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La comunidad invisible del R&B mexicano

Un abordaje a los casos de AQUIHAYAQUIHAY, YOSHI y nsqk, algunos de los proyectos que más han resonado en el país y el modo en que se han ido entretejiendo con naturalidad

En la historia de la identidad sonora mexicana se conversa sobre momentos y lugares específicos que reconvirtieron estéticas, como lo fue la «Avanzada Regia», corriente donde las editoras prestaron atención a agrupaciones como Zurdok, Plastilina Mosh, Control Machete, entre más. También se discute respecto a sellos discográficos exitosos, tal y como es el caso de Homegrown Mafia, la casa de raperos y traperos como Fntxy, Alemán, La Banda Bastón, Yoga Fire, etc; pero poco se estudia acerca de los lazos de cooperación que son más similares a las «comunidades invisibles», cuyas motivaciones son más cercanas a un origen e inspiraciones comunes y, por qué no, simplemente amistad y admiración. Esta manifestación cultural no había sido vista en México, al menos no con tanta presencia y originalidad, como en años recientes con géneros como el R&B alternativo, reggaetón, trap y categorías afines: todas redes tejidas desde un enfoque no comercial y, a veces, sin ninguna sede particular.

AQUIHAYAQUIHAY, la boyband regia

Los AQUIHAYAQUIHAY adoptan el término de boyband para redefinirlo, como parte de la deconstrucción total que cobró sentido con BROCKHAMPTON. Cuatro de los cinco integrantes activos compartían el mismo contexto sociopolítico en Monterrey, Nuevo León, al noroeste del país: Jay Lee, Neqer, Zizzy y Nehly crecieron y se desarrollaron en la Sultana del Norte, con sus ventajas, desaciertos y violencias. En lo musical, sus inspiraciones son tan heterogéneas como curiosas. Según lo contado por ellos mismos, sus oídos maduraron escuchando pop, Hip Hop y florecieron con la inspiración de personajes como Kanye West y Travis Scott.

Como cualquier proyecto musical naciente, este germinó en pequeños espacios, bares con mala acústica y «pedas» entre colaboradores. Previo al nacimiento del proyecto AQUIHAYAQUIHAY, lograron generar notoriedad en su zona, lo suficiente para acercarlos a un sello discográfico. Ya con Phynx enlistado, el único integrante que vivía en Guadalajara, formalizaron su proyecto y editaron: “DROPOUT”, de 2019. El larga duración fue una prueba del talento de los cinco, de su química en conjunto y una llamada al éxito. Al álbum le siguieron un par de singles que tan sólo pronunciaron su ascenso. Ya en 2021 lanzaron dos EPs que se complementan entre sí y hablan mucho de la ideología del grupo: “🙁 EP” y “🙂 EP”.

El sonido de AHAH (abreviación del nombre) se caracteriza por instrumentales construidas a partir de sintetizadores, bajos saturados y bases rítmicas que pueden transmutar a lo largo de la pista: todo esto es sello de Phynx —sumado al clásico bláster o sonido de pistola que samplea de la saga Star Wars. Vocalmente son más del canto, aunque a la hora de rapear lo hacen acertadamente, sin pretensiones ni habilidades ostentosas. 

Durante el mismo 2019, el año de su debut, cobraron relevancia y se presentaron en festivales como el Ceremonia — en el que compartieron escenario con proyectos como Aphex Twin, Rosalía, Clubz, etc. Crecían en números, pero los AQUIHAY no dejaron de apoyar a sus homies, a los músicos con los que formaron una amistad. Siguieron rentando estudios, hangeando en las calles de la Ciudad de México y reconociendo a las personas que los apoyaron desde un inicio. Sin relaciones entre editoras de música, sin obligaciones contractuales, tan sólo el gusto por crear música con artistas afines. La boyband ha invitado a Big Soto, Paula Cendejas, YOSHI, y han sido convocados por Álvaro Díaz para su laureado “Felicilandia”, de 2021. Originalmente tan sólo estaba Zizzy como colaborador, pero al final de la misma canción suena el resto de la banda en ‘Nitro+’.

Los AQUIHAYAQUIHAY escriben desde la ambivalencia, a partir del deseo, lo sexual, el amor romántico para después darle entrada a los excesos, la fiesta y los lujos —sean joyas, ropa de diseñador, el área VIP en el antro, etc. Su música nace de una vena vívida del R&B, pero la combinación de géneros musicales los hacen cercanos al West Coast Hip Hop moderno, el reggaetón e incluso la bachata, con la que coquetearon en ‘Cerquita Mío’, de su último larga duración “No Me Busques Donde Mismo”.

