Punto y Pacífico: “Me interesa llevar esos sonidos al futuro, no revivir algo”

El cantautor argentino publicó su segundo álbum, “Luna Park”, y chateamos con él sobre Buenos Aires, composición digital, la nostalgia y la guitarra.

Punto y Pacífico es un romántico en un mundo indiferente. Muchos ven el arte como un entretenimiento o como un mero registro autobiográfico, él como la oportunidad de alcanzar e inmortalizar algo más. Cree en que se puede hacer una canción perfecta y que vale la pena intentarlo. El nonchalantismo y los que llevan un “pretencioso” siempre listo en la punta del dedo no lo van a entender, pero así concibe la música y el pop Francisco.

A su segundo álbum, publicado ayer, le puso “Luna Park”. Sobre el edificio comenta: “Me resulta extremadamente evocativa la manera en que conecta con la historia de Buenos Aires y el país, lo ligado que está a tantas figuras y momentos emblemáticos”. Su música, toda hecha casi a solas desde su habitación, está muy inspirada por la capital argentina y quienes la habitan. Cuenta que la combinación de las palabras luna y park lo atrae desde que tiene memoria. “A la vez, me fascina que sea un nombre de ficción pura, que de alguna manera no pertenece a ningún idioma y que podría también ser el nombre de una ciudad futurista y espacial”, agrega.

En 2021 lanzó el álbum “Tierra en Trance”, que fue elegido como nuestro debut argentino favorito de aquel año. Fue un disco hecho en computadora durante la pandemia al que le siguieron tres años muy discretos para su autor. Durante ese tiempo, Punto y Pacificó probó, aprendió y, por sobre todo, se reencontró con su primer amor musical: la guitarra. De aquel primer LP de neopsicodelia digital queda la sensibilidad pop, pero el diseño sonoro ahora es algo más noventero a la vez que futurista. Lo podríamos etiquetar como “poptimismo indietrónico”.

Es un orgulloso ciudadano porteño, pero no típico. Mientras la rutina insensibiliza a la mayoría ante las maravillas de Buenos Aires, Francisco sigue dispuesto a fascinarse, a apreciar. Esto no llegó solo, tuvo que existir un proceso de distanciamiento y reencuentro con la sorpresa. Un proceso que desconocemos, pero que en el relato del disco aparece, entre miedos y lecciones. No es explícito, pero entre atmósferas de electricidad estática se le escapa lo confesional de un camino buscando aliento para apostar. Para hacer el mejor disco del mundo y para aventurarse fuera de la procrastinación emocional hace falta animarse de la misma manera, y eso aprendió Francisco.

Dejo la puerta abierta en mi casa
total no hay nada que tenga mi nombre

Y nada
me para
si sangra
alguien me va a ayudar
Saldo Positivo


Hace poco en Twitter se debatió al respecto de sí, a la hora de hacer un disco, hay que hacerlo con el objetivo de que sea el mejor de la historia. Vos no dejaste dudas de tu posición ¿Por qué es importante intentarlo?

Que sea tan fácil hoy en día la creación musical me parece un fenómeno buenísimo, del cual yo mismo me beneficio todos los días de mi vida, pero sí pienso que le baja un poco el peso a las obras. Encuentro que hay una gran cantidad de canciones y discos que funcionan para quienes lo hacen como “diario íntimo” o simplemente una catarsis personal, y que de alguna manera quedan chiquitos si los pienso como una obra de arte. Pienso que el arte, y la música en especial, debería ser una manera de acercarse a lo eterno, a lo infinito. Es lo que nos permite escuchar una canción de hace 100 años, o de hace 200 años, y llorar como si fuera un secreto íntimo que nos acaban de contar. Lo más lindo que puede hacer un disco para mí es mostrar una manera nueva de ver el mundo, una nueva manera de sentir, y no encarar el proceso con esa ambición (incluso sabiendo que lo más probable es que no lo logres) me parece un desperdicio increíble. Hay que imaginar que la música que uno hace la van a estar escuchando dentro de mil años también.

Más allá del Luna, en el disco hay muchas referencias específicas de la vida en Buenos Aires. ¿Cómo te inspira la ciudad?

Es la ciudad en la que nací y me crié, soy un hijo de ella y me encanta. Soy porteño orgulloso. Puede que sea algo que dice toda persona del lugar en que nació, pero realmente siento que es un lugar único en el mundo. Somos la gran metrópolis del sur del mundo. Estamos lejos, pero siempre estamos mirando hacia afuera, a lo que pasa en otros lados, para bien y para mal. Somos un país atravesado por la nostalgia (mi emoción favorita) y Buenos Aires es el ejemplo máximo de eso; ya se notaba en el tango, que tiene más de cien años; la eterna ilusión de lo que podría haber sido, la promesa del mañana. Es una ciudad inquieta, hay gente en la calle a cualquier hora de la noche y siempre da la sensación de que hay algún rincón oculto donde algo está pasando. Tengo muy vivo el recuerdo de mi adolescencia y las primeras aventuras nocturnas y cómo me quedaba fascinado con las situaciones que se me presentaban. Charlas con vagabundos incoherentes, entrar a una fiesta donde no conocía a nadie, los famosos antros, pegarme algún que otro susto.

La sensación que quería capturar es la de ese primer enamoramiento con la ciudad de adolescente, de estar en mi cuarto soñando con todo lo que pasa fuera, por eso quise incluir muchas referencias específicas para que se entienda bien donde ocurre la acción. Es una ciudad mágica, y siento a veces que esa magia está en peligro y no la valoramos lo suficiente. Por eso en una de las canciones del disco (Tarjeta y DNI) digo “Nadie quiere verlo, esta es la última ciudad que nos soñó a nosotros”.

