente en su trino se hace oír entre el ruido blanco y digital de la época. Esa voz piensa. Es la que se hace preguntas, la que discute las normas del libre mercado, la que habla del amor y la soledad en un mundo hiperconectado virtualmente, la que (se) crítica, contempla, reza estas plegarias musicales, la que reconstruye una complicidad en ese espesor colectivo que trae esa voz donde habitan otras voces, y que es como un refugio, un salvavidas en medio del naufragio.

17. cero* – MecÆ

Por Migue Yassir.

La explosión de la nueva generación o la nueva explosión del trap en Argentina –depende el prisma con el que se lo vea– tiene como pilar espiritual la caradurez propia de la juventud. Cero*, en un lapso de solo ocho meses, metió el run de discos más sólido del año. “Mecánico” (abril), “” (septiembre) y “MecÆ” (noviembre) son tres caños del trap argento. El último, sin embargo, refleja un crecimiento artístico que sintetiza los mejores esfuerzos de los dos trabajos anteriores.

Mecánico” ya había mostrado un diferencial a la hora de curar los beats: limpios y acompasados como un engranaje. La sintonía general del álbum giraba alrededor del título: a medida que caían los ritmos, cero* los aniquilaba, como las cintas transportadoras en la línea de producción de una fábrica. A modo de clara evolución, en “MecÆ” el tipo ya se sabe canchero y elige instrumentales con patrones más distorsionados y más difíciles de rapear, complejidad que acompaña desde lo vocal, tanto a nivel producción como en lo lírico. Ni surf ni plugg ni nada etiquetable, si monosilábico, hitero y experimental. Las secuencias sintetizadas buscando una reminiscencia 8-bit, los glitches y lo roto que suenan algunos compases, son claves para la esencia de este álbum: lo digital.

Mezclada con otros tropos como las relaciones amorosas y las sustancias, en ‘Plata dolida’ y ‘Plata tarada’ cero* muestra una faceta diferente de la relación con el dinero de la que usualmente se ve en el género. A contramano del fronteo, acá hasta es audible la preocupación. Perseguir el sustento material en una economía tan inestable como la argentina se hace carne en un verso con la fuerza de “La plata me hace mal / esta es una plata dolida”.

A esta altura del partido, los yankees son los que deberían estar mirando qué sucede acá para inspirarse: la vanguardia del trap la llevan los pibes en Argentina. “MecÆ parece venir del 2060 y saca la pulpa más espesa de esa Liga de la Justicia que armó con productores fuera de serie como Dogmund, Fresko, elaiyah, Kage, y más. La proyección de cero* son un montón de flechitas para arriba. Ojalá podamos disfrutarlo muchos años.

16. Cazzu – Latinaje [Dale Play / Rimas Entertainment]

Por Franca Hernandez.

Cazzu se autoimpuso una vara extremadamente ambiciosa para conocer hasta dónde llegan sus capacidades como compositora. Junto al productor Nico Cotton, crearon un disco completamente anti-intuitivo –en términos de estilo– para la lógica de la industria imperante. Esa que prioriza la gula algorítmica antes que el deseo genuino del artista. Acá hay canciones que suenan a lo que Julieta escuchó toda su vida. No busca un resultado académico de estudios de grado. Quiere probarse a sí misma que puede crear un merengue, un bolero, una salsa o una chacarera, con la misma altura y seguridad con la que encaró proyectos como “Una niña inútil” por allá en el 2020. Pero acá el contexto es otro. 

De desearme tanto mal, el veneno los está volviendo locos
Tratan de hacerme sufrir y por la herida sangrar. Y no podrán
Que disparen

Cazzu marcha sobre las canciones con una seguridad inquebrantable. Porque sabe que el silencio que decidió guardar en 2024 y 2025 fue público. Ahora apunta con elegancia y lanza de forma precisa donde sabe que duele, toma la posta para dejar de ser hablada y se abre para contar sobre su nueva faceta personal como madre. El objetivo de las canciones no es que la peguen, es que perduren. Colaboraciones con grupos de folclore como Los Nombradores del Alba para los coros de ‘Me toco perder’, la voz aflamencada de Maka en ‘Ahora’, los instrumentos de cuerdas de Natalia Cebello y Sara Ryan para los énfasis rioplatenses de ‘Odiame’ y la reversión de ‘Pobrecito mi Patrón’ de Facundo Cabral son parte de las decisiones creativas que subrayan esa búsqueda de minuciosa atemporalidad. Esos puntos de encuentro hacen que el disco se transforme en una gran estación central que une a la artista con diferentes destinos del mapa. Y que los destinos se unan entre sí.

Pido a un dios que no entiеndo que no te haga sufrir
Que nunca mе ponga a prueba, voy a matar o morir
Inti

Todo el trabajo tiene su faro enraizado en Fraile Pintado, una ciudad de diecisiete mil habitantes en el metatarso de Jujuy: la tierra que vio crecer a Julieta. Ella sabe que su caso es una excepción al destino. Que la obra inicie con una copla no es una decisión azarosa, sino más bien una declaración de intenciones. Todas sus facetas sacan su mejor versión en cada tema. Juli K se viste con sus mejores galas para interpretar ‘Con Otra’, La Jefa sale cual lengua karateka en ‘Dolce’ y la Juli de hoy se desnuda ante sus emociones para dejar un mensaje humano en ‘Inti’. En ningún momento agacha la cabeza: se pasea con la frente en alto, la espalda erguida y la flecha en mano. Deja en claro que ya tiene el tiro calculado: en cuanto tensa la cuerda del arco, dispara con una precisión impoluta.

