Que le crezcan alas a las canciones

Ni la crisis del papel ni el paso del tiempo diluyen la posibilidad de leer sobre la Negra Sosa. “Y un millón de manos que me aplauden”, escrito por Facundo Arroyo, es nueva bibliografía en detalle. Un relato de cómo volvió del exilio La Voz de América Latina

En una actualidad urgente, la nutritiva editorial Gourmet Musical publicó el flamante “Y un millón de manos que me aplauden: Mercedes Sosa y la vuelta de la democracia” del platense Facundo Arroyo. Es un libro que, como remarca su autor en los agradecimientos, surgió como una idea para un artículo y sobrepasó ese marco para ser convertido en un libro breve pero muy concreto que es al mismo tiempo un necesario repaso sobre épocas oscuras de la Argentina y un bálsamo de esperanza para los tiempos que corren.

Tras un una emotiva introducción de Teresa Parodi y un lúcido prólogo de la periodista Romina Zanellato, el libro procede a tomar como eje el regreso de Mercedes a su tierra luego de años de exilio y penas, retratado nítidamente en sus shows en el Teatro Ópera en 1982. A partir de ese eje, desglosado y narrado desde el punto de vista de los asistentes, pero también de las vivencias tras bambalinas, el libro abre nuestros ojos a las vivencias de La Negra previas y posteriores a aquel hito de la música en vivo en nuestro país. Nos hace visitar sus orígenes, sus primeros pasos ya completamente comprometidos y enredados con las necesidades de su pueblo, y la construcción de su carrera como una mujer combativa de una fuerza que atemorizó a los reaccionarios y, al mismo tiempo, de una dulzura arrolladora. “Hay que endurecerse sin perder jamás la ternura”, aquella frase de Ernesto “Che” Guevara, le calza entallada perfectamente a una figura como Mercedes.

Arroyo se anima también a dibujarnos el contexto de aquellos años en varios sentidos: por un lado, la preciosa contradicción que formulaba la existencia y el trabajo de Mercedes Sosa para los públicos existentes de la música argentina, tanto del tango, del rock o del folklore; y también explora la importancia simbólica de la presencia, la partida y el regreso de Mercedes y todas sus implicancias políticas, sociales y culturales.

Mercedes figuraba, según ha contado el historiador Sergio Pujol, en las listas de inteligencia gubernamental como un “comunicador llave”, un “sujeto peligroso por su poder de convocatoria y de su alta credibilidad entre sus seguidores”. Sus canciones fueron censuradas, sus oyentes vigilados, sus conciertos suspendidos, y su familia perseguida. Amenazas de bomba, supervisiones de sus movimientos y el riesgo palpable a su familia en época de dictadura se volvieron factores para su exilio, que solo pudo aguantar algunos años:arriesgó su regreso antes de que acabe el régimen de facto responsable de detenciones, desapariciones, secuestros de bebés y torturas organizadas de forma sistemática.  

No quedan afuera de Y un millón de manos que me aplauden las relaciones con otros músicos perseguidos por la dictadura que duró desde 1976 hasta 1983, ni tampoco se excluyen del paisaje de la época los movimientos tectónicos de los géneros musicales locales y regionales, que abrieron sus horizontes y comenzaron distintos procesos de mestizaje cruciales para entender el presente. El testimonio del bandoneonista de la Generación Cero, Rodolfo Mederos, y la atención que le presta el autor al involucramiento de Charly García y otros músicos de rock con el arte de la Negra Sosa también son pilares fundamentales para apreciar la disruptiva y enriquecedora huella de la cantora más importante de la historia nacional en el ADN cultural que nos infla.

Complementa el relato, minado de testimonios increíbles de periodistas de música, productores, músicos y oyentes, un archivo fotográfico cortesía de Fabián Matus, hijo de Mercedes. La intimidad que esto permite va de la mano con citas textuales de la artista (“O salgo ahora o me voy a la mierda” sonó en su voz tras el escenario del Ópera) que la humanizan aún más, ya que sin dudas es carne viva de nuestra música; de una forma necesaria, el autor nos recuerda que además de un ícono y una patrona de nuestro arte autóctono también fue una mujer perseguida que no escapó a los temores y la ansiedad lógicas para ella y su familia. 

Con un final que repasa detalladamente el disco en directo, el libro realmente se convierte en un tesoro de archivo bajo la firme pluma de Facundo Arroyo, cuya determinación para acercarnos las vivencias de Mercedes durante estos años rinde frutos a partir de una dedicación a la atinada contextualización en un relato fluido. 

Este libro está distribuido por todo el territorio argentino a través de la red de Gourmet Ediciones, pueden encargar una copia acá.

La urgencia de este libro recae no solo en todo lo mencionado y la importancia de no relajar los músculos de la memoria, sino también en ver la luz en un momento de reflote de la ultraderecha en Argentina, que llegó a la Casa Rosada regando sus propuestas económicas (que espejan el horizonte económico tallado por José Martínez de Hoz, el ministro de finanzas de la dictadura genocida que azotó a la Argentina) con discursos que reivindican lo ocurrido durante aquellos años y que activamente escupen la imagen de los luchadores por los derechos humanos de nuestra historia. Luchadores entre los cuales, sin lugar a duda, se encuentra La Negra.“Y un millón de manos…” no solamente nos ofrece una perspectiva hoy en día necesaria, si no también una relectura sobre los motivos por los cuales Mercedes fue, es y será una inspiración, un baluarte, un órgano vital para el país, para su gente y para su sonido.