Contame un poco de estas líneas de Saldo Negativo: “Enamorado del futuro estoy / y del pasado un poco también”. 

Saldo Negativo’ es la canción más personal del disco. Yo soy alguien obsesionado por el pasado, me encanta leer historia y puedo pasar horas imaginando cómo habrá sido caminar por las calles de otra época, cómo habrá sido conversar, tocar música o vivir en otro momento. A la vez amo también la futurología, la ciencia ficción y la tecnología. Esto muchas veces hace que me olvide vivir en el presente y me distraiga un poco. De alguna manera también es el motivo que une el disco a nivel musical, traer la guitarra eléctrica e intentar meterla adentro de la computadora.

¿Cómo te sumó Julián Príncipe desde la co-producción para Llamar Tu Atención y Lo Que Hay En Mí?

Príncipe es uno de mis mejores amigos, y comparto con él gustos por bandas y artistas que no escucha nadie y que no son muy cool. También tenemos el mismo sentido del humor que para mí es algo importante. Esas dos fueron las primeras canciones que escribí para el disco, tienen un par de años, y tenía ganas de hacer algo con él desde hace un tiempo. Es un productor virtuoso y un genio total programando beats y haciendo ruiditos locos con la compu que yo no sé bien cómo hacer, y le aportó una cuota especial de complejidad a esas dos canciones que son a simple viste muy sencillas. Un poco también él me envalentonó a producir yo mismo el resto del disco.

En Tierra En Trance era muy palpable que era un disco hecho en computadora, para Luna Park queda algo de eso hecho en tu habitación, pero interviene más lo analógico. ¿Qué te fue tirando de la guitarra para componer el disco?

La guitarra fue mi primer instrumento y mi primer acercamiento a la música, a eso de los 12 años, pero mi verdadero despertar musical como compositor fue al descubrir la computadora. Mucha de la música que más me marcó no gira alrededor de la guitarra, y la sensación de posibilidades infinitas que da el mundo electrónico no la cambio por nada. A su vez, años de componer en la computadora puede volverse un poco repetitivo; me cansé la grilla y el loop como primer paso para encarar una canción, y me costaba salir de patrones que ya conocía. Me tenía que re-enamorar del misterio de hacer música, y me pareció natural volver a tocar un instrumento que me conectaba con mi parte más inconsciente, para volver a andar a ciegas. Volver a la guitarra y la distorsión fue lo que me hizo volver a escuchar mucha de la música de mi adolescencia y es un poco lo que disparó la temática del disco, ese “mirar hacia atrás para ir al futuro” y la idea de alguien en su cuarto comunicándose con el mundo exterior a través de la música. Esto es el corazón del disco y lo que lo atraviesa en su totalidad también en el mundo visual que lo acompaña.

A su vez, elegí la guitarra eléctrica, la distorsión y recursos estéticos del universo del rock como sonido central del disco sin buscar hacer algo en clave “el rock no ha muerto”, que es un encare que no me representa para nada. Me interesa llevar esos sonidos que me significan tanto hacia el futuro, no revivir algo.

Yo escucho algo de la escena de rock sónico argentino de los 90 en el disco, pero contame vos, ¿Qué estuviste escuchando en el proceso de composición y producción?

Lo poco que escuché del rock sónico me gusta, pero admito que no es algo que conozca mucho ni que me haya influenciado. Para “Luna Park” como disco en su totalidad tuve siempre en mente los álbumes que considero obras maestras caóticas, que desbordan y son imperfectas y donde las melodías sean lo que unifique todo, donde pueda escuchar artistas divirtiéndose sin parar y de la sensación de que no dejaron ninguna idea en el tintero. Discos como “The Soft Bulletin” de Flaming Lips, “Merriweather Post Pavilion” de Animal Collective, “You Forgot It In People” de Broken Social Scene, “Fantasma” de Cornelius y “Zooropa” de U2 para mí son biblias de toda la vida para buscar esa sensación, llenos de explosiones de creatividad y melodías que no se pueden creer. De los últimos años discos que me hayan inspirado en esa línea están el último de Magdalena Bay y Porter Robinson. Para mí la melodía es lo más importante. Después a nivel más micro a la hora de componer los temas, mi inspiración máxima es el disco “Steve McQueen” de Prefab Sprout, posiblemente mi disco favorito, para mí tiene las canciones más perfectas. La búsqueda de la canción perfecta es una de mis obsesiones. Con respecto a las texturas electrónicas y las atmósferas urbanas que hay en muchos sonidos siempre voy a estar en deuda con Burial.

De todo lo que está pasando con el rock y el pop en Argentina, ¿qué proyectos te despiertan una identificación no solo estética, sino por su manera de entender la música y su valor cultural?

Me gustan proyectos como Lisa Scha, Babeblade, Guacho Bleu, Coghlan, Qiri y Panchito Villa. León Cordero también me encantó el disco que sacó hace un par de años, capaz de lo más distinto de la escena que escuché, muchísimo talento. Me resuenan que vean la música como ficción, como una oportunidad de inventar algo que no existe. En épocas políticamente convulsas como la que vivimos a veces se les pide a los artistas que te lean el noticiero, y a mí un poco me aburre. Además hacen temas buenísimos con melodías pegadizas y bellas, cosa que me parece importantísima.

¿Tenés algo pensado para la presentación del disco?

Quiero armar un gran show con banda completa para poder tocar cada parte del disco en orden, con una escenografía que imite la portada. Me gustaría que sea una experiencia distinta que exceda un poco lo musical para seguir expandiendo el universo “Luna Park“. También me quedó algún tema más para sacar que no terminó de entrar en el disco.

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