Orion XL: “No se trata de David o Goliat, sino de la gomera”

Orión XL, un gigante del rap argentino, volvió después de diez años de su último disco, el clásico “Kaos & Armonía”. Retoma la acción con "Ictus" y una guerrilla de barras para un mundo hipervigilado.

En Plaza Italia, 7 y 44, nos encontramos con Orion XL. En esta plaza de La Plata hizo guita de macanas y mala fama cuando era pibe. Ahora la camina con la misma pelada -que disimula los pocos meses que le quedan para los cuarenta-, abrigo de fines de invierno y una bolsa de mandados llena de chorizos que va a provocar la envidia de canes adiestrados y callejeros durante nuestra hora y media de charla. Acaba de publicar un disco después de diez años, y la autogestión en este nuevo panorama lo tiene cansado.

Desde esta ciudad hizo escuela con My-T, Raptores Records y B2 Crew. Su álbum “Kaos & Armonía”, de 2016, no solo es un clásico del rap argentino, sino que es una síntesis en el punto más alto de todas las virtudes que encontró el género en este suelo: influencias de reggae y rock; un arsenal de metáforas, analogías, referencias y conocimiento puesto en un fraseo que se sabe libre y capaz de apelotonar terminaciones con gusto; y la seguridad de que una obra puede ser más grande que los individuos que la firman. De distintas maneras, elementos de todo lo que cinceló en ese disco se encuentran en hitos recientes, como “Valle Chakal Ki” de Alkoy y “Ballet Para las Masas” de Nasir Catriel y fasciolo, pero los ejes discursivos del rap argentino están desfasados de su visión.  

Orion compartió generación con Sara Hebe, Javier Ortega, Kris Alaniz y La Conección Real, entre otros figuras que han alzado la voz contra las injusticias desde el activismo Hip Hop en los barrios y desde una postura antifascista. En los últimos diez años esa praxis se fue difuminando en la escena. Por cada Willy Bronca aparecieron decenas de raperos persiguiendo fantasías de poder donde la norma es el sálvese quien pueda. Para el Chino, como le dicen los amigos, el mayor punto de enajenación fue en la pandemia: “Veía que los pibes estaban hablando de ‘money and bitches’ con esas mierdas pasando y decía: ‘¿yo soy parte de este género?’”. Esa crisis todavía lo aleja de buena parte del circuito: “No son charlas que pueda tener con mis colegas. Cuando les hablo de estas cosas me miran como si fuera un alienígena”.

“Ictus”, publicado en tres partes por YouTube en abril, mayo y junio de este año, es su nuevo álbum. Ictus, también, es sinónimo de ACV, de derrame cerebral. La imagen ilustra un trauma personal y generacional: la llegada de una nueva derecha al poder, la pandemia y el avance de tecnologías comunicacionales para manipular la opinión pública. Para un rapero como Orion, de convicciones fuertes y la necesidad de seguimiento de la política local, nacional e internacional, el bombardeo de malas noticias fue motivo de parate y replanteo total. 

Igual que en sus letras, Santiago Freira platica con un vocabulario extenso, que bien podría ser de un académico, y las puteadas más virulentas. “Tengo la tozudez mogólica de cagarme la vida solo”, me dice, indignado consigo mismo y todas las trabas que le ponen sus propias ideas en un mercado capitalista. Conoce los agasajos de la industria y sabe de todos los lujos que se pierde, pero la tenacidad de su retórica no le permite ni una concesión piadosa. “Es cierto que por guita baila el mono, pero el mono también puede hacer un montón de cosas por guita, no solo bailar. Prefiero limpiar pisos a estar poniendo en palabras todos estos espejitos de colores que nos vienen a ofrecer como cultura”, remarca.

“El rap es un nicho, aunque esté creciendo, no deja de serlo, y el rap político, como me quieren encasillar, es un nicho dentro del nicho, y yo vendría a hacer rap político para adultos… Soy una mamushka de nichos”, se ríe. Así y todo, detrás del estrés que le trae ubicar sus ideas en una industria donde los grandes jugadores lo contradicen plenamente, se nota que toda la rosca que conlleva la autogestión lo enciende.


¿Qué te pasa con el panorama del rap hoy, después de todo lo que atravesaste?

Hay cierta prostitución del género que me duele, porque veo que mucha gente con la que inicialmente compatibilizaba en términos creativos o de militar la cultura hoy en día está en las antípodas de mi posicionamiento político. Y eso me jode, siento que muchos han sucumbido al cipayaje y que, paradójicamente, son a los que mejor les va, que es lo mismo que pasa en el país. Al final siempre los caballos de Troya son los mejores recompensados.

En el Hip Hop hay una contradicción muy fuerte entre la historia de resistencia afro y los valores de comunidad y toda la otra parte hiperindividualista y exitista del sueño americano. Al final del día cada uno se agarra de lo que más le quepa entre todo eso para ser parte del movimiento.