Cada integrante tiene una voz, y no hablando únicamente del fenómeno acústico, sino a la identidad y modo distintivo de comunicar. Neqer y Jay Lee, tal vez, sean quienes tengan mejores manejos en métricas. Aunque, de nuevo, el rapeo no es el área de expertis de AQUIHAYAQUIHAY, sus vocales son las que tienen mayor soltura y agilidad. Nehly, por su parte, es quien parece estar más cómodo en arreglos más tirados al pop, pues su timbre es más dulce a comparación del resto de los integrantes. A través de armonías o versos en solitario, es quien da esa suavidad a la agrupación. Phynx primordialmente se desempeña en el área de producción, es el beatmaker central. En dicho rol, tiene armas recurrentes como los juegos de sintetizador, cada uno con un color y aportación distinta, la saturación del bajo y un sinfín de referencias sonoras que te llevan a la mencionada Star Wars, a los distintivos como el “Hey, listen” de La Leyenda de Zelda hasta un diálogo de Francis de Malcolm in the Middle en ‘NMDM’. Pese a su enfoque en la creación de sonidos, ha tomado los micrófonos repetidamente y demuestra tener una afinidad hacia el R&B moderno por lo melodiosa que es su presencia. El quinto, Zizzy, es quien tiene un mayor rango de los cinco. El regiomontano ha demostrado tener destreza para desempeñarse en cualquier campo de juego: así como tiene flow para hacer bailar a sus palabras posee la delicadeza para crear coros memorables. Asimismo, es quien más se animado a proyectar su carrera solista, lanzando un par de sencillos a lo largo del periodo de vigencia de AHAH.

Sin caer en valoraciones técnicas, los cinco integrantes se suman correctamente en las armonías de las canciones. Cada uno entiende su peldaño y, desde ahí, suman al unísono.

YOSHI, el niño pródigo y el «hype responsable»

José Alvarado, mejor conocido como YOSHI, creció a la sombra natural de la producción musical. A su corta edad, hizo sus cimientos como productor y compositor de la misma escena que en un futuro lo arroparía. En 2021, México se sorprendió al ver a un morro nominado a los Latin Grammy a sus veintitantos por su rol detrás de bambalinas en el álbum “Goldo Funky”, de Akapellah.

YOSHI es similar al arquetipo que muchas personas hemos conocido a lo largo de nuestra vida: un tipo tímido, pero con un talento inmensurable, como aquel chico que en el último minuto del partido en la escuela se marcaba un golazo. Por años, y cuesta ponerlo en números pues no supera los 25, trabajó con Big Soto, Yung Sarria, los AQUIHAYAQUIHAY (agrupación de la que casi fue parte, pero por decisiones azarosas y afortunadas no sucedió) y Jesse Baez. Adentrándose así a un organismo pluricelular donde la música es la fuerza de atracción. 

Es una pena que un porcentaje importante de productores brillantes no se animen a debutar como artistas principales—aunque también es cierto que algunos no persiguen esa meta. Para fortuna de la biodiversidad musical mexicana, YOSHI no fue parte de esa estadística y en 2020 debutó con “Demos y Feelings”, un EP de apenas tres canciones; suficientes para hablar de sus inquietudes.

YOSHI, como músico central, destaca por su extraña y nutrida escuela musical. No sólo tiene cercanía al R&B y al mal llamado género urbano, sino que también abraza al jazz, el pop (incluso haciendo una referencia a Shakira en ‘Se me olvida’) y de igual modo, se ha dicho fanático de Black Sabbath y Metallica. Esa repensada mezcla tenía que explotar en algún momento, y ese fue en 2023 con su album “1UNAMORSUPREMO”.

Más allá de la referencia en el título hacia uno de los esenciales del jazz, creado por John Coltrane, YOSHI se desenvuelve con naturaleza para crear una obra atemporal, pero a su vez muy propia al momento actual de México. Hasta el momento tiene números discretos, aún poco justos a la calidad que presenta. Son canciones sencillas, sin caer en la simpleza, con arreglos mesurados con pianos y hasta una trompeta jazzy. Hay un constante movimiento de ideas, pues puede avanzar de un himno digno de los antros con ‘SUFICIENTEPUNTOWAV’ (misma que contiene un sample de ‘Candy’ de Plan B) hasta la contemplación de un campo verde lleno de pajarillos al final de ‘DSÑM’. 

Hay poco material del cual sostenerse para crear un perfil de YOSHI —más allá de un par de podcasts y entradas en medios de comunicación, pero por la reconstrucción de los hechos que se puede hacer sabemos que José se ganó la confianza de los productores haciendo beats de manera amateur, lo suficientemente interesantes para llamar la atención del público en general y darle el voto de confianza para trabajar de la mano con otros artistas. Sin sucumbir en el cuento de la meritocracia, tal y como lo cuenta, YOSHI se forjó a partir del esfuerzo y de los contactos propios que fue formando a temprana edad. Una vez dentro del circuito, y de haber fortalecido amistades como la que tiene con Jesse Báez. Una serie de consecuencias y decisiones acertadas. 

