Lo real se elige y se construye; “Basado en Hechos Reales (En Vivo Vorterix)” es la prueba. Lucy Patané tiene con qué elegir: estudió ingeniería de grabación, produjo más de treinta discos desde 2010 y se encargó de la postproducción y la producción artística del álbum. La mezcla y el mastering fueron de Hernán Asconiga.
La música es un estímulo que de manera directa incide en su vida desde siempre. Antes de pararse en el centro del escenario con su proyecto solista, Patané fue el motor (a veces oculto, a veces al frente) de buena parte del circuito independiente de la última década. Tocó con Las Taradas, La Cosa Mostra, Paula Maffia y Diego Frenkel, entre un montón de proyectos. En la última década, ocupó un lugar que estaba vacante en el rock argentino: revitalizó la figura de la guitar hero, pero le vació el ego macho y la pose inalcanzable para convertirla en una fuerza de tracción a sangre, de trabajo colectivo y de red entre mujeres y disidencias. Aunque siempre declaro ser mas que una “lesbiana rockera que la industria intenta encasillar”, su recorrido es tan groso como diverso y variable; es inclasificable.
Lo que hace especial a su música es que funciona como un bicho raro en la escena actual. Tiene la furia pesada del punk y el rocanrol, pero está ejecutada con la cabeza fría de una productora capaz de montarte un arreglo de tres guitarras acústicas digno de un western cinematográfico o una percusión de murga dislocada. Es visceral y transpirada, sí, pero está pensada milimétricamente. En un momento donde el rock de guitarras parecía haberse estancado en la nostalgia, Lucy demostró que se podía sonar pesado, complejo y absolutamente contemporáneo.
Con eso, ella decidió captar el riesgo, la crudeza del aliento del público y la natural efervescencia del vivo. Cuando habla del disco dice las dos cosas de corrido. Por un lado: "La materia prima es única, es exactamente lo que pasó en el show". Por otro: "Hay cosas que se regraban si quedaron desprolijas, pero otras me gusta dejarlas así como están". El criterio está en ese "otras me gusta dejarlas", cada “desprolijidad” —o detalle sonoro que conlleva un show— que se escucha en el disco quedó porque ella la dejó.
Esa decisión empezó antes del show. Graba todo, siempre con su disco externo, "porque nunca se sabe si después puede devenir en un disco o en un video". En Vorterix ya se sabía que iba a ser disco. Contrataron gente para grabar y llevaron buenos micrófonos, y esperaban invitadas y momentos de improvisación.
“Estaba muy contenta con la búsqueda de audio que hicimos con Hernán Asconiga. Me gusta mucho trabajar el vivo con él porque es un técnico que respeta la situación del sonido en vivo, no trata de tapar desprolijidades ni de emular nada para hacerlo sonar "mejor". Interpreta muy bien este tipo de propuestas”.
Es una demostración de que para poder ser fiel a la materia prima del vivo, hay que saber interpretarlo. Un show sucede como tal una vez, y tenés que estar ahí para sentirlo. Pero esta metodología desafía la lógica volviendo reproducible lo irrepetible. Este álbum es el resultado de un momento que para inmortalizarlo hubo toda una construcción previa de lo que pasaría y post de lo que pasó ese día.
Lucy empieza siempre por el ritmo: "Lo percusivo para mí es lo número uno a la hora de componer; siempre pienso en el ritmo antes que nada. Siento que no hay chance de que lo percusivo no toque a una persona; a algunos les parecerá más intenso, a otros menos, pero el ritmo es lo primero en la música y es lo que yo busco”. ‘Un domingo’ es el tema donde mejor se ve.
La canción nació en pandemia. Cuenta que “la melodía y la percusión están golpeadas directamente sobre mi cuerpo, es una canción compuesta en bolas de manera literal y metafórica: sin ropa, pero también sin nada encima, despojada de cosas materiales o vínculos".
La versión original es una murga que grabó en su estudio y que después procesó Genosidra, "un gran artista colombiano". Esa grabación, dice, “se hizo así en vivo, resuelto con batería y percusión. Quería una murga a contramano que en realidad hablara de algo mental", y partía de la frase "un corso a contramano", que según ella "remite a algo que no encaja, es como una jugarreta mental; trato de representar eso que nos enrosca mental y emocionalmente”.
Esa versión está en "Hija de Ruta” y es solo percusión y un efecto en la voz. Recién en la mitad de la canción entra un poco de reverberación en la percusión, ahí se entiende lo del corso a contramano, como si la voz de Lucy se trabará y trastabillara mientras el corso avanza sobre ella en sentido continuo y contrario.
En Vorterix la misma canción tiene mucho más encima. Hay más instrumentos y más fuerza. El volumen del agite y los aplausos del público, la batería de Lucas Galiñanes sigue al frente, con Agustín Fortuny en percusión. En este, aparte de batería, hay guitarra (tres en el show: la de Lucy, la de Juan Ignacio Serrano y la de Tomás Campione) el tema adquiere mucho más cuerpo y confrontación.