Sí, si te pones en KRS-One, que es el papá del rap conciencia -si le queremos poner esa palabra-, no es que un tipo que haya desaparecido. Sigue haciendo discos, sigue rapeando. Rakim, que tiene 58 años, también. Y siempre desde lo más underground e independiente posible. Con lo cual te das cuenta también de que no es que eso no exista, sino que tiene otro nivel de repercusión porque no está inserto en una industria masiva. Así y todo, el contenido revolucionario que tiene el rap no lo deja de tener, porque siempre es reivindicativo de los sectores más desposeídos. 

¿Te sentís encasillado en la idea de “rap conciencia” o “rap político”?

Yo no estoy ni por lejos de ser una referencia de conciencia. De hecho me crié acá, en ese kiosco de enfrente, tenía diecisiete años y estaba con un tranza vendiendo porquerías del gitano que vende oro acá, que es dueño de la mitad de los puteros y sigue laburando. He ido a ver soldados vender armas en desuso para la policía y para revender a chabones que andaban robando. No tengo un historial de conciencia.

Esas cosas me hicieron dar cuenta cómo uno puede ser parte del problema o de la solución en nombre del dinero. A mí me hablan de joseo y se me ríen los huevos. Hice cada cosa por sobrevivir. Por eso tampoco me gusta replicarlo porque sí. No me enorgullecen esas mierdas y mucho menos quiero que la gente crea que eso está copado. He tirado más tiros en esta plaza que la policía misma y no voy a hacer de eso un estandarte.

Casi que estás empezando de nuevo, ¿cómo te pegó eso?

Para mí fue un renacer. Pasaron años y hay un público que no me conoce y que hay que reconquistarlo con toda una matriz cultural reconfigurada. El rap antes se asociaba más a Rage Against the Machine, Cypress Hill o a Molotov, si le querés poner, que a la competencia de freestyle. Decir que era rapero en los 2000 era ser por lo menos un músico. Hoy en día es ser un sujeto que se gana el prestigio de los pares a fuerza de insultarse con otros, algo que no tiene un carajo que ver conmigo. Entonces me encuentro tratando de explicar lo que hago en un marco teórico absolutamente distinto.


La trayectoria rapera de Orion empieza en la segunda mitad de los 90, con quince años, cuando en el país las referencias eran Actitud María Marta y Sindicato Argentino del Hip Hop como algo nuevo. Se cruzó a La Plata Breakers Crew y pasó del skate al breakdance. Más tarde se integró a Raptores Records, uno de los tantos colectivos fundamentales del Hip Hop argentino cuya historia todavía queda por contar. Sutil y Benja como dupla de R&B, Juankiz y su afinidad con el dirty south de Lil Wayne o los Apolo 11 en beats de hyphy son ejemplos de lo sintonizados que estaban con los nuevos sonidos de Estados Unidos, algo que en su momento provocaba que los tilden de comerciales y poco raperos. Proyectos como “No Para” y “Unión Bass del Sur” dan testimonio de lo adelantados que estaban. 

El Chino ya se probaba en esos ritmos modernos fuertes y mecánicos simil crunk como ‘Motores’ y ‘Flow de Contrabando’, mientras que también se alimentaba de la militancia en otro grupo: B2 Crew (Bastardos Crew). Ahí estaban Under MC, Kofke 117 (antes conocido como Alex Heduvan) y Emanero, con quienes ha cruzado versos en múltiples proyectos. Entre todos ellos destacaba por su agresividad, la complejidad de sus letras y esa forma propia de entonar y caerle al beat. En 2008 publicó su primera maqueta, “Nosocomio”, y con “Rumores en el Ventrículo” de 2009 e “Ingravidez” de 2011 ya cimentó su estatus en el rap argentino, que todavía luchaba por salir del amateurismo. 

Das muchas entrevistas, pero casi siempre hablás más de política que de otras cosas. Antes que eso, quería repasar tu carrera y los orígenes de tu camada en el rap platense. ¿Cómo empezó tu contacto con el rap argentino?

Yo me empiezo a agrupar con raperos cuando aparece uno de los primeros realities de formación de bandas, que copiaba un poco lo que pasaba en MTV en esa época. Ahí aparece Misionero, que rapeaba y bailaba break. Lo mismo hacía Frescolate y el Negro Núcleo a.k.a TintaSucia. Fueron los primeros tres que conocí que hacían algo parecido a lo que me gustaba a mí. Después aparece My-T, que hasta día de hoy es mi productor, y aparece el primer grupo de rap de acá de La Plata, que se llama La Familia, con DJ Perro, FatalB y él. A mí me apadrinan un poco porque ellos ya querían consolidar un sello con otro grupo, Apolo 11, que eran Buyer Ragga Style, Topo Cero Uno y Argerax. Ahí se suman Sutil Versátil, Xtasy, JuanKiz y Benja Lopez Barrios, entre otros, y se arma Raptores Records.