15. Marilina Bertoldi – Para Quien Trabajas Vol. I [Sony Music Argentina]

Por Sofía Dalponte Roibás.

Marcado por un pulso rápido, bailable y lúdico, “Para Quien Trabajas Vol. I” rinde homenaje a la música nacional desde su propia impronta moderna. No es “rock chabón”: es rock, y es el de Marilina. A lo largo de diez tracks, los sintetizadores y los beats toman el protagonismo, mientras aparece no solo Luca Prodan sampleado, sino también un clima ochentoso profundamente argentino. Las influencias de Charly, Spinetta, Virus, Miguel Mateos, Viudas e Hijas de Roque Enroll y GIT están pero no están, sin ser estrictamente un “cortar y pegar”.

Así, Bertoldi aborda a través del humor la realidad local en canciones como ‘EL GORDO’ o ‘AUTOESTIMA’. En ellas, el ritmo apurado dialoga con la ira contenida a lo largo de todo el disco y con la sátira como manera de habitarla. También hay espacio para la oscuridad con ‘MONSTRUOS’, cierre que denuncia la homofobia con una crudeza inevitable: ‘“Se me va la vida deteniendo monstruos”. Mientras tanto, la fragilidad y la vulnerabilidad aparecen en ‘POR SIEMPRE ES UN LUGAR’, despojada, solo a voz y guitarra, hablando —simplemente— de amor.

El agotamiento que retrata “Para Quien Trabajas Vol I.” no remite a la derrota ni a la resignación, aún en un contexto que motiva a ambas. En todo caso, es un cansancio creativo e incómodo. Busca espacios que funcionen de refugio, desde los cuales también sea posible cuestionar, aun desde la ironía. En esta nueva etapa, Marilina Bertoldi vuelve a demostrar que es una artista involucrada, con algo para decir, capaz de seguir escribiendo nuevas páginas en la historia de la música de nuestro país.

14. La Llorona y su Jardín de Dragones – GLU GLU

Por Migue Yassir.

Una súplica al cielo es más atronadora cuanto más se encuentra con la soledad. Quien sea capaz de escuchar ese grito desesperado va a conocer las verdades más profundas que esa alma tiene para decir. “GLU GLU” comienza con un caos que deja atónito durante toda la escucha hasta a quienes están acostumbrados a este nivel de vorágine musical.

El tándem Camila Plaate – Félix Llompat, que comenzó este proyecto con una expresión acústica y minimalista, forma parte de una camada de músicos de Tucumán que tienen su formación artística de base en la dramaturgia -o al menos tienen un pie en ambos mundos-. Esto es relevante porque escuchar el disco es algo parecido a estar dentro de una obra de teatro. Una estrambótica ciertamente, de esas que te descolocan en cada movimiento y te mantiene atrapado hasta el final.

Canciones de una energía galopante, con clímax altísimos y cargados de instrumentos se intercalan con momentos de calma y minimalismo. Esta dinámica se repite hasta dentro de canciones puntuales como ‘Sueño Artificial’, ‘La Llorona’ o ‘Siesta de Dragones’. Las onomatopeyas, los gritos y los vocablos inentendibles se entreveran con la presencia de elaboraciones líricas preciosas como “Quememos toneladas de deseo” o “Antoni florece en lo invisible / en lo invencible”.

La Llorona y su Jardín de Dragones representa una estirpe de músicos que busca no parecerse a nadie. No hay etiqueta de algún subgénero que le quepa porque su visión artística es inmensamente libre. Hacen lo que se les canta, y está perfecto.

13. enzocerobulto – La Última Gota

Por Migue Yassir.

Una explosión de lisergia al rapear con cadencias tan locas como su vaso. Esa voz no la tiene nadie, solo él. ¿Cómo se explica el nivel de devoción que genera enzocerobulto? Un tucumano que, como varios, se fue a Buenos Aires a perseguir el sueño y cuando hace una fecha en su provincia natal explota el venue con más de cien personas cantando en simultáneo ‘Falsa tu cara de Cristo’. Por supuesto hay detractores en todos lados para cualquier cosa que se vuelva mínimamente popular, pero el consenso que generó es tan amplio que consiguió el aval de los tres Modo Diablo en diferentes momentos. Con Neo Pistea hasta metió un verso para “Culto III”.

Rescato el trabajo que hizo mi compañero y editor Agustín Wicki destacando la campaña de Komp en 2023, con 52 tracks publicados en 52 semanas, para revisar la de enzo en 2025. Sin contar participaciones en trabajos de otros artistas, es decir: entre singles, un EP y los tres discos publicados este 2025, el tucumano publicó 78 canciones. El promedio es de 1,5 temas por semana. De todo este corpus, lo que alcanza la categoría de excelencia es su tercer disco: “La última gota”. Conociendo los tropos a los que recurre, el título podría ser interpretado tranquilamente como el final de un brebaje. Un vaso que comienza rebalsando y termina con los vestigios de -dependiendo el día- una mezcla entre gaseosas y algún jarabe para la tos o alcohol mezclado con ansiolíticos.