En este caso, es difícil separarse de la presencia fantasmagórica que representa ser un productor musical; estar detrás de los micrófonos, con pocos reconocimientos por parte del mainstream. El oírlo hablar, o leerlo a través de un rescate de sus declaraciones, da a entender sobre un chico que creció con todo el tipo de arte a su alcance: música principalmente, pero también cine, literatura y arte plástico; alguien que de algún modo u otro iba a vivir de las creaciones artísticas. 

Entretanto, YOSHI forma parte de Virgin Music México, conglomerado que anticipó a un productor y artista con años de proyección. Aunque ha logrado estar en varios espacios (como una mini gira, entrevistas, apariciones en televisión), que pueden ser considerados como auténticas conquistas para un músico que tiene apenas un álbum completo, la promoción más efectiva fue natural, mediante un «hype responsable».

Espacios digitales, principalmente Twitter (ahora X) crearon una alta expectativa con respecto al álbum debut de YOSHI. Artistas como Zizzy y periodistas como Héctor Eli, también conductor del podcast Flowcast,  realizaron comentarios previos al lanzamiento del LP. Ambos escribieron maravillas del mismo, máxime Zizzy, quien tiene un crédito como featuring en ‘DSÑM’.

Fuera de la campaña comercial que YOSHI se pudo armar en solitario para “1UNAMORSUPREMO” y los planes que su disquera pueda tener en mente, no hubo mejores ‘publicistas’ que sus propios colegas, fanáticos y próximos seguidores. Esa interacción natural se siente como uno de los resultados de pertenecer a una comunidad musical; capaz de mostrar admiración y reconocimiento sin intenciones escondidas. 

En un escenario ficticio, pero basado en la realidad, un día YOSHI estuvo en el estudio apoyando a Jesse Baez, a los AQUIHAY, a Big Soto y muchos músicos más; en el momento en que necesitó apoyo, sin pedirlo, se le otorgó.

Nsqk: una propuesta repleta de introspección (y sonidos pop)

Rodrigo Torres, mejor conocido como Nsqk —que se lee como Nesquik, como la marca de cereal—, es uno de los ejemplos más destacados de R&B de los últimos años. Además de un par de maquetas en Soundcloud previo a su estrellato, no necesitó demasiados intentos para destacarse en Monterrey, de donde es oriundo.

A finales de enero de 2020, antes de la catástrofe de la pandemia COVID-19, Nsqk lanzó “Botánica”, su EP debut. Cinco canciones fueron suficientes para dar a conocer el perfil del artista, sus intenciones e inquietudes. Aunque Rodrigo parte de un punto inaugural de R&B, sus exploraciones lo llevan al synthpop, electropop hasta hay dejos de Porter Robinson —de quien abrió su show en 2023 en la Ciudad de México—.

Es más, su propia presencia en el escenario lo puede alejar un tanto del R&B. Para sus recintos, Torres usa un par de sintetizadores, launchpads y todo nace desde secuencias pregrabadas en su computadora. Todo con una suerte de one man band

La propuesta de Nsqk es muchísimo más introspectiva a diferencia de sus contemporáneos. Las letras, a veces con imágenes más sencillas de leer y otras más rebuscadas, representan lugares como la depresión, la pérdida, el añoro a un pasado y la falta de autorrealización. Su plataforma le ha dado espacio para charlar de temas tan complejos como el suicido, del cual no es ajeno.

A los diecisiete me quise matar
Y no lo logré, ahora pregunto si fue por cobarde o fue por azar,
porque me daba miedo imaginar:
¿cuántas personas irían a mi funeral”.

Algo Extraño

El punto más alto de Nsqk llegó con su álbum “ROY” en 2022. A palabras del propio Rodrigo Torres para Rolling Stone México, para la creación de este disco tuvo que revisitar piezas de su pasado, de las partes más bajas. Ese dolor queda impregnado en piezas como ‘Cuando Me Vaya’, ‘Algo Extraño’, ‘Ojeras’ y ‘El Tiempo que Necesites’, en esta última canción sampleó un discurso de Guillermo del Toro donde cita el mítico: “Nunca me sentí más viejo, más acabado que a los veintitantos (…) Por eso estoy aquí para decirles no, no. Y tienen un chingo de tiempo”.

El salto de “Botánica” a “ROY” es magistral, pues trajo una mejoría notable a su sonido, pero también derrocó las barreras del R&B para llegar a otros géneros que van del electropop al house.