¿Cómo es que con Raptores estaban tan en sintonía con lo que sonaba en Estados Unidos?

My-T y Sutil, que son hermanos, venían de Christiania, Dinamarca, con toda una escuela del rap que se escuchaba allá, que era el mismo que sonaba en Estados Unidos. Cosas que acá llegaron diez años después. Ellos nos traían trap y un montón de géneros que recién ahora están explotando. Cada vez que veo a algún hijo de puta que se atribuye haber hecho escuela con eso acá se me ríen las bolas… Si supieran. Pero al final el mérito de la historia siempre es del que la cuenta.

¿De Dinamarca venían?

Sí. Los padres de ellos se refugiaron allá en la época de la dictadura, porque la madre fue una militante montonera toda la vida. De hecho, My-T nació mientras ella estaba presa acá y, cuando la liberaron por falta de pruebas, se dieron a la fuga para que no los mataran. Recién volvieron a los 17 años suyos, 14 o 15 míos. Ellos son correntinos de toda la vida: volvieron a Corrientes, después se vinieron para Buenos Aires y terminaron en La Plata, donde los conocí. Hablamos de gente que era pionera desde la música hasta el cultivo de marihuana. En esa época acá, en términos de lo prohibitivo, ver una planta de marihuana era como ver un kilo de cocaína.

¿Tenían algo así como objetivos de una carrera musical en ese momento?

Yo lo hacía por el respeto de los pares y para ser bueno en lo que hacía. Eventualmente, para ser referente, poder salir afuera y, desde la Argentina, tener algo que aportar al mundo dentro de ese género. Pero no había una estrategia de “Grabamos, distribuimos, agarramos los dólares y con eso reinvertimos”. Todas esas cosas aparecieron mucho después, cuando empezamos a ver cómo se manejaban las nuevas generaciones, que habían entendido la herramienta comunicacional mucho mejor que nosotros. Nosotros íbamos con la lógica de que, si eras bueno, eventualmente el teléfono te iba a sonar. Y muchas veces era así; muchas veces, no.

¿Tienen grabaciones de esa época?

Sí, pero han muerto en discos duros del siglo XII [risas]. De hecho a My-T hace poco le dije de hacer un remake de lo que consideramos nuestros nuestros hits. Hay mucha data dando vuelta. Nos pusimos a hurgar y tenemos cosas desde el 2005. ¿Quién sabe cuántas maquetas? Ni hablar de los cuadernos que hemos perdido.

¿Cambió algo de todo eso con “Nosocomio”? Es tu primera referencia fuerte en la línea cronológica.

En 2008 me entrego a dejar algo grabado para que hubiera una prueba real de que hacíamos eso. Ahí arranca MySpace, que era una locura. Estábamos haciendo los primeros pasos de un programador sin saber una mierda, copiando y pegando código para que te cambiara el layout del fondo [risas]. Y lo loco es que así llegamos a un montón de gente a la que, de otra manera, hubiera sido imposible llegar.

¿Cómo aparece la B2 Crew?

En ese momento Bastardos era una de las crews más representativas de Buenos Aires junto a ZNC, de Zona Norte, de donde salió el Malandro, por ejemplo. Esos dos grupos estaban tan vinculados que muchos miembros participaban de ambos. Yo conozco a Under MC porque él grababa en el estudio de My-T y, como ellos ya me conocían, me invitaron a formar parte del grupo. También estaban Bruk, Soer, Past, BR1, Lnano Alex, entre otros. Me copé porque en ese momento eran de los que más se comprometían con el Hip Hop como forma de vida.

Siento que en ese momento ya había en algunos una semilla del rap más combativo que después terminaron haciendo, por ejemplo, Sutil y vos.

Nosotros en esa época estábamos de joseo. Eramos pendejos queriendo pasarla bien y para nosotros no iba más allá de tener buenas noches de caravana con los pibes, fumar porro y terminar con algún culito. Sí que siempre tuvimos conciencia de clase, si le querés llamar así, de que había un lugar por el que no se iba. También en esa época los géneros no estaban tan atomizados como ahora. El dancehall, las primeras cumbias, todo lo que era rapeable era como una bola de subcultura urbana que compartíamos. Se me viene a la cabeza Luis Alfa de C4 Reggae Combativo. Nosotros nos influimos un poco de esa lógica porque también lo que llegaba era en esa clave. 

¿Quiénes siguen en actividad de la camada de Raptores?

