Chirolas! Trelew como materia prima

En su tercer álbum, "Chirolas!", Choosey transforma la geografía patagónica, la cultura rap de los 90 y el archivo pop de los 2000 en un lenguaje sonoro cada vez más propio.

Hay lugares de nuestro país que parecen haber sido inventados para ser olvidados. Trelew es uno de ellos. Una ciudad que en el mapa está: tiene un aeropuerto, rutas, casino, viento, un valle inmenso y fósiles de dinosaurios por todos lados; pero que sin embargo, desde Buenos Aires suele reducirse a una mera referencia geográfica. Como un universo aparte, ahí también existen el arte, los artistas y las canciones. Choosey es uno de los nuestros.

El pasado 13 de agosto de 2026 Choosey presentó "Chirolas!", su tercer álbum de estudio después del camino trazado por "Mitosis en el Estudio" (2024) y "Pekelandia" (2025). A lo largo de quince canciones que en su cúmulo apenas superan los 36 minutos, el disco navega entre el rap, el reggaetón, el dembow, el trap, el R&B y una electrónica de bordes más difusos, atravesado por una utilización intensiva —y deliberadamente desprejuiciada— del sampleo. Hay referencias a Beastie Boys, clásicos del reggaetón y del pop de los 2000, ecos de Pharrell Williams, Doechii, Joey Valence & Brae y JPEGMAFIA, además de una red tupida de sonidos y referencias provenientes de su propia historia y crianza.

Pese a contar con un abanico amplio de colaboradores y productores —PanchitoLeFleur, LoLo, Laura sad, Pa2k, Dardo, MELLO, DRECKING, youngkarter, baad, MORTHER y Christopher Carr, entre otros—, el álbum conserva la cohesión de una obra claustrofóbica y propia, como si todos los elementos procesados estuvieran girando dentro de una misma licuadora que no para. Aún así, el ensamblaje por acumulación ya estaba presente en sus entregas anteriores, pero en "Chirolas!" esa operación parece alcanzar otra dimensión: Choosey no solamente craftea con sonidos, sino que los convierte en un sistema siempre retroalimentativo. Y en ese sistema, Trelew deja de ser un detalle en el paisaje para pasar a ordenar la arquitectura del disco.

La geografía como lenguaje

Choosey trabaja con la geografía que le es propia como quien manipula un sample: la recorta, la da vuelta, la descontextualiza en Buenos Aires y la reinserta con un sentido distinto. La ciudad atraviesa la obra desde el título —un guiño directo al histórico bazar de la ciudad— hasta la gráfica, las líricas y la estructura, alcanzando sus picos en tracks como ‘Sembrando el Trrre’ o el cierre explícito de ‘X Trelew’.  Esta lógica del archivo no es nueva, aparece también en el título de uno de sus discos anteriores, "Pekelandia", donde recupera el nombre del antiguo pelotero de Trelew. 

Así, podemos notar entonces que Choosey parece trabajar con otro tipo de materiales: los restos de la vida cotidiana, los nombres que sobreviven en la memoria oral. Lugares que para cualquier ajeno carecen de significado pero que, para quienes crecieron allí, funcionan como pequeñas cápsulas de tiempo. Ahí, guiños a la cancha emblema de la ciudad para festejar cumpleaños, a localidades alejadas de la provincia, a la plaza donde van los chetos, la peatonal de la ciudad y el histórico vaquero de la quiniela.

Preguntale a tu señora ¿qué señora? la conocí la otra vez
Cuando gritaba mis goles en la en la cancha de Caroqué

Ante y contra todo, no se trata de qué dice el artista sobre su lugar natal, sino de qué puede hacer Trelew dentro de una obra. Qué ocurre cuando una ciudad a 1500 kilómetros de la Capital, sin un imaginario colosal ni postales hiperpopularizadas por los medios nacionales, marca a sus artistas de tal forma que terminan llevándola como una medalla en el pecho.

Choosey no pretende disimular esa distancia territorial ni romantizarla mediante un recurso nostálgico o pintoresco. No hay una Patagonia de exportación ni una voluntad pedagógica de explicar el territorio para quien no lo conoce. Trelew aparece como están las cosas que se llevan encima sin darse cuenta: una forma de nombrar, una inflexión en el habla, una referencia que para cualquier ajeno resulta insignificante pero que para quien transitó esas calles cobra una densidad particular.

Ahí radica la tensión del trabajo. Para quienes crecimos allá, escuchar la toponimia local dentro de una métrica urbana produce un enrarecimiento productivo: la ciudad resulta demasiado cotidiana para funcionar como mito, pero demasiado lejana del centro mediático para no generar extrañeza. Choosey entiende la maniobra, no necesita representar a Trelew, puede samplearlo.

El archivo de la periferia

Esa lógica de acopio rige también la forma en que el disco dialoga con la cultura con la que Choosey se formó. Frases como “vengo del pueblo del que te conocen solo por chapar” o “si ya soy medio conocido en capital imaginate cuando camine por la peatonal” exponen el contraste entre la metrópoli como validador de éxito y la plaza local como prueba de fuego definitiva de esa “fama”.

Hay también un archivo muy concreto de la memoria juvenil: guiños a las batallas de Red Bull y Kódigo, fragmentos de radios locales, juguetes de la infancia y sintonías televisivas provenientes del universo de "Casi Ángeles" y Oro 600. “Tengo conexiones desde Buenos Aires hasta Telsen”, dice Choosey en uno de los momentos en que esa cartografía deja de ser una referencia lateral y se vuelve parte de su identidad.