Enzo vive plenamente. Las canciones parecen hasta el resultado creativo de la sinestesia que la droga genera en él. Percibe la música con sus propios ojos y canta como si estuviera en una relación simbiótica con su vasito. El tiempo que parece estirarse como chicle mientras está bajo el efecto de las sustancias, la euforia, el bajón y un montón de otras sensaciones reflejadas en los 31 minutos que dura el álbum. Rapea y muy bien, pero también canta mucho. Las melodías explotadas de autotune son la clave de que sea tan memorable. Son temas que se te pegan y los vas cantando por la calle. Y si bien es trap, hay un entendimiento de lo pop que está presente en esos estribillos. Enzocerobulto es para todo el mundo.

¿Es la última gota del vaso? ¿O es en realidad como dice en su biografía de Spotify “la última gota de sangre”? Sangre hay un montón. “Me puede faltar todo pero nunca el fuego” dice en ‘Una tira’. Tiene la actitud de una mega estrella que se para sobre el público y canta con la misma pasión con la que vive la música. Es el Mick Jagger del trap. Enzo, no pares.

12. MissLupe – Reset

Por Jeronimo Cipriani.

En contra de toda la inmediatez que avasalla nuestros tiempos, a “Reset” MissLupe lo construyó con la delicadeza y paciencia de una artesana durante más de cuatro años hasta su publicación. Para escribir, grabar y producir esta obra, la cantante platense creó un ambiente hermético de intimidad y trabajó en un número extraordinario de canciones hasta concluir un álbum de 18 tracks house que no se desconectan del pop.

Dulce y omnipresente, la voz de MissLupe presenta a la pista de baile como un espacio vivo y contenedor que hace de refugio y de luz en lo comunitario. Una voz abstracta proyectada desde los parlantes que relata un sub-mundo onírico y liberador, que funciona de trama entre problemas de dinero, el amor, la amistad, los conflictos existenciales, la ciudad, la noche y la salida. El dancefloor no es solo un espacio físico, es sinónimo de cultura y resistencia. 

Apenas publicado, el nombre de MissLupe se expandió significativamente en la escena, dentro y fuera de los clubs nocturnos. Es evidente su crecimiento artístico hacia una elegante ingeniería musical, mientras que su energética performance en vivo la tiene de gira en incontables fechas nacionales e internacionales. Se palpa y se huele en el aire un augurio: “Reset” puede ser un futuro clásico de la electrónica argentina.

11. Juana Rozas – Tanya [Sony Music Argentina]

Por Vera Rentero.

Vladi” ya no está más. Ahora “Tanya” tomó control del cuerpo de Juana Rozas, un personaje cuya intérprete ha descrito como alguien que siempre cae. Es una caída espantosa, llena de sonidos que rompen el tímpano y otros que lo reconstruyen. Vemos la vorágine de una mujer que ya estuvo loca, pero ahora más, y que desesperadamente se está escapando de un hombre que parece haberle hecho un mal horrible.

Más allá del marco conceptual detrás del personaje y sus desvaríos con ‘ANTONIO’ (aquel amante que Tanya persigue), oír los sintes mecánicos de ‘BAD CHOICE’ o las influencias psytrance del maravilloso ‘WANNA HOTEL’ resulta catártico en el estadío constante de desamparo en el que nos encontramos los transeúntes del siglo XXI. Una catarsis que se ve en cualquiera de sus shows, en los que se poguea hasta la médula. Citando a ‘TANYA LOCA’: en este desorden “la culpa no la tiene nadie”, solo queda perderse en cada esquina, con el fin de encontrar algo mejor.

El resultado es una mezcla de estilos muy original, punta de lanza del pop experimental de este maravilloso país. Ocupando el lado más psicótico de la tríada de Juanas argentinas (encontrarán a las otras dos más adelante en la lista), Rozas entregó un trabajo sublime, que encapsula la rabia femenina e invita a romper todo a su paso. Difícil será dejar ir este disco, más pareciendo que Tanya se irá de crucero este verano. ¿Qué pasará en ese EP? Ni idea, solo esperamos que Juana siga sorprendiendo con sus personajes y que ya la agobien las malas decisiones del futuro. La única certeza es esta: si necesitan caos, vayan a visitar a Tanya.

10. Lisa Scha – Colapso [Geiser Discos]

Por Martina Balatorre.

Colapso” se presenta como un CD roto en un espacio público: astillas irregulares capaces de cortar, que todavía lastiman. Por momentos, atina a querer dar una caricia pero, con inseguridad y desconfianza, termina raspando y dejándose a sí mismo una marca. Además del desamor, el disco tiene canciones-himno sobre la confusa intimidad de crecer en una época saturada de sobreestímulo. Lisa Scha se expone a cara lavada y sin maquillaje que la proteja de las ojeras de tanto llorar: lo personal aparece como un monstruo vivo sin domesticar. 

El horrorpop que la cantautora porteña ya venía explorando desde “Posesa”, su debut, sigue presente, pero da una nueva vuelta. En la co-producción, Santi Toranzo acompaña esa lógica con decisiones que tensan la forma: capas de sonido, guitarras con mucha distorsión y texturas extravagantes que empujan a la voz sin ahogarla. La sensación que esparce es la de un remix, con samples de frenos de autos en armonía con un cuarteto de cuerdas. El álbum avanza en oleadas, alternando picos de intensidad con baladas eléctricas que bajan la pulsación lo justo para seguir adelante. No hay búsqueda de equilibrio perfecto, sino un movimiento constante entre exceso y baja tensión. 