Sutil sigue activando, hace sus disquitos. My-T obviamente es productor y ha trabajado con varios: Big Deiv y los Bardero$. Buyer no sé qué hizo. Cero Uno, no el actual sino un chabón de Ciudadela, era un loco que salió a flote en la época del “rap de barrio”, como le dicen, ese rap medio tumbero. Ahora es abogado, las vueltas de la vida [risas]. Benja terminó siendo productor de Emanero y haciendo grandes discos. Todos hicieron su piruetita, pero rapeando creo que quedamos Sutil y yo. Y es jodido porque también tenés que encontrarle la veta económica. Si no tenés una buena estrategia, estás complicado. A mí me pasa, pero asumo el costo de mis elecciones.

¿Y qué hace que sigas?

Una obstinación idiota al creer que, de alguna manera, esto construye sentido. No sé si común, pero sentido al fin. Y tratar, como mínimo, de poner en discusión cuestiones que para mí son trascendentes a la hora de construir una sociedad. Hay una necesidad también de catarsis, que es un poco por lo que empezamos. Yo creo que lo peor que me podría pasar es tener un buen laburo y un buen sueldo [risas], porque me faltaría el hambre de poder trascender con lo que me gusta. Soy un tipo que vive de lo que hace, a veces peor, a veces mejor, y muchas veces me cuesta más que otras. Pero no deja de ser justamente por esa sensación de estar aportando a procesos históricos.


A lo largo de nuestra conversación, Orion casi no habla de música. Está más encascado en entender de dónde viene y a dónde van los tejemanejes del circuito y el futuro de la humanidad. Su proceso creativo es algo que da por hecho y su anecdotario personal queda chiquito frente a los temas que lo ocupan. Así y todo, “Ictus”, como todos sus proyectos, está lejos de ser un desgrabado plano de su ideología. En él explora nuevos terrenos, como el tumbado caribe de ‘Gardenias’ y el swing nigeriano de ‘Cirse’. Con My-T también viajan a Oakland para recoger el funk de ‘Groove Redentor’ y terminar en Jamaica junto a Alikaa para ‘Victoria’.

“El Síntoma”, “La Terapia” y “El Duelo” son las etapas que atravesó durante los tiempos críticos entre disco y disco. Así dividió la obra, con la crisis como hilo conductor y su propio camino como ejemplo para entender una militancia posible en la década del 20. Del desconcierto sale ahora a machetazos, con más certeza que nunca de sus propias ideas.

Ayer fue el oráculo de Delfos lo que hoy son las IAs
Virtual empatía, normal que te decepciones
Si Dios ni Siri ni Alexa responden tus oraciones
Cachito (Shh)

¿Cómo te trata tener que poner tu obra en el mercado, la difusión, la distribución y demás?

Me está quitando bastante el sueño y es motivo de bruxismo. Por un lado tuve que posponer la presentación del disco por falta de una difusión grande. Por el otro, personas de compañías como Sony o EMI me han propuesto a través de agentes de prensa internacionales de pagar mil dólares mensuales para que me muevan y me pongan donde lo pueda hacer ver. Spotify, Apple Music y demás son clave porque toda esa prensa de difusión tiene que terminar ahí. Hace poquito hablaba con una gente que tiene una empresa grande que está la mitad del tiempo de Estados Unidos, la mitad del tiempo en Argentina, para ver las posibilidades de trabajar el disco. Me dicen, "Estamos rebotando un montón de artistas porque no damos abasto". Y cuando vos ves a esos tipos están dando charlas en la UADE de balances, no de cultura.

Has conversado ya en otras notas sobre el dilema de poner o no el material en Spotify. Entre sumarse a una plataforma con muchísimas tramas turbias o, en su defecto, quedarte fuera del ojo público.

Es el anonimato o la prostitución de la información. Es cierto que una burbuja menos en el mar no va a modificar la composición química del océano, pero capaz que entre un par de burbujitas logramos algo. También ese arrastre depende de que la gente se entere de tu existencia. No me pretendo un Robin Hood de la cultura, pero sí por lo menos queremos ocupar esos espacios de poder para disputarlos. Un martillo puede ser una herramienta o un arma, depende cómo lo uses. En una tecnoutopía de Orion me gustaría que nos apropiáramos de los medios de producción. Que Spotify sea del pueblo, no del CEO que quiere invertir en drones para matar niños.

Muchas veces estas discusiones llegan al punto de que “no hay consumo ético bajo el capitalismo”.

Es la gran paradoja de la sociedad, yo creo. De repente me veo a discutiendo con gente porque Palantir es el ojo que todo lo ve, el panóptico digital en nuestro celular, en tu baño, en tu living. Y, paradójicamente, aún así la tecnología es una herramienta, de las que han hecho que la humanidad sea humanidad. Está la noticia del 10% de probabilidades que nos extingamos como especie porque la IA va a superar la inteligencia humana, y la única diferencia entre hacer de eso una herramienta o un némesis es la cuota de humanidad que vos le permitís. Si la herramienta no tiene la limitación de la moralidad, es muy probable que se vaya a la mierda.

