Tuerto: "El único concepto es ir sin tapujos"

El rap rosarino es un pilar del circuito hispano por sus leyendas y por sus newcomers. La certeza de que crece y crece. Tuerto de Up & Down pisa fuerte hace rato en la ciudad y para 2026 tiene planeados un par de atentados.

Retrato del rapero rosarino Tuerto (2026)

Desde “No Eyez On Me” (2023), su debut discográfico, Tuerto defiende a capa y espada que la sensibilidad, el amor, la sutileza y la reflexión tienen lugar en el Hip Hop. Al mismo tiempo, si un boom bap o un grimey se cruzan en su camino, el rapero rosarino sale a jugar esa fiereza que está adosada a la genética de su ciudad. 

En Rosario Kids dio sus primeros pasos rudimentariamente, desde la sabia inocencia de un grupo de amigos que poco sabía del lugar referencial que ocuparía después. Up & Down, colectivo que encabeza actualmente, destaca por la transparencia en sus principios y la sincronicidad palabra-acción en cada una de sus intervenciones. En un presente musical donde la sátira parece ser moneda corriente, la sobriedad se torna la carta más sorpresiva de todas. “Como es arriba, es abajo”, tiene claro cada uno de los integrantes. Y esta premisa explica por qué el grupo tiene como pronta entrega uno de los pocos crew albums por cosecharse en nuestro suelo en los últimos años.

Al borde del precipicio, miré mis códigos
Entendí mi misión, aclaré mi visión
Cuando el Mal Cunde

Tener los patitos en fila no necesariamente implica ser reservado, ni mucho menos complaciente: Tuerto es sumamente crítico del battle rap. No simpatiza con un panorama del freestyle que valora más un berretín o un doble sentido prefabricado que el estilo de Nasir Catriel. Tampoco con el de las batallas escritas, donde un competidor puede bajarse los pantalones frente a su rival antes de un enfrentamiento y no recibir sanción alguna. Aún así, aunque no simpatice, todavía le importa. Quizás por eso es que, al término de nuestra entrevista, opta por anotarse a competir en la Élite Free que se celebra esa misma tarde. Seguir cultivando conocimiento en el mayor semillero artístico de Rosario es una apuesta. Es una suerte de revolución indoor: dejar caer una gota de pureza en medio de un vasto desierto de deportividad. 

Nos reunimos en pleno centro rosarino para recorrer sus cimientos como rapero, los orígenes de Up & Down, su rol clave en “Ballet Para las Masas” (2025) y su próximo material solista.


¿Qué primer recuerdo tenés en relación al rap?

Tuve dos encuentros que me marcaron: uno con el rap hispano y otro con el rap en inglés. A los nueve iba a clases particulares de inglés y ahí me crucé a Pol Antonucci, con quien más adelante formé Rosario Kids. Él me trajo en un mp3 cosas de DMX y 50 Cent. Ese fue mi primer encuentro con el Hip Hop. Tres años después, estando en Rufino, vi que los amigos de mi primo estaban escuchando un freestyle que grabaron el Coqee [Montana] y el Apolo en el Parque España. Ese mismo día me mostraron al Brapis, que en su momento era super underground. Así que lo primero que escuché de rap en español fue de Rosario. Ahí me di cuenta de que todo lo que hacían 50 Cent y Eminem podía hacerlo yo también, así que me puse a rapear. 

¿Cuánta noción tenías de la escena de Rosario en ese momento? 

No conocía mucho. Yo iba a rapear a Rufino, no tenía amigos de acá que rapearan. Lo que veía era que en mi ciudad estaba pasando todo lo que los pibes escuchaban, entonces me agarró un interés bárbaro. Me acuerdo que a los doce fui con mi primo a una edición de Al Qaeda 19 en la que, además de compe, hubo shows de Markitos del Halabalusa y el KingTeam, con el Obie [Wanshot] y el CNO. En ese momento era re underground, incluso más que ahora, pero para mí eran superestrellas. La cultura de mi ciudad me resultaba súper lejana, así que empecé a interiorizarme.

De los pibes que estaban activando al igual que vos, ¿quiénes fueron los primeros que conociste?