No hay que ordenar el caos, sino habitarlo, entumecerse, llorar como nene caprichoso, porque la vida es injusta y nadie puede negarlo. Lisa explica que hay cosas que le hubiera gustado que le avisaran sobre crecer. Y ante la lluvia de caída de fichas que significa el esquema juvenil, se convirtió en un bicho extraño. Ahora que sabe eso de lo que no le advirtieron, abraza la contradicción, le da la mano a su otra yo mientras caminan juntas hacia el horizonte. “Romántica / impráctica / romántica / impráctica”. Más que dejarnos la pregunta de si Lisa logra consolidarse,Colapso plantea en realidad: ¿Cuánto de ese desborde todavía está dispuesto el pop argentino a soportar?

9. Hannie Schaft – Este es el lugar [anomalía ediciones]

Por Ramiro German.

Las costumbres de los senderos se perdieron y, sin embargo, todos los caminos llevan a Primm. Caminos que, sin excepción, antes de llegar quedan atrapados en un desierto gigantesco. En el mundo post-apocalíptico del videojuego “Fallout”, pasar por Primm implica siempre atravesar una tormenta de arena. Ese panorama nebuloso y desolado es el que evoca “Este es el lugar”, debut de larga duración de Hannie Schaft. 

El trío salió a la luz con su primer material después de tres años de deambular en la clandestinidad de la noche bonaerense, donde su nombre ya circulaba en el boca en boca. Parte de ese murmullo lo explica su despliegue escénico: tímido y sereno, contrasta con lo arrebatado y colérico del resto de la movida post-pandémica. Otra razón radica en el virtuosismo y la complejidad de sus múltiples capas de sonido, que invitan a una escucha atenta y profunda, alejada del pogo. En más de una ocasión, se han ganado un comentario inevitable: «Hay que ir a verlos. Son como un Radiohead argentino».

El álbum está atravesado por la búsqueda incesante que premoniza su título, manifestada desde el primer instante. En ‘Salida de emergencia’, el hi-hat marca un apuro constante y un arpegio instala la sensación de estar más perdido que un turco en la neblina: desorientado entre delays, con la única certeza de no estar donde deberías. La tensión ahoga cualquier intento de razonar y obliga a avanzar hasta hallar un nuevo rumbo. Ya lo suficientemente lejos del punto de partida, cortando el álbum al medio, la tormenta de arena que embota los sentidos encuentra descanso en el cuarteto de cuerdas de ‘Cinco Cuartos’. Aparece la reflexión: capaz el destino no sea un punto físico, sino un lugar al que pertenecer; un espacio donde sentirse seguro, aceptado, amado.

Disipada la neblina mental, ‘De adentro hacia afuera’ desplaza la inquietud. Ya no se trata de estar en el lugar incorrecto, sino de sostener la esperanza de que el nuevo destino sea el fin del recorrido. Las cuerdas se retiran, la revelación se aquieta y queda empujar el tramo final. Todos los caminos conducen a ‘Primm‘: la tormenta paró, pero el desierto sigue siendo inmenso. Primm, Humahuaca o El Cairo, ya no importa: lo esencial es quién espera del otro lado. A pesar del cansancio (encarnado en cada alarido de la guitarra, como puñales atravesando nuestras piernas, como si la tierra misma quisiera tragarnos), la voz de Patricio afirma:

Mi boca no va a hablar
Tengo que llegar
Sé que hay un lugar
En donde pueda descansar
Primm

La llegada se siente cercana, casi tangible. Y, sin embargo, si existiera la posibilidad de volver al inicio, tal vez volveríamos a empezar. El bajo empuja al ritmo del corazón: las dudas se agolpan, pero ya no hay marcha atrás. Los latidos parecen comprenderlo antes que nadie. A lo largo de ‘Transmisión’, el bajo se encarga de convencer a los demás; la batería es la primera en ceder, acompañando los últimos pasos; y, por último, caen los arpegios de guitarra, festejando el arribo.

Este es el lugar, pasó más tiempo del que pensé” funciona como una certeza ambigua: llena de angustia, pero reconfortante a la vez. Las cuerdas regresan, esta vez armoniosas (incluso solemnes), y advierten que la recompensa está ahí. ‘Subterráneo’ recibe con honores a quien soportó el trayecto: un repique abre la pasarela y los instrumentos celebran. Hay un lugar al que pertenecer y, finalmente, descansar.

8. H de Perra y C. Spaulding – Cruz y Ficción 

Por Franco Benvenuto.

Toda mitología personal empieza con un choque: ese momento exacto donde el destino que te tocó se estrola contra la historia que te inventás para pilotearlo. En “Cruz y Ficción”, H de Perra y C. Spaulding agarran ese impacto y lo transforman en combustible. El álbum se establece como un ritual de supervivencia visceral que obliga a lo espiritual a bajarse del pedestal para patear el asfalto.

Spaulding cocina una atmósfera que se te viene encima. Su producción invoca una tormenta sobre la metrópolis, donde los ritmos se trenzan con texturas densas, casi operísticas, musicalizando la tensión del Conurbano Bonaerense. Cada instrumental cae con el peso de una losa, armando una base de hormigón listo para bancar mensajes de alto calibre. Es un sonido que nivela el terreno y logra que la entrega vocal golpeé con la idéntica intensidad de la vida misma.

Sobre esos cimientos, H de Perra oficia de cronista y verdugo. Su cadencia se funde con la instrumental borrando la línea entre mensajero y mensaje. El proyecto crece desde la raíz, encarnando principios divinos en carne humana y culminando en sentencias absolutas: «Esta es la verdad del tango«. Aquí, el dicho rioplatense se vuelve filosofía de trinchera: desengaños, códigos de lealtad y finales inexorables que caminan al mismo paso que el barrio.