¿Qué balance hacés de tu tiempo trabajando con el sello Pop Art en “Kaos & Armonía”?

Hoy en día lo agradezco, por un lado. Pero, por el otro, ahora que estoy libre de lo contractual empiezo a ver que me entra una guita que antes no me entraba. Claro, era la difusión a cambio de eso. La experiencia con ellos también fue un poquito el motivo de parar un poco la pelota. Me vi rodeado de gente que, si bien eran copados y tal, eran de otro palo. Tipos mucho más grandes que yo, que venían puestos por la compañía, tercerizada al mismo tiempo a través de otra compañía. Cuando me quise acordar, estaba con rockeros de los 70 que no cazaban un fulbo del rap preguntándome a mí qué tenían que hacer, cuando tenían tareas de stage manager y yo no les iba a decir cómo hacerlas. Todo para sacarme el 30% de lo que generara. Cuando me acuerdo pienso: “¿Con qué necesidad?”. Todo por un enroque de diez mil millones de entrevistas para que nunca se consolide nada. Fue tanto tiempo perdido y tanta guita regalada al pedo que no voy a cometer el mismo error.

¿Cambió mucho la industria en ese tiempo?

Las grandes compañías comprendieron que para masificar algo tenés que generar la ilusión de éxito y la ilusión de éxito se genera mostrando números imposibles. Las redes permiten mentir como nunca. Antes que te vaya bien era estar en televisión y en radio. Una vuelta mi ex mánager me dijo algo muy cierto: ahora hay aplicaciones para comprar seguidores y antes era pagarle a un call center para que llamara a la radio a pedir un tema. Es otra forma de lo mismo. También hay mucho financiamiento de narcos. Conozco chabones que laburan con prestamistas que lavan plata en la música, como lo hacen en barberías o en supermercados que se llaman “El Choto Peludo”, con tal de hacer un negocio aparte. No solo en el rap: la salsa tiene mucho de eso, de peruanos lavando plata de la cocaína que traen. Hay bandas que tocan para veinte personas y están cobrando dos mil, tres mil dólares. Eso se sostiene porque están blanqueando lo que hacen en negro.

El salto de las maquetas “Nosocomio”, “Rumores en el Ventrículo” e “Ingravidez” a “Kaos & Armonía” fue muy grande en todos los aspectos. ¿Qué te motivó en ese entonces a crear una obra de semejante envergadura?

Yo soy muy consciente de él que realmente le presta atención y se hace eco de lo que vos estás diciendo termina incorporándolo como parte de su vida, porque a mí me ha pasado también con otros artistas. En consecuencia quisimos dejarle a los demás algo memorable, estética y psicológicamente. Que por lo menos tengan un intento de trascendencia. Ese valor agregado del cariño, del amor, de la dedicación, de lo artesanal.

Ahora hicimos ese mismo camino, pero entendiendo que a veces esa exquisitez te demanda una estructura económica que en este momento no tenemos. Y no por eso dejamos de hacer.


Entre “Kaos & Armonía” e “Ictus” hubo un disco frustrado. Se iba a llamar “Factor Humano” y conflictos entre el equipo de producción impidieron que se concrete. A principios de este año el Chino publicó un tema homónimo que, junto a algunos videos extraoficiales, da pauta de lo que podría haber sido. “Humano, el único eslabón de la creación / Dispuesto a llevarse a la propia extinción por ambición”, repite el estribillo agrio que contrasta con la energía hardcore de los temas más contestatarios de “Ictus” y más aún con esa capa G-Funk de ‘Brea’ y todo el ánimo para levantar la mirada de “El Duelo”, la tercera parte. 

Más allá de los problemas internos del equipo creativo, “Factor Humano” naufragó por un cambio a nivel mundial en la política: la llegada, o más bien el destape, de la manipulación por redes de la mano de empresas como Cambridge Analytica, Team Jorge y Archimedes Group, cuyo empuje impulsó al poder candidatos ultraderechistas como Jair Bolsonaro y Donald Trump. En Argentina ese modus operandi se expresó ya en el ballotage de 2015 entre Daniel Scioli y Mauricio Macri.

Macri, Milei, Menem
¿Sultán o visir? ¡El mismo meme!
Cachito (shh)

Te escuché decir que la llegada de Macri al poder en 2015 te cambió la cabeza. Siendo que jamás fuiste acrítico hacia el kirchnerismo, ¿qué te marcó de esa transición?