El disco opera sobre ese repertorio sin pretensión alguna de dar una traducción. Históricamente, la producción cultural fuera de Buenos Aires ha cargado con la exigencia implícita de fundamentar o justificar su procedencia, mientras que el relato porteño se concede el privilegio de la universalidad. En ese sentido, nombrar a Trelew o Telsen de manera natural, sin pedir permiso ni dar explicaciones, expresa una posición donde Choosey no busca demostrar que su origen merece ser relevante, actúa como si ya lo fuera.

Dos samples porque tres me lo bajan

Hay algo particularmente chooseyano en su relación con el sampleo, una especie de desobediencia convertida en método. “Dos sampleos porque tres me lo bajan”, bromea, pero detrás del chiste existe una historia concreta. "Mitosis en el Estudio", su primer álbum, terminó siendo retirado de las plataformas digitales por el copyright de las muestras, y "Pekelandia" tampoco se encuentra disponible en su forma original por problemas similares.

La paradoja es que el sampleo no funciona en Choosey como un ornamento ni como una manera de esconder una falta de material propio. Es, justamente, uno de sus modos de composición. Toma un fragmento, lo extrae de su contexto y lo obliga a convivir con algo que, en principio, no le pertenece. Una publicidad antipiratería de los 2000 puede convivir con un reggaetón viejo; un audio de una radio de Trelew puede aparecer dentro de una producción contemporánea; una referencia a la cultura rap puede ser sometida a una nueva métrica. Flor Viva describió esta operación como una sucesión de “Frankensteins musicales que cobran vida”: una imagen precisa para una obra que parece encontrar su identidad justamente en la colisión de materiales que, aislados, pertenecen a universos diferentes.

Pero "Chirolas!" introduce una diferencia importante. Después de haber comprobado los límites concretos de trabajar casi exclusivamente con materiales ajenos, Choosey parece haber empezado a construir desde otro lugar: no abandonar el sample, sino rodearlo de una cantidad cada vez mayor de elementos propios. El resultado no es un artista que deja atrás su método, sino uno que empieza a dominarlo con mayor libertad. En ese sentido, "Chirolas!" suena menos como una colección de referencias y más como una obra capaz de absorberlas.

Una voz que ya no necesita permiso

Ese proceso también se escucha en la voz. Hay artistas cuya identidad está inmediatamente asociada a una forma de producir; en Choosey, la voz funciona como una segunda firma. No solamente porque tiene una textura reconocible, sino porque parece haber aprendido a desplazarse dentro de producciones cada vez más diversas sin perder su centro.

En "CHIROLAS!" puede pasar del fraseo más estrictamente rapero a registros más melódicos, apoyarse sobre bases cercanas al reggaetón o al R&B y volver a una métrica más cercana al boom bap sin que la canción deje de sentirse suya. La voz no está simplemente puesta encima de los beats, sino que se comporta como otro material de producción.

Y ahí aparece una de las evoluciones más interesantes respecto de sus trabajos anteriores. Si en los primeros discos buena parte de la sorpresa estaba depositada en qué sample iba a aparecer después, ahora la voz de Choosey empieza a ocupar ese lugar de imprevisibilidad. Puede torcer una frase, cambiar su cadencia, exagerar una pronunciación o apoyarse de una manera particular sobre la base y convertir algo reconocible en otra cosa. Es una operación similar a la que realiza con Trelew: tomar algo que ya existe y modificar su contexto hasta que vuelva a escucharse.

Por eso resulta difícil separar su voz de la lógica general del álbum. "Chirolas!" está lleno de materiales reconocibles, pero casi nunca aparecen en estado puro. Él los corta, los superpone, los deforma y los hace convivir con algo propio. Su voz hace exactamente lo mismo.

Un mapa hecho de sonidos

La amplitud de "Chirolas!" podría hacer que el álbum se desarme. Hay demasiadas puertas de entrada: trap, boom bap, reggaetón, dembow, R&B alternativo, electrónica; productores diferentes; samples provenientes de décadas distintas; referencias que saltan del rap argentino al pop televisivo de los 2000, etcétera, etcétera y etcétera. Sin embargo, el disco no parece interesado en resolver esas contradicciones. Su cohesión aparece justamente en la manera de procesarlas.

Choosey es una anomalía dentro de un under que muchas veces organiza su identidad alrededor de géneros, escenas o estéticas fácilmente identificables. Él parece trabajar al revés: primero acumula materiales y después encuentra qué pueden hacer juntos. Es menos un coleccionista de referencias que un alquimista de residuos culturales. Y en esa alquimia, Trelew vuelve a aparecer una y otra vez, porque quizás el territorio no sea solamente aquello que Choosey nombra en sus canciones. También está en su manera de mirar. En la capacidad de encontrar material donde otros no lo encontrarían: en una radio, en una publicidad, en una canción olvidada, en una frase escuchada durante la infancia, en el nombre de una calle, en un pelotero llamado PEKELANDIA. El archivo personal y el archivo territorial terminan funcionando bajo una misma lógica.

En "Chirolas!", el regreso al origen no implica un retorno físico ni una mirada melancólica a la ciudad que lo vio crecer. Funciona como un catálogo de insumos —imágenes, expresiones, voces y sonidos— listo para ser cortado, pegado y resignificado en cualquier otra parte. La mayor virtud del álbum reside en esa premisa: entender que para construir algo con el lugar del que uno proviene no hace falta convertirlo en leyenda. Alcanza con nombrarlo, deformarlo, samplearlo y llevarlo puesto hasta convertirlo en una metodología de trabajo.


Escucha "Chirolas!" (2026) de Choosey en Tidal, YouTube, Qobuz, Apple Music y Spotify:

Publicado el 08/10/2026