El que me cambió la vida fue Nico Grego. De chicos jugábamos a la pelota juntos. Después nos fuimos del club y no nos vimos más. Cada uno hizo su vida y conoció el rap por su lado. Cuando empecé la secundaria entró a mi colegio Juani Pazos, que jugaba al futsal con Nico. Pegamos buena onda y al tiempo me dice: “¡Yo tengo un amigo que rapea!”. Fui a otra Al Qaeda y cayó Juani con Nico. A partir de ahí entre los tres formamos Bacterias Crew, nuestro primer grupo. Nico fue el que más me motivó a ir a compes y a hacer música. En ese momento éramos pocos los que rapeábamos. Te miraban raro. Después del Quinto Escalón hubo un boom y empezó a haber una compe por cada día de la semana. Fuimos a todos lados. A los quince hice mi primera canción, grabada en el GarageBand con los auris del celu. Un tiempito después conocí a Nasir Catriel en una compe que se hacía en su barrio. Me dijo que Nico le había mostrado mi canción, que le había encantado y que teníamos que hacer un grupo. Lo trajo a fasciolo y formamos Rosario Kids, donde también estaban Nico, GW, Taka, Alejo y Pol, mi amigo que te había nombrado antes. Con todos ellos crecí, tuve mi primer show. No sabés lo que fue eso, una verga [risas]. Teníamos que vender entradas para tocar. Yo estaba en tercer año de la secundaria, le vendía hasta a la gente que no iba [risas]. Me acuerdo que cuando terminamos de tocar nos dieron un fajo de billetes de cien. En total eran mil ochocientos pesos, pero nosotros ni sabíamos. Los nueve pusimos la mano y nos fuimos repartiendo los billetes tac, tac, tac, hasta que dio justo doscientos para cada uno. Eso fue muy real, no me lo voy a olvidar nunca [sonríe]. Hicimos mucha música con Rosario Kids. Era todo más que underground. Ni siquiera hacíamos beats, era todo de internet. Nadie nos decía como rapear, no teníamos amigos productores. Mi primer encuentro con un beatmaker fue en 2019 o 2020. Para ese momento ya me había dejado de gustar competir. Cuando todos se pusieron a rapear, cuando se volvió cool, ahí me hinché las pelotas.

Y después de Nico, ¿al resto de los pibes de Up & Down cómo los conociste? 

A Prodan lo conozco de las plazas, desde los catorce. Coincidíamos pero nunca terminamos de ser compas. A Clickbum lo conozco de Rufino, iba al colegio con mi prima. Nos teníamos, pero era cada uno por su lado. No estaba todo mal, pero hasta ahí. En 2018 salí con un amigo suyo y apareció él. Nos mandamos una macana juntos. Creo que cruzamos unos trenes o algo así, me acuerdo que él se rompió todo el pantalón. Desde ese momento somos re compinches. Éramos los dos re pesados, re inquietos. Estábamos en plena caravana, pleno conocer la calle. Aunque lo conocí en un contexto nada que ver con el rap: para mí él era el loco de Rufino. En 2019 empezó a venir para Rosario y ahí sí curtimos más, nos juntamos con él y Nico. Click es re de juntar gente. Vas a su casa y siempre hay cinco personas más. Quedás para tomar un mate mano a mano con él y están el Varo, el Deka, el Nico y un amigo de Venado Tuerto. Entonces cuando conoció a Prodan, él fue el responsable de la unión entre todos. Después lo conocimos a Maldito Aerosol. La primera vez que lo vi al loco fue en un show del Troubless en 2020. A los dos días nos abrió la puerta de su casa y le caímos al estudio. Billy-G empezó a hacer beats en 2021 o 2022. Nos llamaron a mí, a Nico y a Maxi Trampa a un show en Bell Ville y Gonza [Billy] fue por primera vez a pincharnos. Ahí se terminó de armar Up & Down. 

¿Cuál dirías que es el distintivo del grupo?

Para mí el rap underground es un DJ, una bandeja, un vinilo cortado y un par de negratas rapeando arriba. No hay más que eso. Y esa es nuestra esencia. Nosotros somos un tiro al aire. Te caemos, nos re escabiamos, nos peleamos con el productor y nos vamos. No podemos ser más desprolijos. 

Se viene el disco del grupo. ¿Qué significado tiene para ustedes publicarlo en esta época en la que los discos grupales escasean? 

Se viene nuestro disco homónimo. No es ni más ni menos que Up & Down: arriba y abajo. Las vueltas de la vida, las buenas, las malas y el equilibrio entremedio. Es rap por necesidad, es la música que nos sale del corazón y es lo que escupimos a cara de perro, en contra de todo. El único concepto es ir sin tapujos. 