La primera vez que prendí fuego un neumático en frente de Comodoro Py, haciendo un piquete a Cristina por la libertad de los presos políticos que habían caído por romperle un local a Jorge Sobisch, el gobernador que mandó a matar a Carlos Fuentealba en el sur. Con lo cual, yo era antikirchnerista como ninguno. En esa época me habían propuesto militarle la causa a Scioli para hacerle contrapeso a Macri. Cuando entendí de dónde venía Macri dije: "No, esto no puede ser." Aparte el manco no se dejaba ayudar [risas]. Qué loco, ¿no? Que haya que elegir siempre entre el mal menor. El justicialismo y el kirchnerismo tienen más muertos adentro del placard y más mugre bajo la alfombra que ninguno, y no por eso el macrismo, que es un neomenemismo, y el mileísmo, que es un neomacrismo, son gente impoluta. Vienen de la misma estrategia dictatorial, con las mismas embajadas, pero del lado de la derecha, mientras que el kirchnerismo viene a ser una cara populista lavada. Pero bueno, todo termina en la geopolítica porque, paradójicamente, la política no se puede entender si no es de arriba hacia abajo. Cuando entendés que hay bloques de poder disputándose la hegemonía de los territorios y de los recursos es cuando comprendés la política doméstica. Si no, todo muere en trivialidades moralistas donde unos bandos les reclaman a los otros lo mismo que hacen ellos.

Todo eso te agarra cuando dejás de sacar material.

“Ictus”, que es el disco que estoy defendiendo ahora, es un poco la consecuencia de esa sintomatología, de ver que esa polaridad también tenía puntos en común que, al final del día, eran insoslayables. Si mis posibilidades eran militar a Scioli para que no ganara Macri, bueno, ¿qué mundo nos esperaba? Porque la realidad es que eran un poco la misma mierda con distinto olor, y lo siguen siendo. Por algo están ahí haciendo el mismo caldo de cultivo.

Fue un quiebre que me obligó a parar la pelota porque pasaron cosas muy distópicas. El giro hacia la derecha, que ya se venía gestando con los bots y la embestida de estrategias comunicacionales en redes, me dejó en una, porque no entendía cómo podía ser real que, si yo todo lo que veía a nivel popular era una cosa, en las elecciones pasara otra. Es algo que ojalá algún historiador se dé la tarea de desandar luego, pero que hoy en día cristaliza con un Fernando Cerimedo preso, tratando de dar explicaciones al respecto de cómo influyen las redes en la opinión pública para torcer elecciones. 

¿Y la pandemia cómo te afectó?

En ese momento me hackeó. Anthony Fauci, siendo el encargado del Ministerio de Salud en Estados Unidos, salió a decir que la culpa era de los chinos. Qué Wuhan, que el pangolín y que no sé qué. Después cometió el gravísimo error de dar un entrevista donde decía que Estados Unidos estaba en esos consorcios y puntualmente en ese laboratorio. No podían quedar afuera por una cuestión de seguridad nacional. También fue un quiebre psicológico para mí, porque cuando te ponés a hilar fino, es una investigación quimérica: virus básicos, potenciados por la manipulación humana para ver qué tan virulentos pueden ser. Y ahora la IA está generando nuevas variantes que no existen en la naturaleza, que es la parte recargada, así que no me extrañaría que venga un nuevo virus cuando le apriete el zapato al imperialismo.

Es común que estos análisis parezcan una gran conspiración.

Es tan distópico que uno no puede creerlo. ¿Sabes cuándo lo terminas de creer? Cuando ves la noticia de que un pibito busca cómo hacer una masacre escolar y le cae el FBI a Quilmes. Si cometiste el error de poner la palabra clave incorrecta, los tenés pateándote la puerta. Eso es un caso extremo, pero yo conozco compañeros de militancia, gente sin un cargo político, que están presos por decir que había que matar a Patricia Bullrich. Y hace seis meses están en cana. A compañeros de Quebracho les pasó lo mismo. Luis D’Elía y Fernando Esteche —uno tiene fama de aprovecharse de las cooperativas de terrenos y el otro de cooptar el movimiento y tener contacto con iraníes, y todo eso tiene un poco de cierto— estuvieron presos estrictamente por lo que dijeron, no por haber cometido un ilícito puntualmente. Cometieron el error de levantar un poco la voz y pasaron cuatro o cinco años presos. Y no los juna nadie, los juno yo porque vengo de la militancia popular. Como ellos te puedo mencionar al Boli Lescano y por lo menos cuatro o cinco personas más que estuvieron presas por irse de boca.

A lo largo de tu obra, la violencia aparece de distintas formas. ¿Creés que sea la forma de cambiar el mundo?