La invitación es intencionada y explícita cuando se trata de vivir un momento real, tanto en sus vivos como en sus discos. Se nota la coherencia de ella como artista y su arte, dentro y fuera del estudio, arriba o abajo del escenario. Por eso, “Basado en Hechos Reales” logra representar más que la realidad propia de la compositora; interpela a todo un público que se siente identificado con ella.
“No sé si tengo el "deber" de hablar de tal o cual cosa. Cada vez que hago un disco me pregunto si se va a entender, porque nace de algo muy propio, pero después, por suerte, mucha gente se ve reflejada. Esa es un poco la magia de hacer música, que a otros les guste y se sientan representados”.
No es nada fácil lograr un vínculo tal con el público como para poder interpelar con lo cotidiano, con lo real, saliendo desde uno y reflejarlo en el conjunto. Esa “gente”, ese público, esos “otros” tienen cara y territorio. Lucy sabe a quién le toca. "Mi público es hermoso y habla muy bien de la construcción del proyecto", dice. Lo observa desde un lugar pragmático: "Cuando podés conocer a tu público y te cae bien, es porque las cosas están bien hechas. Si en algún momento llegara a tocar para gente que me cae mal, pensaría que hice algo raro o que quise llegar a más gente de manera forzada. El público es el termómetro de lo que uno está haciendo".
Deja en claro que el poder interpelar no dura una noche en un solo lugar, es una arquitectura: “Siento que formaría una ciudad con la gente a la que le gusta mi música, porque, por lo general, pensamos de manera bastante similar o compartimos una mirada de cómo estaría bueno que fuera el mundo". Sus shows son espacios amorosos, con un público diverso y sensible que viaja, en muchos casos, desde el conurbano —un lugar hacia el que ella también se traslada—. En eventos como el de Vorterix, toda esa gente se reúne y genera "una gran comunión".
Y ahí es donde este disco en vivo declara sus bases artísticas y su aguante, más que demostrar que tiene el nivel, el trayecto y la excentricidad de poder hacerlo. Juntar a esa ciudad a escuchar todo ese montaje, hacerle honor con esa puesta en escena increíble e invitarlos a formar parte del sonido que quede en el álbum, es un acto de gran valor. Sobre todo frente a las exigencias de una industria que limita el éxito a ascensos veloces y temas “pegados” que al año ya nadie recuerda: "Yo vivo resistiendo, básicamente. Creo en sostenerse y perdurar en el tiempo, más que en el éxito rápido", asegura.
Lucy no quiere que el disco tenga un concepto cerrado: "A veces los conceptos encierran demasiado y te perdés de otras posibilidades". En el mismo escenario conviven La Piba Berreta, Paula Trama, Vivi Scaliza y Natalia Oreiro, y ella entiende: "Es cierto que conviven universos muy distintos, pero eso justamente representa mi forma de hacer música".
Cada artista invitada es un pedazo del camino que recorrió Lucy. "Las personas que pasaron por el escenario tienen que ver con mi historia", dice. Formó parte de la banda de Natalia Oreiro y "hacía mil años que quería hacer esa versión de ‘Tu veneno‘". A La Piba Berreta la conoce hace mucho y la ayudó a grabar en varias situaciones con Los Rusos Hijos de Puta. Con Paula Trama tenían ganas de hacer algo juntas, y ‘Muchacha Desquiciada’ "era perfecta para su voz".
Lo que las une es lo que ella hizo con las canciones: “Cuando hay una propuesta tan diversa, más que concepto hay que tener criterio e intuición. Yo sentía intuitivamente que todo iba a tener un sentido, y como las canciones están arregladas por mí y por los músicos, hay una coherencia que sostiene todo”. Y apuesta a eso: "Apuesto a la música no desde la soberbia o el esnobismo, sino sabiendo que la gente aprecia un buen arreglo llevado al escenario".
Siempre hay un riesgo latente a la hora de hacer música, y más cuando grabas en vivo, sin embargo, eso la incentiva. "Además de intuición, hay vértigo, y a mí esa combinación me fascina: confiar en que en el medio de ese equilibrio algo bueno va a salir", asegura.
Ese mismo vértigo, el sonido crudo y la ciudad entera que arma Patané en cada recital, vuelven a tomar forma este jueves 5 de noviembre, cuando se presenten en el espacio Deseo junto a Los Besos. "Creemos mucho en las uniones entre artistas y, por ende, en la unión de los públicos", avisa Lucy, que ya viene de compartir fechas con Paula Trama y de armar fiestas conjuntas. Si el vivo es el hábitat donde su música realmente respira, la advertencia para el jueves ya está sobre la mesa: "La banda viene muy afilada. Acabamos de tocar en Colombia y ya venimos de dos años de mucho rocanrol". Una noche más para seguir construyendo la ciudad y dejando registro de los hechos reales. Con la consigna de que, como canta junto a La Piba Berreta: “Esto no es amor, esto es algo mucho mejor”.
Entradas disponibles por Enigma Tickets.