Yendo para atrás, se van a cumplir tres años de “No Eyez On Me. Vos lo ves como un primer disco. ¿Qué sentís que pudiste plasmar a modo de carta de presentación? 

Mi visión de la cultura, la forma en la que llevo el Hip Hop como estilo de vida. Hago mucho énfasis en que el fin de una etapa es el inicio de otra. Yo siento que todavía no hice nada, pero el disco representa al cien por ciento estos años de recorrido. Es mi esencia. El momento en el que Pol me mostró DMX, los encuentros con Nico, las secuencias de mierda que viví en la calle. Mis últimos diez años están este disco. De ahí en adelante ya soy otro. 

¿Cómo es eso? ¿Quién vas a ser?

Crecí, amigo. No tengo más veintiún años, no ando más mamado hasta las seis de la mañana ni con ganas de cagarle el evento a un productor. Ahora mi música representa otra cosa. A los dieciocho quería ser rapero, pero hace unos años me di cuenta de que ya no es lo que quiero. Lo que quiero es formar una familia y además hacer rap. Me representa mi primo que fue padre joven, se rescató, puso los huevos en la mesa y dejó la droga para hacerse cargo de su hija. Para mí hoy el rap es eso, más que los diez años que plasmé en “No Eyez On Me”. Los relatos ahora son distintos.

¿Puede ser que estés trabajando en nuevo material solista?

Sí, y probablemente llegue antes que lo de Up & Down. Va a ser mano a mano con Aerosol y se va a llamar “The Project”. El proyecto musical, el proyecto del FL, el proyecto de la cultura, el proyecto de la vida; todo es un proyecto, todos estamos en uno. Esto va para mi gente que proyecta crecer. “No Eyez On Me” era: “Nadie nos ve, nosotros somos underground, somos una escoria”. “The Project” es un poco lo contrario: queremos ampliar nuestra visión, nuestra forma de ser y entregar la mejor calidad de rap como lo entendemos. Hacer un disco con Aerosol me representa, porque además de ser uno de los mejores beatmakers que escuché, comparte mucho mi forma de ver el Hip Hop. Este disco honra esa manera que tenemos de ver la cultura con otros ojos.

En paralelo a la música, tenés tu faceta como diseñador. ¿Eso enriquece tu mirada como rapero de alguna manera?

Yo no estudié nada de diseño. Todo lo aprendí de mi viejo, que también es diseñador. Él suele diseñar mis portadas. Yo laburo con él, aparte de freelance. Ser diseñador te cambia la forma de ver la vida. Empezás a mirar otras cosas. Cuando voy en el bondi miro cartelería, la ropa de la gente en la calle. Mi novia me dice “¿qué mirás a esa piba?” y quizás le estaba viendo las zapatillas [risas]. El rap y el diseño para mí siempre fueron de la mano. Siempre relacioné los códigos visuales con el Hip Hop. Ponele: si de repente dejo de rapear, no puedo usar otra ropa. A mí me gusta Polo, me gusta Kappa, me gusta Casio. Me gustan las marcas por lo que comunican. No podría usar chupines, hay algo de mí que lo rechaza. 

Diseñaste la portada de “Ballet para las Masas” y además participás del track homónimo. ¿Qué significado tuvo todo eso para vos?

Un orgullo. Fue muy orgánico. Se lo ofrecí yo a los pibes, simplemente por darles una mano. Ellos me decían: “No te queremos romper las bolas”. Pero para mí es un gusto, es una forma de expresión también. Creo que pude plasmar bien la visión. Siempre me gustó lo retro de las portadas de vinilos. Me propuse combinar ese espíritu con algo acorde a la comunicación de hoy. Conociendo a los pibes me fue más fácil captar la esencia de lo que ellos querían transmitir. Sentí que podía verla con mis ojos, y así salió. Respecto a la colaboración en el tema, me genera un montón de sentimientos. Los chicos, además de ser mis hermanos, son dos influencias enormes para mí. Esa canción tiene mi letra más política. Generalmente me sale escribir otras cosas, pero en este contexto me sentí muy identificado. Mi abuelo era re mil campero: bombacha, faca en la cintura, boina, camisita y el suéter colgado por si hace frío. A mí eso me representa mucho aunque use Polo. Estoy muy influenciado por la cultura yankee, pero de ellos me gustan la moda y el rap, dejá de contar. Los pibes me hicieron volver a encontrarme con una faceta más bajada a tierra, un sentimiento mucho más de acá: “Mis 16 son de septiembre, Noche de los Lápices”. 