La obra escarba en la memoria hasta tocar el hueso. El rapero vuelve a Monte Chingolo para fundir agravios viejos y forjar escudos nuevos. En ‘El Pésame’, la memoria estalla: «Mis barras suenan igual a los vidrios que rompí jugando con mi primo / Tirando piedras al lado aburridos haciendo bardo / Inventamos otra realidad, no queríamos frustrarnos / viviendo con ojos de niño / Ignorando que la vida vino a robarnos«. Con esa misma autenticidad como bandera, el proyecto suelta su definición genética: «El rap suena a calle, la calle suena a cumbiancha«.

Es un disco que se planta firme sobre los escombros: ahí donde la realidad muerde, la ficción se desmorona para dejar al descubierto el peso real de la cruz.

7. Mir Nicolás – La Ciudad del Pop

Por Agustín Wicki.

Dice mi vieja que Nico Mir es un atorrante. No sé si lo sabe, pero es el mejor halago que le podría hacer, más porque fue después de escuchar “La Ciudad del Pop”, su disco más porteño. Los atorrantes son responsables de buena parte de la mejor música que se hizo en la Capital, esos que se apellidaban Gardel, Troilo y García. Si el status quo del rap bonaerense está a cargo de alguien así, estamos bien.

Mir Nicolás es un virtuoso en su instrumento, no por una exigencia académica, sino por pura picardía, como el que se vuelve genio del timing solo para tirar un caño insólito. Habla de traer el sonido de Larry June al país, rap laidback y canchero, pero sus flows son mucho más exigentes que los del californiano. La gracia está en que parezca fácil y que no lo sea.  Y así también juegan los suyos. Crimeapple baja su verso de freestyle, Lee Scott lo lleva lento a lo René Lavand, Cerounno confía para festejar antes de tiempo el abrirle a Roc Marciano y, en ‘Turros Viejos’, Santiki mete el opener del año: “Los pibes están gastando mucha plata en el kiosco de Nancy”. Bacanería del suburbio al Obelisco.

Como buen pillín noctámbulo, Nicolás tiene un anecdotario bien abastecido y en constante renovación. Más de una se recuerda con un brindis, algunos de celebración, otros para hacer dedicatorias a pateadores que no se olvidan, como Busmaster y Baiper. Esta vez, la mayoría van para amoríos. Los Ingrávidos Squad fueron los primeros turrománticos del rap, una escuela con cada vez más inscriptos, y “La Ciudad del Pop” está repleto de invitaciones descaradas, deseos honestos y cajeteos preventivos: “Una ruptura más y me hago millonario”.

Aquel EP, “Vice City Stories”, que venía cocinando resultó tener una fórmula tan rica por sí misma como para ser el siguiente gran paso en su discografía. Si “SP.I” fue el gran manifiesto para el rap argentino, “La Ciudad del Pop” es la realización y práctica de la nueva era. No un “lo logramos”, sino el cumplir una promesa más. Una nueva estética, más atrevida y, nuevamente, 100% argentina.

Que Spinetta tenía manantiales de samples no era un secreto, pero esta vez Nico fue a desempolvar tesoros en una etapa mucho menos prestigiosa de la música nacional. Sophisti-pop, soft rock y más pop elegante de los 80 y 90. Aznar y García, María Rosa Yorio, JAF, Nito Mestre y más que, exceptuando los primeros dos, estaban esperando a ser rescatados del olvido. Son los discos que nadie colecciona (Sandra Mihanovich, Marilina Ross, Porchetto new wave), en los que este Voyager encuentra una conexión con el city pop japonés y logra triangular a su manera la fuente original, que siempre va a ser el soul, el jazz y el funk afroamericano. La palabra clave que suma es “pop”: para resumir Buenos Aires en un nuevo soundtrack, una nueva fórmula del hit.

6. Milo J – La Vida Era Más Corta [Sony Music Latin]

Por Flor Viva.

Con el oído sobre la multicolor tierra argentina es que el jovencísimo Milo J creó un disco verdaderamente mágico y crudo, revolucionario para su trayectoria que, tema a tema, verso a verso, va demostrando ser ciertamente un hito para la música nacional. No solo porque la calidad in crescendo del material que entrega es innegable (y porque su complemento visual es estremecedoramente bello), sino también porque, como proyecto profundo que carece de pedantería, se vuelve un punto neurálgico de muchísimas de las dicotomías y discusiones que agrietan las calles musicales de todo el país. A lo largo del trabajo se percibe una escucha de lo autóctono que no responde solamente al impulso de lanzar una obra, sino que demuestra un interés genuino por la música popular: un galope vivo que deja atrás el ego y la vanidad de los territorios ya recorridos.

Así, Milo J se muestra como más que un artista sólido con un criterio artístico despampanante y una pluma muy lúcida: se exhibe como un traductor impoluto de las raíces folclóricas al presente diverso de la escena local. Esto se manifiesta a través de varios rasgos claves del LP. Primero, en el intransigente respeto por los habitantes históricos y actuales del cancionero nacional, demostrado en la maestría y delicadeza con la que se incluye la voz de Mercedes Sosa o en la invitación angelada a que Cuti y Roberto Carabajal traigan sin filtros un himno enorme, ‘El Invisible’. Luego, ‘La Vida Era Más Corta’ presenta algo un poco más difícil de obtener: un entendimiento indiscutible de los engranajes políticos y sociales encarnados en el folclore, desde la poesía, la pasión y la denuncia. Así es que este disco no sólo se torna precioso sino también punzante, emotivo. Como una foto nueva de algo ancestral, como la demostración más clara de que esta música no solamente llega al presente en sus formas tradicionales, sino que también respira en lenguajes modernos que honran y reverencian sus siglos de historia.