Es una de las de las variables que más me demandan energética y psicológicamente, porque me pregunto qué cambio democrático puede haber en una democracia que está atravesada inicialmente por la sensación de abundancia de las grandes mayorías creadas a través de algoritmos. El caso Cerimedo, que descubre una red de financiamiento estadounidense a favor de generar bots o cuentas falsas para inclinar la opinión pública a favor de las derechas en toda Latinoamérica, lo deja bastante obvio. ¿Qué peso participativo tiene tu voto o el mío si la mitad del electorado va a votar lo que los algoritmos le digan? Para colmo los algoritmos te dicen certezas. Vos lo escuchás a Milei en su campaña y le tenés que dar la razón en el 70% de las cosas que dice.

¿En qué le das la razón a la ultraderecha?

Cuando señalan cómo se usufructúa de valores legítimos como la justicia social. Un mundo sin justicia social no sería digno de vivir. En eso estamos de acuerdo. Ahora, hicieron plata con eso de todos colores y robaron con ese discurso de todo colores. A su vez, los escuchás hablar de los zurdos y acá no hubo un gobierno de izquierda nunca. Cristina Kirchner, con todo lo zurda que se quiera decir, no deja de ser una socialdemócrata. Yo siempre sostuve que el populismo de centro-izquierda vino a diluir el potencial revolucionario. 

¿Y lo lograron?

Arranqué militando en Quebracho porque eran los únicos tipos que se le paraban de mano a la policía. Todos los que estaban al lado mío revoleando piedras y prendiendo fuego neumáticos hoy están en un puesto municipal. Los que realmente iban a hacer un cambio revolucionario terminaron presos y apartados de las organizaciones. Entonces ni siquiera en la militancia de base hay dispositivos que te permitan una revolución viable. Y ni hablar de los infiltrados. Ahí la tenés a Patricia Bullrich que fue montonera toda la vida y mandó a matar a todos sus compañeros. 


La primera vez que escuché el apellido “Netanyahu” fue en 2015, en el ‘24/Siempre’ de Orion. El primer ministro de Israel, cara del genocidio que sucede en Gaza en tiempo real, es uno de los cientos de nombres propios que el platense suelta en sus tracks, no para vanagloriarse de su conocimiento y su sana moral, sino como dardos cargados de información que el oyente puede investigar. Así se conforma un estilo de escritura minado por tramas calientes de todo el derrotero humano, desde la mitología griega y bíblica hasta el último bochorno del gabinete de Milei. 

Su capacidad de síntesis se puede comprobar en ‘Rap Contra el Racismo II Argentina’, donde conecta la gran historia africana en un único verso con una claridad demoledora. Justamente en ese ciclo se pueden encontrar varios de los lugares comunes del absurdamente apodado “rap conciencia”. Una postura que se juzga ortodoxa por haberse convertido en un espacio para soltar consignas panfletarias sin demasiada reflexión ni propuesta. De este estereotipo Orion se diferencia por su musicalidad y por la profundidad incómoda en las que se embarra cada vez que se lo propone. Frente al micrófono siempre práctica nuevos fraseos en los que cambia de lugar silencios y pulsos fuertes entre las elipsis de pin y pin que une las tramoyas bélicas en su pizarra.

La preocupación por la geopolítica del Chino es cada vez mayor y sigue cada movimiento de la guerra en Medio Oriente y las decisiones que se toman en Washington D.C. En “Ictus” es más explícito que nunca. “ICE con tu voto le limpia a Trump el escroto”, escupe en la intro, ‘Jaguar’, y luego señala que “Caracas va rumbo a ser Bengasi”. En ‘Intifada’ arremete con un clásico storytelling rapero, donde no cuenta la vida de un maleante sino la de un palestino y el contexto que lo empuja a unirse a las brigadas Al-Quds para defenderse de la ocupación.

“Toda la gente con la que coincido a nivel intelectual y político son gente que ha muerto de manera trágica. Desde un Guevara hasta un Patrice Lumumba, disuelto en ácido para que no quede ni su recuerdo”, cuenta. Pero eso mismo es lo que le da valor: “Si [los poderosos] tanto la tienen en contra de esa gente por algo será”.

¿Si no hay futuro? Habrá que inventárselo
Brea

En ‘Sabotaje’ decís “El karma histórico es cómico / Escaramuzas tuercen el destino / Y ahora el latino conquista USA”. ¿De dónde viene esa idea?

Una vez pude conversar con el presidente del parlamento australiano, que por esas vueltas de la vida terminó siendo un tupamaro exiliado. Yo estaba militando en esa época y le preguntaba a él, siendo un tipo que agarró fusiles para ir a combatir la dictadura uruguaya, cómo se sentía estando en la embajada estadounidense charlando con los yankees a conciencia de que eran el enemigo. Y él me decía algo que me dejó bastante picando la pelota: que te sorprendería el peso político de la opinión latinoamericana en Estados Unidos, entre demócratas y republicanos. Ahí comprendí que también hay una cuestión de etapas históricas, donde el karma tiene su vuelta y de repente lo latino, que había sido tan avasallado por el imperialismo estadounidense, logró la venganza de coparle el territorio y obligarlos a hablar en español. Por eso Donald Trump hoy en día patea el tablero queriendo nacionalizar todo y cerrando fronteras, porque se dio cuenta de que abrirse al mundo era dejar entrar la quinta columna. En Europa lo mismo. Le echan la culpa a Ceuta, al Magreb, al norte africano, de lo que les pasa. Y la culpa es de quienes depredaron toda África al punto que los africanos tuvieron que buscar una mejor vida en lo que ellos consideran el primer mundo.