Tenés opiniones fuertes respecto del presente del battle rap. Al principio con FMS, hace poco con Bazooka. Estando un poco más alejado, ¿qué mirada tenés sobre esa movida? ¿Hasta qué punto representa tu forma de entender el Hip Hop?

Me pasa lo siguiente: primero, soy un cascarrabias [risas]. No es hater la palabra, porque a los pibes los banco a todos. Si tenés los valores que decís tener, mandale para adelante. El problema es cuando decís tener ciertos valores y después hacés otra cosa. Eso es directamente de chupaverga. Por eso suelo separar lo que son las batallas de lo que es la industria de las batallas. Hoy vengo a rapear a la Élite porque me invitó Catriel, sino me quedo en mi casa. Una vez me dijeron para ser jurado: antes de eso me mato [risas]. Siento que no se valora lo mismo. Hoy en día les falta Hip Hop a las batallas. El fenómeno del Quinto fue buenísimo para la industrialización de nuestra música a nivel nacional, le dio otro nivel de visibilidad a lo que hacemos. Pero también pasó que se acercó una masa de gente que no tenía idea y eso incitó a que todo se inclinara más hacia el lado de vender que de mantener la esencia. Se olvidaron de un montón de cosas. Cuando yo empecé a rapear era un minuto para cada uno. Ahora te dicen 4×4 o kickback, ya ni sé cuándo tengo que entrar a rapear [risas]. ¡Dejame rapear, amigo! Yo en cuatro barras no llego a decirte nada. Para mí el rap está en el estudio, ese es el verdadero acercamiento. Si no tenés un disco, no sos rapero. Así de corta. 

¿Qué se puede hacer para acercar las batallas al Hip Hop?

Que haya como premio una grabación en un estudio. O sin ir tan lejos, que haya un DJ, como hacen los pibes de la Élite ahora. Años esperé que venga alguien a tirar una pista. Todo bien con el beatbox, pero mirá todos los pibes que hay produciendo en sus casas, dales la oportunidad. Aunque sea en un parlante así nomás. Para que las batallas sean Hip Hop tienen que estar los elementos. Yendo al tema de Bazooka: yo un face-off no te lo voy a respetar nunca. ¿Para qué lo hacen? Es lo más parecido a un programa de Rial que vi. El Hip Hop es unión, es respeto, es cultura, es igualdad. Y ahí no está presente ninguno.

Al principio contabas que veías súper lejana la movida en Rosario y que los raperos para vos eran superestrellas. Ahora que los referentes de la ciudad se pueden ver más de cerca, ¿cómo ves el presente de la escena? ¿A qué puede aspirar el rap rosarino?

Hay una unión que no hubo nunca antes, eso es lo primordial. Nos lo puedo adjudicar un poco a Up & Down, sobre todo al Click. Estamos en constante crecimiento. Hoy justo antes de subirme al bondi en Retiro un pibito que estaba atrás de todo me dice: “¿Vos sos el Tuerto?”. Re bien ahí. Que el underground de acá esté siendo el epicentro es zarpado. La gente viene desde otros lados a vivirlo y no puede creer la esencia que tenemos. Es loco. Creo que todavía no dimensionamos el lugar que ocupamos. Al menos yo no me hago cargo, para mí sigo rapeando igual que a los doce. Por mí puede venir Nas, que si no me saluda le digo que se las tome [risas]. De lo que sí me hago cargo es de que hoy con Up & Down llevamos la bandera del Hip Hop underground. Me encantaría que todos los pibes sientan lo mismo por sus amigos. Que si ven que alguno de su grupo no activa lo ayuden a encontrar su lugar, sea agarrando una cámara o poniéndose a hacer beats. Que entre todos nos ayudemos a crecer, que compartamos el flyer del otro, que vayamos al evento del otro. Que sepamos que somos todos iguales, en Buenos Aires, en Rosario, en Rufino o en Nueva York. Y que podemos llegar muy lejos, siempre y cuando mantengamos nuestros valores. 

Lee más
Tuerto: "El único concepto es ir sin tapujos"
Retrato del rapero rosarino Tuerto (2026)
Bassvictim - ?
asia⭑core #2: Daejeon y el lastre de lo que no se dice
Escuche Ya! Estrenos 19/6 – R&B, plugg, techno y +
Fiah Miau despide "Pussy In Boots" en Maquinal
Atentamente, Montería: El Caribe y la capital se abrazan en Bogotá

Te puede interesar