La potencia de su alquimia sincrónica y diacrónica hace que artistas de potestad absolutamente contemporánea como AKRIILA convivan con referentes cuyo reinado se extiende hasta nuestros días como Soledad. El hilo dorado que hilvana el pasado y el presente es, quizás, lo más llamativo de la obra: un hilo con notas de esa nostalgia argentina tan característica, con ese sufrir que hermosamente eriza la piel.

Aún así, los arreglos y las mezclas logran esa nitidez que sólo es posible en 2025: no es un disco que le hace mímica al folklore clásico, sino que más bien se envuelve entre sus banderas para ser un proyecto actual y fresco, mas sí auténtico y orgánico, que subraya en el mainstream la vitalidad inclaudicable del folklore en todos sus rincones. La certeza y la exactitud con la que fue construido no hace sombra al enorme corazón que se siente en cada compás, en cada fibra, en cada gesto.

El alto vuelo de un logro consagratorio y la humildad de la escucha y el aprendizaje se conjugan en “La Vida Era Más Corta”. Un disco vitrina de que la juventud no se encuentra, quizás, tan alejada de la mística, el misterio, la emoción y la historia de la música más puramente sudamericana; una música que, resistiendo huracanes y sismos, sigue representando desde el mestizaje y la memoria emotiva las muchísimas identidades que habitan el suelo argentino.

5. Juana Aguirre – anónimo

Por Franco Benvenuto.

En su segundo álbum de estudio, la exintegrante de Churupaca teje un tapiz sonoro que captura la esencia del deseo y la ausencia, entrelazando emociones con una delicadeza que invita a sumergirse. A lo largo de diez canciones, su voz se despliega como un jardín en flor, explorando la belleza inherente al cambio y al recuerdo. 

La flor surge como el corazón simbólico del álbum, representando la fugacidad de las conexiones emocionales y su capacidad para perdurar en la memoria. Juana la usa para evocar cómo los momentos preciados brotan con vitalidad, incluso en medio de la melancolía. «La noche muere, pero la flor reclama tu recuerdo» ilustra la persistencia de lo vivido: un tema que recorre toda la obra y muestra cómo el paso del tiempo realza las huellas dejadas por el afecto. 

anónimo evoluciona desde las raíces electroacústicas de «Claroscuro«, para incorporar nuevas capas y texturas. El álbum brilla en su habilidad para equilibrar dolor con ternura, ofreciendo pasajes que invitan a la introspección. Cruz, Ezequiel Kronenberg y Juan Stewart aportan percusiones tribales y atmósferas espectrales, creando un viaje que lleva consigo historias de pasión y transformación. Voces etéreas se multiplican en armonías que elevan el espíritu, mientras ritmos electrónicos aportan un sonido contagioso que vuelve a las canciones vivas y accesibles. «Tengo la ilusión de guardarte junto a mi colección de olvidos» captura esa mezcla de humor y profundidad, sugiriendo que incluso en el acto de soltar, hay espacio para una redención personal. Es un recordatorio de que los finales pueden ser el comienzo de algo nuevo, infundiendo un optimismo sutil.

En su cierre, «anónimo» deja una impresión duradera, como un bouquet que se expande en el aire. La voz de Aguirre, corpórea y conmovedora, guía al oyente a través de un ciclo de emociones que celebra la complejidad del amor. La obra inspira a abrazar las capas de la vida, revelando la belleza que reside en la fragilidad de cada pétalo caído.

4. Nasir Catriel y fasciolo – Ballet para las Masas

Por Ian Isersky.

La memoria peca de porfiada”, dice Mirtha Defilpo en ‘La vuelta de Adán’. ¿Por qué voces tan prolíficas a veces no obtienen un reconocimiento acorde a su obra? La respuesta a este interrogante permanece en sigilo, pero sí es posible afirmar que las botellas con mensajes valiosos siempre encuentran la forma de llegar a la orilla. Y sea cual sea la razón, los encomendados para hacer reverberar el orgullo argentino fueron un rapero y un beatmaker rosarinos.

En “Ballet para las Masas”, Nasir Catriel y fasciolo alzan la voz para verbalizar un sentimiento tácito en la Argentina de hoy. Testigos de una Casa Rosada más cercana a celebrar el Día Nacional del Policía que a revisitar los hechos de la última dictadura militar, esta dupla ve obligatorio regar su tierra con lunfardo y, más urgentemente, inclinar la balanza hacia el lado de la memoria. No solo aquella capaz de la reconstrucción histórica, sino también la de Mirtha, Litto, Astor y tantos soñadores que dedicaron más de una estrofa a imaginar una patria mejor, una bandera flameando en la dirección correcta. 