¿Algo de todo esto te da esperanza?

Le tengo fe a los BRICS como cambio de paradigma porque de repente China entendió que no se puede. Con los siete mil años que tienen a favor, entendieron que no se puede cagar a tiros a todo el mundo. No disuade con la ofensiva, pero sí con la defensiva.

Es, en términos historiográficos, fascinante este proceso que nos tocó atestiguar.

Y ahora estamos viendo las miles del sur global, donde por más que el capitalismo esté en su fase terminal y quiera imponerse nuevamente a fuerza de sanción y buque militar, hay un BRICS que se lo pasa por las pelotas. Es la primera vez que, desde que tengo memoria, veo al monopolio estadounidense y de la OTAN llamarse a guardar y a replantear la estrategia. Los BRICS representan el 70% del comercio internacional y el 40% de la economía internacional, y eso no lo resolvés cagándote a tiros. Eso tiene que ver con política de cooperación. En ese sentido tengo un optimismo porque más tarde o más temprano la solidaridad es lo que saca al hombre a flote.

Fíjate cómo un pueblo que no figuraba en ningún lado, como lo fue el persa, le paró el carro a la maquinaria belicista del complejo militar industrial estadounidense. La semana pasada sale en solidaridad un pueblo como es el yemení, que son tipos en chancletas y túnicas cagados de hambre, les cierran el otro estrecho y se ven obligados a meterse en los tanques y los buques en el ojete. Te pararon la economía internacional a fuerza de bloqueo. Entonces la estrategia muchas veces no tiene que ver con quién es David y quién es Goliat, sino con la gomera.


‘A.M’ es la perla del disco. Transcurre al cierre del “Síntoma", la primera parte, y encuentra a Orion hablando a solas con la ciudad. Un coro lo acompaña despacio y atestigua sus preguntas sin respuesta, el fondo vacío de su botella y su palacio con goteras. Su mayor enemigo es la pasividad, la forma en la que todos aceptamos la corrupción de la especie. En ‘Cachito (Shh)’ reclama “Chicos vuelan en pedacitos y hablar es delito”, pero sabe que la censura más efectiva es la naturalización. Por eso en ‘A.M’ escurre la ansiedad generada por todo lo que no le contestan. “Si el silencio es salud, que me internen”, desafía. 

La indiferencia es la peor forma de homicidio
Eco en el silencio

¿Por qué alzar la voz? 

Caigo siempre en Hannah Arendt, judía analizando los juicios de Núremberg y como la banalidad del mal que ella esboza tiene que ver con la inacción. En esos juicios lo que veían eran simples soldados cumpliendo la orden que le llegó a través de un papel. Que si no lo hacían terminaban en juicio, que no era su culpa. Pero el no hacer también era parte de su responsabilidad, y lo eligieron. Eso también me obliga a mí como sujeto político y cultural a determinarme por hacer.

¿Qué lugar puede ocupar la música ahí?

Qué triste el mundo si tuvieras que solo pensar como te conviene, ¿no? Si prevalece la conveniencia por sobre la humanidad vamos a un mundo de mierda y más que merecido desaparecer como especie. En esto no me quiero poner católico apostólico romano [risas], pero las grandes religiones tienen todo ese éxito justamente porque el humano tiene esa búsqueda de trascendencia. La única trascendencia que yo veo realmente tiene que ver con lo cultural por un lado y con lo físico por el otro. Hay un gran tema de un loco que se llama Ozelot: ‘Ciclo de Carbono’, que para mí es un manual de vida. El desglose que hace él es en términos de física. El resto se olvida, se reconstruye, se reconfigura. Y yo creo que culturalmente nos debemos la posibilidad de hacer del mundo algo mejor. Sino para qué carajo estamos acá.


Escucha "Ictus: El Síntoma, La Terapia y El Duelo" (2026) de Orion XL en YouTube:

Publicado el 02/10/2026
Lee más
Orion XL: “No se trata de David o Goliat, sino de la...
Escuche Ya! Estrenos 2/10 – Electro-Pop, new rave, trap y +
Nico Miseria - El Periplo del Héroe
Pipi Piazzolla Trío y la extraña virtud de saltar al vacío
Javiera Electra - Helíade

Te puede interesar