Entre ambos larga duración hubo un EP que da fe a la adaptabilidad de Rodri: “Braille”. Un trabajo colaborativo con Méne, otro representante de la música regiomontana actual. Liberado en 2021, en siete canciones construyen una narrativa que choca totalmente con “ROY”. Ambos artistas hacen rap más despreocupado, algunos podrían llamarle infantil. Basta resaltar la inspiración de tracks como ‘Fornite’, que habla de la toxicidad de las relaciones amorosas y el necesario distanciamiento que se debe tener —como al jugar Fornite con los compas—. O ‘Tecate Freestyle’, un himno acerca de detener el estrés del día a día con una cerveza de la marca en el título. 

En el mismo año, en la antesala a “ROY”, Nsqk colaboró con sello Ochentay7 para la compilación “Trap House Vol. 3”, donde precisamente participa en tres maquetas. Aunque el mencionado género musical no es su área, lo hace con naturalidad y sobre todas las cosas se resalta nuevamente la idea central de este texto: la comunidad, pues opta por contribuir independientemente del resultado. Tanto este ejemplo como “Braille” el ferviente deseo de colaborar, el crear desde la pluralidad. 

Artistas en el tintero y valoraciones finales

Otro ejemplo destacado es Jesse Báez, quien nació y creció en Chicago, pero sus raíces son de Guatemala. Al igual que cientos de artistas, encontró su mercado en México, región donde pudo encontrar su efervescencia que lo hizo prosperar. 

La trayectoria de Jesse no se puede entender sin el apoyo plural que tuvo en distintos momentos de su carrera. Báez ha contribuido principalmente con artistas mexas como Teen Flirt, MONVCO y, de nuevo, los AQUIHAY y Yoshi. A su vez, fuera de las latitudes ha participado con Álvaro Díaz y C. Tangana. Todos, absolutamente todos, han compartido una sesión en estudio, una peda de un antro de la Ciudad de México o verse en el backstage de un festival. 

Es curioso que si expandimos los lazos de colaboración, podemos llegar a decenas de músicos, separadamente del género musical en el que se desarrollen. Los proyectos que se trataron en este texto, existen en un mismo campo semántico, en una proximidad innegable, pero de expandir las líneas de conexión puedes hallar a más artistas, cada vez más diversos entre sí.

Por ejemplo, de Jesse Báez se puede pasar a Girl Ultra, una de las voces más sustanciales de México, con quien realizó una gira en conjunto. Asimismo, con Báez se puede arribar a Latin Mafia, una de las agrupaciones con mejor proyección de los últimos años, capaz de llenar recintos enteros sin siquiera tener un EP editado.

Todo lo anteriormente dicho es sin dejar de lado a la presencia de mujeres como Foudeqush, quien ostenta ser parte del Universo Cinematográfico de Marvel con su canción ‘Con La Brisa‘ que aparece en la secuela de Black Panther. Ella misma se asoma junto a Kiddie Gang, un trío de Monterrey con el que inició su trayectoria y que parte de las  mismas raíces sonoras.

Desde otra trinchera, Noa Sainz ha conquistado otros terrenos, más orillados hacia el Neo-Soul y el jazz, ganándose así espacios en festivales mexicanos como el Bahidorá o Sónar. La inquietud  en sus canciones tan sólo incrementa el paisaje sonoro de la actualidad nacional, que de por sí ha dado frutos prósperos.

Con la misma metodología, se llega a MONVCO, y con él a Nsqk, a Méne; y de estos a Bratty, Little Jesus y cientos más, pero en este punto tienen otras texturas, público y alcance. Aunque en ocasiones parezcan conexiones forzadas, lo cierto es que registran canciones en conjunto o simplemente van en un mismo camino de aspiraciones. 

También han habido esfuerzos colectivos como el de Ochentay7, un sello discográfico que se profesionaliza en hacer trap con enfoque latino. Además de ser un punto de partida para artistas iniciales, han publicado al menos tres volúmenes de compilaciones, donde destacan nombres que ya tienen popularidad y otros tantos que aún permanecen en un circuito más pequeño; sólo a la espera de poder estallar.

Los entretejidos se vuelven cada vez más complejos, más difíciles de rastrear. La lista de artistas se convierte en un auténtico pergamino que se despliega como una alfombra roja en una ceremonia de lujo.

La comunidad invisible del R&B en México existe fuera de los registros y seguimiento de la prensa especializada. Se mantienen por afinidades artísticas, musicales e incluso por mera amistad. La red prosigue al margen de las diferencias que hay entre cada exponente. Entretanto, le cantan al desamor, a la fiesta, a los excesos, a la fama, el dinero y la introspección, y confeccionan himnos para una generación de adultos jóvenes que viven en el mismo mundo de ideas. O al menos así suena el R&B en México.