Rapear exclusivamente a través de referencias argentinas corre el riesgo de salir muy mal. Caricaturesco. Hacerlo sobre samples estrictamente nacionales también. Lo determinante para que esta combinación letal funcione es un fondo que acompañe la forma. Una búsqueda comunicacional que se anteponga a la estética. Catri y fasciolo encontraron un porqué que guíe sus decisiones y cada instante del disco lo recuerda. Desde los contrastes en la superposición vocal al cierre de ‘Argentina 78’ hasta el volantazo cromático que dan las instrumentales de ‘La Habana la Claudia’ y ‘Mejor Mañana’. Desde la oportuna inclusión de un verso del inmigrante venezolano Ser G Soul en ‘Saludos Prima’ hasta la calidez del coro de niños en ‘La Vuelta a los Díaz”. Demasiadas miradas cimientan la argentinidad como para quedarnos solamente con la que se nos presenta. 

El beatmaking de fasciolo contribuye fuertemente a subjetivar la experiencia. Su paleta de samples es expresiva por sí sola, tan rica en emociones como transversal cronológicamente. Sus beats no le temen al bandoneón ni a los arreglos de cuerdas. Sabe que a veces preservar una progresión armónica es preservar la nostalgia de lo sampleado y usa esa carta a su favor. Al mismo tiempo –e inevitablemente atravesado por una cosmovisión kanyewesteana– lee a la perfección las oportunidades de retocar esa materia prima patrimonial a la luz de las herramientas que provee el presente. Cada chopeo, ajuste de BPM o cambio de pitch evidencia que antes de la transformación sonora hay un intento de conmemorar. 

Dicho esto, el LP no supone un acto de adoración unidimensional. No resalta solo por su ferviente sentir patriótico ni se jacta de ser “el disco más argentino” de ninguna categoría temporal. De hecho, como sus mismos autores lo remarcan, el mayor deseo de “Ballet para las Masas” es que existan otros mil “Ballet para las Masas”: el material a samplear sobra y la historia a referenciar se sigue escribiendo. Lo meritorio de la obra en realidad es que, incluso entre semejante tributo, se sigue tratando de algo que solo podrían haber hecho Nasir Catriel y fasciolo. 

Difícil que se diluya la firma de quienes pusieron el mensaje en la botella. Un rapero que anida un fuerte compromiso político entre su picardía combativa y lo sentido de cada una de sus dedicatorias (“Mi hermano conoció a Cappadonna y Maradona / Por eso es que me emociona si ovaciona estas rabonas”). Un beatmaker que se da la libertad de amasar los samples hasta transformar su propósito, pero siempre manteniendo como eje el respeto hacia lo heredado. Dos rosarinos que conocen cada recoveco de su ciudad. Dos hijos de docentes, que incluso teniendo mucho que enseñar optan por “la humildad de elegir ser alumnos”. Dos optimistas que evocan la Argentina que fue como proyección de la que puede ser. Sería complejo describir cómo estábamos previo a la salida de “Ballet para las Masas”. Ya entre nosotros, podríamos coincidir con fasciolo cuando dice: “Creo fervientemente que estamos mejor que antes”.

3. elaiyah – abrazando la soledad

Por Camila Caamaño.

¿Tenemos que hablar de cumbia y reggaetón para hablar de trap en la Argentina del 2025? En realidad tenemos que pensar en los habilidosos caminos expresivos que los nuevos nombres toman y van (al fin) estrujando su ortodoxia, una todavía tan emergente que no tiene nombre comercial (al fin x2). Hay un nombre, aunque también hay una portada y un delivery que no hacen más que festejar el que vendrá. Es Sebastián Castrege De Maio, aka Elaiyah, y su “abrazando la soledad”.

Para quienes aún les cuesta adentrarse en el trap local, o para aquellos que hayan cerrado la puerta a la posibilidad de que el género gane signos nacionales, pues aquí está Elaiyah, con la desolación de Pala Ancha en ‘De regreso al penal’ (escuchar la desgarradora ‘Se te cae el velo’), lo magro de Pablito Lescano en los 90, la banca al Gauchito Gil y los piercings de los Wachiturros. Un niño criado escuchando “Versus (1997) y “Leche” (1999) no puede querer hacer música de cámara o insistir en una mera copia de IKV. Este es el legado spinettiano que el 2025 quiere escuchar, nada de condecoraciones ceremoniales al alma mater de la dinastía. 

Entrando al universo sonoro de “abrazando la soledad”, las decisiones seguirán refugiadas en ritmos fatigosos: la intro será la de ‘Yo tengo una piedra’ de Damas Gratis y cerrará con el cover de cumbia turra ‘Tan mal’. ¿Un trapper montado sobre estructuras villeras? ¿Que trae de vuelta a Los Nota Lokos? Sí, pero Elaiyah no se conforma con quebrar caderas y tener el pelo rubio, en 23 minutos de duración se filtran la salsa de Héctor Lavoe, ‘Los libros de la buena memoria’ de Invisible y una interpolación de Carlos Gardel. El pulso excitado de un collagista made in Soundcloud devuelve esas posibilidades: de la referencia literal al reflejo sobre el que es necesario correr antes de que el resto de los ritmos devoren su luz. 

Priorizar la composición es un encare evidente y uno de los aspectos que vuelven al proyecto más adictivo: es el drama despiadado de ‘Cómplices’ (¡No sé si quedó tan claro que no habrá lugar / Para dos en el cajón, para dos en el cajón”), la escritura entre arrojada y voluminosa (usando palabras como aliteración o absorto) y los quiebres de tan implacable narrativa que descansa, por modestos suspiros, en la pasión, que —como todo sentimiento proyectado en el disco— es ambiguo. El artista despliega un maullido asfixiado que repite a lo largo del mixtape, un berretín entre quedarse sin aire y emular una bisagra falseada. Esta onomatopeya sui generis se combina con los zumbidos de las pistas, como globos desinflándose y un mandamás que insiste en moverse en la ingenua misión de hacer tope sobre un país que tiene que esforzarse cada vez más para recordar el peso que tiene la imprenta (e impronta) nacional. 

2. Juana Molina – DOGA [Sonamos]

Por Vera Rentero.

Este 2025, la matriarca de las Juanas argentinas publicó su primer disco en ocho años. En el arte de tapa, su característico pelo canoso cubre un cuerpo perruno. Si aún quedaban dudas sobre la pasión de Molina por el reino animal, acá termina de zanjarlas completamente. A modo de paradoja, en “DOGA” aparece un ser nuevo: un perro seguro de lo que quiere hacer en un mundo cada vez más hostil. 

El universo siniestro de “Halo” se expande, así como el folk digital que Juana explora desde hace décadas, logrando finalmente cantar aquellas canciones sin letra que manifestó en “Un Día”. Molina nos invita a un frondoso bosque lleno de perros, gatos y zorzales indignados por obras de teatro muy tontas. En un sinsentido digno de “Alicia en el País de las Maravillas”, persiste este universo musical y natural: una isla verde, hermosa de admirar desde lejos, pero incomprensible para los simples mortales que no logramos descifrar el secreto de su arte. Tal vez sea el mismo que le otorga la maestría para cantar canciones emancipadas de letra. La bella ‘siestas ahí’ y la inquietante ‘rina soi muestran la amplitud emocional que puede generar el gibberish molinesco, más intrigante que cualquier palabra. 

Cuando logramos entenderlas, las historias que cuenta Juana no dejan de apelar directamente a nuestras adversidades. Sun Wukong, el mono de “Viaje al Oeste, se vuelve aquí un ser ‘desinhumano’, corruptor de la naturaleza. El amante de ‘paradoja no parece comprender del todo esas características animales que tanto le importan a la autora. Ni hablar que a nadie le gusta que sus hermanos se peleen por pavadas y por la herencia de sus padres, como se suspira en ‘intrigulado’. Esto no es para ella, ni tampoco para quien escucha, pero igualmente toca atravesarlo. 

El animal doguesco, sin embargo, sabe perfectamente cómo narrar estas desventuras, encantando con sus sintes y distorsiones embrujadas, al punto que siempre resulta un placer oírlo. Aunque haya terminado el año, todavía queda mucho “DOGA para cortar (y morder). Es la mejor combinación posible entre la tecnología que permite que su música salga a la luz y aquella naturaleza con la que tanto anhela interactuar. “DOGA” merece una bolsa completa de premios al perro más extraño del país. ¡Viva la rareza molinesca!

1. Alkoy – Valle Chakal Ki

Por Franco Benvenuto.

En “Valle Chakal Ki”, Alkoy y Fakir formulan un sonido que arraiga el rap en la música de Salta con una naturalidad que surge de la tierra misma, donde los samples de compositores locales se convierten en extensiones vivas de una herencia cultural. Las instrumentales son los huesos que articulan el cuerpo del álbum, fusionando el pulso ancestral con el Hip Hop en un manifiesto que late con la realidad del norte argentino.

La producción de Fakir trasciende la mecánica del sampleo tradicional. Aprovechando su formación académica como director de orquesta, articula una fusión que no se limita al folklore: integra texturas de rock y matices de jazz con un profundo respeto por el origen. El disco es un mapa del entorno: percusiones que resuenan como caminos de ripio, bajos que se hunden como las raíces y silencios que se expanden con la amplitud de un valle al crepúsculo. Esta propuesta transforma al álbum en un territorio que encarna la geografía salteña a través de cada ritmo, expandiendo los moldes habituales del rap.

Las letras de Alkoy fluyen entre lo directo y lo sensorial, capturando el sincretismo de la vida con rimas que impactan o se deslizan dejando estelas, siempre amplificadas por la profundidad que les sigue. Versos como “Vi romperse a la amistad enfrente mío / Ante la deslealtad siempre río” constatan la traición con una claridad inalterable, mientras que “El mundo gira y los viejos charlan / Me estoy muriendo y la ambulancia tarda” construye un clima de deriva pensativa. Esta dinámica entrelaza lo concreto con lo intuitivo, generando un lenguaje que se teje con la misma naturalidad que las instrumentales: áspero y envolvente, donde cada palabra adquiere textura propia al dialogar con el ritmo.

El viaje, como símbolo, atraviesa toda la obra. Trasciende el desplazamiento físico para convertirse en un descenso inevitable, un tránsito entre niveles de realidad que evoca el periplo iniciático donde el suelo transforma al viajero.“ Tres viajes a Cafayate pegados en la luneta / Nació mi obra, llora prosa, duerme en cuna de poeta”, desvela en ‘Cuna de Proezas’: el trayecto como origen de la creación dictado por el paisaje. El descenso del Valle de Lerma por la Cuesta del Obispo, más cercano a una condena asumida que a una peregrinación, marca un punto de inflexión al dejar la cima y adentrarse en él: un espacio que es infierno pero también útero y crisol de revelación. No hay aprendizaje sin bajar, ni verdad sin atravesar la sombra.

Valle Chakal Ki” se erige como una obra pivotal. Al profundizar radicalmente en la identidad salteña, logra una universalidad que desborda el rap argentino. Es un disco necesario y definitivo, que demuestra cómo, desde la raíz más profunda, se puede sacudir el género y redefinir los horizontes de la música.

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